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“Arturo Ui”  -  Versión de Alberto Rivero de la obra “La resistible ascensión de Arturo Ui” de Bertold Brecht

Un gangster como ningún otro
Por Egon Friedler

“Arturo Ui”  - Versión de Alberto Rivero de la obra “La resistible ascensión de Arturo Ui” de Bertold Brecht – Dirección : Alberto Rivero – Albino Almirón, Daniel Bérgolo, Jorge Bolani, Duillo Borch, Fabricio Galbiati, Juan Gomero, Marcelo Goyos, Lucio Hernández, Dumas Lerena, Cristina Machado, Leonardo Martínez, Jorge Ríos, Santiago Sanguinetti, Carlos Schulkin, Oscar Serra, Melanie Spangenberg, Pablo Varrailhon y Juan Vorobiov – Escenografía : Adán Torres – Vestuario : Paula Villalba – Iluminación : Martín Blanchet – En el Teatro Solís, 19.10.2008

 

Si hay un espectáculo de Brecht que no puede sino ser interpretado de una sola manera es “La resistible ascensión de Arturo Ui”. Fue concebido en 1941 como una sátira del ascenso al poder de Adolf Hitler de manera muy similar a la película “El gran dictador” de Charles Chaplin. Las equivalencias de los personajes con figuras históricas claramente identificables son notorias. Los miembros del trust del coliflor son la clase de los junkers y los grandes capitalistas que apoyaron a Hitler, los lugartenientes de Ui, Giri y Gibola, son Göring y Goebbels respectivamente, la ciudad de Chicago es Alemania, Cícero es Austria, Dolfoot es el ex canciller austríaco Engelbert Dollfuss asesinado por los nazis, el alcalde Dogsborough es el anciano mariscal Hindenburg y Ernesto Roma es el jefe de la S.A. compañero de Hitler de la primera hora y traicionado y asesinado por el Führer.

La pieza hace claras referencias a hechos históricos que es necesario conocer para comprender cabalmente la pieza, tales como el incendio del Reichstgag, el Parlamento alemán, en febrero de 1933, el Anschluss de Austria al Reich alemán en 1938 con la entusiasta adhesión de la mayoría del pueblo austríaco o la noche de los “cuchillos largos”,el 30 de junio de 1934, en la que Hitler mandó matar a su fiel compañero y cómplice de los primeros tiempos, Ernst Roehm y a sus esbirros de la S.A. 

La pieza responde a la estética deliberadamente didáctica de Brecht y puede ser discutida por su caricaturización simplista de circunstancias históricas que fueron bastante más complejas de lo que él las describió. Pero dentro de la obra del célebre autor alemán, “La resistible ascensión de Arturo Ui” sigue teniendo eficacia escénica entre otras cosas por su cáustico e inteligente humor, por su visión amarga e irónica de una historia que pudo haber sido diferente y por su ingeniosa caricatura de ese gangster singular que se transformó en el dictador más destructivo y sanguinario de toda la historia de la humanidad.

En su muy discutible adaptación, Alberto (Coco) Rivero, trata de cambiar la simbología de la obra. Su Arturo Ui es un criminal de poca monta, que aparentemente solo tiene ascendiente entre sus cómplices. No es suficientemente inteligente para manipular a los demás pero es manipulado todo el tiempo por gente más poderosa. En ningún momento adquiere un carisma que le permite ser un conductor de masas. Ni aún cuando finalmente domina por entero la situación llega a ser más que un mero asesino a sueldo. Si ese enfoque empobrece la obra, también su visión grotesca de los personajes del “trust” simplifica la trama aún más allá de lo que intentó hacerlo el propio Brecht.

No hay nada más difícil que tratar de enmendar una sátira, cambiándole su blanco y, a mi juicio, Rivero no lo logra. Significativamente, los mejores momentos de la versión, son aquellos en los que (con clara intención o sin ella) se conserva la alegoría del original. Por ejemplo, la formidable escena entre el taciturno Dollfoot (Juan Gomero) su impúdica esposa (Cristina Machado, que representa a Austria) y un cínico Arturo Ui (Lucio Hernández). En cambio, parece muy discutible, la imagen demasiado torpe, balbuceante y casi estúpida del protagonista como aprendiz de criminal.

Pero si la labor de Rivero adaptador nos merece serias reservas, debemos admitir que como director logró montar un espectáculo impactante sobre todo por su gran sugestión visual. Cuando se abre el telón el espectador se encuentra con unos enormes caños de los cuales salen los personajes como si fueran ratas que se asoman fuera de sus madrigueras. En un plano superior, hay una especie de puente, sobre el cual hay un automóvil en el cual varios personajes están de juerga. La formidable escenografía de Adán Torres realzada por las sugestivas luces de Martin Blanchet da un marco adecuadamente extraño y sórdido a la trama. La acción escénica tiene interés casi a lo largo de toda la obra y el ritmo solo desfallece en el momento previo a la discutible ejecución simbólica de Roma (la trama en ese momento requería un enfoque mucho más realista y violento).

Por lo demás el elenco, dentro de las limitaciones impuestas por la concepción del director, funciona impecablemente. Lucio Hernández interpreta a un Ui convincente en su sinuosa maldad y su brutalidad contenida. Albino Almirón y Marcelo Goyos componen con soltura a sus lugartenientes canallescos mientras Juan Vorobiov imprime intensidad a su rol de compinche traicionado. Daniel Bérgolo, Dulio Borch y Oscar Serra se mueven con naturalidad en sus roles siniestros. En sus breves pero jugosas escenas se lucen Dumas Lerena como el actor que enseña a actuar a Arturo Ui y Cristina Machado como la Austria libidinosa, ansiosa por arrojarse a los brazos de Hitler. En roles menores, se destaca el encanto de Melanie Spangenberg como Nina y la expresiva inexpresividad de Juan Gomero como Dollfoot.

Para mí el balance de la versión, es curiosamente ambivalente: los muy discutibles cambios de Rivero, el adaptador, son minimizados por la imaginación de Rivero, el director. 

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 30 octubre 2008

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