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“Ararat”
- de Santiago Sanguinetti – Dirección: Alberto Rivero – Con actuación de Jorge Bolani, Lucio Fernández, Catherina Pascale, Jimena Pérez, Claudia Rossi, Alejandra Wolf, Juan Vorobiov y Florencia Zabaleta – Escenografría: Hugo Millán – Vestuario: Soledad Capurro – Música original: Eder Fructos – En la Sala “Zavala Muñiz” del Teatro Solís.
El joven actor y dramaturgo Santiago Sanguinetti se propuso en esta obra utilizar en esta obra el simbolismo de la narración bíblica del Arca de Noé y sitúa la acción en un lugar innominado en el cual llueve ininterrumpidamente durante cuatro años. Sus ocho personajes (3 masculinos y 5 femeninos) no tienen nombre. El autor los define por alguna cualidad singular : Alguien luchando contra el olvido, Hombre profundamente triste, Madre sin pastillas, Muñeca inflable con boca enorme, Mujer con poca ropa, Joven mujer entre las sábanas, Hombre gordo en bañera con patitos y Niña errante. A pesar de estas denominaciones que sugieren banalidad, los temas que ocupan a los personajes no son para nada insignificantes : el diluvio, la lujuria, Dios y la muerte y sobre todo dos grandes dilemas planteados de manera reiterada : ¿ es posible erradicar el mal de la existencia humana? ¿ hay alguna razón valedera para hacerlo?
El problema de “Ararat” es que no hay una verdadera trama y que su simbolismo no termina por convencer. Los personajes son más recursos retóricos que seres humanos. Las relaciones mutuas entre ellos están dictados no por una lógica sicológica sino por un objetivo poético o filosófico no muy claro preestablecido por el autor.
El resultado es que la obra, excesivamente ambiciosa y solemne, deja una sensación de vacío. Intriga pero no toca la sensibilidad del espectador, genera extrañeza pero no emoción, su diálogo críptico en ningún momento tiene un toque de autenticidad.
No cabe duda de que la ingeniosa dirección de Alberto Rivero por momentos logra infundir alguna teatralidad a este ritual congelado. Pero ni su inventiva para darle movilidad e intensidad a la acción escénica y a la caprichosa interrelación entre los personajes, ni el impecable desempeño de todo el elenco, con particular destaque de la pareja apasionada formada por Jorge Bolani y Alejandra Wolff, ni la extraña y curiosa escenografía de Hugo Millán, ni el discutible montaje audiovisual de Carlos Serra, o las sugestivas luces de Cecilia Carriquiry, son suficientes para darle un genuino interés dramático al espectáculo.
En su comentario en el programa de mano, Santiago Sanguinetti, reconoce que “Ararat” es ante todo, una obra experimental. Es muy legítimo que la Comedia Nacional aliente a autores jóvenes que hacen sus primeras armas con intentos como éste. Pero hubiese sido suficiente programar la pieza en un ciclo de lecturas o de teatro semi-montado. La exposición prematura de obras de notoria inmadurez no es una manera eficaz de apoyar a autores jóvenes a desarrollar su oficio. Por el contrario, es una forma de insertar en su currículo el poco deseable antecedente de un fracaso. |