“Antes/Después” - de Roland Schimmelfennig

Gran espectáculo, dramatismo inexistente
Por Egon Friedler

“Antes/Después” - de Roland Schimmelfennig – Con un numeroso elenco encabezado por Júver Salcedo – Dirección general y puesta en escena : Martín Inthamoussú y Gabriel Calderón – Por Teatro “La Gaviota” junto a Complot – En el Teatro Stella 

 

No es difícil entender porqué Gabriel Calderón eligió esta obra del exitoso dramaturgo alemán post-moderno Roland Schmimmelpfennig. Es un teatro que permite el impacto visual, la puesta en movimiento de un complicado mecanismo escénico, un juego con el espacio que se asemeja a una compleja partida de ajedrez. Si hay algo que Gabriel Calderón y Martín Inthamoussú ven como prioridad básica es el gran espectáculo y desde este punto de vista su propuesta es totalmente satisfactoria. Hay unas 32 personas en escena, cambiando constantemente de posición, muchas veces formando interesantes cuadros geométricos. No cabe duda de que Martín Inthamoussú tuvo un material adecuado en el cuál aplicar su indudable inventiva coreográfica. Del mismo modo, Gabriel Calderón aprovechó muy bien una oportunidad para experimentar con lo que en el siglo XIX Wagner llamó pomposamente la obra de arte integral y que hoy se considera más modestamente como teatro con recursos de multimedia. 

Pero cuando el público trata de entender qué es lo que hay detrás de ese prolijo e impecablemente cronometrado montaje escénico empiezan los problemas. ¿ Porqué Júver Salcedo, con su clásico bigote comienza y termina la obra con un monólogo en el que encarna a una mujer preocupada por pintarse los labios? ¿ Porqué empieza y porqué termina el adulterio de la mujer que se decide después de muchas vacilaciones en engañar a su marido? ¿ Porqué en medio de una fiesta repentinamente una pareja inicia una pelea feroz? 

El Sr. Schimmelpfennig no da respuestas. El juega con esbozos dramáticos que no cristalizan, con anécdotas que plantean interrogantes que no interesa resolver, con chispazos dramáticos que se encienden y se apagan rápidamente. Es un teatro de apariencias y de acumulación de situaciones dramáticas abortadas, que responde a una estética definidamente post-moderna . Por algo, el filósofo judeo-francés Gilles Lipovetzky denominó a la post-modernidad “La era del vacío”. Detrás de este vistoso ejercicio de mecánica teatral no hay más que la nada, eso sí, muy adornada.

Egon Friedler

Semanario Hebreo, 12 de setiembre de 2007

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