“Amores” - de Domingos de Oliveira, en colaboración con Priscila Rozenbaum

El amor, tema con infinitas variaciones
Por Egon Friedler

“Amores” - de Domingos de Oliveira, en colaboración con Priscila Rozenbaum – Con Paola Venditto, Juan Graña, Cecilia Cósero, Marina Lobo, Moré y Álvaro Pozzolo – Escenografía y vestuario de Hugo Millán – Dirección: Alfredo Goldstein. 

 

La pareja formada por Telma y Pedro no puede tener hijos, pero Pedro tiene un hijo con una amante mucho menor que resulta ser ni más ni menos que Cintia, la hija de su amigo y confidente Vieira, a la que él y su esposa conocen desde que era una niña. La hermana de Telma, Luisa, encuentra el amor de su vida en un pintor bisexual que podría ser portador del SIDA. Todas las complicaciones derivadas de estos amores enredados y conflictivos constituyen la trama de esta pieza, que mezcla el humor con una filosofía agridulce de comprensión de la voluble naturaleza humana.

La pieza tiene sus aristas ingeniosas e inteligentes. Su diálogo es a menudo chispeante y divertido. Pero la trama se estira demasiado y en determinado momento la acción se congela y los personajes cuentan su historia en lugar de vivirla en la escena. Luego, la pieza agoniza un rato más y concluye con una broma amable e intrascendente. 

De todos modos, la puesta imaginativa e inteligente de Alfredo Goldstein que utiliza los dos planos de la sala menor del Teatro Circular con una excelente escenografía de Hugo Millán, logra infundirle un constante interés a pesar de algunas languideces de ritmo que se derivan más del texto que de la versión.

Como es habitual en sus trabajos, el director Alfredo Goldstein, supo elegir muy bien el elenco y logró de él un notable rendimiento. Paola Venditto está admirable como esposa frustrada y desengañada que se resigna a los vaivenes de una accidentada vida de pareja. Juan Graña encarna convincentemente al menos convincente de los personajes de la historia, el filósofo casero divorciado que es todo un catálogo de debilidades, entre ellas la de ser un papá maniático que se desvive por su hija. Moré sabe dar la adecuada ambigüedad de conducta a su personaje de marido veleidoso y obsesionado por la paternidad. Cecilia Cósero despliega todo su encanto (que es mucho) al servicio de su personaje de jovencita caprichosa dispuesta a vivir la experiencia amorosa a su manera. La extroversión y la locuacidad son las dos grandes cartas que Mariana Lobo explota admirablemente en la construcción de su atractivo personaje, mientras Álvaro Pozzolo complementa el elenco imprimiendo indudable convicción a su rol de artista que está por encima de los convencionalismos sociales. 

En resumen, pese a sus debilidades, es un espectáculo que tiene sus atractivos, probablemente más debido a las excelencias del elenco que a los méritos del texto. 

Egon Friedler

Semanario Hebreo, 18 de octubre de 2007

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