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“Ala de criados”
- de Mauricio Kartún – Dirección del autor – Con la actuación de Alberto Ajaka, Esteban Bigliardi, Rodrigo González Garillo y Laura López Moyano – En el Teatro Solís, enero 28.
“Ala de criados” es típico teatro de tesis: su objetivo es caricaturizar a la las clases altas argentinas de las primeras décadas del siglo XX y censurar su conducta durante la Semana Trágica de enero de 1919, en la que “señoritos bien” con complicidad de la policía, atacaron a obreros huelguistas y realizaron un verdadero pogrom contra inmigrantes judíos en la Argentina.
El problema de la pieza es que plantea el tema con una ironía lindante en el cinismo, que termina por ser desmesurada y contraproducente. Hay mucha más narrativa que acción y la encargada de contar la historia es la única mujer : Tatana, una joven desprejuiciada e inteligente, que pierde el tiempo con sus dos primos, el tonto y aniñado Emilito y el apocado e inseguro Pancho, en su ocioso veraneo en Mar del Plata. Todos ellos son pintados deliberadamente por Kartún con brocha gorda.
El único personaje que no tiene nada de caricaturesco es Pedro, que es un sirviente “multi-uso” al servicio de los tres jóvenes desocupados, quienes sin embargo no tienen la menor necesidad de buscarse un empleo. Para que la pieza no se transforme en un folletín acerca de un sirviente pobre y bueno contra patrones inútiles y malos, el autor convierte en Pedro en un personaje más bien ambiguo, no un defensor de la clase obrera con conciencia de clase, sino un oportunista ansioso de ascender socialmente. Aún así, el enfrentamiento de Pedro con sus empleadores, en un monólogo demasiado extenso y dramático, a contrapelo del carácter de la obra, tiene demasiado de folletinesco y de planteo lineal del conflicto de clases.
“Ala de criados” no termina por describir una historia real, ni un conflicto convincente. Quien quiera tener una perspectiva histórica de la “Semana Trágica” no la tendrá viendo la pieza. Tampoco convencerá demasiado a los espectadores objetivos que quieran ver ese lejano episodio vivido por personajes reales en un escenario.
Con ello, hay que admitir que la pieza tiene algunos hallazgos. A Kartún no le faltan ideas. Sitúa a sus tres personajes ridiculizados en un aristocrático club de cazadores de palomas, una histórica institución de Mar del Plata. Con un claro simbolismo, la matanza gratuita de palomas sirve a los cultores de este singular deporte para acallar su conciencia : las palomas que no caían al mar, eran donadas a asilos. Asimismo hay un planteo al estilo “Señorita Julia” de Strindberg pero en clave humorística : Tatana llega a la conclusión de que acostarse con el servicial Pedro es una buena manera de perder la virginidad, ya que dentro de su familia y su medio social no ve a nadie que pueda cumplir de manera aunque sea medianamente satisfactoria con esta delicada tarea.
Pero en total, la pieza peca por exceso. Demasiado entusiasmo satírico, demasiada artificialidad en los personajes y las situaciones, demasiada falta de autenticidad en el planteo de la narrativa histórica.
Las debilidades de la pieza contrastan con los indudables méritos de su puesta en escena. La gran roca que sirve a los jóvenes para el intenso ejercicio de su “dolce far niente” constituye una excelente solución escenográfica. Asimismo constituye un incuestionable acierto el hermoso vestuario de época y el refinado trabajo de iluminación. Pero sobre todo, cabe destacar la labor de los cuatro actores : la formidable desenvoltura de Laura López Moyano, la divertida locuacidad pueril de Esteban Bigliardi, la pasividad malhumorada de Esteban González Garillo y sobre todo, el vigor temperamental de Alberto Ajaka, que componen un ejemplar trabajo de equipo.
Pero pese a estos indiscutibles méritos, nos fue difícil sustraernos a la impresión de que los elogios y los premios prodigados a Mauricio Kartún en la Argentina por esta obra, han sido excesivamente generosos. |