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“Agosto – Condado Osage”
- de Tracy Letts – Dirección: Héctor Guido - Traducción : Mercedes Morán – Escenografía: Osvaldo Reyno – Iluminación: Eduardo Guerrero – Ambientación Sonora – Elenco: Luis Fourcade, Soledad Frugone, María Azambuya, Myriam Gleiger, Walter Etchandy, Lucía David de Lima, Alicia Alfonso, Diego Rovira, Estefanía Acosta, Pierino Zorzini, Sandra Américo, Marcos Zarzaj y Pablo Dive – En el Galpón, mayo 2.
Con la presentación de esta excelente pieza norteamericana, ganadora del Premio Pulitzer en 2008, “El Galpón” ha demostrado que es capaz de mantener viva la tradición de grandes espectáculos que ha cimentado su prestigio a lo largo de los años.
“Agosto” es, sin duda, una obra admirablemente escrita y continúa con genuina inspiración la tradición del gran teatro realista norteamericano en la línea de Eugene O´Neill y Arthur Miller, aunque el autor reconoció haberse inspirado en las piezas de Tennessee Williams y las novelas de William Faulkner. Está escrita en forma de pequeñas escenas que se suceden en un mismo escenario, en las diferentes habitaciones de una gran casona familiar. El director Héctor Guido admitió haber hecho cortes. Sin embargo, la obra, aún en esta versión acortada, es más extensa de lo habitual en el teatro y tiene una duración de dos horas y media. Felizmente, el desarrollo de la acción tiene una intensidad y un interés tales, que el espectador no siente el paso del tiempo.
Su gran tema es la historia de una familia disfuncional, que se disgrega luego de la muerte (que nunca se aclara bien si se trató de accidente o de suicidio) de su patriarca, un poeta hundido en el alcoholismo. El autor tiene una tal habilidad para el diálogo que logra plantear una serie de conflictos que comprometen a cada uno de los diez integrantes de la familia ampliada y nos permite tener un claro perfil psicológico de cada uno de ellos.
Letts, un prestigioso actor y director en Chicago, logra que su trama melodramática nunca suene a falso. Cada uno de los personajes aparece en sus variadas facetas viviendo su drama en la escena con una naturalidad admirable y el entrelazamiento de diferentes destinos está planteado con gran sabiduría. No solo conocemos a cada personaje con sus debilidades sino que también se nos revelan las circunstancias que forjaron su conducta y su peripecia vital.
Una obra de esta envergadura exigía un elenco de fuste y “El Galpón” logró reunirlo. Asimismo obligaba a una puesta en escena exigente en cuanto a escenografía y ambientación y también este escollo fue superado muy dignamente, con un gasto que puede resultar habitual en plazas teatrales más grandes, pero que constituye un esfuerzo considerable para un elenco independiente en el Uruguay.
Osvaldo Reyno construyó la sugestiva estructura de una casona de dos pisos, dividida en varias habitaciones, con una muy cuidada ambientación del mobiliario en la que se prestó atención hasta a los menores detalles. No menos acertada fue la labor de Nelson Mancebo, a cargo del vestuario, así como la de Eduardo Guerrero, que diseñó la iluminación y de Fernando Condon, que seleccionó la música, inteligentemente insertada en la acción.
Pero gran parte de los lauros de este éxito corresponde al director Héctor Guido que manejó magistralmente los tiempos escénicos y logró imponer una formidable química colectiva que, paradójicamente, realzó todas y cada una de las actuaciones individuales.
Cada uno de los trece actores estuvo a la altura del desafío. En el rol de la mortalmente enferma, pero dura e implacable matrona, María Azambuya, realizó un trabajo notable, el mejor que el autor de estas líneas, le haya visto. Supo dar la fuerza y al mismo tiempo la fragilidad de su trágico personaje. En su largo y difícil monólogo del comienzo, Luis Fourcade logró dar convicción escénica a su torturado personaje, harto de sí mismo y del mundo. Myriam Gleiger saca un formidable partido a su rol de tía quejosa y conflictiva, mientras Walter Etchandy encarna con natural aplomo su papel de marido cómodo y bonachón. Alicia Alfonso, luce un admirable temperamento dramático en el comprometido rol de Bárbara, una de los más difíciles y comprometidos de la obra. Diego Rovira como el marido decidido a la ruptura, es su sobria contraparte. Lucía David de Lima compone con una espléndida mezcla de sutileza y pasión a la trágica Eli y Sandra América infunde gracia y desenvoltura a su rol de la atolondrada Carolina mientras Marcos Zarzaj interpreta con desparpajo a su vulgar e inescrupuloso novio. Estefanía Acosta logra una sugestiva creación en su papel de nieta de malas costumbres y Soledad Frugone, como ama de llaves india, crea una composición de presencia-ausencia de impecable credibilidad escénica. Piero Zorzini y Pablo Dive en dos roles complementarios completan dignamente el elenco.
Esta reseña no estaría completa si no mencionáramos la traducción, que tan a menudo suele ser olvidada. “El Galpón” utilizó el excelente trabajo realizado por la destacada actriz argentina Mercedes Morán quien también actuó en la versión bonaerense. Tuvo la virtud de la claridad y la naturalidad, logrando no solo transmitir la dimensión dramática del texto sino también su agudo sentido del humor. |