"Agamenón" de Esquilo - Traducción de Fernando Brieva Salvatierra

Asesinato célebre
Por Egon Friedler

"Agamenón" de Esquilo - Traducción de Fernando Brieva Salvatierra - Versión de Alfredo Goldstein - Con actuación de Walter Rey, España Andrade, Adhemar Rubbo, Isabel Schipani, Ernesto Liotti y Carla Grabino - Vestuario : Hugo Millán - Fernando Ulivi - Luces : Andrés González - Dirección : Alfredo Goldstein - En el Teatro Victoria, mayo 7

Vale la pena ver este espectáculo aunque sea solo por la escena de la aparición de Agamenón, como monarca victorioso después de haber destruido a Troya. Walter Rey, logra transmitir de manera magistral toda la brutalidad, la jactancia y la megalomanía de su rey bárbaro mientras una impresionante catarata sonora ideada por Fernando Ulivi se vuelca sobre los oídos del espectador. Más tarde, continuando la misma escena, Rey realiza un súbito e impresionante despliegue de violencia verbal, que logra transmitir todo el horror de la tiranía, tan temible hoy como pudo haberlo sido en el siglo quinto antes de Cristo.

Pero la actuación de Walter Rey como Agamenón no es el único acierto de la versión. No está mal la idea de Goldstein de representar al coro con "dos viejitos de barrio" como lo explicita el programa de mano. Adhemar Rubbo y España Andrade encarnan con encantadora naturalidad a estos chismosos bonachones que cuentan los antecedentes de la historia, comentan lo que sucede en el Palacio Real y hasta se atreven a enfrentar a la brutal pareja de asesinos. También Isabel Schipani brinda una actuación convincente como reina traicionera y malvada al igual que Ernesto Liotti como Egisto, su amante sensual y agresivo. Carla Grabino dice dignamente su parte pero es demasiado joven y no tiene el porte adecuado para la trágica adivina que prevé su propia e inminente muerte. En cambio no logran convencer ni Liotti ni Rey en sus papeles dobles : Liotti como mensajero y Rey como atalaya. La escena inicial en la que Goldstein coloca en lo alto del escenario al vigía quejumbroso que se lamenta ruidosa y repetidamente de su sino es probablemente el momento más infeliz del espectáculo. Pero no hay más pasos en falso semejantes y en total Goldstein resuelve razonablemente bien el gran dilema que se plantea a los directores que hoy deciden montar tragedia griega : cómo darle sentido de contemporaneidad sin desvirtuar el sentido del texto original.

Este mérito, aún si no hubiera otros, justifica una visita al Teatro Victoria para asistir a esta nueva versión de un antiquísimo asesinato célebre.

Egon Friedler

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