Una Creativa Maestra Froebeliana
Gladys Figueredo 

Presentación

En oportunidad de cumplirse el centenario de la fundación del primer Jardín de Infantes en nuestro país, deseábamos hacer algo para resaltar la figura de Doña Enriqueta Compte, la precursora nacional y latinoamericana de la educación de la primera infancia, pero deseábamos encontrar algún camino no tradicional. Pensando con las compañeras docentes, lo encontramos: Enriqueta era una romántica poetisa, al comienzo, obviamente influenciada por las ideas neohumanistas e idealistas  que asignaban importancia a la intuición  y a la espiritualidad, tanto en Froebel como  en Pestalozzi, su el maestro.

De esta manera  había compuesto bajo estos cánones artísticos, dejando de lado el modelo modernista, - en auge en su época -, una serie de canciones y poemas para niños. También trabajó con técnicas  literarias, “lecciones” de alto valor estético que desarrolló en forma dramatizada1 con sus alumnos de 3 a 10 años2, adaptadas a su criterio de “belleza” y “pureza”, pero también basada en el desarrollo afectivo e intelectual de los niños, que ya, hacia comienzo de siglo XX,3 había comenzado a estudiar, basada en los  nuevos conceptos psicológicos que comenzaron a llegar al país, con  las posibilidades técnicas, de RRHH y económicas, que le proveía nuestro ambiente4.

Si bien sus composiciones fueron creadas, como dice la autora, “sin ninguna pretensión literaria”, creemos que la obra de esta maestra fue la siembra del primer del primer grano en el campo fértil  de la literatura infantil nacional:Sylvia Puentes de Oyenard la considera la precursora de la poesía para niños en el Uruguay.

El maestro Lorenzo D’ Auria, en su libro “Surcos al corazón” (1928), publica una antología de páginas para escolares, en las que incluye poemas de Enriqueta Compte y Riqué, de la que dice: ”Para los maestros escribe páginas profundas, para los niños, paginitas repletas de sugestiva idealidad”.Todas estas composiciones fueron creadas a lo largo de su extensa y tesonera labor al frente de su Jardín de Infantes y publicados ante el insistente pedido de familiares y amigos. Así recoge su producción literaria para niños con un libro que titula “Canciones y juegos de mi escuela”.

Este libro es dedicado por la autora a su amigo y colega José Henriques Figueira, primer Inspector Técnico de  Educación Primaria y a su también colega y colaboradora, maestra del Jardín, María Hasdovaz,  quién musicalizó gran parte de sus composiciones.

Un aspecto importantísimo que debemos tener  en cuenta con relación a la producción literaria de Enriqueta Compte y Riqué es que todas ellas fueron “composiciones al uso”: se produjeron con la clarísima intencionalidad pedagógica y didáctica de ser  utilizadas como medio educativo con sus alumnos.

Muchas de estas composiciones se adaptaban a juegos  tradicionales, nacionales y europeos, aprendidos éstos durante la época de sus estudios en el Viejo Continente,  cantándose con la melodía de los mismos, como por ejemplo “A la rueda, rueda”, canción tan difundida entre los actuales maestros de educación inicial y conocida como “La ronda de Enriqueta”5.  Otros eran musicalizados por la maestra ya mencionada, y otras se adecuaban a composiciones de autores nacionales conocidos en su época.

Con respecto a las músicas, la autora dice en el prólogo de su libro dirigiéndose a los niños: “Si sientes el deseo de cantar éstas poesías, como no llevan música escrita, inventa tú una”... “Si quieres hacerlo con la misma melodía con que fueron cantadas, busca entre tus amigos quiénes tengan padres que las conozcan...”

Lamentablemente, al dejar librada a la tradición la transmisión de las melodías, éstas no llegaron al conocimiento de las generaciones actuales, perdiéndose así, una parte importante de la creación artística, pero a cambio nos deja la libertad de ejercitar nuestra propia creación.

El libro que comentamos es poco conocido aún entre los propios maestros de educación inicial, habiéndose encontrado un único ejemplar en la Biblioteca Pedagógica Central.

En otra obra, “Lecciones de mi Escuela”,  publicada por Imprenta Gaceta Comercial, en 1948, se recogen esas sonoras y dulces lecciones encantadas, que Enriqueta entregó a sus niños entre los añosos árboles del boscoso patio de antaño y en el viejo edificio donde se alojó su escuela modelo.

 Es sobre la base de estas consideraciones, en aquella augusta fecha de 1992, nuestro Jardín  divulgó una pequeña antología entre nuestros colegas, como homenaje y reconocimiento a la obra literaria de la insigne educadora. El pequeño y humilde Boletín que logramos imprimir, fue divulgado  entre las colegas,  llevando a sus manos material original de muy buena calidad.

Más de diez años después nos ha parecido importante revisar el aporte de Enriqueta a la literatura infantil y hemos agregado algunas producciones más, así como una de las “lecciones” que nos pareció de máxima fecundidad.

Para esta oportunidad incluimos como “Anexo” un trabajo bibliográfico conteniendo las obras de la autora y lo que se ha escrito sobre ella en nuestro medio. La compulsa se realizó mayormente en el Museo Pedagógico y en la Biblioteca Pedagógica Central, donde sus Directoras y personal colaborador nos apoyaron en todo momento.

La recopilación bibliográfica fue realizada en el año 1995, trabajando en equipo con mi esposo, Emilio Marenales. Si bien no se publicó formalmente, quedaron copias en el Museo y en la Biblioteca, circulando profusamente entre las colegas especialistas con motivos de los concursos de ese año y subsiguientes.

En esta versión se agregaron  las obras aparecidas en el último lustro. Sabemos que faltan trabajos nacionales (ya hemos encontrado dos artículos sobre la autora escritos para niños) algunos de los cuales pueden ser consideradas obras menores. Igualmente es necesario aplicar el rigor bibliográfico a las fuentes. Por lo tanto se está pensando en una compulsa mayor que incluiría, además, entrevistas a los familiares de la autora estudiada.

Pero sobre todo, no se ha investigado el ambiente internacional, que nos podría deparar algunas sorpresas interesantes y éste sí es un territorio totalmente virgen.

Todo trabajo académico (y más si se trata de alguna investigación, – aún mínima como ésta –), es por naturaleza, inconcluso.

Por ahora les propongo que disfruten de estas páginas literarias y contribuyan a su divulgación a través del trabajo cotidiano  con sus alumnos.

Gladys Figueredo

Referencias:

(1) Corresponde al libro “Lecciones de mi escuela” (Ver Bibliografía)
(2) Recordar que el J.I. admitió niños hasta el nivel de las “Escuelas de 1er. Gdo”, que incluían hasta 4° año de Primaria.
(3) Tener en cuenta la influencia de Decroly a partir de 1910, aproximadamente y de otros psicólogos de la época, por ejemplo, quienes estaban intentando obtener medidas del desarrollo intelectual, Binet y Simon (París).
(4) Fue pionera de la Psicología aplicada a la Educación en el país. Fundó del Instituto de Clínica Pedagógica en el Internato (Posteriormente, Instituto) Normal de Varones y fue profesora efectiva del mismo.  
(5) “Para cantar en lugar de la vulgar “Rueda, rueda”, dice su autora. Tiene musicalización de Julio Delfino, la que publicamos en su lugar. (Ver notas bibliográficas al respecto)

Himno al Jardín (P. 114)

Cuando entramos al Jardín, 
eran nuestros piececitos,
Delicados, chiquititos;
No podíamos correr.
nuestro cuerpo, diminuto,
muchas veces, bajo flores,
en sus juegos los mayores
Consiguieron esconder.

Las maestras, cariñosas, 
en sus brazos nos mecían;
si jugar también querían
nos cantaban arrorró.
En el llanto y en la risa, 
en la frase entrecortada¡
cuánta, cuánta carcajada,
nuestra gracia provocó!

Poco a poco fue adquiriendo 
el andar desenvoltura,
y la idea más segura,
se expresó con claridad.
El trabajo, revelando 
sus tesoros cada día, 
llenó el alma de alegría
y de amor a la verdad.

Ya sabemos que un destino 
nos han dado con la vida;
por la senda recorrida,
fácil es de concebir.
Y a medida que adelante 
nuestros pasos dirigimos,
nuevas fuerzas adquirimos,
y más fe en el porvenir.
Edificio del Jardín de Infantes de Montevideo (Aproximadamente entre 1900-10), inaugurado oficialmente el 10 de marzo de 1892 por Enriqueta Compte y Riqué en la calle General Luna, calle que hoy lleva su nombre en el tramo que va desde Gral. Aguilar hasta San Martín. Asimismo el Jardín de Infantes ha sido designado con el nombre de su creadora.

A la rueda rueda (1) (P. 15)

A la rueda rueda 
que gira y que vuela;
muele maíz, mucho trigo
y canela
para hacer tortitas 
con miel y limón.
Dame cincuenta,
que soy comilón.

Música: Julio Delfino

Para cantar en lugar de la vulgar "Rueda, rueda"

Vendimia   (P. 46)

 

Los cestos están llenos

con la uva del lugar,

morada, blanca y roja.

¡Venid, a contemplar!

 

¡Qué bien recompensada

se ve nuestra labor!

¡Nos brindan estos granos,

dulcísimo licor!

 

El sol juega, irisando

la delicada piel

que forma lindo frasco

de fresca y rica miel.

 

A celebrar el día

pronto aquí vendrán

amigos y parientes.

¡Ya llegan, ahí están

 

Te brindo, niña, el fruto

más rico que se vio;

mordido entre tus labios

anhelo verlo yo.

 

Del brazo, alegremente,

iremos al lugar;

la mesa nos espera;

después será el bailar.

 

Esta canción es parte de la comedia

escrita para ser representada por los

niños del “Jardín”, con el título de

 “Un buen Otoño”

El Bote  (P. 62)

 

Yo tengo un bote

para bogar, para bogar,

cuando tranquila

esté la mar,  este la mar,

 

y tengo un remo,

 

para remar, para remar,

mientras entono,

Dulce cantar, dulce cantar.

La Trenza (P.52)

 

NIÑAS:

Con esta trenza

de dos colores

un lindo moño

 voy a formar,

que la cabeza

de mi muñeca

con mucha gracia

Adornará.

 

VARONES:

También la trenza

de dos colores,

mi buen payaso

Se la pondrá;

en la puntita

de su bonete

cuando haya fiesta

La lucirá.

 

El conejito  (P.13)

 

(Inspirado en un juego Belga)

 

Sí este conejito

sale a pasear,

Milord, que anda suelto,

lo podrá cazar.

 

Me da mucho miedo

porque va a salir.

¡Ay! ¡Que ya lo corre!

¡Ay! ¡Que va a morir!

 

Se hace una rueda grande. En el centro,

el conejito, afuera Milord. En el

momento oportuno, de acuerdo

con la letra, el conejito sale de la rueda

 y es perseguido por Milord. Después

 de unos minutos de persecución

en que se pone a prueba la agilidad

de perseguido y perseguidor, el conejito

puede salvarse de ser atrapado

si consigue entrar nuevamente en la rueda.

Abejitas   (P.17)

 

Somos abejitas,

 vamos a libar

de la flor el néctar

 y a hacer un panal.

 Zum-zum, zum-zum.

 Zum-zum, zum-zum, zum-zum...

Esta linda rosa,

este gran clavel,

 estas azucenas,

nos darán su miel.

 Zum-zum, zum-zum

Zum-zum, zum-zum, zum-zum.

 

A Colón  (P.96)

 

Desafiando la amenaza del misterio

allá van las carabelas españolas...

Es más fuerte que la fuerza de las olas

la alta ciencia de Colón.

 

Llevan pechos aguerridos

en las pruebas del combate ;

llevan el dulce acicate de la gloria,

de la gloria y del amor.

 

Es del 12 de Octubre la mañana...

Aún la sombra está velando el nuevo día ;

nadie duerme en el bajel Santa María

ni en la nave de Pinzón.

 

De improviso, el horizonte

en su linde se estremece...

Se oye un grito... El grito crece...

Dice ¡ Tierra ! ¡ Tierra, dice! ¡ Oh, Salvador ¡

 

Se canta con la música de “Las campanas

de San Giusto”

Al 18 de Mayo (P.98)

 

Cantemos a la gloria

que hoy llega hasta nosotros

trayendo los recuerdos

de un día promisor.

 

Del día en que soberbia,

de frente a la realeza

en campos de Las Piedras,

 la libertad triunfó.

¡ Salud, oh vencedores

de la batalla heroica

que en mayo esplendoroso

el sol iluminó !

 

¡Salud, oh gran Artigas!

Tu nombre es un emblema ;

la patria lo recuerda

con gran veneración.

A la Patria  (P.93)

 

Cantemos a la patria

loando su belleza,

un coro de alabanzas

con voz del corazón.

 

La quiero porque en ella

feliz, junto a mi cuna,

con toda su ternura

mi madre me arrulló.

 

En ella vi su imagen

dulcísima, sonriente,

el día en que se abrieron

mis ojos a la luz.

 

Cantemos a la tierra

de playas deliciosas,

de montes pintorescos,

del ceibo y del ombú.

 

A Varela   (P. 95)

 

De pie, frente a tu imagen,

José Pedro Varela,

un himno entonaremos

de loa y gratitud.

Su acento lleva el tono

de amor de nuestras almas;

sus notas son tan puras

como ese cielo azul.

Sabemos que luchaste;

sabemos que venciste;

 tu ideal fué dar al pueblo,

Saber y Educación.

Por ti nos ilustramos; 

por ti somos felices.

¡Recibe de los niños,

eterna bendición!

 

Escrito en oportunidad de pasar, con motivo

de un paseo, frente al monumento del Reformador.

 

La Golondrina  (P. 107)

Hizo su nido la golondrina,

en el alero de mi balcón;

cuando trepaban las madreselvas

con Su perfume embriagador.

 

¿ Por qué tan sola y tan afligida

el espacio se ve volar?

¿Por qué rastrea con tanto anhelo

su honda mirada, la inmensidad?

Es que ha perdido a las compañeras

de la bandada que va a emigrar.

¡ Ya las ha visto! ¡ Ya está contenta!

¡Ya cuchichean! ¡pronto se irán!

El muñeco de nieve  (P. 72)

 

¡ Vamos a la Plaza

que anoche nevó!

Brilla su blancura

entre cielo y Sol!

 

Un muñeco hermoso

hemos de formar

amasando nieve.

¡ Pas, pas. pas, pas, pas!

 

¡ Miren qué gracioso!

Pretende fumar!

¿ Quién le da tabaco

al pobre don Blas?

 

¡Tejedores !  (P.64)

 

VARONES:

 

¡ Somos unos tejedores !

¡ Somos unos tejedores !

 

NIÑAS:

 

¡ Ja. ja, ja ! ¡ Ja, ja, ja !

¡En papeles de colores!

 

(Se repite)

 

¡Una muñeca tengo !  (P.67)

 

¡ Una muñeca tengo !

¡ Yo soy feliz ! 

El arrorró le canto

para dormir.

Para dormir,

para dormir,

el arrorró le canto.

¡Yo soy feliz !

Abre sus lindos ojos

al despertar ;

con vocecita dulce

dice : ¡ mamá !

Dice : ¡ mamá !

Dice : ¡ mamá !

 

Entonces con ternura

besos le doy,

porque es ella la prenda

del corazón.

Del corazón,

del corazón,

porque es ella la prenda,

besos le doy.

Hacerle vestiditos