Sylvia Plath en la poesía estadounidense

Ensayo de Gastón Figueira  

Cronológicamente Vachel Lindsay, Sara Teasdale, Hart Crane y Sylvia Plath constituyen el cuarteto estadounidense de grandes poetas suicidas, en nuestro siglo.

La ubicación de Sylvia Plath en el coro lírico de su patria requiere una sintética evocación de las poetisas que la precedieron.

Luego de la muerte, el 15 de mayo de 1886, de Emlly Dlckinson —que recién fue descubierta, poéticamente, en nuestro siglo— es preciso llegar a Harriet Monroe y a Amy Lowell —y a Sara Teasdale y a Edna St. Vincent Millay— para encontrar valores interesantes. Ínterin no faltaron mujeres que publicaron sus versos, con la particularidad de una que se aventuró, sin éxito, en el terreno erótico, olvidémosla.

Harriet Monroe, voz de cálida onda emotiva y expresión armoniosa, es recordada sobre todo —si se la recuerda— como fundadora, en 1912, de la revista “Poetry, a magazine of verse”, que apareció en Chicago ¡ciudad tan prosaica y mercantllista! — gracias al dinamismo, el amor a la poesía y los tenaces esfuerzos de Harriet, que pudo ir publicando la revista y abonar los poemas a sus autores, con la ayuda económica que obtuvo justamente del ambiente comercial de la gran urbe. Difundió en su revista la poesía de Carl Sandburg, de Robert Frost, Vachel Lindsay, Wallace Stevens, etc. quienes hallaron en “Poetry” una especie de hogar para su creación lírica. Durante la Segunda Guerra Mundial dedicó todo un número a los poetas contemporáneos de América Latina (núm. II, vol. LXII, mayo 1943) bien seleccionados y traducidos, con notas biocríticas. Además, tanto Rabindranath Tagore como Gabriela Mistral y poetas franceses, españoles y asiáticos fueron difundidos en sus páginas. Al cumplirse los veinticinco años de la fundación de “Poetry" se celebró en la Biblioteca del Congreso (Washington) un acto —especie de congreso poético— con asistencia de casi todos los poetas más trascendentes del país. ¿No es éste un acontecimiento que parece —si no imposible— un tanto insólito en un país como Estados Unidos, que muchos imaginan interesado únicamente en asuntos materialistas? Antes de "Poetry” se había fundado y continúa circulando (desde 1889) "Poet Lore”. Pero “Poet Lore” conserva cierto tono académico, de que "Poetry” se libró desde el principio, estimulando las obras de carácter experimental. Las revistas poéticas en EE.UU. son incontables, más que las que se publican en Francia.

Sara Teasdale había nacido el 8 de agosto de 1884 en Saint Louis (Missouri) la ciudad en que también nació T.S. Eliot. Los poemas que publicó en 1911 con el título de “Helen of Troy and other poems” revelaron una extraordinaria personalidad lírica confirmada y ampliada en tomos posteriores: “Rivers to the sea” (15), "Love songs" (17), "Flamme and shadow" (20), "Dark of the moon” (26). El mismo año de su muerte apareció su último libro: "Strange victory”.

Casada a los 30 años de edad, en Sara se repitió un poco la tragedia de Delmira Agustini: no había nacido para la vida doméstica. Era un espíritu orgulloso e independiente. Se divorció, refugiándose nuevamente en su arte.

Menos erótica que Sara Teasdale, Edna St. Vincent Millay, nacida en 1892 —el año del nacimiento de Juana de Ibarbourou— en Rockland (Maine) pasó su infancia en Nueva Inglaterra, cuya espléndida naturaleza influyó en su estética. Fue brillante alumna de Vassar College. Ya por esa época publicó su primer libro —entusiastamente recibido por la crítica— “Renascence” al que siguieron "Second April” (21), "The Harp-Weaver and other poems” (24). Su poesía, sobria y armoniosa, posee notas de un ardoroso panteísmo, expresado siempre con pureza y musicalidad. Bueno es recordar asimismo, que durante sus días bohemios en Greenwich Village, Edna fue de los primeros en apreciar y estimular la renovación que trajo al teatro Eugene O’Neill, de quien fue amiga.

Hilda Doolitle (1886-961) que firmó todos sus libros con las iniciales de su nombre (es decir, H.D. exactamente igual como el popular historiador clérigo franco-uruguayo) figuró junto a Amy Lowell y otros poetas en la fundación, en Londres 1914, del grupo imaginista. Asimismo, como Amy Lowell, viajó mucho por Europa, deteniéndose en Grecia, cuya inspiración es notoria en algunos de sus poemas.

La gran personalidad del imaginismo fue Amy Lowell (1874-925). Participaron en dicha escuela, además de Pound y Eliot (que pronto se retiraron, buscando quizá la independencia estética) Richard Adlington, William Carlos Williams y John Gould Fletcher. El imaginismo que dio trascendencia esencial a la imagen (como el ultraísmo hispanoamericano) buscó asimismo la creación de nuevos ritmos.

Genevieve Taggard se caracteriza, a la vez que por su sentido humano, por la riqueza de símbolos, llegando a veces a lo barroco. No se parece a ninguna de sus hermanas líricas. Es siempre ella, con sus virtudes y sus defectos. Es también ensayista de densa cultura, autora de un buen libro sobre la vida y la obra de Emily Dickinson. G. Taggard nacida en Hawai en 1894 falleció en 1948.

Elynor Wylie se caracteriza por su intenso subjetivismo, a la vez que por su depuración expresional.

Y quedan aun los nombres de dos de las poetisas más famosas del país norteño: Marianne Moore, interesante, aunque a nuestro parecer excesivamente intelectualista, de acuerdo con un sector vasto de la poesía moderna de Occidente, y Elizabeth Bishop, de temperamento impresionista, que sabe hermanar intuición y cultura, inspiración e intelecto, "lo espontáneo sometido a lo consciente" que quería para sí —y para los demás— el siempre admirable Juan Ramón Jiménez. Elizabeth Bishop había adquirido una casa en Ouro Preto (Minas Gerais, Brasil) donde vivió algunos años.

En la personalidad de Sylvia Plath hemos de ver, sobre todo, el caos de nuestro tiempo.

Y comencemos esa evocación afirmando que toda su gloria es póstuma.

Nació Sylvia en Boston el 27 de octubre de 1932. Desde muy temprano, el mar ejerció en ella una atracción todopoderosa. En el 53 ejerció el periodismo en Nueva York. Por ese tiempo intentó suicidarse. Pero la vida sigue su marcha y siempre hay un nuevo amanecer. Una beca Fullbrigh le abre las puertas ilustres de la Universidad de Cambridge, en 1955. Al año siguiente contrae enlace con el poeta británico Ted Hughes. Luego Sylvia ejerce el profesorado en el Smith College y además asiste, en la Universidad de Boston, a las clases de poesía que dicta Robert Lowell, quien años más tarde sería quizá el mayor exégeta de la obra de Sylvia. (Robert Lowell, nacido en 1917 fue por los años 40 la más promisoria personalidad lírica de su patria; falleció trágicamente hace alrededor de diez años).

Separada de su esposo en el 62, Sylvia —madre de dos niños— se suicidó en Londres el 11 de febrero del año siguiente. Poco después Ted Hughes, su esposo, publicó los “Collected poems” de Sylvia, hermoso tomo de 350 páginas.

Los títulos de sus libros resultan un tanto engañosos, o —si se prefiere— no son felices. ¿No da idea de altisonancia y manía de grandezas la carátula de su obra inicial, titulada “The Coilossus and other poems” (1960) libro que pasó sin pena ni gloria? Y luego publicó "Ariel", título sugestivo sin duda, pero ya muy repetido (en América, además de Rodó lo utilizó el brasileño Ronald de Carvalho; en Europa hay varios “Arieles"). Su último libro —muy póstumo— fue “Winter trees” editado en el 71 Publicó asimismo una novela autobiográfica, aparecida en el 63 con pseudónimo de Victoria Lucas. Pero su “mundo” era indudablemente el de la poesía.

Un hecho sorprendente en su obra y que no sé si los psicólogos podrán explicarme: Sylvia era potencialmente una neurótica y sin embargo en sus poemas existe una expresión muy armoniosa, aunque refleje estados caóticos del ser. Esta característica la señala con rasgos propios en la lírica de su patria.

 

Ensayo de  Gastón Figueira

(Especial para EL DIA)
 

Publicado, originalmente, en: Crónicas Culturales - Suplemento dominical del diario El Día

Año LV  Montevideo, 21 de febrero de 1988 - Nº 2822

Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)

Link del texto: https://anaforas.fic.edu.uy/jspui/handle/123456789/54425

 

Ver, además:

El sol negro de Sylvia Plath, ensayo de Carmen Villoro c/video

 

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