El famoso cuadro de la Fiebre amarilla

José María Fernández Saldaña

Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires

Autor: Juan Manuel Blanes (1830-1901)
Realizado: c.1871
Técnica: Óleo
Soporte: Tela
Medidas: 230 x 180 cm

Ver http://mnav.gub.uy/cms.php?o=77

Junto con la fama de este lienzo de Blanes, el mas famoso de sus cuadros, y también el más famoso cuadro que se haya pintado en el Río de la Plata, propagóse un error que tuvo la virtud de arraigar en el espíritu de las gentes.

No hace muchos días fui consultado por teléfono por alguien que deseaba saber cuál de los dos personajes que aparecían en el centro del cuadro de "La Fiebre Amarilla", era el doctor Vilardebó ...

Evidente, pues, que pese a cuanto se ha dicho y escrito sobre el cuadro de Blanes, y a su popularización intensa por reiteradas reproducciones en todos los métodos gráficos, existe una cantidad considerable de personas que ignoran la significación exacta de la escena histórica que el lienzo de Blanes interpreta. Es oportuno, entonces, divulgar la verdad.

Puestos en olvido el titulo original de la pintura denominada por su autor "Escena de la peste de 1871 en Buenos Aires", y el más breve y popular "La Peste en Buenos Aires", con que se rebautizó de inmediato, el nombre con que se le conoce en la actualidad es "Episodio de la Fiebre Amarilla" o "La Fiebre Amarilla", simplemente.

La fecha y el sitio que fue teatro del suceso, no contando para nada en el título, tienen que haber influido, asimismo, para la cristalización del equívoco.

El terrible recuerdo de la epidemia de fiebre amarilla que flageló a Montevideo en el otoño de 1857, y la muerte del doctor Teodoro Vilardebó arrebatado por la peste, mezclados al recuerdo de la nueva epidemia de 1871, concluirían por explicar la confusión existente.

Ni Montevideo, entra, sin embargo, en el cuadro de Blanes, ni hay en la tela personaje uruguayo alguno.

Los caballeros que aparecen en segundo plano son los doctores José Roque Pérez y Manuel Argerich, abogado y médico argentinos, respectivamente.

Dr. José Roque Pérez

Juan Manuel Blanes c 1871

Dr. Manuel Argerich

Desempeñaba el Dr. Pérez, en aquellos días aciagos de 1871, la presidencia de la Comisión Popular que se organizó en la casa de los Varela, compuesta por un grupo de las más destacadas personalidades de Buenos Aires —nacionales y extranjeras— para velar por la salud de la capital.

Figuran en ella, entre los uruguayos, Juan C. Gómez, Matías Bethy y Héctor P. Várela.

Al conocer el Dr. Pérez el nombramiento de presidente que se le había discernido, refieren que dijo a sus electores, luego de aceptar el honor:

"Con tai que no me hagan ustedes un presente griego..."

¿Era un fúnebre presentimiento de su destino?

"Desgraciado y querido amigo —escribía poco después uno de sus compañeros de comisión— en medio de aquella noche espantosa de infortunio, cuando la población enlutada y abatida de Buenos Aires no tenía más amparo ni otro consuelo que la Comisión Popular, Roque Pérez, que sin acordarse de su familia, de su posición social, de su gran fortuna, estaba a todo momento en medio del peligro, fue sorprendido por el terrible azote.

Tres días después expiraba dando un ejemplo de alma templada al modo histórico.

Entró en el delirio final con la sonrisa en los labios.

Esa serenidad griega ante la muerte es la prenda más bella del espíritu, según se ha dicho.

"Ella resume la noble lección pagana que el miedo al Infierno nos había hecho olvidar y que constituyó la dignidad del mundo antiguo: saber morir satisfecho".

Hombre de intachable honradez; enriquecido en el ejercido de su profesión de abogado, el doctor Pérez había sido diputado, convencional, ministro plenipotenciario y, afiliado a la Masonería, había ocupado el puesto de Gran Maestre.

El Dr. Manuel Argerich, que aparece a la izquierda del cuadro, era un joven médico, estudioso y de talento, verdadera esperanza, arrebatado por la fiebre que contrajo en el desempeño de una prodigada labor profesional agotadora.

Fueron estos dos ciudadanos porteños los elegidos por Blanes para integrar la escena pictográfica, compuesta con fragmentos de realidad, que desarrolla en su prestigiosa tela.

Y digo esto porque la escena del cuadro, no ha de creerse que ocurrió precisamente así.

Nada permite suponer que los doctores Pérez y Argerich, de recorrida por las casas de loe pastosos, se hallaran un momento ante la tragedia que pinta el Maestro montevideano.

Se sabe, por otro lado, que el dramático suceso del matrimonio muerto de peste, en un ataque fulminante y sin cuidados médicos, ocurrió en una habitación interior y no en un cuarto con puerta directa a la calle.

Radica el mérito de Blanes en haber reunido con robusta inspiración y maestría técnica, los elementos dispersos seleccionados entre la realidad que más se prestaban al propósito de componer un cuadro emocionante y hondo.

Logró nuestro pintor dar unidad perfecta al conjunto en una composición abundante en recursos de luz no siempre —conviene decirlo— ajustados a la verdad.

Los críticos contemporáneos notaron, s su hora, la excesiva luz que cae sobre la mujer muerta, y el interior más iluminado, en proporción, que la misma calle.

Observaciones justas, que no escaparían de seguro a un artista de la preparación completa de Blanes, pero que él no dudó en poner de lado, sacrificando un poco de verdad en aras de un gran efecto.

Aparte las fotografías de Pérez y Argerlch, para nada recurrió el pintor a Buenos Aires.

El Dr. Andrés Lamas, gran amigo suyo, radicado en la capital argentina, encargóse de suministrarle toda la literatura precisa como inspiración y como guía.

El momento era excepcionalmente emotivo: la tragedia de la vecina capital había conmovido los corazones.

Blanes tenía su taller en la calle 8oriano, vereda norte, en una casa actualmente demolida y en su taller eligió al joven discípulo Antonio Padé, para servirle de modelo para la figura del muchacho que, apoyado en la puerta, contempla al doctor Pérez con sus grandes y hermosos ojos azules.

Expuesto el cuadro primero en Montevideo y conducido luego a Buenos Aires, el éxito correspondió, ampliamente, a las esperanzas del artista.

Los párrafos que transcribo de un pintor argentino que no se manifiesta simpatizante de Blanes —lo que aumenta el valor intrínseco de los comentarios —dan impresión exacta de las impresiones bonaerenses ante "El Episodio de la Fiebre Amarilla'' exhibido en el foyer del teatro Colón a mediados de diciembre de 1871.

El público de Buenos Aires se halló delante de este cuadro en condiciones análogas a las del público de Florencia en el siglo XIII, cuando Cimabúe, emancipado del cañón bizantino, dio a luz la célebre Madona, llevada procesionalmente en triunfo por sus admiradores desde el taller del maestro hasta la iglesia de Santa María Novella.

"Entre nosotros al cuadro de Blanes no fue conducido en andas; pero el pueblo entero, hombres, mujeres y niños marchó en procesión a admirar la peregrina obra.

"Durante algunos días la población desbordada rodeó el cuadro como una marea hirviente y rumorosa.

"Después de Cimabúe, no se había vuelto a presentar un caso de admiración tan interesante y unánime en país alguno de la tierra y es problemático que la escéptica Buenos Aires vuelva a sentirse removida hasta las entrañas por el espectáculo de una obra de arte".

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Supongo que después de leer estos conceptos del pintor y crítico porteño, nadie dirá que me excedí en el ditirambo cuando dije, al principio, que el cuadro de "La Fiebre Amarilla" es el más famoso cuadro que se haya pintado nunca en el Río de la Plata.

En esa inteligencia, al tiempo que exhibido aquí, hubo una unánime manifestación de opiniones en que la tela no debía salir de la República.

Fue a Buenos Aires, a recibir el homenaje triunfal del público porteño, pero desde el 21 de noviembre el cuadro era de propiedad nacional.

El gobierno del general Batlle lo había adquirido por el precio de diez mil pesos pagaderos en tres mensualidades al doble titulo de "recompensar el mérito, la virtud y la inteligencia de los artistas orientales y de proporcionar a la juventud estudiosa modelos de estímulo y de inspiración para los sentimientos nobles y elevados".

 

por José María Fernández Saldaña

Suplemento dominical Huecograbado del Diario "El Día" - Montevideo uruguay s/f

Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)

Link del texto (pdf): https://anaforas.fic.edu.uy/jspui/handle/123456789/39651

Ver, además:

Juan Manuel Blanes, gran pintor nacional, por Edmundo Prati (Uruguay) c/videos

Blanes: El cuadro de los 33 Orientales, por Eduardo de Salterain y Herrera (Uruguay)

La Cruzada de los 33 Orientales , por Luis Arcos Ferrand (Uruguay)

Editado por el editor de Letras Uruguay

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