|
Por qué no irrumpiste, desgraciado
cuando era hembra en celo destinada a tu aliento
a cielos de distancia reservada a tu olor insomne
florada cada noche con el mismo perfume
madurando
esencias que no me valieron de nada
que no imantaron tu fuga del resto del mundo
cuando más la pedía mi alma
dura y acechante
blanda y extendida
yegua de oscuros contornos implorando tu látigo
Pensar que fui capaz de hincarme de rodillas
de suplicar aún a los ateos
que te trajeron a mí
que dieran vuelta la tierra para hallarte
que con lociones y brebajes mi amor te cercaría
Aún no me das una explicación convincente
de tu desafío a la especie
Tal vez debiera llamarte perro o piedra
pues no respondiste a mi sudor
la química que te reclamaba imprudente
en hexámetros
el efluvio de rosas cortadas de un jardín inexistente
improvisadas cabelleras nupciales
que no segaste en su esplendor
cuando estaban dispuestas para alfombrar tu reino
Creí que te anunciabas, amor, mi mensajero
|