Como cazar perdiz en la cimbra

 
El dicho Nº 451 dice que la perdiz toma agua sólo cuando llueve. Este dicho tiene gran difusión en todo nuestro territorio. Se desecha desde luego la veracidad de tal aserto.
Por lo pronto la hemos visto tomar de dos maneras distintas. Es fácil ver cuando llueve que se forman depósitos de agua en hoyitos y depresiones del terreno, agua que al salir el sol fulgura cual pequeños espejos. La perdiz aprovecha a beber esta agua pura que se le brinda como en el cuenco de una mano. Es un encanto verla beber con la misma gracia y simpatía que nos produce cuando vemos un pollito BB cumplir la misma función.
La otra manera en que la hemos observado es aún más bonita si cabe. Cuando por las causas conocidas se forma el rocío, es dable ver en las hojas de los pastos o ramitas, cristalinas gotas de agua que penden como brillantes. La perdiz se aproxima y con la gracia y elegancia que la caracteriza las va recogiendo con su piquito.
Es lástima, y grande, que este animalito tenga para su desdicha una carne tan apetecida por todos.
A propósito de esto describiremos cómo es cazada la perdiz con cimbra. Es así: en un sitio no muy próximo a una charca y si no hay es lo mismo, se busca un terreno limpio de yuyos o barrancos y con coronilla rastrera (estiércol vacuno) se hace una cerca de cincuenta metros o más de largo y en un extremo se construye una manguera o corralito de uno o dos metros cuadrados con una puerta de unos 15 centímetros de ancho. Próximo a la puerta se entierra una vara flexible con una enlazada hecha con cerda de yeguarizo. Tiene esta verdadera horca que coincidir con la puerta del corralito donde se espera que pasará la perdiz. A lo largo del cerco también se disimulan otras cimbras.
Ahora bien: hay que buscar la perdiz y manguearla derecho a la cerca. Esto es cosa fácil. El hombre o el botija arrea a la víctima como si se tratara de una mansa oveja.
La perdiz ha visto que el hombre tira al vuelo con su escopeta y por instinto o aconsejada por su inteligencia no se anima a levantar vuelo y sigue al pío-pío (caminando) en busca de algo en qué esconderse. Cuando quiere tomar un rumbo contrario al que se le ha dado bastará que el hombre incline el cuerpo arriba del caballo en la dirección que intenta tomar la perdiz, para que ésta tome nuevamente la recta que la llevará a la cerca donde se disimulan las cimbras. Si escapa a las que están en la cerca, caerá en la del corralito. Hay quienes trenzan dos o tres cerdas para hacer la lazada, pero esto es innecesario, una sola crin resiste el peso hasta de un perdigón.

Refranero uruguayo - La Biblia gaucha
Washington Escobar
Tacuarembó - 1983

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