Don Largato roba miel

 
En el dicho Nº 443 que dice: "Cachetudo como lagarto de cementerio", puntualizamos lo siguiente: el lagarto es un reptil saurio insectívoro que, al igual que el tatú-peludo, tiene la asqueante costumbre de completar su alimentación con gusanos que encuentra en abundancia al descomponerse los animales muertos en el campo.
El lagarto, además de ésta, nos dicen, tiene otras costumbres muy curiosas que demuestran tanto su ardid como su evidente inteligencia, como ser: la de robar miel a las lechiguanas o camoatíes y huevos a los avestruces.
Picados por nuestra curiosidad resolvimos salir de dudas, realizando a tal efecto una visita a nuestro amigo don Leandro, un viejo y auténtico paisano de esos que ya quedan pocos. De llegada a su rancho, disparamos a quemarropa la pregunta que nos preocupaba:
-Nos dicen, don Leandro, que el lagarto es un gran ladrón de miel. ¿Puede haber algo de verdad en ello?
-¿Y, de no? -contestó rápido con una sonrisa socarrona-. ¡Las veces que los hice sufrir a estos animalitos de Dios!
-¿Por qué, sufrir? -interrogamos.
-Vea, don... la cosa es asina: Cuando un lagarto descubre un camoatí, bueno, decir descubrir, es bobo, porque el animalito los tiene a todos bichau desde que empiezan a formar el enjambre pa' anidarse. Lo que le iba a decir es esto: cuando "Don Lagarto" sabe que el camoatí está maduro de miel se apalabrea con la compañera, y uno por un lado y el otro al revés, digo por el otro lado, atacan a un mismo tiempo a toda carrera y al enfrentarse a la colmena descargan tremendos rebencazos con sus colas, abriendo rotundos tajos en el panal. Cuando las sorprendidas avispas salen a defender su casa, los asaltantes huyen a toda velocidad con la cola levantada como una bandera al tope, para defender de las ramas la miel robada. Lejos, ya en algún bajío o zanjón, libres de las avispas, tuercen la cola y pasándola repetidas veces por la boca, saborean de lo lindo el rico producto de su rapiña. Cuando calculan que el bicherío se ha sosegau, repiten la misma hazaña y de esta manera se banquetean por varios días hasta concluir con todo.
-¿Pero Ud., don Leandro, nos dijo que los hacía sufrir a esos lagartos?
-Pues sí, don; y aquí viene lo mío: Risulta que así como ellos tenían bichau (vigilado) el visperío, yo, a mi vez, tenía en todo el pago muy romaniau el lagartaje. En muchas ocasiones cuando ellos se preparaban para repetir el golpe, yo cáiba bien emponchau y cerquita del camoatí prendía un fueguito con charamuscas que ya tenía juntas de antemano, y con el humo corría con el resto del visperío que había quedado reparando el daño de los ladrones. De los lagartos sabía que ya estaban lejos por el griterío de la perrada que se divertía de lo lindo cambiando lazazos por dentelladas. Me daba vergüenza, don; pero si volvía algún pirata, yo ya me había alzau con todo pa' las casas. ¡Las veces que les hice esta jugarreta! Tantas como miel faltaba pa'l arroz con leche, porque Ud. sabrá, don, que este postre endulzao con miel, cái mejor al estómago.

Refranero uruguayo - La Biblia gaucha
Washington Escobar
Tacuarembó - 1983

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