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Impuestos y fraude
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La desaparición del impuesto sobre el
patrimonio, alegando que así se beneficiarían las clases medias, lejos
de resultar eficaz, ha supuesto para España una merma importante en
recaudación. Reimplantarlo sería beneficioso y rentable para el Estado
pues ingresarían en las deficitarias arcas bastantes millones de
euros, que falta hacen. En 2005 el Estado recaudó por este impuesto
unos 1.442 millones. Y esta cifra fue en aumento. Su desaparición hizo
frotarse las manos de contento a los millonarios y ricos españoles que
dejaron de pagar por sus bienes beneficiándoles como poseedores de las
rentas e ingresos más cuantiosos y de las propiedades sujetas a
gravamen. A pesar del desorbitado fraude fiscal habitual en este sector
de la población, sólo declararon poseer una vivienda de más de 10
millones de euros 727 propietarios de un total registrado de 3.290. Vaya
jeta y menudo fraude con dinero negro y blanqueo de capital, sobre todo
en el mundillo del ladrillo. A las clases medias y bajas con propiedades
inferiores a 300.000 euros apenas minimamente benefició la derogación
de tal impuesto, pues solo pagaban unos irrisorios 80 euros de gravamen.
Las autonomías habrían potenciado el mantenimiento de los actuales
insuficientes servicios sociales si este impuesto no se hubiera anulado
creando bastante empleo público en tales servicios, disminuyendo así
el paro o evitando que éste aumentara. Pero nada de lo dicho antes se
ha llevado a cabo. Y se nota, salta a la vista.
Grave es el despilfarro de ricos y de
la clase política en general. Gentes que se pirran por salir en la
foto y que en sus adentros parecen 'rezar' aquello de 'Señor, no
me des, pero ponme donde haya, que yo ya cogeré lo que pueda...' como
ironiza mi amigo José Luis aludiendo a la hipocresía y
a la ambición de muchos políticos. En una crisis tan severa
como ésta sobran las ostentaciones y los excesos y se requiere
austeridad. Austeridad que los propios millonarios y políticos deben
aplicar dando ejemplo. Mucha crisis habrá pero en varios lugares
de la piel de toro el gasto en comilonas y coches oficiales se ha
disparado. Y es que algunos ni se privan ni se cortan un pelo. Aunque lo
más grave es el fraude fiscal. Lo inteligente, aparte de detectarlo,
perseguirlo y reducirlo; sería convertirlo en una fuente de ingresos,
hacerlo rentable. Un 20 % de la actividad económica es pura y
duramente, fraude fiscal (mayormente en Seguridad Social y Banca), el más
elevado de Europa. Vergonzoso. Si ese caudal no declarado revirtiera en
el Estado, éste ingresaría más de 88 mil millones de euros anuales
que a su vez se podrían destinar a financiar servicios públicos y a
crear empleo para mantener el bienestar de la población. Y el fraude
fiscal sigue siendo el más fuerte de la UE debido al poco empeño
estatal en erradicarlo por culpa de la presión e influencia que
sobre la política ejercen los grupos o 'lobbys' de poder económicos,
especialmente bancos e inmobiliarias y profesionales liberales.
Recuerdo cuando el ex-presidente Aznar
comentó en 2003 aquella parida suya tan sonada a la vez que irónica
y sorprendente de que 'en España los ricos no pagan impuestos'.
Pues casi sí. En concreto, cuando veo que un simple autónomo
quiosquero paga fiscalmente en proporción más que un millonario
empresario, me da la impresión de que los ricos no pagan impuestos en
España. Totalmente injusto. El pequeño soporta mayor presión
tributaria que el grande, al igual que la hormiga proporcionalmente
aguanta más peso que el elefante. Esta situación ha de cambiar:
quien más gana, qué pague más impuestos, y especialmente en crisis.
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