Cabecitas de vaca

 
Lucindo Núñez - en cuanto Berta quedó embarazada - pensó en cumplir el sueño que maduraran sus poco pródigas neuronas, posiblemente desde la infancia:
-"Si es varón...le vi´a poner Alvar...".

La buena suerte quiso que Berta tuviera un hermoso retoño.... La mala...¡que fuera varón!.
Alvar Núñez no tiene "cabeza de vaca" pero no mucho más allá llega su cociente intelectual.

Alvitar (le podrían haber llamado"Alvarito" y evitarle el vacuno recuerdo) es discriminado.
Si fuera negro, judío, gay o mujer barbuda...el motivo podría estar claro en una sociedad inconfesadamente discriminante. No siendo nada de esto, cabe admitir que se le discrimina - simplemente - por su taradez. Mas, no cayendo su problema en el campo concreto de ninguna Comisión de Derechos Humanos, no existiendo ninguna ONG que proclame el "orgullo Opa"... el pobre opa, sin derechos ni orgullo, se las ingenia, en la cortísima medida de sus posibilidades, para sobrevivir.

-¡Mama....Me voy p´al pueblo...!

Desde arriba de la destartalada bicicleta - ya en movimiento - comunicó a Berta su partida.

Le atrae el pueblo. Como a todo gurí que ha nacido y vivido en las afueras, aunque sea de un pueblo que no tiene demasiados "adentros".

"Concordia" es -en pleno XXI- un ordenado aburrimiento.
El carácter de "ordenado" lo debe, sin dudas, a su origen íntimamente relacionado con el grupo de extranjeros que formaran la "Sociedad Agrícola del Sur", emprendimiento que nació - y fructificó - a mediados del siglo diecinueve.

Las "cinco leguas cuadradas" que figuran como inicial patrimonio de dicha sociedad fueron - convenientemente fraccionadas, loteadas y financiadas - asentamiento de ilusiones de innúmeros "gringos" que llegaron a Concordia (Desembarcando en el puerto homónimo) para "hacer la América". Muchos la hicieron. Quienes pretendían un lugar tranquilo, con tierras feraces, encontraron una posibilidad cierta.

Pero... ¡ Ha pasado casi un siglo y medio.... !

El "siglo y medio" - avances y retrocesos, ilusiones y negativas, auge y estancamiento - le han dado su carácter de "aburrido". Lo ha dejado sin "adentros".
El puerto, que por su profundidad supo de embarcaciones de regular calado, es sólo surcado - en su epidermis - por pequeñas embarcaciones deportivas. La ruta que en él nacía - pisada por carros que transportaban desde la herramienta usada en el "Cantón" natal hasta el dormitorio provenzal, pasando por los mil enceres de cocina, toillete o lo que quieran imaginar - rescindió su importancia, hace cincuenta años, ante una ruta nacional hormigonada que le obliga a mirar - con prismáticos - el pasaje de camiones cargados de contenedores a más de dos kilómetros de distancia.
Mil y pocos habitantes - según los censos efectuados por oficiales Empadronadores que, en la opinión popular, podrían haber sido sustituidos por la cuenta de muertes y nacimientos de algún poblador memorioso - daban "estadísticamente" la realidad que todos conocían ...: "Ni se muere ni rebrota..."

No obstante, el ordenado aburrimiento de Concordia era para Alvitar el sumun de la atracción.

Dos kilómetros de desigual pedaleo ("Crac".."Chac"...Crac"...Chac"...) lo transportaban al "bullicio" del centro.
"Centro", porque en el centro están las plazas, los monumentos, los árboles añosos y los bancos. Aunque el monumento del pionero poblador no halla llegado (no alcanzaron los picaportes, las canilla...) a la estatura de un hombre normal, aunque los bancos pidan a gritos, en su vegetal idioma, una mano de pintura y los árboles poda...
La bicicleta contra un árbol, sentado en la paralela comodidad de un banco de plaza, Alvitar repone fuerzas para comenzar su actividad.

-"Buen día, Doña...¿No precisa un mandadito...?"
Y la "doña", alguna vez porque le representaba una solución, muchas por lástima, hacía algún "encargue" trivial al pobre Alvitar que, con una empanada acá, una moneda de dos pesos allá, iba "empardando" el sacrificio del pedaleo.

Las "doñas" tienen todas (aunque duela a los machistas) algo de la sobrehumana tolerancia que, normalmente, se adjudica al "Ser Absoluto"...Los "dones",nó...

-"Don Claudio...¿No precisa algún mandado?".
-"Si, Alvitar...justito...Andá hasta el taller del Loco Mora y pedile, de mi parte, el compás de tres puntas..."

Las risas del "Loco", las de Claudio (el "sieteoficios" del pueblo) darán a Alvar la idea de que - otra vez- ha servido para burla de los "vivos".

Ni una monedita - menos una empanada - pagarán la broma (Que lo es sólo en las mentes no demasiado alejadas de su "Cabeza de Vaca").

El "martillo de dos golpes", el "cortafierro de goma", no duelen tanto en la mentecita enclenque de Alvar como el hecho de su exclusión en las ruedas de mate, la falta de atención de los presentes cuando comienza - con entusiasmo - a contar una anécdota, la opinión general y repetida: "Siempre el mismo abombau..."

Cuando terminó la escuela, lejos de sentir la satisfacción de la finalización de una etapa, Alvar se sintió vacío. En otro entorno - mucho más arriba en la escala social - habríamos dicho que se produjo en él una "crisis de identidad". Como la enseñanza secundaria no era todavía obligatoria, como ninguna Maestra se arriesgó a la piadosa pero poco profesional mentira de: "Sería bueno que hicieras Liceo..."... Alvar se encontró, de golpe, con mucho tiempo por delante y muy poca formación por detrás para encarar la nueva etapa.

La fábrica de dulces - única industria en el esmirriado pueblo - había recibido, tras su calificación como de "interés nacional", algún "Crédito Blando" de esos que, entre larguísimos períodos de repago y tiempos de gracia, daban la posibilidad de que recién los nietos de los actuales dueños - y siempre que lo entendieran conveniente - hicieran frente a la cancelación de adeudos.
El capital de riesgo fue - al menos al parecer de los profanos - muy bien utilizado. Dentro de las limitaciones propias de un entorno económico decadente, la fábrica ha crecido para bien de todos.

El ser elegido - vaya a saber bajo el imperio de qué parámetros - para ocupar un puesto de "mantenimiento" en la bastante pujante empresa, fue para Alvitar lo que a un ser normal si le nombraran "astronauta".

El primer sueldo - magro, magrísimo para la mayoría - fue para el funcionario Núñez el contacto directo - y en carácter de posesión - de una verdadera fortuna equivalente a cientos de mandados pueblerinos. 

Hortensia no era linda, no era - habrá que reconocerlo - demasiado limpia, pero "siempre me miró de una forma especial..." cada vez que pasaba- meta pedal....(crac...chac...)- por enfrente de la casa del viejo Álvarez.

Trabajo seguro... dinero seguro mes a mes... la Hortensia... 

Lindo para suponer el principio de un cuento de ranchos blancos de cal, con alguna quintita al fondo... y varios "cabecitas de vaca" de mocos colgando... 

-Parece que el Álvar va a formar rancho aparte -
Contento, rebosante de esa alegría que invade a todo ser de cierta edad cuando ve que sus sacrificios - pequeños o grandes - han fructificado en la continuación de la familia que heredara de sus mayores, Lucindo contaba a sus vecinos las novedades relativas a su hijo.

En terrenos fiscales, con "ticholos" y portland comprados en la barraca de Leme (y que le dimensionaron lo carente de su sueldo), arena del arroyo cercano, la paja que cortara en el menguante en el bajo del viejo Melendes y que hacía tiempo se estaba secando, en parejos mazos estibados en el guardapatio de la casa paterna, Álvar dio comienzo a la precaria construcción.
Como el cimiento no insumió mucho esfuerzo (era, apenas, una "rascada" en la tierra), como el mantenimiento de los niveles no le demandara preocupación - ni mucha ni poca - a los pocos días y con la ayuda de Lucindo, Álvitar estaba colocando la cimera, los varejones, la "lata" de álamo y ordenando los atados de paja formando la superficie no muy pareja ni demasiado prolija que cobijaría su futuro junto a Hortensia.

-Pensar, vieja, que cuando nosotro nos casamo esperamos a tener la casa completa, los mueble... y hasta esperamo la primer cosecha. ¡Qué distinto es ahora...!

Álvar y Hortensia tomaron, de las modernas prácticas, lo que más les convino. Al mes y pico de haber dado por terminado (tras una completa sesión de puteadas "gastando brocha" en el blanqueo de los "ticholos") se realizó la fiesta de casamiento. "Casamiento" no hubo. Al menos si lo entendemos como los trámites efectuados ante la "justicia" (la Divina y la de acá). Fiesta si hubo... En los galpones de los Long (donde otrora funcionara la tahona) tras varias sesiones de escoba y agua con creolina, se colocaron las mesas y bancos de tablones cuyo préstamo había de ser el "regalo de casamiento" de Freddy (el dueño del aserradero) 
A la noche y siendo el único evento de aquel sábado, se juntó - en fiesta cooperativa - más de medio pueblo.
No dudo que el pasaje regular de mozos con bandejas rebosantes de vasos de whisky importado, caviar, salmón ahumado, haciendo preámbulo a una cena de gala a cuyo final se hubiera brindado con champagne por la felicidad de los novios, hubiera sido un festejo memorable. No obstante, dudo que la felicidad y la diversión hubieran podido llegar a los extremos a que llevó la coca-cola y la cerveza humedeciendo las caseras pizzas, los pasteles de fiambre ("¡Qué bien te quedó, Tota, me vas a tener que pasar la receta!") al arrullo de música variada - nunca muy moderna - que multitud de parejas bailaban "de memoria" dada la carente amplificación.

Hasta la salida del sol continuó la fiesta. Sólo - y contra su voluntad - se habían retirado aquellos que debían tener los tachos prontos a la pasada del camión, alrededor de las seis. No duden que ordeñaron bajo protesta.

Pasaron el domingo disfrutando en su nueva casa - una pieza grande con un "fogón" en una esquina - su íntima soledad (Más íntima y más soledad por lo inusual).
-¡ Ta que lo parió... me reventé un dedo...! Via tener que reyenar ma acá, a la entrada de la puerta... 
-Pal fin de semana que viene le via poner ma paja al techo. Ayá, en aqueya punta... se ve una lucecita...
-Jate joder. Ta preciosa la casita... y pensar que la hiciste vo...

Ninguno de los dos estaban dispuestos a preocuparse por los pequeños defectos de construcción.

-¿Qué estaj asiendo...? ¡No te va a poner a limpiar ahora ! Ta todo limpito...

Seis años es -para algunas cosas- tiempo más que suficiente.
La "preciosa casita" (cuyos pequeños defectos se habían convertido en insufribles goteras y amenazantes bloques a punto de desprenderse) hubo de ser agrandada (esta vez con chapas varias veces usadas y torcidos varejones) a influjo de un grupo cuyo crecimiento ya había superado la "familia tipo".
Tres "cabecitas de vaca" - de mocos colgando y dulces rasgos mongoloides, corren, gritan, empujan...
-¡Cuidado con la barriga de tu madre vo.. abombau... le vaj a pegar al ermanito...!
Hortensia, lo único que hace realmente bien es el reposo que, por lo general, le recomiendan en cada embarazo. ("Ej una arrastrada...Nos va comer la mugre...")

El sueldo de la fábrica, ahora verdaderamente dimensionado en su magra realidad, no llega a cubrir las crecientes necesidades de su familia. Ni siquiera con el "plus" que en la Asignación Familiar reciben por Beto y Julián ( el más chico y el del medio) reconocidamente sub-normales.

La "quintita" que suponíamos en el fondo, lejos de ser gratificante, es otro motivo de preocupaciones:
-¿Qué calentura! Un día le voy a matar las gayinas a la vieja de mierda...
-Viejo, tendríamo que poner tejido.
-Lindo pa vo.. Si tuviera plata pa poner tejido que me estaría rompiendo el culo con esta quinta de porquería...

Sin ninguna ONG que defienda el "Orgullo Opa"... el pobre opa seguirá haciendo "mantenimiento" en la fábrica (Que ahora que la cosa está tan fea, se ha convertido en el trabajo de "mantener" alguna máquina, "mantener" la leña amontonada, "mantener" los baños limpios...); seguirá calentándose con las gallinas de la vieja vecina, apuntalando las paredes - torcidas de nacimiento - y, por lo visto, trayendo al mundo "cabecitas de vaca" (de mocos colgando) que refuercen la "asinación"

Cuando está muy cansado - o muy "caliente" - procura dormirse para poder soñar "con un gurí con pinta de abombau que desde una bicicleta - crac, chac - le grita a las viejas : Doñaaa... ¿no precisa un mandadito...?... y junta moneditas hasta pa regalar..."

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