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El tiempo de las sombras largas |
| Está bastante lúcido. Más lúcido de lo que debería estar si -realmente- la naturaleza, fuera sabia Sordo, con dificultades motrices que lo aproximan a la invalidez, el abuelo pelea con la vida el último round. El más difícil...el más largo. Hace años que comenzó a fingirse creyente con el fin de -autoconvenciéndose- pedir a Dios un final digno. Nadie lo escuchó. Está pagando caro su ateísmo. No logró, en toda una vida de lucha -y, sin dudas por culpas propias, acumuladas durante décadas- bienes materiales. Conseguiría fácilmente donde caerse muerto. Lo que realmente no tiene, sin resultar también en esto una carga, es "donde caerse vivo" que es lo que viene haciendo desde hace años. Es rico en experiencias. Le llama la atención que a nadie le interese conocerlas... Hasta que un golpe de lucidez le hace entender que la velocidad de los cambios ha sido tal que lo único que ha logrado en la vida, sus experiencias, están referidas a un mundo que ya no existe, a seres que ya no están, a valores...que un día volverán pero hoy no son prioritarios. La piecita del fondo -la que da al sur- cambió su destino de depósito para convertirse, previa mano de cal, en adecuado dormitorio. Una cama extraña, una almohada sin recuerdos, la vieja mesa de luz y la cómoda antigua, demasiado grande, descascarada, que tranca hasta hacer casi intransitable la piecita de tres por tres y cuya existencia defendió, el abuelo, con uñas y dientes. Sobre ella, colgado de la pared, el viejo espejo partido, con tantas manchas en su azogue que resulta casi imposible mirarse en él. No importa. El abuelo no quiere ver realidades. Donde los otros ven sólo manchas, existe un mundo de imágenes que la vida no ha podido arrebatarle... -"El abuelo está cada vez más chocho... se mira en el espejo y se sonríe". Los escucha por sobre su sordera y vuelve a sonreír...¡ De cuántas "chocheras" se burló en su vida! ... no tiene derecho a pedir comprensión. Come solo. Aduciendo su costumbre de almorzar temprano y su carácter rutinario de siempre - ahora acentuado por los años - logró que apronten su almuerzo, cada vez más sencillo, antes de aquel que, en conjunto y a las corridas, efectúa la familia. No le costó mucho convencerlos...Nadie lo dijo, pero el alivio fue general. Un pulso temblón, dificultades para tragar, esfínteres cada vez más incontrolables...Un alivio... Una breve siesta -cada vez más innecesaria- la silla fuera si el tiempo lo permite; en la cocina si es inclemente, el mate a media tarde y... esperar la noche, la pausa publicitaria y decir, por encima del sonido del televisor:... "Hasta mañana..." Noches sin sueño. La cal de la piecita, caricias a la cómoda y, muchas veces con ojos ya aguados, agridulces miradas al espejo... Soledad. Hasta que el nuevo día te traiga el "regalo chiquito" del contacto con la familia... -"Buen día Papá..." -"Buen día Abuelo..." Las más de las veces, el único contacto del día. Regalo chiquito que otrora fuera enorme sol que se levantaba, en bullicio y ternura, hasta el cenit y hoy sólo asoma, vacilante, sobre el horizonte. Es el tiempo de las sombras largas... Yo te creo, Abuelo... ¡Ojalá te crea, también, tu flamante Dios...! |
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