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Echenique |
| Extremadamente flaco. La "complexión delgada" que indicaban sus documentos era acrecentada por la magra olla repartida entre dos bocas y tres boquitas. Trabajó para vivir, hasta que "metió la pata con aquella chiquilina". De allí en más...vive para trabajar... Gracias al buen embalaje que la John Deere colocaba por entonces a sus "armados en origen" más algunas chapas de enésima clavada que cambió por changas al "Grasa", levantó - en terrenos fiscales - una pieza multiuso (dormitorio, cocina y carpintería) y bastante más al fondo, también de madera, chapas y goteras, la "letrina". Si se les ocurría preguntar en el pueblito Rosales, de que vivía el flaco Echenique, la respuesta era cantada y unánime: "changas...". Si la pregunta se le hacía directamente al interesado...:"Carpintero..... aunque - ocasiones - hago algunas otras cositas pa completar...". En "completar", con lo que rayara, pasaba la mayor parte del tiempo el Tolo Echenique. -¿Precisas un armarito pa la cocina?... ¡Comprame los materiale que en tre o cuatro días lo tenés hecho...! A los quince o veinte días - nunca antes - se corría el Tolo hasta el ranchito del viejo Berto, su vecino: " ¿Me ayuda, don Berto?. Terminé un mueble pal loco Suare. Tenemo que cargarlo en el carro. No se preocupe...es livianito. En esto no mentía el Tolo. Sus muebles eran tan livianos como ordinaria la madera empleada o sencillo su diseño. A la noche, entre pequeños sorbitos a la única caña, Don Berto podría decir a sus contertulios del boliche: -"Hoy ayudé al vecino a cargar un mueble estilo Luis III". No faltaría quien hiciera la "pierna" de preguntar ¿Por qué "Luis III"? dando pie a la respuesta calculada: -Porque es el tercer Luis Echenique al que se le da por la carpintería.... Abuelo, padre y ahora él... Anita era flaquita y fea....o feita y flaca. Costaba determinar la cualidad que debía preceder. Con los mismos problemas de complexión y olla de su marido, se ajetreaba todo el día entre el cuidado de los tres gurisitos flacos, abrigados hasta la cintura, desnudez abajo, mocos arriba, la atención de los lavados y planchados "pa´juera" ("Pa´dentro" era muy poco lo que había para lavar) y la creatividad de "parar la olla". La lechera, seis o siete gallinas y el intento de quinta que moría, la más de las veces, entre pedradas a los perros de los vecinos y puteadas a las gallinas escapadas de un gallinero cuyo tejido más que contener - simplemente - indicaba fronteras, ayudaban a que la esforzada Anita presentara, cada mediodía, un almuerzo a su familia ("la cena se arregla con cualquier cosita..."). -¡Tolo!...Se me enfermó Lucio, el tambero, y asigún disen los dotores, va pa largo. ¿No te animás a dir a ordeñar en de mientras?... -Qué se yo...tendría que dejar la carpintería....Pero, si es p´aserte una pierna, contá conmigo... ..."¡P´aserte una pierna!"...... El Tolo sabía que era la salvación por unos cuantos días pero - como le explicó a Anita - :"tenés que hacerte el rogao...vistes". El Gringo también lo sabía pero perdonaba - casi con dulzura - la estúpida forma de aceptación que permitía mantener el "honor" al Oficial Carpintero. En la tarde nomás, comenzó el Tolo a arreglar la bicicleta para ponerla en orden. En plena noche, a las dos y media, tres menos cuarto, debería estar saliendo para llegar en hora al campo, juntar, ordeñar y hacer el queso. Tenía que atravesar todo el pueblo, tomar el camino que, pasando por frente al cementerio llega a lo del Gringo y sigue hasta morir allí nomás - después de la portera de "Los Molles" - convertido apenas en una sendita que termina en el arroyo. A la nochecita, después de aquella primera jornada, sentado junto a la mesa de la cocina donde - a la luz de un farol a querosene - su esposa planchaba, le comentó: -No es q´iuno vaya tener miedo...pero es feo mismo pasar por los cementerios... Sin mirarlo, siguiendo con la vista los movimientos de la pesada plancha, Anita contestó: -Y..si. -¡Qué silencio..!...¡ Qué lo parió!.. Alguno medio jodido capa de no animarse...¿No? -Capás... Cuando la ropa quedó ordenada en un prolijo y oloroso montón y el mate lavado y frión, Tolo se aprontó para acostarse. Ordenó sus cosas para que, al levantarse, con sólo una somera lavada de cara, estuviera pronto para salir. Otro abrigo, las botas de goma - las alpargatas las llevaba puestas - ,un gorro,...el cuchillo... -¿Pa qué yevás el cuchiyo...? -Paa....por..estee...¡ej´útil pa todo...vistes! Que cortar un tiento...que... Anita entendió... El amor por su esposo, su intuitiva comprensión ( y, por qué no, el temor de que el flaco largara la única changa estable en muchos meses) la hizo decir: -Es cierto...y ademá no te ocupa casi lugar en la bolsa... A las tres menos diez comenzó el Tolo el pedaleo. Atravezó la calle larga del pueblo, trepó el repecho "e lo Gome"....llegó al cementerio.... El Tolo valiente empezó a hablar con el otro Tolo que se le venía quedando: -¡Lo parió qué silencio!.... se deben sentir los crujidos de los huesos de una tumba a l´otra... (Amagó un silbidito como para acompañarse pero no le salíó) ...A los que hay que tenerle miedo ej a los vivo...que los muertos... (le costaba mantener el equilibrio). ... ta escuro.¡Qué lo parió!... casi no se ve el camino. Via tener qu´echarle seite a la cadena...¡Mirá qué ruido mete...! (miraba para atrás, para arriba...para los costados...). ....Pensar que algún crestiano medio jodido se puede pelar del cagaso...Al santo botón...porque no hay nada que pueda ser peligroso...Ademá, si juera cierto lo de las ánimas..daría lo mismo tener o no tener cuchiyo... ...pero... ta escuro mismo...¡Qué lo parió!!!... Pálido, desencajado, llegó Tolo al tambo. Juntó, ordeñó, sudó frente al enorme tacho quesero y cuando quedaron las prensas como único testigo de su empeño... limpió, ordenó.....y volvió a su casa. De tardecita - pero con el tiempo calculado para poder volver de día - cayó al campo para hablar con su ocasional patrón: -No sabé la lástima que me da, Gringo. Taba contentaso con el trabajo pero no le puedo fayar al Julito....se casa, vistes. Hace meses que me había comprometido a hacerle los mueble. ¡Que le vamo a ser! En el boliche estaban de acuerdo en que no era justo que le hicieran perder una changa linda al pobre flaco porque se había comprometido a hacer un armario, una mesa y cuatro sillas. -Che, Julito...¿ Precisabas tanto los mueble como pa joder al pobre flaco?...Seguro se t´iba dir la Patrona si no tenías muebles nuevos... -Aunque no los precisara, no podía desperdiciar. Hace tres meses me dio un presupuesto de mil seiscientos pesos. Esta tarde apareció por casa y me dijo:"Con la condición de que hoy mismo me comprés los materiales, te los hago por quinientos..." |
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