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La vida en el country |
| Si hace veinte o treinta años me hubieran dicho de vivir en un "country", les hubiera contestado, sin miramientos, que estaban locos. Hasta la misma palabra "Country" suena ofensiva, extranjerizante. Su concepto huele a la más vil discriminación. Hoy, después de mil avatares, entiendo - aun lamentándolo - que es uno de los mejores lugares para vivir. Al menos para quien, como yo, no tiene una esposa con quien compartir la vida (los abogados dijeron "incompatibilidad".) ni hijos que dependan de uno ni...en fin, lazos que lo aten a otro mundo. Un sitio de puertas abiertas (no tenemos cerraduras; ni hacen falta.) donde compartir alegrías, tristezas, preocupaciones, con gente muy parecida a uno, casi con las mismas condicionantes. Conversar de economía con Santiago - inversionista poderoso - escuchar sus relatos sobre la forma como conmocionó otrora la economía de países que uno creería invulnerables. Ingresar al mundo de la creación - aunque más no sea como visitante - de la mano de otro vecino, Román, uno de los pocos artistas plásticos latinoamericanos cuya obra ha logrado - en vida - cotizaciones fabulosas (un día anotaré los datos que él maneja y verán) Algunas veces - caminando por los jardines y senderos comunales - llego hasta los límites mismos. Debo reconocer que aun me cuesta, me entristece, me desanima pensar que son necesarios tejidos y rejas; que, sin ellos, nuestra tranquilidad podría alterarse; que son la condición ineludible para nuestra paz. ¡Verdaderamente lamentable los abismos a que ha llegado el mundo! Muchas veces, en estas caminatas, me acerco a alguno de los integrantes del servicio de vigilancia y - por entablar conversación - les pregunto: -¿Cómo anda todo...? -"Todo en orden...como siempre..." "Todo en orden", como si pudiéramos aceptar, quienes siempre ansiamos y bregamos por la paz, que "en orden" deba ser tras una reja custodiada. Hoy tuve, después de tanto tiempo - años, sin dudas - un contacto con mi familia. El esposo de Emita, mi sobrina, la hija de mi hermana, desea conversar sobre la posibilidad de que les venda mi apartamento de Pocitos. Vivo bien aquí. No creo que me adaptara a regresar a Pocitos pero, no obstante, no quiero regalarlo. Consulté a la Señorita Raquel cuyo cargo es el de "Asesora de Sanidad" pero para mí y la mayoría de mis vecinos, resulta una verdadera amiga y consultora. ¡Aquí me tienen...!...Después de tanto tiempo de inactividad en este aspecto, redactando una carta para Emita: -Sra.Fulanita...etc....etc...Conociendo el valor que han adquirido estas propiedades...etc...etc...,no se molesten en continuar negociaciones si no están dispuestos a pagar una cifra no menor de U$S300.-(Trescientos dólares U.S.A.) Si aun así continúa vuestro interés, llegados al Country, soliciten de inmediato hablar con la Srta.Raquel quien será mi guía y asesora en esta posible transacción. En espera de vuestra visita, les envío mi dirección................ -Srta.Raquel: ¿Cuál es la dirección exacta del Country? -"Millán 25l5.......Señor....." |
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