Confesiones de un empresario

 
No siempre fui empresario.
Supe -durante años- lo que es esperar el principio de mes para cobrar un sueldo tan magro que, a duras penas, había de estirarse hasta el veinte... veintipocos.
Supe, por tanto, de los padeceres de transitar del veintipico al dos o tres. Supe de "pérdidas de valor adquisitivo", de agresiones patronales, de prepotencias basadas en que "si no te gusta, te vas...".

No... No siempre fui empresario. Hoy que lo soy, sé que es difícil. En ocasiones, decepcionante. Pero he aprendido, también, que nada iguala la emoción de saber que la carencia de hoy puede convertirse - con el posible excelente negocio de mañana - en el ingreso añorado, soñado para la realización de todo aquello que hemos postergado durante tanto tiempo.

Poco a poco -como todo el que empezó "de abajo"- fui incorporando a la empresa aquello demandado por la expansión tanto territorial como de rubros: locomoción, personal, propaganda.

Con verdadero sacrificio -compartido por mi esposa e hijos- en muchas ocasiones relegando cosas que otros entenderían como prioritarias, he ido acrecentando el capital. 
No sé de feriados, licencias ni días no laborables. La ciudad brinda -todos los días- las mismas posibilidades de trabajo a quien quiera aprovecharlas. Obligo a lo mismo a quien quiera secundarme en la empresa. Me tildarán de "prepotente", "explotador" y vaya a saber cuantas cosas más. No me importa. Sé que quien quiera acompañarme en mi ascenso no se verá defraudado.

En algunas ocasiones -cuando la euforia de algún buen negocio me hace hacer comentarios sobre beneficios o ganancias- mi esposa, o aun mis hijos, cuestionan nuestra permanencia en un barrio que, a decir verdad, no está a la altura de nuestros ocasionales ingresos. Pretendo hacerles entender eso mismo: son ingresos "ocasionales". Preferible mantener el perfil bajo y en determinado momento - cuando estos sean estables - pasar a vivir en algún lugar de la ciudad más acorde a nuestras posibilidades.

Me está tentando el negocio de los colchones. Puede que un día de estos, a pesar de que nunca ha sido uno de mis rubros, lo integre a mi negocio.

Por ahora, continuaré refaccionando nuestra vivienda con aquellos materiales que pueda allegar a bajo costo (hoy, sin ir más lejos, conseguí tres chapas de dieciséis pies, de segunda clavada, poco menos que regaladas) , pagando religiosamente al Tito y a Eugenio - los que manejan los carros 2 y 3 - y dando a los perros una comida que sea envidia de todos aquellos que, al igual que ellos, transitan debajo de los carros de otros hurgadores.

La locomoción es más que suficiente (son pocos los colegas que tienes tres carros en perfecto funcionamiento).
En la propaganda....Allí está el verdadero meollo de una política agresiva. Le pediré al Cholo que me pinte - en los tres carros -: "NO TIRE SU COLCHÓN, VECINA, CONSULTE AQUÍ".

Si la pego (que es muy posible ) dejaremos el asentamiento y nos mudaremos a alguna casa de material, con luz eléctrica, agua y, si las cosas andan verdaderamente bien, hasta tendrá la patrona su sociedad médica.

¡Y pensar que, durante años, me conformé con un mísero sueldo!

Ir a índice de inéditos

Ir a índice de Dellature

Ir a página inicio

Ir a mapa del sitio