"Casa e familia"

 
Arístides era un fenómeno. No por tartamudo - aun siendo uno de los más completos que he conocido - sino por sus ideas, sus costumbres, sus aprehensiones...
Vivíamos a doce kilómetros del pueblo más cercano. Un grupo de jóvenes que, como cualquier grupo de jóvenes, llegado el sábado pensábamos concretar las ilusiones mantenidas durante toda una semana: El "chueco", volver a encontrar en el próximo baile, la rubia con que bailó en "El Colla"; Luisito, encontrarse con la negrita - buenaza - que lo miraba en forma especial y, cada uno...su ilusión....
El gran problema era la locomoción. Las bicicletas, entre pozos y piedras, eran aptas para llegar, cada tarde, al boliche de Conde para algún truco o alguna carambola. Pero...¡Doce kilómetros!!.
Arístides tenía camioneta. "Camioneta" era la denominación que nosotros - bicicleteros inconsolables - dábamos a la vieja "Buick" que, sin dudas, supo de tiempos mejores. Pero...en definitiva...era "camioneta".
Dije, en el comienzo, que Arístides era un fenómeno. Realizaba sus tareas diarias de tambero pequeño y pequeño chacarero, escuchando la radio. Radio"Capital" - denominación nueva de la antiquísima Radio "Rural" - que para solaz de los tantos arístides que habitan nuestro territorio, difunde nuestra música: folclore, payadores, música de nuestra tierra.
Infructuosas las invitaciones que, semana a semana, hacíamos a Arístides: "Mirá que el baile va a ser bárbaro..."..."Te aseguramos que te vas a divertir como loco..." ¡Nada!..."Te pagamos la nafta..." ¡Nada!...el más absoluto"Nada".
Veinticuatro kilómetros nocturnos de pedal animaban nuestra inventiva. Hasta el punto en que logró su objetivo:
"El sábado viene, a un local de Ruperto Borrás, entre Ituzaingó y Sarandí, un grupo que - según los entendidos - es lo más selecto de folcloristas y payadores".
El tartamudo engranó: "Va..va..vamos"...
El sábado temprano, a influjo de Arístides, la vieja Buick devoró - como pudo - los doce kilómetros rumbo a la dirección señalada y que, los conocedores de mi pueblo saben que es la dirección de los prostíbulos...
"Ba..bájense.."
Nos parecía mentira, Arístides hacía punta; daba órdenes, apuraba: "¡A..apúrense, a..así conseguimo lu..lugar!
Entró Arístides -por primera vez y sin saberlo- a una de las residencias más "non santas" de mi pueblo.
El desarrollo fue lógico, previsible. Las "chicas", al escuchar el ruido del malón que representábamos, augurando pingües ganancias, salieron a las puertas de sus míseras piezas en "paños menores". Muy "menores" para la cortísima experiencia del pobre Arístides.
Un manoteo en el aire -pretendiendo contener nuestra avanzada- las palmas de las manos hacia el grupo bullanguero, el rubor en sus mejillas de "último gauchito pavo"...y el grito que habría de pasar a nuestras pequeñas historias:

-"¡Le..l´erramo, hermanos...ca..casa´e familia...!"

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