Sobre "Eldor" de Pedro Peña , Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 2006 (107 pág)

Por Leonardo de León

Erich Fromm argüía la idea del error como una forma de perfeccionamiento. Luego del sometimiento ante una circunstancia errónea, el ser humano posee la habilidad de blandir su inteligencia natural, para luego construir nuevos intentos con miras a no tropezar con la misma piedra, y a disminuir los factores negativos de sus actitudes pasadas. Los lectores del país nos sentimos dichosos de que el jurado encargado de develar al nuevo ganador del certamen "Narradores de la Banda Oriental" no haya olvidado este justo dictamen.

Luego de premiar durante varios años a trabajos narrados destinados al olvido, se han dignado en laurear una obra de rigor, que sin duda puede admitir el carácter de "inflexivo" en la literatura nacional. El público lector podrá sentir, ante este nuevo libro de relatos, una suerte de alivio o agradecimiento luego de la prolongada agonía que instalaron sus antecesores.

El volumen de relatos "Eldor" de Pedro Peña, aborda senderos poco o casi nada transitados por los creadores locales; ya que se nos presenta un universo narrativo de índole fantástica, y que al mismo tiempo luce componentes de adelantos tecnológicos y espaciales; lo que sitúa a la obra en el subgénero fantástico de la ciencia ficción. El proyecto es arriesgado, y nos habla de un ímpetu creador, de un desinterés por los parámetros generales de nuestra literatura. Pedro Peña logra consolidar una impronta de valentía a través del mundo imaginario de Eldor. Ya esta actitud justifica el premio y la sin duda prolongada vida que el destino se guarda para a este volumen.

Eldor constituye un universo lejano a la Tierra y sus interacciones, pero únicamente desde una perspectiva física; pues desde una concepción sensible o interna, el universo eldoriano no presenta demasiadas disimilitudes con nuestro mundo. Los personajes no son ajenos a las sensibilidades de los humanos; ya que se someten a emociones y reflexiones convencionales de nuestra especie. Parece haber una intención de paralelizar los dos mundos, lo que resulta una efectiva estrategia de atracción; pues el género fantástico suele ser rehuido por los lectores precisamente por una ausencia de identificación con los personajes que interaccionan la realidad interna del libro.

Podemos decir entonces que Peña elabora un universo en dos planos o sedimentos. El primero (y el más visible) es la que nos muestra escenarios imposibles de un lejano planeta con nueve lunas, de bestias excéntricas, de naves espaciales, y aventuras telepáticas. La segunda, la de las búsquedas internas por un sentido existencial, de dolores y obligaciones ante la guerra, de desamor y lejanía, de vicisitudes cotidianas que parecen compartirse en todo el cosmos. Así, Las narraciones (siempre breves) adoptan una intención de superficie que se avoca en la construcción del paisaje de Eldor y sus reglamentaciones; y una intención de profundidad destinada a desentrañar los significados sensibles o emotivos de las historias. El autor aborda su propio universo mental gracias a esta doble lógica que hace al planeta y a sus esencias.

Si bien las narraciones se concentran en sucesos dispersos y aparentemente disímiles, no son del todo inadvertibles ciertos vínculos. Una sensibilidad que como todo factor interno se inscribe en lo inefable desempeña una función unificadora, que acorrala las narraciones y las ajusta a una medida depurada en formato de párrafo. Cada uno de los relatos alberga una suerte de fluido sensible subterráneo que nutre las atmósferas y los diálogos, las aventuras y los desencantos. Quizás este vínculo sea el más notorio; pero el lector no podrá obviar la adivinación de un reiterado artificio de conectar los relatos por la aparición de mismos personajes en diferentes circunstancias. Los últimos textos del libro, narran las diversas peripecias que sufren algunos habitantes de Eldor al comenzar la guerra; pero en determinado momento de lectura, esa "diversidad" ya advertida por el lector resulta engañosa, y este accede a la revelación de que no ha estado leyendo otra cosa que una misma historia, fragmentada es su divulgación pero unida en su matriz real.

Al mismo tiempo, podemos agregar otros factores recursivos en el libro. Peña no deja de abordar, en la totalidad de los relatos, una exploración interna de sus criaturas eldorianas siempre inmiscuidas en una suerte de meditación existencial que, a través de cualidades telepáticas (permitidas en ese lejano planeta), logran conocer pensamientos ajenos. Este elemento no es menor para la definición del alma del libro, ya que los personajes que transitan por el planeta de nueve lunas parecen conformar una red mental o telepática que, de alguna forma, también los unifica. Eldor es un mundo psicológico, un microcosmos de la conciencia, una condensación de componentes vivenciales y sensibles que hacen esa gran red de asociaciones inusitadas. Los veinte relatos del volumen son veinte de las tantas, de las infinitas, asociaciones permitidas.

La literatura de Peña recuerda a las gratas obras de Stapledon, Lem, y Sturgeon; también adeptos a la unión de tecnología y existencialismo.

Una crítica quizás pueda ser esbozada. En el relato "Torre de control", un grupo de personajes reciben un mensaje de emergencia. Dicho mensaje, teniendo en cuenta la circunstancias adversas en las que se ha escrito, debería mostrarse apresurado en su sintaxis y expresión. Pero al comenzar a leer dicha advertencia lejana, desciframos un texto de cierta extensión desmedida para el apresuramiento en el que se encuentra su escribiente, incluso encontramos algunos vestigios retóricos que, evidentemente, requieren cierto tiempo de elaboración. Es decir que el relato pierde un matiz de congruencia interna en relación a la ficción.

Fuera de esta minucia, el libro resulta disfrutable y mágico. Digamos que al terminar de leerlo, podemos sentir esa tristeza ineludible que nos acosa al descubrir que el mundo verdadero no es el mundo de Eldor. De todas maneras, nuestra memoria, la encargada de proteger a los personajes de Peña, será la portadora de esa importante misión de evocar dichas aventuras para salvarnos del misterioso y a veces infundamentado tedio de algunos días.

Leonardo de León
Semanario Minuano.

Ir a página inicio

Ir a índice de Periodismo

Ir a índice de León, Leonardo

Ir a mapa del sitio