El payaso

Leonardo de León

Los globos se estiran en el aire, ese que acaricia 
y reniega del tacto. Tiran con timidez de niños
de la mano carcelaria y cansada de apretar.
Los zapatos estirados, agrandados por la caminata
dura de la risa siempre falsa;
reptan y no avanzan. Se revuelven locos en el piso 
de baldosas anónimas.

Revuelcan las ganas de matar al niño molesto y persistente.
Nada más triste que un payaso. 
Una corneta cuelga de la boca y entretiene el aire
con el ruido gangoso de siempre. 
Suena de nuevo. Ya casi se siente el grito desde adentro
que se enmaraña como una lágrima en el ojo siempre adornado.
Un llanto hace de la corneta una lágrima en el aire.
Un niño se acerca y se ríe de aquel llanto.

Leonardo de León
De Brevedades Negras

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