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Nostalgia de una época, de un tramo de vida e historia
Ángel Curotto

 

No es que todo tiempo pasado haya sido siempre mejor. Pero, si nos ponemos a evocar, surgen en nuestra memoria recuerdos de hombres y de acontecimientos que señalan etapas muy importantes de la vida nacional; episodios que pintan momentos que nos resultan hoy muy difícil imaginar.

En la presente nota, tenemos el propósito de referirnos a la vida teatral montevideana del año 1909.
Setenta años...!

Nada importan nuestros recuerdos personales porque entonces teníamos muy pocos años. Para nosotros, la única emoción que tuvimos aquel año, fue la noticia del naufragio del "Colombia", ocurrida en la entrada de nuestro puerto, en la madrugada del 24 de agosto, con la trágica consecuencia de casi un centenar de víctimas. Entre ellas -y aquí está para nosotros la mayor pena de aquellas horas- la desaparición del "manisero" del barrio, de nuestro barrio de la Aguada; aquel viejo y clásico napolitano que, muchas veces, nos fiaba "un víntén de manisitos calentitos" y que todos los días, a la misma hora, pasaba frente a nuestra casa haciendo sonar el estridente "pito" de su pintoresca locomotora...

Pero si la nota dramática de aquel siniestro marítimo conmovió al país, otros acontecimientos marcaron ese año su expansión nacional y progresista.

En la brevedad de estas notas dominicales, procuraremos recordar la importancia que, por distintas razones, tuvo el teatro en 1909.

El 25 de Setiembre de 1909 partió para Europa el dramaturgo Florencio Sánchez, becado por nuestro Gobierno. En sus palabras de despedida en uno de los tantos homenajes que le tributaron en ambas márgenes del Plata, entre otros conceptos, Florencio dijo: "Me voy a Europa... A qué? A algo más que vivir y escribir comedias. Si el artista simpático a Nietzsche se conformaba con pan y arte, yo ambiciono pan, arte y gloria."

No creemos que haya necesidad de referirnos a todas las manifestaciones escénicas. La sola enunciación de los nombres de algunas figuras y elencos, hablan claramente de lo que fue el teatro en nuestra capital y de lo que significó para nuestra cultura. Fue Montevideo plaza obligada para la actuación de todas las compañías que venían a América. Con su aporte literario y artístico, España, Italia y Francia, con sus mejores intérpretes nos mandaron no solamente la expresión de sus propios países, sino también las mejores manifestaciones del teatro universal. En español, francés e italiano llegaron a estas playas, por primera vez, los obras maestras de los dramaturgos ingleses, nórdicos, rusos, americanos y de otros países.

Observando diarios, programas y documentos de aquel año, la magnitud del movimiento teatral nos asombra. Limitémosnos a evocar las actuaciones y actos más destacados, dejando a juicio de los electores las estimaciones comparativas...

Comencemos por decir que en el año 1909, funcionaban en Montevideo los teatros Solís, Urquiza, Politeama, Cibils, Nacional, Coliseo, Florida, Stella D'ltalia y varios teatros de variedades. Y el "Pabellón Oriental", vieja carpa donde una familia de acróbatas y payasos orientales -los hermanos Queirolo- hacían pista y teatro gaucho, ante un público popular que llenaba las graderías.

La crítica teatral montevideana tuvo siempre prestigio internacional, sus opiniones pesaron cuando fueron vertidas con sentido constructivo. Basta recordar quienes la ejercieron en aquellos momentos: Emilio Frugoni (EL DIA), Eduardo Rodríguez Larreta y Luis Scarzolo Travieso (El Siglo), Leopoldo Thevenin, que firmaba sus crónicas como -"Mr. Perrichon" (La Razón), Ismael Cortinas y Enrique Crosa (La Tribuna Popular), Gastón R. Plaucia (La Democracia), Juan P. Levagnini (El Liberal), Arturo Pozzilli <L'Italia del Plata), Elzear Giuffra (El Telégrafo Marítimo) y Julián Nogueira (El Tiempo).

Nueve órganos de prensa que llegaban a sus lectores con sus opiniones expresadas con total libertad. La fuerza del cuarto poder se puso en evidencia, cuando la Comisión de Censura Teatral de las Damas Católicas del Uruguay, pidió al público capitalino que no prestara su apoyo a determinadas temporadas, sobre todo al anunciarse la presentación del elenco italiano de Lyda Borelli y Ruggero Ruggeri y del conjunto francés de la "Comedie" encabezado por Charles Le Bargy, famosos por sus triunfos en París y por sus condiciones de comediante y su elegancia escénica.

¿Motivos concretos...? La inclusión en los repertorios de las obras "Salomé" de Wilde, "La mujer desnuda" de Bataille, "El marqués de Priolá" de Lavedan y "El duelo" del mismo autor.

Ese intento de censura, provocó la violenta reacción de todos los críticos montevideanos quienes, unidos en defensa de la libertad de expresión, dieron con su firma, un manifiesto que fue muy comentado en ambas márgenes del Plata.

Consecuencias: apoyo decidido del público a esas temporadas y grandes llenos en las noches en que fueron representadas las obras mencionadas. Claro, que algunos abonados demostraron su protesta dejando un claro en sus localidades. Pero los vacíos fueron llenados por los habituales "portugueses" que, en esas veladas, agotadas las entradas vendidas en boletería, veían frustrarse su habitual asistencia.
Episodios como los mencionados, de una guerra entre la Comisión de Censura y la prensa, se repitieron en los años siguientes. Bastaría leer el libro "Pro-Arte Dramático" editado por la Comisión de Censura de la Liga de Damas, Católicas del Uruguay en el año 1916 y en sus 381 páginas, por sus relatos, informes y clasificación de las obras, los lectores de hoy se asombrarían ante los atrevidos juicios, amenazas y opiniones que, con audacia, se emiten. La fruta prohibida promete siempre mejor sabor y a pesar de los comunicados de la censura, "la casta Susana" o "La viuda alegre" interpretadas por la pareja estelar Luisa Vela-Emilio Sagi Barbajal igual que "La corte de Faraón" o "La gatita blanca" con sus atrevidas y hoy inocentes picardías y las tentadoras "mallas" de aquellas triples, significaban una atracción que la censura no podía impedir.

El problema de la moral en el teatro, sigue siendo siempre el mismo, variando en cada época sus motivos y dimensiones.

Pasaron en 1909 por los teatros montevideanos los siguientes elencos italianos: El gran Ettore Novelli, la estupenda Clara Della Guardia, el conjunto de Lydia Borelli y Ruggero Ruggeri en el comienzo de su divismo, Emma Gramática con Leo Orlandini, los grandes cantantes Titta Ruffo, Alejandro Bonci, el bajo Mansuetto y el tenor Constantino, integrando el cuadro lírico del teatro Colón de Buenos Aires; la compañía napolitana de Carlos Nunziata; el conjunto dialectal milanés de Luis Galli y los elencos de operetas de A. Marchetti y Ettore Vitale.

A mediados del presente siglo, en los camarines de nuestro primer coliseo, pasamos muchas horas, oyendo a Emma Gramática (1947) y Ruggero Ruggeri (1949) y nos deleitamos escuchándole en la evocación de sus anteriores actuaciones en nuestra capital. Ambos, coincidieron en expresar que Montevideo era una plaza teatral "formidábile"...

La proliferación de elencos peninsulares, no impidió la actuación de grandes conjuntos franceses, que cumplieron sus temporadas de abono a salas plenas.

Era habitual, en aquellos años, que los elencos extranjeros que actuaban en los teatros Solís y Urquiza, levantaran un abono para sus temporadas, anticipo de un compromiso social que significaba, tácitamente la promesa de un desborde de toilletes y modelos femeninos; y rigurosa etiqueta -frac o smoking- en los caballeros, exigencia obligada para los asistentes a palcos y plateas. Quienes por razones económicas o de espíritu no se sometían a las reglas, se refugiaban en las galerías; en la baja, destinada a las mujeres, conocida como "cazuela"; y en la alta, popularmente llamada "gallinero", que ocupaban los del sexo masculino. ¡Cuántas noches aplaudimos desde aquellas alturas a las grandes figuras dramáticas que visitaban nuestra capital! Y a cuantos "distinguidos" señores vimos dormidos en el fondo de sus palcos...

Poco a poco, las costumbres fueron cambiando y el pueblo, democráticamente, fue conquistando en las salas teatrales el lugar que le correspondía, quebrando las barreras de la mojigatería...

Ese año 1909, pasaron por nuestros escenarios varios elencos franceses: Charles Le Bargy, con aquella elegancia que deslumbraba al público femenino; la gran trágica Madame Gabrielle Rejáne, con un repertorio en que predominaban las obras de su "amant du coeur", el dramaturgo italiano Dario Nicodemi, como "L'aigrette", "Le refuge" y varias otras; melodramas que su autor le había impuesto aprovechando el amor incontrolado que ella le profesaba y que él, con veinte años menos... Cosas del teatro y de la vida, que justifican que algunos críticos se preguntaran con simulada inocencia por que, una actriz de tan alta jerarquía, interpretaba tantas obras de un mismo autor...

Causas y efectos de un ayer que siempre se repiten...

Del teatro francés, hubo otras expresiones de gran categoría, como las actuaciones de Gabrielle Dorziat y Suzanne Després, a quienes después aplaudimos otras veces; el gran Lugné Poe, reformador del teatro galo; Mr. Signoret, en su máxima Creación de "Cyrano de Bergerac" de Rostand. Y para no dejar tranquila a la Comisión de Censura de las Damas Católicas, no faltaron los elencos picarescos de operetas de Mr. Lambert, ni el conjunto de pochades del Palais Royal con "Las píldoras de Hércules", expresión atrevida.., que resulta hoy una comedia blanca.

El teatro hispano tuvo su manifestación de más categoría en el elenco de la gran actriz María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza, al servicio de un repertorio "especial para familias". No olvidemos que había que cuidar el abono...

También actuaron en ese año 1909, Rosario Pino y Emilio Thuiller, estupendos comediantes; Pedro Codina, que durante su actuación, abrió las puertas a los autores uruguayos; y varias compañías de zarzuelas y género chico las que, generalmente, cumplían sus temporadas en los teatros Politeama y Cibils. Fueron en esté género figuras que contaron con el apoyo popular, las tiples de Gabina de la Muela, Irma Gásperis y los actores José Palmada, Rogelio Juárez, Enrique Gil y Eliseo San Juan.

También pasó por Montevideo, una "Gran-Compañía Dramática Portuguesa". Al decir de los críticos era un buen conjunto, pero "que la ausencia del público resultó inexplicable en un país, donde la colonia "portuguesa" es tan grande..."

Un divo popular italiano, afincado con su familia en el país, Enrique Montefusco, instalado en el Teatro Stella D'ltalia, contó con el apoyo del público ante un multifacético repertorio que iba de "Morte civile" a "Il conde de Luxemburgo", sin olvidar las clásicas representaciones de "La Pasión", en los días de la entonces Semana Santa o "Don Juan Tenorio", en los Días de Difuntos.

Hemos dejado para el final de esta crónica, las referencias al teatro nacional rioplatense.

Pepe Podestá, lejos ya del picadero del circo, ocupó nuestros escenarios para ofrecer las obras de Elías Regules, Vitor Pérez Petit, Orosmán Moratorio y un gran éxito porteño: "La piedra del escándalo", del poeta Martín Coronado; también Pablo Podestá y Florencio Parravicini, convertidos ya en figuras estelares, actuaron en Montevideo, encontrando nuestros autores campo propicio para sus estrenos... mucho mejor que en los tiempos actuales.

Ese año, Florencio, estrena el día 2 de Mayo su última obra: la comedia en dos actos "Un buen negocio". También otros autores compatriotas ven interpretar sus últimas producciones en distintas salas capitalinas: "La rosa natural" de Ismael Cortinas, "La ciega" de Alberto Zum Felde (Aurelio del Hebrón), "El triunfo de la vida" de Ulises Favaro, "Nueva Primavera" de Luis Scarzolo Travieso, "Gallo ciego" y "Presente griego" de Otto Miguel Cione, "Los peregrinos" de María Eugenia Vaz Ferreira, "El emparrado" de Faustino Teysera, "El señor Intendente" de Ulises Favaro y tantas otras obras que la Compañía Uruguaya de Carlos Brussa difundiera por el interior del país, en aquellas sacrificadas cruzadas de nuestro teatro nacional.

Dos grandes novelistas pasaron ese año por Montevideo, haciendo oír su palabra en importantes conferencias: el valenciano Vicente Blasco Ibañez (1867-1928) y el francés Anatole France (1844-1925). Este maestro de la ironía, fue agasajado con un gran banquete en el Club Uruguay, ofrecido por las autoridades y los escritores nacionales, acto en el que hizo uso de la palabra José Enrique Rodó.

La Orquesta Sinfónica Nacional creada por iniciativa del Presidente D. José Batlle y Ordóñez, continuó cumpliendo su ciclo de grandes conciertos. También fue aplaudida una cuidada versión de "El Mesías" de Haendel. La presencia de dos grandes pianistas -Magdalena Tagliaferro y Ernesto Dransgoch- fueron destacadas por la prensa nacional. A propósito de la pianista Magdalena Tagliaferro, recordemos que reiteró muchas veces sus visitas. Durante uno de sus ciclos de conciertos realizado en el teatro Solís -en 1926- conoció en nuestra capital a un prestigioso poeta y comediógrafo. Lo que pareció un fugaz romance se convirtió en una de aquellas pasiones amorosas de las que "hasta que la muerte nos separe"... A pesar de los desmentidos de los interesados, el episodio sentimental constituyó la comidilla de las fieras en las mesas sociales del "five o'clock tea" de las tardes de "El Telégrafo" y de las ruedas del viejo Tupi Nambá; comentarios que culminaron cuando la pianista y el poeta, partieron en el "Lutetia" rumbo al viejo mundo... Amores que, como siempre, se habían jurado eternidad, se iniciaron a orillas del Plata, con melodías de Chopin y terminaron junto al Sena, meses después, en la "media luz" de un atardecer...

Nadie escapa a su destino.

1909, tuvo para el teatro otras fechas remarcables: en mayo falleció el Dr. Samuel Blixem el gran crítico y comediógrafo nacional; en setiembre -el 25- abordo del "Principe D'Udine", Florencio Sánchez, después de una despedida triunfal en Buenos Aires y en Montevideo, partió para Europa. Era Florencio la augural esperanza y la auténtica realidad de nuestro teatro. Había ilusiones en el dramaturgo y en su pueblo. Once años después, en enero de 1921, sus restos que durante una década habían descansado en Milán, llegaron a Montevideo...

Muchas otras cosas habría que recordar del viejo Montevideo. En ese año, se inauguré el "Buckimghan Salon', según la prensa, "un biógrafo de primer orden". Lo que quiere, además, decir que el teatro veía asomar a un enemigo que, en el devenir de los años, se iba a convertir en un duro adversario. También, en diciembre abrió sus puertas un nuevo teatro en el interior del país: el teatro "Lavalleja" de Minas, que tantas páginas de gloria trazó para nuestra vida cultural.

Han pasado setenta años. No hagamos comparaciones. El teatro es la expresión de la inquietud de los pueblos. Nos hemos limitado a relatar hechos de un ayer lejano que unos pocos recordarán. No olvidemos los cambios padecidos en el mundo, en lo que va del siglo, cuyas consecuencias todos hemos sufrido. Nuestro teatro nacional, nuestros artistas y escritores, constituyen hoy una auténtica demostración de altos valores escénicos. Tenemos por qué enorgullecernos de ello. Pero, no olvidemos, que la ausencia ya casi total de las visitas de artistas y elencos extranjeros, con sus virtudes y sus defectos, es también una ausencia de enseñanzas...
Nosotros no recordamos con ingratitud los años pasados.

Durante siete décadas, fuimos testigos -y a veces, responsables...- de muchas iniciativas frustradas... pero también es cierto que la vida nos dio la oportunidad de apreciar grandes acontecimientos artísticos. Nuestras manos, se quemaron muchas noches en este Montevideo, aplaudiendo a las más grandes figuras del teatro universal; conociéndolas, después, personalmente; compartiendo con muchas de ellas la copa de la amistad en ¡a mesa del café o en la intimidad de ¡os camarines de los teatros.

Hoy, los grandes monstruos del teatro, de la música y de la danza de los escenarios lejanos, por excepción llegan a nuestra capital. La vida escénica actual no podía sustraerse a las angustias políticas y económicas que agobian al mundo. Al evocar aquel 1909 de los días teatrales montevideanos, todo nos parece mentira. Son recuerdos de lejano ayer -nada más- que tiene el tibio calor de la rememoración de tiempos felices, de emociones idas...

Y de melancolías.

Ángel Curotto
Suplemento Dominical "EL DlA"
13 de mayo de 1979

Texto e imágen recopilado y editados por mi, Carlos Echinope, editor de Letras Uruguay, sin apoyo alguno y sin trabajo rentado[1]. Si me apoyan haré mucho más. Gracias.  echinope@gmail.com - @echinope

[1] Uruguay no cumple el Art. 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

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