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El espejo quebrado Marcia Collazo |
| una colmena tomada por luciérnagas, un páramo de asombro y el asombro derramado en el hielo, ciudad rumbosa de centelleantes ruinas y estoy en soledad sobre la luz, la cortesana errante, mohosa de espesura, se contemplaba en mí, enroscando esa pluma de reina de las nieves, aquel pliegue insolente del cabello, gelatinosa boca, los ojos resbalosos de lentejuela y lápiz y el pie - cornamenta y marfil, cobarde pez- deslizándose apenas para quebrar la superficie trémula, caliente vaho de caballos blancos, en cuyo fondo mi corazón temblaba, yo el embrujado de toda desnudez en danza de festoneado vientre, para mí se envolvía en banderas de atardeceres rojos pero volvieron las agujas de relojes en vela, veleidosas, alguien llamó a la puerta y un ángel desolado vino a vagar en torno de su lámpara mientras ella, meneante, se pintaba los labios, furiosa se pintaba se ahogaban los sonidos en el fondo de cajitas acuáticas, una, dos, siete veces los relojes rampantes, pero llaman y llaman a la puerta, no te irás a la sombra mohosa que no sé, que no veo la sombra te devora, me devora, te suprime y me asalta y estalló en mi reflejo la ríspida tersura de ese cuello mientras la cabellera reluciente caía, vidrio guillotinado, untuosa rebeldía, tajo de luz lamiendo lo granate y dulzón de esa humedad rajada. |
Marcia Collazo
"A caballo de un signo"
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