La vieja Berta

 
Describirla es difícil y desagradable. Era una francesa anciana cuyo físico, en horas de la mañana era más o menos éste: tenía muy poca cabellera y totalmente canosa y raleada viéndose con nitidez el cuero cabelludo; no tenía nariz y todo lo que podía llamarse así, no tenía mayor tamaño que un ñoqui chico; su caja torácica era grande, pero no en pecho sino en huesos y sus piernas muy delgadas. Después de este examen, por la mañana y a toda luz, se le podían dar no menos de 75 años.
Una noche aparece a comprar a mi negocio una clienta nueva y un poco rara. La miro extrañada y una voz conocida me dice: "No se asombre, soy la francesa Berta". Mucho se hablaba entonces de los maquillajes de Lon Chaney, pero ésto era mucho más truculento.
La francesa Berta tenía puesta una peluca rubia entera que cubría muy bien su cabeza casi pelada. Donde le faltaba la nariz se había rellenado con alguna pasta y un rulito que traía desde la frente le caía arriba del ñoqui. En el cuello un pañuelo de seda de color disimulaba las arrugas y el resto lo hacían el rouge, los polvos y el negro para los ojos. Era casi imposible creer que esta mujer anciana pudiera trabajar a pesar de todos sus arreglos pero ella era muy alegre y decía: "Yo tengo muchas habilidades para el amor y además ... trabajo a media luz". Yo creo que ni a cuarta luz.

Ir a índice de crónica

Ir a índice de Collazo

Ir a página inicio

Ir a mapa del sitio