Carta a mis compañeras
Clara

Hubo un día en que el cielo estaba azul y el sol calentaba como rabioso el aire en pleno invierno.

Así era para todos, así era para los demás, pero no para mi.

Ese día para mi era rojo furioso, negro, deprimente, frustrante, desesperante.

Sentía el calor pero no del sol, sino de la rabia contenida que tenía hacia el mundo, hacia la gente, hacia mi.

"EL MUNDO CONTRA MI", como la película.

Entonces, con bronca y todo, salí a hacerle un favor a alguien a quien detestaba, a una de esas personas que yo sentía que me atacaba y me degradaba.

Caminé como alma que lleva el diablo hasta el lugar donde tenía que llevar la encomienda y dije: "ésta, seguro, es una vieja cheta, en el edificio que vive..."

Pero... ¡SORPRESA...! La señora era una simple anciana agradable y sencillamente vestida.

Eso fue como una leve cachetada que me sacó un poco del tornado que me había llevado hasta ahí.

"A veces no todo es lo que parece..." y así me di media vuelta y me fui de aquel lugar.

Al estar en la calle me esperaba nuevamente el viaje de regreso, pero ahora un poco más calmada. Me paré en la esquina, empecé a buscar el camino a seguir y me dije:" ya que estoy por acá tendría que aprovechar el viaje y sacarle provecho". Así que me largué y por el camino pasé por las puertas de ese lugar llamado MIDES, donde otras tantas personas venían a buscar ayuda, la cual a mí ya me la habían dado.

Entré y, simplemente, saqué número. Me senté sin tener ni la más mínima idea de lo que iba a pedir, ni para qué estaba ahí. Sólo estaba...

Miré a las personas una a una y luego comencé a escuchar sus pedidos, y reparé en una muchacha joven, que preguntaba sobre una especie de bolsa de trabajo que este lugar supuestamente ofrecía.

La anotaron en una lista y se fue algo cabizbaja por no haber obtenido buenas noticias; sólo le tocaba esperar.

Al irse la chica, escuché una conversación que tuvieron dos de las asistentes que atienden ahí, que decían algo así: "¿por qué no la mandaste a tal lugar, que aún necesitan gente?".

Así que aproveché la información y dije: "cuando me llamen voy a preguntar por algún trabajo y quién sabe, tal vez a mi sí me salga..."

Me llamaron, hice mi pedido y obtuve una respuesta afirmativa; no de un laburo. Era una especie de curso que preparaba mujeres para cierto tipo de trabajo.

Así que tomé la dirección y cuando salí sentía el calor del sol en mi rostro, y toda esa bronca y frustración se estaba desvaneciendo, y una repentina esperanza de bienestar se plantó en mi corazón, y cuanto más me acercaba a este lugar, más me alegraba, más sentía que estaba en el camino correcto.

Pero iba para una esquina he iba para la otra y no lo veía, no encontraba ese lugar, el que yo imaginaba de puertas enormes y entrada destacable, seguramente como un portal

Eso estaba siendo para mí... un portal, era mi futuro, un portal de esperanza.

Pero el número no coincidía con la puerta que yo esperaba.   Era una pequeña entrada casi escondida, sin pompas ni nada, sólo una simple y pequeña entrada.

Así que nuevamente la realidad me golpeaba y me bajaba a tierra como si fuera una cometa que de pronto pierde el viento.

Lentamente subí la escalera y temblaba, y dudaba, y otra vez comenzaba a nublarse mi mente. Pero una voz en el aparato de entrada hizo que decidiera, de improviso, subir.

La puerta se abrió y terminé por pasar. Una chica muy amable me atendió, se presentó y dijo su nombre, el cual no recuerdo, pese a que trabaja a diario en la oficina.

Luego conocí a Magda, una chica joven, dulce, agradable, que me tomó los datos y dijo que viniera al otro día para hablar con la psicóloga y hacer un test de aprobación.

Ese día salí de ahí como loca, contenta, esperanzada y a la vez preocupada. Cuestionándome todas las actitudes que había tenido en el día y en mi vida, puesto que eso es lo que harían al siguiente día conmigo. Al menos eso creí.

Al siguiente día volví, preguntándome de qué manera y por qué motivo iban a tomar o capacitar a una tipa loca y trastornada como yo.

Peleada con la vida y odiando existir, pero a la vez rezando para que apareciera una simple luz que iluminara mi ruta de escape de todo lo negativo que me rodeaba.

Tenía ganas de luchar, puesto que todos los días, cual Quijote, peleaba contra molinos de viento, defendiéndome de monstruos que me atormentaban. Cada uno tenía su nombre: "Inseguridad","Desesperación","Incertidumbre","Violencia"," Dolor", "Temor","Tristeza", y otros más...

Así que a diario luchaba contra ellos, con sólo una defensa: el AMOR, el amor a mis hijos, el deseo de demostrar y demostrarme que no me iba a dejar vencer por la vida.

Pero la duda me asaltaba al hacer cada prueba que la señora psicóloga me mostraba.

Yo sabía que estaba siendo analizada, y en cierto modo, esa tortura me daba placer, porque al fin sabría qué tan loca estaba.

Si, es gracioso, pero triste a la vez.

Luego, ese volver a donde vivo y esperar la respuesta de si estaba preparada para aspirar a un futuro decente para mis hijos.

"¡LO LOGRÉ...!!!".

Mi locura, mi raye, mi impulsividad y el simple tortazo que me dio la anciana, cambiaron mi ruta hacia acá.

Al fin la vida me dio la oportunidad de progresar. Como si hubiera andado por un camino seco, árido y solitario y, de repente, apareciera un árbol con el fruto más dulce, jugoso y delicioso, dejado solo para mí. Para que su dulzura aplaque mi amargura, para que su jugo sacie mi sed, y para que su sabor me llene de satisfacción.

Así que... ¡ACÁ ESTOY! Terminando esta batalla con la vida que ha sido, mantenerme en este curso en donde he obtenido las armas y me he entrenado para pelear las próximas batallas y así ganar esta guerra con la vida.

Porque es ahora cuando empieza lo más duro: probar y probarme que soy un buen soldado, y que con el entrenamiento que he recibido y mi voluntad bien puedo ser capitán.

Pero tengo un as bajo la manga, que no me lo dieron acá.

Mi as es el amor de mis hijos, que aunque uno lo niegue, porque suene "cursi", mueve el mundo y es real.

Es mi historia, es mi verdad... Tal vez se parezca a la tuya, tal vez tú, un día me la quieras contar.

Clara

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