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Caracterización de la filosofía de Vaz Ferreira
por Manuel Claps

 

Vamos a estudiar formal y materialmente el pensamiento de nuestro autor. Utilizaremos para ello las notas con que José Gaos caracterizó al pensamiento hispanoamericano. Como se sabe, son tres las notas que lo definen: estético, político y pedagógico, entendidas en sentido lato. El pensamiento de Vaz se ajusta perfectamente a las dos últimas pero escapa, en cambio, en lo más importante, a la primera. En el autor de la Lógica viva predomina lo lógico sobre lo estético, y en eso radica su differentia con respecto a los demás pensadores hispanoamericanos. El interés de esta confrontación es mayor, ya que cuando Gaos redactó sus dos notas no conocía, por lo que se ve, a Vaz Ferreira, puesto que no lo cita ni una vez, haciéndolo en cambio, y en forma abundante y elogiosa, con Rodó.

La caracterización formal de un pensamiento tiene que tener en cuenta en primer termino las formas lógicas. El pensamiento hispanoamericano "procede mas que por discurso lógico, insistente y metódicamente, por emotiva espontaneidad ideativo-imaginativa", mas que "por conceptuación pura y rigurosa y adopción de terminología técnica, por discurso mediante imágenes, por términos del habla corriente". Pero Gaos agrega en esta descripción el hecho de que nuestros pensadores no tratan de evitar la contradicción (''la perseguida o consiguiente evitación de contradicciones") y, justamente es esta una de las características más notables de Vaz Ferreira, como lo pone de manifiesto toda su obra y de manera especial su Lógica viva. Y precisamente en este cuidado llevado al máximo por pensar con corrección

 Carlos Vaz Ferreira

lógica y verbal radica la differentia arriba apuntada, dándole a nuestro autor un carácter atípico, con respecto a sus contemporáneos.

En relación a las formas de expresión y comunicación, estos pensadores prefieren "el ensayo, el articulo de revista, o el libro de génesis, estructura y calidades y valores reducibles a los del ensayo". Y agrega Gaos: "El modo de dar los cursos, con una espontaneidad verbal y una irregularidad metódica, los acerca a la conversación. El pensador hispanoamericano se 'produciría' mediante la palabra oral, mejor, más fácilmente y sobre todo más a su satisfacción". Este es el caso del pensador uruguayo.

Esta primera caracterización que Gaos denomina estética tiene una segunda acepción en la que se toman en cuenta los temas: "Crítica literaria y de arte, de estética concreta y aplicada, pero también de doctrinas, etc." También esta nota se cumple en Vaz Ferreira. Nuestro autor se ocupó desde el comienzo de su actividad intelectual, de los temas estéticos en los diversos aspectos arriba enunciados. Recuérdense sus tempranas Ideas sobre estética evolucionista (1896), Sobre la percepción métrica (1905) y sus conferencias sobre diversos temas de arte y estética, sobre escritores y músicos.

Además debemos reconocer que en los primeros trabajos había, junto a la preocupación lógica, una preocupación literaria que poco a poco fue abandonando para dejar predominantes la antedicha preocupación lógica junto con la moral y pedagógica. La segunda caracterización es la política. El pensamiento hispanoamericano es político, entendiendo la palabra con un valor semántico más rico que el habitual, que la refiere a "la organización total de la comunidad". Esta preocupación se manifiesta en Vaz Ferreira por el estudio de los problemas sociales (de la propiedad de la tierra) a lo que se agrega una serie de iniciativas prácticas sobre diversos aspectos de la convivencia social.

Y es pedagógico, también en un sentido amplio: "Una pedagogía política por la ética formativa, creadora, reformadora (...) por medio de la formación de élites operantes sobre el pueblo y de la educación de éste".

Aquí también coincide totalmente con la obra y la preocupación de nuestro autor. Desde los Estudios pedagógicos hasta las Lecciones, en el plano teórico, y desde los puestos directivos en las tres ramas de la enseñanza, hasta la reforma de planes y programas e iniciativas como la de los Parques Escolares, en el terreno práctico.

Al abordar la obra de Vaz Ferreira hay que tener en cuenta el carácter especial de la misma. Ya se ha dicho que su modo predilecto de expresión es oral, sobre todo bajo la forma de conferencia. La mayoría de sus libros son en su mayor parte, y en especial los más significativos, versiones de conferencias. Pero fue él mismo, con ese cuidado crítico que lo caracterizaba, el primero que advirtió en breves y escrupulosos prólogos en los que destaca su "origen verbal", el hecho de que son "subproductos de su obra", que algunas de sus conferencias originales "ni siquiera se dieron para ser estenografiadas, sino en psicología de enseñar", y han quedado tal como salieron "de la comunicación espontánea y simpática, y en el plano en que ella automáticamente los puso. Ese plano es ya más profundo, más sincero y humano que el de la habitual acción docente. Y el libro es más eficaz por eso". Sólo gramaticalmente los ha corregido, y eso apenas, "dejando al estilo la debilidad y la difusión propias de la improvisación verbal".

Aquello que decía Unamuno, que "se siente hablar en él al hombre", es exacto. Confirma esa necesidad de comunicación oral el mismo Vaz en carta al Rector de Salamanca cuando le escribe; "o al menos a mí me es completamente imposible por mi temperamento expresar mi opinión simpática sobre algo de otra manera que hablando".

Las conferencias están pensadas en diversos planos de profundidad. Y, otra vez, es él mismo quien nos advierte que "el libro está como en dos planos: uno más profundo y teórico, de investigación y demostración; otro más superficial y práctico, de explicación, enseñanza y predica".

Casi todas sus obras importantes participan de esa naturaleza dual, excepto, quizá, Los problemas de la libertad y Fermentario.

Sin obras "penetrables", que a partir del nivel didáctico van alcanzando grados de profundidad creciente. Esta característica dificulta la tarea interpretativa ya que hay que separar un plano del otro, y el lugar de separación es difícil de precisar pues los pasajes no tienen solución de continuidad. Cuesta reconstruir el plano más profundo, el plano donde se da la continuidad temática principal.

Los temas están tratados con un desarrollo que llamaríamos en espiral. A partir de una observación aparentemente simple o de la consideración del fin que se propone, a los que siguen ejemplos tomados de las ciencias, el periodismo, la vida práctica, va profundizando hasta llegar a las ideas directrices de su exposición. Las mismas repeticiones, debidas a razones de orden pedagógico, hacen que al volver al tema central éste adquiera una proyección y una profundidad inesperadas. Sólo se entiende cabalmente lo que se proponía decir al llegar al final.

Como él mismo ha escrito, "la continuación del mismo análisis matizará toda esa geometría, estableciendo las relaciones, las transiciones, las penumbras, y hasta las confusiones, porque para pensar bien hay que hacer como el dibujante, que traza primero el contorno, y después, con el claro oscuro, completa y atenúa la rigidez falsamente precisa del esquema inicial".

Sucede con sus desarrollos como con algunas cláusulas latinas en las que el verbo final ilumina todo el sentido de la frase. Y, entonces, hay que comenzar a leer de nuevo, desde el principio, y los mismos temas que antes tenían una significación relativa se van hinchiendo de sentido a la luz de la totalidad. Es por eso que siempre la primera lectura de Vaz Ferreira es engañosa. Parece un conjunto de observaciones sensatas, hechas por un hombre de buen sentido, pero nada más. Sólo en segunda o tercera lectura, se advierte cabalmente la significación y el alcance de su pensamiento. Al releer, se lo hace con otro espíritu, aparecen relieves nuevos, proyecciones insospechadas, relaciones no advertidas. Es el gran poder de sugestión del maestro que hace que al lector llegue con su impulso inclusive más allá de donde aquel lo dejó.

Otra característica de la obra vazferreiriana es el fragmentarismo. Esto no es un defecto como se ha objetado, sino "la virtud necesaria para que la lógica viva tenga efectivamente un sentido". No afecta a la continuidad profunda de la misma, como lo advierte cualquiera que la haya frecuentado, y han puesto de manifiesto Rosa Lida y Francisco Romero.

Este carácter fragmentario obliga, eso sí, a tener presente más que en otros autores la totalidad de la obra al arriesgar cualquier pauta interpretativa. Sus textos no agotan su sentido con referencia a los contextos inmediatos sino con referencia a esa totalidad. No es el caso del escritor, que lleva al máximo las posibilidades de significación en cada frase (caso Rodó), El sentido de los párrafos de Vaz es a la vez más lato, más circunstancial e incidental; no debemos olvidar ese origen conversacional que señalamos.

El contexto total es eminentemente vital, vivo, personal, social. E! carácter fragmentario se revela también en el hecho de que muchos de los pasajes más importantes, donde fija posiciones fundamentales, están como dichos al pasar, como oraciones incidentales o, más aún, como notas a pie de página o en apéndices, puestos muchas veces al corregir las pruebas seguramente. Así, por ejemplo, cuando define su posición frente al problema religioso o a la metafísica.

Unamuno, que fue uno de los primeros en advertir el valor del joven profesor montevideano, decía con su habitual exageración: "Lo más interesante que hay en él es lo que se olvida cuando se lo juzga: el estilo. Es un estilo telegráfico, protoplasmático. Hay una manera de escribir que es anterior a la prosa y al verso".

Si bien este juicio de Unamuno puede querer decir que no le interesaban las ideas de Vaz Ferreira, pese a los elogios y recomendaciones públicas que de él hiciera, apunta a una de sus cualidades más peculiares y señala, de paso, el modo de expresión de nuestro autor, esa manera eminentemente oral de expresarse que hace de él "un maestro en el estilo coloquial, en mostrar el pensar en el status nascens", como ha escrito Real de Azúa.

Este modo de expresión tan personal, tan fluido y tan suelto, fiel reflejo de su pensamiento, se consigue por otra de sus virtudes, con las que él mismo recomendaba que deben escribirse los libros: la naturalidad y la simpatía. "Naturalidad quiere decir -explicaba- no buscar ningún artificio, no buscar formas determinadas ni caminos indirectos y rebuscados para llegar a la verdad, sino decir sencillamente, claramente, naturalmente lo que se tenga que decir. Y simpatía, tomada en sentido amplio quiere decir una actitud mental no común en muchos autores de textos: la de sentir intuitivamente el estado mental del alumno".

De este modo resolvió el problema de la comunicación. El instrumento del que se valió para ello es un lenguaje sin afectación, sin tecnicismos, claro, en cierto modo simple, que sirve con diafanidad como medio del logos apofántico, donde aparecen las ideas. Ya que el lenguaje es -al decir de Mill- "como la atmósfera de la filosofía, hay que

ponerlo transparente, si se quiere ver tas cosas en sus formas y posiciones verdaderas".

El lenguaje de Vaz Ferreira es así, transparente, diáfano; no se nota la palabra (como sucede en Rodó), la significación aparece inmediatamente. Su estilo, al principio algo pálido y abstracto, dentro de la corrección académica, se torna a medida que se afirma la personalidad del autor, original, se enriquece y se anima, singularizándose.

Llama la atención la presencia de neologismos que tienen siempre valor significativo y expresivo. El mecanismo de creación de los más consiste en verbalizar sustantivos o adjetivizarlos, hacer genéricos nombres comunes o propios. Anotamos, sin ánimo exhaustivo, los siguientes: psiquear v psiqueo, problemizar, sofismar, fosilificar, individuismo, libertista, intolerantismo, verbismo, pedagogizar. marxiano, anindividualista, fermentario, literatear, juliovernismo, bourgetizantes, volvovibrionesca, ilogismo, vampirizar, popularización, falseante, conflictual, pobrista, confusiuo, inertista; podrán agregarse algunos arcaísmos como sentidor y fraudeado.

En general los neologismos están correctamente formados, lo que muestra su sentido de! Idioma (que se debe en gran parte al conocimiento del latín); hay excepciones

como las de marxiano, cuya terminación es de gentilicio y no de partidario; y el innecesario fosilificar.

Algunos de ellos son simplemente la traducción española de voces corrientes en francés filosófico, lo que responde a la formación eminentemente francesa de su autor ("El escritor que más amamos del país que más amamos", dijo, refiriéndose a Anatole France). También en la innecesaria presencia de galicismos comunes y evitables (parecería no haber frecuentado mucho los autores españoles), como el adverbio bien que vicia innecesariamente tantas frases.

En cuanto a las formas verbales, se destaca el uso y abuso del condicional y el subjuntivo, que se adecúan a su modo de ser y de pensar y le sirven para expresar la posibilidad, la virtualidad, la gradación de la afirmación y el carácter hipotético de algunas conclusiones. Nótese también el uso reiterado de infinitivos, que dan el proceso psíquico con más fidelidad. Una serie de verbos que indican fluidez se emplea para dar metafóricamente la imagen de la corriente de la conciencia: impregnar, saturar, penetrar, disolver, empapar, fundir, en sus diversas flexiones.

Merece atención aparte la abundancia de adverbios, imprescindibles para expresar su pensamiento que acentúa siempre e! modo, la manera, el matiz y cuya importancia subraya él mismo en el texto muchas veces recurriendo a la bastardilla.

Sus adjetivos frecuentes y a veces acumulados, responden a la necesidad de acentuar la cualidad, para conservar en el pensamiento la nota cualitativa propia de lo real. Aplica a los abstracto calificaciones concretas y morales: lógica viva, moral viva, lógicamente horrible, etc. Con frecuencia maneja elementos figurados, en su adjetivación, por ejemplo; pero como Bergson, James, Guyau, recurre a la imagen cuando frente a los problemas importantes busca acercar ¡a intuición concreta al lector.

Por ejemplo, en el caso de la religión: "nuestra religiosidadsi quiere designarse con esa palabra al psiqueo vivo que nos atrae hacia los problemas trascendentales que accionan sobre nosotros desde más allá de la ciencia- debe quedar viva como una llama en espacio abierto: de esa llama, la razón es la parte externa, más clara; el sentimiento, la parte interna, más oscura y más caliente. Los dogmas son la ceniza, y no dejemos ahogar la llama; el aire la hace oscilar pero la alimenta".

 

Manuel Claps

Ensayos sobre Carlos Vaz Ferreira

Compilador Miguel Andreoli

Universidad de la República

Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación

 

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