A 250 años del nacimiento de José Gervasio Artigas
 

1: Artigas no nació en El Sauce
Nelson Caula
zapican@adinet.com.uy

 

Artigas, El Sauce y Casupá ([1])

 

Establecer la verdadera relación existente entre José Gervasio Artigas y El Sauce, supone exponer algunos datos demostrativos que la misma fue más bien leve.

 

José Traibel, uno de los mayores estudiosos de vida y obra de Artigas advertía ya -como parte de los aportes al conmemorarse el centenario de la muerte del Prócer-: “no sirve el argumento de que el lugar de residencia habitual del padre (de José Gervasio) fuera la estancia del Sauce, ya que es recién en 1772, cuando Martín José Artigas se hace cargo -unido a don Felipe Pasqual (abuelo materno de José Gervasio)- de la referida estancia y solamente después de la muerte de su suegro, ocurrida en 1773, se determina que el bien pase a propiedad de la madre del héroe, comenzando don Martín a gozar de los beneficios de su explotación en 1775 o 1776. En ese entonces José Artigas tenía ya 12 años”[2]. Mucho antes Llambías de Olivar, experto en este linaje llegaba a idénticas conclusiones[3]. Todavía faltaban un par de décadas para el surgimiento de los dos primeros tomos del Archivo Artigas con abundantes referencias de las propiedades de abuelos y padres del futuro Jefe de los Orientales.

 

En 1774 la familia Artigas-Pasqual Aznar, completa, se encontraba en Arroyo Carrasco, la actual zona residencial cuyo nombre es un legado de Ignacia Javiera Carrasco, abuela paterna de Don José. Destaca un padrón oficial: “Chacras... del Capitan D.n Mrn Jph (Martín Joseph) Artigas... vecino su he.d (edad) 36, A.s (años) Casado con cinco hijos, los quatro varones, y todos demenor hedad[4]. Este documento –dicho al pasar- relativiza la niñez de Artigas casi exclusiva en la Ciudadela montevideana, con la que insisten historiadores cegados por una cosmovisión urbanista.

 

El indudable gran establecimiento de campo de los Artigas fue el de Casupá entre los años 1764 y 1839, como lo establece con precisión el encomiable investigador Juan Alberto Gadea[5] y se deduce fácilmente de la documentación expuesta en el primer volumen del citado archivo. Es de esta posesión familiar que José Artigas se aleja a la edad de catorce años, conforme a la información vertida por Nicolás de Vedia y Bartolomé Mitre[6]. Un par de años después que su padre recién se interesa con mayor ahínco por la no muy lejana propiedad canaria.

 

Otro “Padron del Partido de Sause y Pantanoso... de fecha de 31 de Maio de 1791”, señala a “Martín Jph Artigas años 50” y “Fran.ca Antonia Arnal (de) 45 Con tres hijos- El primero de 30 El segundo 24 El tercero 20 y siete esclavos[4]. O sea Nicolás, Manuel Francisco (que tenía 21 en realidad) y Pedro Ángel, respectivamente; hermanos de José Gervasio que entonces contaba con 26 años.

 

“La vida en la casa de piedra, techada con paja, levantada en Pando (estancia del abuelo Juan Antonio) –ha escrito Pivel Devoto-, en los ranchos de los peones o en los campos de Casupá, donde había una cocina y unos corrales de palo a pique; los trabajos para apartar ganados, la marcación de los mismos, las faenas para ‘hacer cueros’ así como la conducción de estos a Montevideo, no podían ofrecer bastante escenario al espíritu inquieto de Artigas. Más allá de las casas, del cerco de tunas que las rodeaban y de las mangueras de piedra que limitaban la heredad de sus abuelos, se ofrecía sin vallas, a quien quisiera recorrerla, la campaña de la Banda Oriental, poblada de ganados que movían la codicia de los hombres e incitaban a la vez el interés de estos por internarse en los campos lejanos, al norte del Yí y del río Negro, hasta la frontera y aún más allá, donde sólo imperaban las leyes de la naturaleza”[7].

 

Si de inmediato a su alejamiento de Casupá, el futuro Protector comparte la vida en tolderías charrúas y/o minuanas, alternándola con largas residencias y labores entre sus parientes y su compañera de Villa Soriano, período que se complementa con su trabajo en la verdadera industria de la extracción de más de treinta mil cueros anuales en los “Potreros de Arerunguá” y amplias estadías en el Queguay sanducero; resulta mínimo por lo tanto, el margen que queda para su morada en El Sauce. Ya siendo Blandengue, numerosos partes lo ubican en constantes recorridas, por lo general en “el lejano norte”, cuando no se hallaba en el cuartel de Maldonado, cuyo sitio se conserva actualmente restaurado en el centro de la ciudad.

 

Las excepciones a esta regla son casi inexistentes. Apenas estrenado el noventa y ocho, José Gervasio le escribe al Virrey expresándole su agradecimiento por las “comisiones y empleos” con los que se lo distingue; día en el que había ganas y tiempo para darle a la pluma y manda otra correspondencia a la autoridad de su Cuerpo: “Arroyo del Sauce. Y henero 1º. De1798... una baqueria del pueblo de la Cruz con algunos yndios Charruas” andaban de tropelías según avisan; “pregunté siera mucha la yndiada y me respondieron q.e hera mucha y tube por conbiniente el de es Cusarme de ellos por nopoder nitener horden de acerles daño...[8]. ¡Qué raro eso de pedir disculpas e inventar motivaciones para no atacar a sus buenos amigos charrúas!

 

Durante el transcurso de las invasiones inglesas, alerta desde la resistencia, que circulan órdenes del “Gral Britanico hasta Casupá para que todo este vecindario reconozca el Govierno de aquel Pavellon”. Lleva su rúbrica desde “Arroyo del Sauce 15 de Marzo de 1807[9]. Al contraer matrimonio con Rosalía Villagrán finalizando 1805, fija domicilio en el Cordón extramuros montevideano y desde allí se traslada por semanas, poco se sabe, a la propiedad sauciana a pedido de su padre, gravemente enfermo. En misiva conservada en el archivo del General Leandro Gómez -y que éste subraya: “Toda esta carta es depuño y letra del General (Artigas)”- se le anuncia a Tomás García de Zúñiga la remisión de cueros entre los que “hay algunos de mis marcas” y de “quinze nobillos que binieron” y gestiona “Por comision de mi Padre” desde “Estancias del Sauce Diz.bre 10, de1807[9].

 

La modesta estanzuela del Sauce: “Rodeo de Tamberas”

 

Por mediados de la década del setecientos setenta, momento en el cual don Martín se hace cargo, sólo existían en el predio del Sauce una casa y dos ranchos, todo ello muy rudimentario. Así consta en el expediente sucesorio del año 1772, de María Rodríguez Camejo la abuela materna de José Gervasio: “una casa, con paredes de piedra, de una y media varas de alto, 8 de largo y 4 y media de ancho, su techo de paja, con las maderas viejas, su puerta servible y un candado en ella; tasaron toda ella en... $ 50.oo (...) un rancho de quincha y techado de paja algo m. (menor) q.e el antecede.te tasado en... $20 (...) otro... que sirve de cocina, apreciaron en diez pesos[5]. Como se aprecia, “a tenor de lo afirmado en este expediente, no había ni la más insignificante señal que hiciese pensar en esa famosa casa de azotea, tan citada en los discursos patrióticos, que recién hizo construir allí Martín José Artigas, en el bienio 1780-82”[5].José Gervasio recién la conoció “justamente a los 17 años” de erigida, cuando se crea el Cuerpo de Blandengues. Para nada dicha “azotea” debe confundirse con la única construcción de piedra señalada, dado que lo descarta de plano su altura de una vara y media de alto, o sea un metro y veintiocho centímetros, muy escasa, especialmente para el tipo de construcción de la época. Ella es la que además, explica el cometido específico del establecimiento.

 

En efecto, en el testamento ya citado de María Rodríguez Camejo, mensura  llevada a cabo por Luis Ximenes el 24 de abril de 1772, se establece el tamaño del dominio y su valor: “una suerte regular de estancia que se compone de media legua de frente, y una y media de fondo, y siendo el frente tres mil varas castellanas... que hacen... $ 562.04”. Reducida superficie a la cual Felipe Pascual Asnar supo usufructuar exitosamente, tarea no abandonada luego por su yerno Martín con la cría de ganado lechero -unos sesenta animales- fundamentalmente para la elaboración de quesos, considerada toda una respetable explotación en su tiempo. Pese a no dar para un tipo de producción pecuaria a gran escala, luego de varios años de aplicación racional no estaban ausentes “en sus rodeos mil ochocientos vacunos, sin incluir el ganado manso... se esquilaban anualmente unas mil ovejas... se obtenían cultivos de trigo y maíz”. Y con ello bastaba y sobraba, tal cual lo determinan los ingresos de la familia, en el entorno de unos seiscientos a setecientos pesos anuales, de acuerdo a los cálculos de Gadea. 

 

La casa de piedra que apenas pasaba el metro de altura, sin ventanas y con una puerta sólo cerrada por fuera con candado, era nada menos que el sitio de almacenamiento de los quesos. Toda la superficie de su piso la constituía un sótano al cual se descendía a través de algunos escalones desde su única entrada, logrando la condición térmica necesaria. Ximenez describió allí “el banco de hacer quesos” y las veintisiete unidades que contó “de todos los tamaños” valorándola en “2 reales[5] cada uno. El inventario agrega numerosos tachos y ollas en la cocina, sólo justificables para la elaboración quesera. En el otro rancho conviven el acaparamiento de las cosechas con las herramientas, los rincones para el reposo de la peonada, “panes de sebo derretido... cuatro gatos de fierro... media luna de raspar cueros... chuza de mano para toros[5], infaltables cueros de vacunos junto con arados, hachas, palas, tijeras de esquilar, instrumentos de carpintería, hileras colgantes de ajo...

 

A la vista está que no se radicaron sus propietarios, el matrimonio que constituía Felipe Santiago Pascual Asnar–María Rodríguez Camejo. Ni más tarde fue para los esposos Martín José Artigas Carrasco–Francisca Antonia Pascual Rodríguez su residencia principal. Cinco esclavos conformaban casi toda la población: Juan y Domingo “dos negros mozos, sanos y sin adición”, un veterano “enfermo del pecho” y un muchacho “aun no de trabajo”, junto a Tía Rosa, la “dueña” de la cocina, que a Ximenez no le escapó: era “vieja, enferma y coja de un pié[5]. En el padrón ya referido del setenta y cuatro, en tanto se ubica a los Artigas-Pasqual Aznar en Carrasco, se nombra en Sauce a “Su Capataz Santiago Dominguez de Èdad De 60, años”.

 

Don Felipe y su señora –como ha sido apropiadamente documentado- vivían en las calles De la Fuente o San Luis y San Benito (Cerrito y Colón respectivamente,  actual Ciudad Vieja) de Montevideo, finca en la que se instaló esporádicamente el novel matrimonio de Martín José y Francisca Antonia, pegadita a la cual, ambos adquirieron e incorporaron terreno propio en febrero de 1773.

 

En el Sauce Martín Artigas “paraba su Rodeo de Tamberas[5] y si bien es posible que su hijo José, dado su innato espíritu siempre proclive al universo rural le haya acompañado hasta allí en ciertas oportunidades, resulta inaceptable que fuera ésa la tierra de su crianza. Algo más al norte se adquiere más verosimilitud: “Digo yo, Martín José Artigas, vecino de Casupá...[5], encabezando un documento con una parte de su legado el 4 de marzo de 1822. Mucho antes, en 1790, cuando se le quiere ubicar como custodio de la biblioteca de Ortega y Monroy, Juan López Fraga consigna “Que habiendo solicitado en esta Ciudad (de Montevideo) al Depositario Don Martin Joseph Artigas, se me dijo hallarse en la estancia del Pago de Casupá...” como consigna el citado Ramón Llambías de Olivar.

 

Casupá: gran estancia de estancias 

 

En 1759, en principio preocupado por la demarcación de límites del año cincuenta entre España y Portugal que llegó a rebanar las tres cuartas partes del actual departamento de Lavalleja, el gobernador José Joaquín de Viana implantó la Guardia de Casupá. Cautivado con aquellos campos -en los que supo vivir y armar toldería el Cacique Gasupá de la Nación Minuán y en cuyas cercanías a la altura de 1715 desarrolló tareas típicas de hacienda cimarrona el faenero Andrés Polanco (hoy día Asperezas de Polanco)- en los que podían invernar alrededor de veinte mil cabezas de “Ganado mayor”, pasaron a ser de su propiedad parte de ellos, invitando a Juan Antonio Artigas y sus hijos Martín José, Esteban y José Antonio, amigos de su total confianza para poblar la zona y compartir negocios rurales.

 

En tanto la solicitud de Esteban Artigas para poblar “estancia con frente al arroyo Casupá lindando por la iz. con suerte de su hermano Martín José” se documenta en el expediente número quince del Legajo 1764-65, ubicable en el Archivo General de la Nación; la de su padre indica lo siguiente: “determino poblár una Estancia, y saviendose alla vaco un terreno en el Arroyo Casupá (sufrente al de Casupá y su fondo al de Chamizo), lindando por la parte Súr, con Suertte de estancia de Joseph Molina, y al costado derecho aguas arriva, con el arroyo Casupá... Montevideo, y Enero 30 de 1764[4]. En su testamento, de años más tarde –ubicable en la Escribanía de Gobierno y Hacienda-, se especifica: “Solar de estancia en el arroyo de Casupá de tres mil baras de frente, y nuebe mil de fondo...[4]. Viana, dice Juan Gadea, “pasó los cuatro memoriales al Cabildo... cuyos miembros, luego de conocer en autos, se expidieron favorablemente en 5 de febrero... mediante cuatro decretos fechados en 22 de dicho mes... Fue así como quedaron constituidos, en hacendados de Casupá, el abuelo, el padre y los tíos del Fundador de la Patria”.

 

Al morir Juan Antonio en el otoño de 1775, buena cantidad de sus bienes, incluida esta rica porción de tierra, pasa a manos de don Martín. Así lo dice él mismo por 1806: “Declaro que cuando contraxe matrimonio no tenia vienes algunos, y q.e durante este heredé de mis padres suerte de estancia en el lugar llamado Casupá[4]. Un par de años antes que su entrañable amigo Juan Antonio Artigas, también se fue de este mundo el entusiasta donante ya ex gobernador Viana, lo que permitiría al padre de José Gervasio continuar ampliando su estancia al acoplar la de aquél: María Josefa de Viana le vende la suya, herencia que compartía con su hermana Margarita “entre los Arroyos Casupá y Soldado, y su frente á Santa Lucía que linda por el Sur con otro igual que le cupo en particion á Doña Theresa Viana... Veinte de Abril demil setecientos noventa y ocho[4].

 

Para Juan Gadea, es indudable que éste pasó a ser el lugar en el mundo de Martín José Artigas, “su verdadera y preferida estancia”. Ninguna otra pertenencia propia o heredada se le comparaba con “su casco compuesto de enramada, corrales, palenque, galpones y el grupo prieto de las casas. Estancia de quince mil cuadras de superficie, con excelentes campos de abrigo, de pasturas finas... feraces praderas... campos que atesoraban gran riqueza maderera”.

 

¿Y cuál sería entonces la favorita de Pepe, aquel niño y preadolescente tan rodeado de abuelos, padres, hermanos, tíos y primos; allí, tan tierra adentro concentrados, prácticamente desde el mismo año en que nació?

 

Gadea proporciona nombres de los hacendados que se fueron afincando en ese sitio cuyo pionero fue el gobernador de Viana; su lejano antecesor: “Nicolás Gadea en el frente sobre el Santa Lucía”. Arroyo “Chamamé por medio”: Manuel Latorre y Porfirio Saravia. Y es entre estos vecinos que fija sus recuerdos la sobrina de José Gervasio, doña Josefa Ravia, aquella requerida por Justo Maeso en 1885: “Tío Pepe iba a las estancias por vía de paseo, en las cuales adquirió relación de familia con los Latorres y los Pérez de del Valle de Aiguá, frecuentó esas visitas a la campaña, y le fue tomando afición a las faenas del campo; pero como no tuviera en las estancias de su padre una colocación fija se ponía de acuerdo con los Latorres, con los Torgueses, D. Domingo Lema y D. Francisco Ravia, y salía a los campos de D. Melchor de Viana por autorización de este y del Gobernador de Montevideo á hacer cuereadas, utilizándose también las gorduras y las astas”. Otro vecino “de renombre”  que difícilmente no haya prestado su establecimiento para esta actividad, fue Francisco García de Zúñiga. Más adelante, en parte de la ruta del corambre, no estarían ausentes estos mismos hombres y estos Latorres de los pagos de Casupá: “don Martín Artigas –testimonia doña Josefa- recibía las carretas de cueros que mandaba tío Pepe de campaña, siendo los conductores de ellas don Francisco Ravia, don Domingo Lema, don Manuel Latorre y sus esclavos. Don Manuel vendía la carga, la metalizaba y repartía su importe...”.

 

El hijo de José Artigas heredero de Casupá

Uno de los quince hijos –más o menos conocidos a partir de los dos volúmenes de Artigas ñemoñaré- de José Gervasio Artigas, Pedro Mónico, vivió desde su mismo alumbramiento el siete de mayo de 1792, siendo “sus padrinos D.n Manuel Francisco Artigas y D.a Martina Artigas[5] en la estancia “del Casupá” de su abuelo Martín, tal cual consta en el Libro Complementario de Bautismos de la antigua iglesia de Las Piedras, años 1775 a 1813, exhumado por Juan Gadea en 1975.

 

Fue su nieto preferido, así como la misma devoción de su tía Martina. Es “mi voluntad que –dice el testamento de 1806 del aludido Martín- se le den 200 pesos a un niño que he criado llamado Pedro Mónico y que, del quinto de mi finada esposa, se le den otros 200 pesos... cumplido el comunicado que dicha mi esposa, me hizo en su testamento[10].

 

En abril de 1833 aumenta el legado por parte de su tía y madrina y se deposita en él los títulos de la tierra de su padre, ausente en la selva guaraní del pueblo de Curuguaty: “Es mi voluntad legar, como lego a mi sobrino don Pedro Mónico Artigas, el ganado que tengo en la estancia sita entre Casupá y Chamizo, que se compone de 160 a 170 animales vacunos; y una majada de ovejas, compuesta de 200 cabezas, que tengo en Manga, en terrenos de mi propiedad”. Es “su voluntad legar también a su sobrino Pedro Mónico Artigas, el pedazo de terreno que a ella pertenece entre el que vendió a don José Zavaleta y el que corresponde a su señor hermano el general don José Artigas, cuyo deslinde y cantidad resultará cuando se verifique enteramente, la partición de los bienes de la testamentaria de sus finados padres[10].

 

En este terruño del Casupá y el Chamizo, nuevamente con doña Martina como madrina, vendrá al mundo Mauricio Antonio, “hijo legítimo de Pedro Mónico Artigas, y Felipa Gonzáles naturales de esta provincia, y feligreses de esta parroquia” de Minas, apenas iniciada la primavera del patriótico año de 1825, el primero que descubrió la genealogía. Igualmente sus hermanos Florentina, María Regina, Demetrio, María Canuta, Polinaria, Bárbara, y cuantiosos nietos, cuyos descendientes actuales viven contiguos a la ciudad de Melo[11].

 

Se cae de su peso que José Gervasio Artigas no nació en El Sauce, como ha saldado la Historia. Tampoco lo hizo en Casupá y –según mi humilde punto de vista- de ninguna manera en intramuros de Montevideo. Pero esa es otra historia.

 

Corriendo el mencionado año 1825, otro casupense: Pantaleón Artigas, hijo de Manuel Francisco, ya era uno de los Treinta y Tres cruzados a las órdenes de Lavalleja; como antes, éste bien estuvo siguiendo a su padre en el arranque mismo del estallido revolucionario de 1811.

En la madrugada de aquel abril todavía ardían los fogones y los ánimos en Los Troncos, junto a la casa del bravo comandante Manuel Francisco Artigas: “Penetrado de los sentimientos, que inspira el amor a la Patria, salí el 23 del pasado del Arroyo de Casupá...” escribe.

     

Partieron comandados por él tres centenas de patriotas con necesarios pertrechos y sabios consejos del viejo Martín José hacia la toma de Minas, San Carlos y Maldonado, para intentar luego “ocupar la fortaleza de Santa Teresa –como expresa el mismo Manuel- (e) incorporarme con una partida que tengo en Solís, unida volaremos hasta Pando”, para ser con su accionar, fundamental, en el triunfo de las Piedras “bajo la dirección de su hermano don José” al decir de Rondeau.

Aquel estallido tan singular era cosa seria para todos los Artigas.

 

[1] Autor: Nelson Caula. Publicado en el semanario El Corresponsal de Sauce – Canelones, año 2005; Revista Raíces de Montevideo, año 2006, Diario El Heraldo de Florida, año 2007; el libro un tal Pepe Artigas, Rosebud Ediciones, año 2007; y el libro Artigas ñemoñaré, tomo 1, edición definitiva – corregida y ampliada, Ediciones B de España en Uruguay, año 2010.

 

Referencias:

 

[2] José María Traibel: Artigas antes de 1811. En El País. Montevideo, 1951.

[3] Ramón Llambías de Olivar: Ensayo sobre el linaje de los Artigas en el Uruguay. Montevideo, 1925.

[4] Archivo Artigas, tomo I. Montevideo, 1944.

[5] Juan Alberto Gadea: El ambiente hogareño donde nació José Artigas. Montevideo, 1974. Los Artigas en Casupá. Montevideo, 1974. Un hijo desconocido del General Artigas en Casupá. Montevideo 1975.

[6] Mariano De Vedia y Mitre: El manuscrito de Bartolomé Mitre. Buenos Aires, 1940.

[7] Juan Pivel Devoto: Raíces coloniales de la Revolución oriental de 1811. Montevideo, 1957.

[8] Archivo Artigas, tomo II. Montevideo, 1944.

[9] Archivo Artigas, tomo III. Montevideo, 1944.

[10] Boletín Histórico del Ejército. Números 71-72: Testamento de Martina Antonia Artigas. Montevideo, 1957.

[11] Nelson Caula: Artigas ñemoñaré. Tomo 1. Montevideo, 1999. Tomo 2, Montevideo 2004.

 

Nelson Caula
zapican@adinet.com.uy
 

Autorizado por el autor

 

Editado por el editor de Letras Uruguay

Email: echinope@gmail.com

Twitter: https://twitter.com/echinope

Facebook: https://www.facebook.com/letrasuruguay/  o   https://www.facebook.com/carlos.echinopearce

Linkedin: https://www.linkedin.com/in/carlos-echinope-arce-1a628a35/ 

Círculos Google: https://plus.google.com/u/0/+CarlosEchinopeLetrasUruguay

 

Métodos para apoyar la labor cultural de Letras-Uruguay

 

Ir a índice de ensayo

Ir a índice de Caula, Nelson

Ir a página inicio

Ir a índice de autores