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Dulcemente colmada, una planta, las tiene:
flores azules, flores doradas, sonrojadas,
... igual que cual la risa sobre una boca ríe!
Una niña danzando con la aurora... a ella viene
Ante la simple planta, yo he pensado - ¡acortadas
mis ansias!- ; cómo en ella la flor vive, y sonríe!...
y cómo, en pobre polvo, me dan sus seres finos
las flores!, tan acá... tan allá.., columpiadas,
que el destino no toca sus pétalos divinos.
Y olvidada sobre ellas, detengo mi alma, al ver
tanta sonrisa y tanta simpleza resignadas.
¡Copia tan nimia dicha, -ya han dicho mis destinos!...
Más ¡ay!, mi loca vida soñaba florecer
la tierra y le fue poco lo pequeño del mundo
que sencillas le daban. las cosas, al nacer!
Creíase gran árbol, loco en crear fecundo,
teniendo a los desiertos para reverdecer
vuelto gigante selva.., en su espacio profundo
y sin voz. Y ha ignorado a esas flores sin ansias
grandes, que en una taza exigua, al parecer,
ríen como si el mundo llenaran sus fragancias!...
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