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Perdóname este ahogo de mundo que me lleva
perdona mi costosa parición, mi signo hirsuto,
sostén con tu sonrisa más pulida
esta común confianza que juntos precisamos.
Perdona la pesada luminaria de mi solitario corazón
y el horroroso globo de mundo que lo puebla,
y mi olvido y mis ausencias, mis ¡das y venidas
a esos largos parajes soleados de sueños,
de donde surten el desconsuelo y el consuelo
como la pura estrella que miran mis ojos ocultos
que me imanta, me lleva, me levanta.
Perdona el largo argumento de traiciones,
la fuga de los días que me suceden inexplicablemente,
a los demonios que duermen al pie de nuestra cama,
a tus sueños que terminan
en cuatro blancos rincones inexpresados.
Perdóname la vida, perdona los oscuros
designios de la duda, los impulsos marinos
de mis sueños que vuelan y que infectan
los tuyos luminosos.
Perdóname esta forma de morirme.
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