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En la sencilla mesa familiar
concentrados, opacos en la sopa
del día, que sorbemos lentamente
cae una gota de amargo aceite oscuro
que es un nombre sencillo:
Guatemala.
Va la cuchara de la boca al plato
del plato hasta la cara.
Se ancha el aceite y entre el paletazo
de cuchara sedienta, entre el fideo
diario, alimento oscuro denegado
unos ojos nos miran, interrogan,
llaman, preguntan:
Guatemala.
Una sombra se sienta entre nosotros
toma su caldo frío en desamparo.
Por el fuego asesino que la vence
nos mira, nos reprocha por su estado.
Mientras el tronco al fuego cae
también como un reproche
en el rincón tan cauto de la casa,
vuelve la sombra al pie del sacrificio
corre la sombra por todas las caras
Como la primavera al norte llega
fuerte como esa infamia,
la comida es un duelo
un funéreo manjar de desgracia
y así será maldita si no nutre
la redención y la esperanza.
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