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Viernes sin cuentos |
| Sus alas de gorriones no permiten que cedamos el paso a la tristeza. Nos obligan a levantar vuelo hacia sus azules, a pesar de las imágenes oscuras y precisas de esa próxima perenne ausencia. Voces de niñas con fecunda siembra de sonrisas níveas, incitan a evadirse de la cercana y prometida muerte. ¿Qué será de sus viernes previo al sueño, cuando él no esté? El abuelo, dueño de todos los cuentos, tendido en la cama de aquel hospital, respira con dificultad y desesperanza. Sus azules y rojos se tornaron de golpe en oscuros grises. No les permiten acercarse a él. Así, podrán recordar para siempre sus ojos brillantes y pícaros, sus manos repletas de caramelos amarillos, naranjas y rosas. Sus pequeñas bocas están llenas de porqués. La respuesta ha de ser vaga, de modo que presientan que no volverán a verlo, aunque tengan la certeza de que siempre lo encontrarán entre los coloridos dulces y los fantásticos cuentos. |
Ana Buquet, Setiembre 29 de 2002
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