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“Procesos de construcción y clasificación del tatuaje en el Montevideo actual” Valentina Brena Torres |
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Universidad
de la República Facultad
de Humanidades y Ciencias de la Educación Departamento
de Antropología Social Taller
de Antropología Social II PROYECTO
DE INVESTIGACIÓN “Procesos
de construcción y clasificación del tatuaje en el Montevideo actual” Paola
Valentina Brena Torres Año
del curso 2006 Prof.
Renzo Pi Hugarte y Prof. Nicolás Guigou Montevideo,
03 de agosto del 2007 CARACTERIZACIÓN
GENERAL DEL PROYECTO 1.
TÍTULO- “Procesos
de construcción y clasificación del tatuaje en el Montevideo actual” 2.
RESPONSABLE DEL PROYECTO- P. Valentina Brena Torres Estudiante avanzada en Ciencias Antropológicas. Opción Antropología Social. 3.
INSTITUCIÓN- Universidad de la República Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación Departamento de Antropología Social Taller en Antropología Social II Prof. Renzo Pi Hugarte y Prof. Nicolás Guigou. RESUMEN Se intenta abordar como tema el tatuaje en el Montevideo actual, a modo de ver y entender cómo las personas hacen uso de su cuerpo diferencialmente, en función de determinadas pautas, que impone (y de algún modo normaliza) el grupo cultural al que pertenecen. Se estudia el tatuaje a través de diferentes ejes temáticos, que sirven al mismo tiempo de guía de investigación. Se busca conocer los significados que envuelven a una práctica que acompaña a los individuos hasta el resto de sus vidas: dado que implica la introducción de tinta dentro del cuerpo de los sujetos, de forma permanente. El
tema permite introducirnos en la manera de pensar y sentir del grupo
nativo, teniendo en cuenta sus propios sistemas de clasificación de lo
que es el tatuaje para ellos, a diferencia de lo que puede llegar a ser
para los demás: los “otros”. PALABRAS
CLAVES: cuerpo- cultura-tatuajes-arte-expresión. ABSTRACT It’s
traed to approach like subject the tattoo in Uruguay to understand how
people make use of his body in function of certain guidelines that impones
and in someway standarizes the individual cultural group. Trough
different topics that will be usefull at the same time as a investigation
guide, looking for to know the meaning that takes that kind of practice,
that stay with people for the rest of his life, because it implies the
insertion of ink inside the body permanently. That
topic is taken from an emic point of view to introduce us in this process,
in function of the native group thinkings and feelings, considering his
own sistems of clasification about the meaning of the tattoo in difference
for the others. KEY
WORDS:
body-
culture- tattoo- art-expression ÍNDICE 1.
Introducción 1.1
Presentación del tema de investigación 1.2
Marco en que se encuadra el proyecto de investigación 2.
Estrategias: procedimientos de ejecución 2.1 Procedimientos metodológicos 2.2 Procedimientos técnicos e instrumentales 3.
Génesis de la tinta en la carne 4.
Historia del tatuaje en Montevideo 5.
Tatuaje: desintegración/integración ¿Por qué los jóvenes se tatúan? 6.
El tatuaje y sus distintas dimensiones 7.
Existe más tatuaje “comercial” que “artístico”, ¿por qué? 8.
Tatuadores tatuados 9.
Tatuadores como artistas; la piel ¿un lienzo complicado? 10.
Tatuaje ¿una nueva forma de pragmática? 11.
Momentos de reunión 12.
Conclusiones 13.
Bibliografía 14.
Anexo 1.
INTRODUCCIÓN 1.1
PRESENTACIÓN DEL TEMA DE INVESTIGACIÓN: Esta investigación se desarrolla en el marco de la Antropología Social, a modo de dar cuenta de la corporeidad humana como fenómeno social y cultural. El estudio se realizó en la ciudad de Montevideo, Uruguay, durante el transcurrido año 2006 y el presente 2007. Se trata de un estudio que intenta abordar el tema “tatuaje” desde el punto de vista nativo, a modo de acceder a las percepciones de los sujetos investigados a la hora de relacionarse con su cuerpo. Este estudio incluye información de tipo “mixta”, dado que constituye un abordaje empírico, con trabajo de campo controlado, como de gabinete (análisis de la información recabada, conclusiones, etc.), en función de una metodología de tipo cualitativa. La naturaleza de la investigación es exploratoria-descriptiva para luego ser interpretativa. La elección del tema se fundamenta dado que nos permite conocer una práctica que llevan a cabo determinados sujetos de nuestra sociedad, práctica que en cada lugar y momento que se realiza, toma diferentes significados más allá del parecido básico (siempre consiste en marcar el cuerpo de forma permanente por medio de la introducción de tinta en al piel). A efectos de poder aplicar un estudio de este tipo, lo trasladamos a un ejemplo contemporáneo en relación al uso del cuerpo como un modo de “hacer arte”. El estudio se centra en los procesos de construcción y clasificación del tatuaje en el Montevideo actual. Desde
un punto de vista emic, corresponde a hacer una distinción entre el
tatuaje “artístico” y el “comercial”, diferencia dada por los
sujetos investigados; por ejemplo, uno de los más connotados dirigentes
de la Asociación Uruguaya de Artistas Corporales (A.U.D.A.C.) se alarmaba
porque había gente que venía
con revistas de chismes a pedir que le tatúen lo mismo que tiene alguna
modelo argentina. El estereotipo del tatuaje “comercial”, está dado (por ejemplo) por las letras chinas y las estrellas, diseños que suelen ser pequeños (de 5cm. de diámetro) y que forman parte de la moda en la actualidad (algo en lo que coinciden la gran mayoría de los sujetos investigados). Por otra parte, el tatuaje “artístico” parece no tener estereotipo alguno, pues justamente se caracteriza por la exclusividad, la originalidad y un mayor tamaño (aunque no necesariamente). Sin duda, esta segunda categoría resulta más difícil de caracterizar y por tanto constituye el eje central en el desarrollo de la investigación. Son estos los conceptos que iremos explicando, esclareciendo, profundizando, sintetizando y cuestionando en el transcurso de la investigación. El universo de estudio referido a “estudios de casos” (dado que no forman una muestra ni serán representativos del conjunto) está integrado por tatuados y tatuadores con determinadas características: - los tatuadores que trabajan en tiendas o locales comerciales permanentes (no zafrales), habilitados (que pagan los aportes laborales, D.G.I. y B.P.S.), con lugares destinados exclusivamente a tatuar (y perforar) y que cumplen un horario fijo para ello1. Se trabajó con 12 de los mismos. - los tatuados que fueron localizados por medio de contactos que derivan de esos locales, privilegiándose el testimonio de aquellos que dentro de la clasificación interna del grupo, fueron considerados como poseedores de tatuajes “artísticos”, entre los que se realizaron 14 entrevistas individuales y en ocasiones también grupales. Es importante aclarar que por momentos se cambiaron los nombres de los entrevistados en el transcurso del trabajo, para asegurar el anonimato de los mismos, cuando alguna opinión vertida pudiera llegar a ser comprometedora para ellos. De este modo, para acceder al universo de estudio, frecuentamos sistemáticamente aquellos lugares en los que el grupo está presente. Nos referimos específicamente, a las tiendas de tatuajes (principalmente), así como también a los eventos a los que concurren. Por lo tanto, el trabajo no estudia en su totalidad “el tatuaje en el Uruguay actual”, sino que sólo estudia al tatuaje, por llamarle de algún modo, “formal”. Por ejemplo, no se toman en cuenta los tatuajes caseros, realizados por aquellas personas que puedan desempeñar esta actividad en su casa, así como tampoco se toma en cuenta al tatuaje efectuado en la cárcel. Consideramos que cada uno de estos puntos demandaría toda una gran investigación aparte, sin duda de gran interés, pero que quedará para otra oportunidad. Por ende, esta investigación apunta a conocer una parte específica de este fenómeno. Un estudio de este tipo, nos permite conocer la percepción de las personas que toman la decisión de tatuarse y la de los tatuadores a la hora de hacerlos. Nos permite adentrarnos al tema del tatuaje y su significación actual (y por lo tanto particular) en un momento dado. Nos permite acercarnos entonces, a una de las tantas prácticas sociales que estudia la Antropología, justamente como ciencia social. Es
un intento por conocer uno de los “hechos sociales” (Durkheim, s.d.)
que se dan al interior de nuestra sociedad, práctica que realizan cada
vez más seres humanos día a día, y que, tal como dice Marques (1997),
cada diseño representa la personalidad del individuo. A través de los
estilos es posible percibir cómo esa persona se comporta en relación a
la sociedad. En un primer momento, se quería estudiar la relación entre cuerpo y cultura, a modo de entender la corporalidad en función del contexto sociocultural, aplicado a los múltiples aspectos posibles. Evidentemente, esto es un tema sumamente amplio e inabarcable (al menos en esta instancia), de ahí que se tomó la decisión de “bajar” el gran tema, a un ejemplo determinado, a través del cual podamos ver reflejada y representada aquella relación. Es así que pasamos a una segunda instancia en cuanto a la definición del proyecto y es donde se decide estudiar al tatuaje contemporáneo en Uruguay, como un fenómeno que a través de la modificación corporal genera sentimientos de identidad. Éste seguía siendo todavía un tema demasiado y es así que se decidió acotar el tema aún más, en función de los requisitos de la materia y de sus exigencias, así como también de las posibilidades reales para llevar a cabo la investigación en tiempo y forma. Se pasa así a la tercera y en este caso última definición del proyecto como: “Procesos de construcción y clasificación del tatuaje en el Montevideo actual”; aunque teniendo como base la línea de trabajo inicial, que dio origen al mismo. Dado que estudiar el tatuaje en su generalidad era demasiado, se optó por indagar sobre un fenómeno, que, según la hipótesis de trabajo manejada en esta investigación, se da a la interna del grupo, como una distinción entre el tatuaje “artístico” distinto al tatuaje “comercial”, clasificación dada por los propios sujetos pesquisados, que forman parte del universo de estudio. Según esta clasificación ya no identificamos a un “otro” distinto a un “nosotros”, referido el primero a la sociedad en general (no tatuada) y el segundo a los sujetos que llevan tatuajes (como hubiese ocurrido en la segunda instancia que acabamos de desarrollar); sino un “otro” diferente a un “nosotros” referido el primero al tatuaje “comercial” y el segundo al tatuaje “artístico”. Atañe por lo tanto a una diferencia más sutil. A
decir verdad, es de esperar que el fenómeno se desarrolle en un doble
sentido: impactando la cultura de las sociedades mayores en las que se
inscribe y en contrapunto, diferenciándose internamente. 1.2
MARCO EN QUE SE ENCUADRA EL PROYECTO DE INVESTIGACIÓN: “Sólo
un puritano no estaría de acuerdo, al no ver en el cuerpo más que
materia bruta y un despreciable magma de vísceras, en vez de un
misterioso teatro, el escenario para todo tipo de intercambios –de
materia, de pensamientos o de sensaciones- entre el mundo interior y el
mundo exterior” (Leiris, Michel) El tema general y de alguna manera contextual del trabajo, es la relación cuerpo-cultura, interés surgido como consecuencia de reflexiones al comenzar a ver que muchas de las cosas que uno tiene tan naturalizadas, como la forma de andar y caminar varían según las sociedades. Tal como lo señala Mauss (1996) existe una causalidad sociológica hasta en los hechos más biológicos. Debemos rechazar el positivismo que sostiene que el comportamiento humano puede ser explicado causalmente en términos biológicos (Turner, 1989). Esto nos condujo al extrañamiento, que continuamente debemos hacer como antropólogos, propuesto entre otros por Da Matta (1978) en cuanto a desfamiliarizar lo cotidiano, lo cual nos llevó a cuestionar nuestra propia manera de andar, de vestirnos, de decorarnos, nos ayudó entonces a relativizar una visión que parecía única, acerca del modo en que las personas usamos nuestros cuerpos. Marcel Mauss (1996) escribió sobre “Las técnicas del cuerpo”, porque vio que en cada sociedad los hombres utilizan diferencialmente sus cuerpos, hábitos que más que variar entre individuos, varían entre culturas, sociedades, subculturas, etc. Aparece el cuerpo entonces como el primer y más natural instrumento del hombre, objeto técnico del hombre. Se presenta así la corporeidad humana como un fenómeno social y cultural, materia simbólica, objeto de representaciones y de imaginarios. El cuerpo es el efecto de una elaboración social y cultural, por lo tanto no es sólo una colección de órganos y funciones determinadas por las leyes anatómicas y fisiológicas, sino que es una estructura simbólica y cultural (Le Breton, 2002). Cada cultura inserta en el cuerpo de los sujetos sus propios valores, creencias y cánones estéticos (Picard, 1986). La investigación, a modo de poder desarrollarse bajo una relación de este tipo (cuerpo-grupo cultural), se refiere específicamente al tatuaje en el Montevideo actual, entendido como una forma de expresión corporal que tiene por lo tanto significados, manifestaciones y también repercusiones de diverso tipo a nivel popular, porque se están llevando a cabo en el seno de una sociedad que no ha legitimizado estas prácticas. Tal como lo señala Le Breton (2002), esto es propio de las sociedades de tipo individualista, que cuestionan los puntos de referencia tradicionales sobre el modo de relacionarse con su cuerpo. Se da así la crisis de las legitimidades: ahora los sujetos deben buscar sus propias marcas y definir ellos mismos su propio sentimiento de identidad. Riesfeld (2004) considera que las sociedades posmodernas fallan en la construcción de un tejido social que haga sentir a los sujetos incluidos. Nunca antes habíamos estado en un contexto en el que pudiéramos elegir tanto y sobre todo que tuviéramos tanto de donde elegir, hay una oferta de opciones en constante crecimiento; pero ¡cuidado! no debemos confundir libertad de opciones con la libertad real. Prácticas como el tatuaje no son legítimas y por tanto no forman parte de la visión hegemónica de la sociedad. Entendiendo por hegemonía el ver el estado actual de las cosas como “naturales”, como “normales”, a partir de una visión impuesta por una parte de la sociedad (Gramsci En: Anderson, 1987). Así, la configuración del sujeto debe ser entendida como una estrategia más para lograr el control de los individuos “…anatomía política del detalle” (Foucault, 1976:143). Los cuerpos son socialmente construidos y transformados en cuerpos útiles para la perpetuación del orden social (Decia, 2004), o como lo señala Turner (1989): el cuerpo es un objeto de poder, producido para ser controlado, identificado y reproducido. Para Nievas (1998) esto se logra a partir de los cuerpos “normales”, que se ajustan a las normas que rigen la conducta de las acciones de los cuerpos dado que “el comportamiento corporal resulta de la incorporación de las normas” (Picard, 1986:s.d.). En el marco de lo antes señalado, Bourdieu (1986) define el cuerpo como un producto social que debe sus propiedades distintivas a sus condiciones sociales de producción, donde los sujetos están desigualmente equiparados para adecuarse a la representación naturalizada y por ende legítima, de esa sociedad (como consecuencia de una distribución desigual del capital). Es así es que la distancia que existe entre el cuerpo ideal y el cuerpo real, varía de acuerdo a la posición que ocupan los individuos. El propio cuerpo es “una forma particular de experimentar la posición en el espacio social” (Bourdieu, 1986:184). Frederic Nietzche (En: Desiato, 1995) reconoce explícitamente la importancia del estudio de la corporalidad, para no sólo entender la cultura, sino al hombre y sus expresiones; de esta manera para dicho autor, el cuerpo se encuentra impregnado de historia, en los cuerpos quedan sedimentados los hábitos, las costumbres, los usos que una comunidad ha transmitido. Dentro de este contexto el tatuaje, es un fenómeno que constituye una de las maneras, en que las culturas reflejan cierto estado de los sujetos, en los cuerpos de los mismos, por medio del trazado doloroso de signos con determinadas significados. Se busca a través de este trabajo, indagar sobre el significado del tatuaje, ver qué es lo que lleva a determinados sujetos a llevar a cabo una práctica que los acompañará para toda la vida. Comprender qué significa tener un tatuaje hoy en relación a la sociedad, por qué se lo hacen y qué sienten ellos al hacerlo. Al mismo tiempo, se tomaron en cuenta los procesos de construcción de identidad, dado que las marcas corporales suelen causar dos procesos simultáneos a la vez, uno de inclusión y otro de exclusión, de ser como unos y no ser como otros (Clastres, s.d.). El tatuaje actúa, entonces, como un elemento de diferenciación, los sujetos elaboran así los anclajes a partir de los cuales se reconocen a sí mismos, siendo el cuerpo, uno de los vehículos privilegiados para ello (Urresti, 1999). Los tatuajes son marcas indelebles en el cuerpo que se han convertido en productores eficientes de identidad (Rocha, s.d.). Resulta interesante este tema en particular, dado que al comprender que existen variadas formas de usar el cuerpo, podemos llegar a pensar que la forma en que uno lo hace, es una más, no es la mejor ni la peor, simplemente “es”; es importante aprender a relativizar. En su camino por la historia, el cuerpo asume las distintas disposiciones que se imprimen sobre él. Es en el cuerpo donde se expresan las voluntades según ordenamientos culturales. Según Urresti (1999) los cuerpos se constituyen como historias vivas, individuales y sociales al mismo tiempo. La cultura, por medio de los valores que impone y desde los que interpreta el mundo, no se adhiere simplemente al cuerpo, sino que lo constituye. El habitus se inscribe en los cuerpos y en las cosas (Bourdieu En: Guitirrez, 1997). Antes de seguir avanzando en el tema, resulta pertinente responder la siguiente pregunta, ¿Qué es el tatuaje? Un tatuaje es una herida punzante en las capas profundas de la piel, que se llena con tinta. Se realiza penetrando la piel con una aguja e inyectando tinta en la zona, generalmente creando algún tipo de diseño. La razón por la que los tatuajes duran tanto, es porque son profundos: la tinta no se inyecta en la epidermis (capa superior de la piel que continuamos produciendo y cambiando a lo largo de toda la vida), por el contrario, se inyecta en la dermis, que es la segunda capa de piel más profunda. Las células de la dermis son muy estables, por lo tanto el tatuaje es prácticamente permanente (Paschoal, s.d.). Hoy, sin embargo, existen técnicas para quitarlos de la piel. No suelen ser muy usadas dado que los resultados no son del todo satisfactorios y además son muy costosas. El método más utilizado en la actualidad para ello, es a través de un láser que quema la tinta del tatuaje, pero deja una cicatriz con el recorrido del diseño. Además de los límites ya mencionados existen tintas que no se pueden quemar. Para el caso de los sujetos pesquisados en esta investigación, sólo uno se había sacado un pequeño tatuaje que tenía en la muñeca y en realidad nos confesó que lo hizo para probar, debido a que su tía es cirujana y se lo hizo sin costo alguno. Según él fue muy doloroso y además le quedó la marca por lo que resolvió luego de quitárselo, hacérselo de nuevo… Los capítulos que se presentan en este trabajo, comienzan por una reseña metodológica y técnica, para dar a conocer las distintas estrategias que se utilizaron en la investigación para acceder a la información referente a la temática en cuestión. En los siguientes capítulos (números 3 y 4) tratamos el tema del origen del tatuaje en la humanidad y luego en el Uruguay. Consideramos de hecho que antes de poder conocer una práctica en el presente, debemos conocer cuál es su historia, a modo de ahondar en una mejor comprensión del tema a través de la contextualización, para luego desarrollar un tema que le compete ya realmente a esta instancia: el tatuaje en el Montevideo actual. En el capítulo 5 “Tatuaje: desintegración/integración ¿Por qué los jóvenes se tatúan?” se busca entender la razón de la existencia de esta práctica en la actualidad, ver porqué la gente se realiza tatuajes y ver cómo esto activa directamente un proceso de exclusión/inclusión, dado que, inmediatamente, dicho acto clasifica a las personas dentro de una categoría, dejándola así mismo fuera de otra; es así que el tatuaje, actúa de esa manera, como un eficaz constructor de identidad. En los dos posteriores capítulos, se aborda el tema que compete a la hipótesis manejada en la investigación, sobre la clasificación a la interna del grupo de tatuados y tatuadores, relacionando este fenómeno, por un lado con la moda y por otro lado con el arte. Pero veremos que no se trata de distintas categorías, puras, claras y delimitadas por fronteras inamovibles, sino por el contrario, de finas sutilezas que a nuestro entender, sólo el trabajo antropológico, buscando conocer la esencia de los fenómenos y las realidades subyacentes, logra descubrir y sacar a luz. En el capítulo 8, la idea es conocer a los tatuadores como tatuados, dado que sabemos que no existen tatuadores no tatuados en el Uruguay y que a su vez probablemente no existan en el mundo. Luego prestaremos atención al tatuaje como arte y al tatuador como artista que trabaja plasmando sus ideas sobre materia viva, lo cual hace que generalmente éste deba mediar su arte con la persona en cuestión. ¿Se trata entonces de una peculiaridad de este arte?, ¿o de una dificultad o barrera ante el que el tatuador se topa, y es un arte que sólo en ocasiones contadas se logra expresar en su totalidad? Y hablando de expresividad, el capítulo 10, busca justamente interpretar al tatuaje como una forma que expresa significados, correspondiente a una nueva modalidad de escritura y que dentro de la pragmática podemos enmarcar. El
capítulo siguiente “Momentos de reunión”, atañe a conocer qué es
lo que pasa en esos momentos extraordinarios para el mundo del tatuaje,
cuando los actores salen de su rutina. Son momentos festivos, no
cotidianos: el tatuaje sale de las tiendas, estudios y/o locales para
mostrase una vez más ante la sociedad en general; nos referimos a las
convenciones nacionales de tatuajes y a la Expo Tattoo 2006 en particular. Estas son las problemáticas y temáticas en las que se ahondó, a modo de poder cumplir con los objetivos que este trabajo se propone, que a nivel general se trata de por un lado, estudiar una modalidad de las técnicas del cuerpo y la construcción de los procesos de naturalización sobre el modo en que los sujetos hacen uso de su cuerpo y por orto lado, interpretar prácticas y significados del cuerpo. Siendo
los objetivos particulares y específicos que le competen a esta instancia
de investigación: interpretar al tatuaje como una forma de escritura
transmisora de mensajes y significados (lenguaje no verbal); así como
también, indagar sobre las características a la interna del grupo en
cuestión: tatuados y tatuadores, referida a las subdivisiones que surgen
dentro del mismo, profundizándose en el tatuaje “artístico”, más
que en el de índole “comercial”. 2.
ESTRATEGIAS: PROCEDIMIENTOS DE EJECUCIÓN 2.
1 PROCEDIMIENTOS METODOLÓGICOS: A modo de indagar sobre el tatuaje como una práctica de expresión corporal, con significados y manifestaciones determinadas en el Montevideo actual, utilizamos el método etnográfico, caracterizado por el tipo de investigación cualitativa, propia de la disciplina antropológica, con una constante interacción entre el trabajo de campo y el material teórico de base, incluyendo técnicas como la observación participante y aplicación de entrevistas no dirigidas. Estos lineamientos ya esbozados en el protocolo de proyecto correspondiente al Taller I de Antropología Social y Cultural, están reseñados a continuación, dado que es importante destacar aquí también los siguientes aspectos: T. Lindlof (En: Pere-Oriol et al., 1996: 15) define la metodología cualitativa como “… estudio sistemático de la experiencia vivida: cómo la gente entiende quién es, social y culturalmente, a través de sus acciones, sus discursos y la percepción que desarrollan de sí mismos y en relación con los demás.” Este tipo de aproximación, rompe con toda visión de los paradigmas cuantitativos “…que ha dominado la investigación académica sobre comunicación y sociedad. Desde nuestro punto de vista, esta ruptura era no sólo necesaria sino provechosa” (Pere-Oriol et al., 1996:16). ¿De qué modo hubiéramos podido captar la complejidad, sutileza y matices de un fenómeno como el que estamos estudiando? ¿Cómo hubiéramos podido analizar la dimensión singular y estética de su discurso? Teresa Porzecanski (1986) considera que la metodología cualitativa es uno de los medios de acceder a los sistemas de creencias y actitudes, así es que por medio de ella, podrán salir a luz las preocupaciones, los valores, las creencias y cosmovisiones de los integrantes de una comunidad. De esta manera, la investigación avanza hacia la comprensión de fenómenos. Sin duda, esto nos lleva a involucrarnos con nuestro objeto de estudio, o como dice Rabinow (1992) el trabajo de campo implica: estar ahí. No se trata aquí de partir de datos preconstruidos, se parte de la percepción sensible de un segmento de la realidad total. Una metodología cualitativa parte del reconocimiento del papel activo del investigador, la subjetividad de éste está siempre presente (aunque, claro, no deliberadamente). La presencia de la subjetividad en nuestra investigación, no debe ser vista como un problema. Objetividad en ciencias sociales no equivale nunca a neutralidad: de esta manera objetividad y subjetividad constituyen falsas oposiciones. 2.2
PROCEDIMIENTOS TÉCNICOS E INSTRUMENTALES: Se
buscó acceder a los sujetos investigados directamente, por medio de
encuentros personales, para conocer las percepciones acerca de sus
tatuajes y del tatuaje en general. En un estudio donde lo que importan son
las actitudes y las percepciones de los sujetos, lo más eficaz es
utilizar la entrevista para ello (Cannel y Kahn, 1992). Fue utilizada entonces como un medio de acceso personal a los sentimientos, visiones, conductas, actitudes y experiencias pasadas, presentes y futuras, que sólo se encuentran dentro del sujeto y que sólo él puede expresar. Esto tuvo lugar en la entrevista, ya que la misma se formuló por medio de preguntas abiertas que le dieron libertad al discurso que construyeron entrevistado y entrevistador (Blanchet, 1987). La misma no fue aplicada rígidamente a los distintos entrevistados: fue flexible y por ello susceptible de sufrir variaciones en función de las necesidades del entrevistado, ya que debe variar al enfrentarse ante una situación variable. La entrevista fue entonces “no directiva” (Blanchet, 1985), tomando el modelo de la conversación. Estuvo diseñada de tal modo que se diera un pasaje fluido de un tema a otro, considerando sin embargo, que la entrevista nunca es una conversación banal, existe repartición de poderes y de roles (Blanchet, 1985). Aparece así la entrevista como una técnica de investigación social cualitativa, como un instrumento, una herramienta y un mecanismo creado por el hombre para reunir datos que verifiquen (o refuten) hipótesis en la investigación social. Las entrevistas debieron complementarse con otra técnica, como la observación participante. Para este caso significó asistir a los locales donde la gente se tatúa, para no sólo entrar en contacto con los tatuadores y los tatuados, sino con el contexto general en donde estos se mueven. Se realizaron actividades con el grupo en cuestión, como asistir a eventos sobre este ámbito, ir a las reuniones de tatuajes. Debimos manejar una batería de técnicas. A modo de poder aplicar la metodología y las técnicas planteadas en la investigación, se optó por la observación participante, para lo cual decidí hacerme un tatuaje y aprovechar la instancia para experimentar esto que estamos estudiando, para lograr un mayor involucramiento en el mundo de los nativos. Para ello, recurrí a una tienda de tatuajes y piercing ubicada en pleno barrio Pocitos, para hablar con el tatuador de allí (Gabriel Callico) dado que conocía sus trabajos y creí a partir de ello, que sería el indicado. Uno, antes de hacerse un tatuaje, debe definir diferentes cosas como el diseño, el lugar del cuerpo donde lo voy a impregnar y el tatuador con el que me lo voy a hacer. Fueron varias las sesiones y por lo tanto encuentros para experimentar este arte. El martes 12/9/06 a las 9 hs. fue la cita para la primera sesión. Llegué al local, luego de haber coordinado el encuentro para llevar adelante el tatuaje que me quería hacer; hace varios años que lo tenía en mente y parecía ser, mientras esperaba que el tatuador llegara, que había llegado el momento. Me sentía algo nerviosa como muchas veces nos sucede ante una cosa desconocida, dado que era mi primera vez. Todos dicen que !duele!, que hay que pensarlo bien, que es para toda la vida… así que hay muchas presiones para que quede perfecto; no sólo que cumpla sino que supere las expectativas en la medida de lo posible. Pero más allá de los nervios, dominé la situación porque estaba muy segura y convencida de que lo quería hacer. Así, sin muchos titubeos, nos pusimos en marcha y la máquina comenzó a hacer ese ruidito característico, que no paró hasta 4 hs. después. Con respecto al dolor, sentí compartir lo que suelen decir los informantes: que es un medio para alcanzar un fin. Si para tener mi tatuaje sólo hubiera pegado una calcomanía en mi cuerpo, la esencia del proceso se hubiese perdido y por lo tanto no hubiese llegado a tal fin (ejemplo de esto son los tatuajes hechos en henna que no son permanentes porque se borran con los años, o la opción de anestesiarse con un profesional en el momento del tatuaje). Uno siente, mientras soporta el dolor y el aburrimiento, que valdrá la pena, que es como pagar derecho de piso por llevarlo luego con orgullo para toda la vida. Esta cuestión del dolor, desde mi punto de vista, implica sólo compromiso, sin ir más allá de eso, porque nunca conocí a nadie que dijera que se tatuaba porque disfrutara del dolor en sí mismo a la hora de hacerlo; dos cosas deben quedar claras: el dolor no es el objetivo del proceso, pero sí el medio para llegar a él, lo que lo convierte en inevitable. Cuestiones similares a los de muchos de los entrevistados me sucedió con mi familia, quienes no estaban de acuerdo, sintiendo que se me cerrarían muchas puertas y en especial las laborales. Dentro de mi grupo de pares, una cuestión de este tipo da prestigio, es una decisión valorada positivamente y así fue de hecho. Luego de finalizada la primer sesión, nos esperaron algunos encuentros más, ya que restaban aún 13 horas para tatuar. Es
así, que a través de la realización de este tatuaje, pasé a estar en
el grupo de: “los tatuados”, por lo que ahora me encontré en el doble juego etnometodológico
y epistemológico de ser, simultáneamente intérprete e interpretada. Aquí
va la foto del tatuaje realizado:
Foto: Callico Tattoo 3.
GÉNESIS DE LA TINTA EN LA CARNE Para empezar, el origen de la palabra tatuaje es incierto, no obstante parece proceder etimológicamente de la palabra “ta” del polinesio “golpear” o de la antigua práctica de crear un tatuaje por medio del golpeteo de un hueso contra otro sobre la piel, con el consiguiente sonido “tau-tau” (Paschoal, s.d.). La
palabra latina para tatuaje, la podemos identificar con estigma, y entre
las múltiples definiciones de estigma están las asociadas con una marca
hecha sobre la piel de un individuo con un instrumento afilado. También
se le define como una marca hecha en la piel de un esclavo o criminal con
el objeto de su reconocimiento, es decir, con la intención de visualizar
el lugar de la culpabilidad y la sanción. Pero, si se quisiera ensayar
una noción provisional y actualizada, se debería señalar que el tatuaje
es una técnica de decoración del cuerpo mediante la inserción de
sustancias colorantes bajo la epidermis, una vez que ésta ha sido
perforada con un instrumento punzante, como por ejemplo, una aguja eléctrica
(Ganter, 2005). Antes de seguir haciendo referencia a este fenómeno y su significancia, resulta relevante, a modo de poder ahondar en la comprensión del mismo, hacer mención a la historia del tatuaje y su surgimiento en el mundo. Sus orígenes se sitúan para muchos en los mismos albores de la humanidad, esto tal vez sea muy apresurado o pretencioso. Lo que sí parecería ser más factible, es que es una práctica que probablemente haya surgido de la mano de la pintura o el arte rupestre en el Paleolítico Superior; el Homo Sapiens Sapiens fue el primer homínido en desarrollar el arte en sus diferentes dimensiones durante la prehistoria y parece ser que el tatuaje no fue la excepción. Sin duda, no podemos hablar de una fecha concreta o un día determinado en el que éste comenzó a ser llevado a cabo por el hombre, pero sí sabemos, en base al registro arqueológico, que este “arte corporal” supera en antigüedad mucho más de lo que muchos creen: el sentido común suele asociarlo a una práctica moderna digna de los jóvenes en la actualidad… un gran error. Difícilmente podamos hablar de “el origen” del tatuaje, ya que éste es un fenómeno bastante complejo, se trata de hecho de una práctica ancestral que se desarrolló de forma independiente entre numerosos pueblos de la humanidad. Formó de esta manera parte del patrimonio cultural de diferentes grupos, en los que se llevó a cabo por medio de diferentes técnicas y al mismo tiempo con objetivos diversos. Hoy en día la evidencia más antigua que registra este fenómeno y su antigüedad, son los restos encontrados en 1991 en un glaciar de los Alpes, situado en la frontera entre Austria e Italia. Se trata de los restos momificados naturalmente de un cazador neolítico, conocido con el nombre de “Oetzi”, con una antigüedad de 5300 años, con la espalda y las rodillas tatuadas. No obstante, antes de este último suceso, se tenía como referencia el caso de una mujer tatuada: era la sacerdotisa egipcia “Amunet”, adoradora de Athor, diosa del amor y la fertilidad, que vivió en Tebas alrededor del 4000 A.P.; ambos ejemplos, presentaron tatuajes con un estilo similar: líneas simples con diseños de puntos y rayas (Ganter, 2005). Recordemos que las técnicas empleadas para hacer un tatuaje así, como también los motivos, son muy diversas ya que difieren según la cultura y la época en que se realizan. En Egipto, Perú y en las poblaciones islámicas se utilizaban sobre todo puntos y líneas; estilizaciones geométricas en forma de cuadrados y triángulos en la Polinesia; espirales faciales cinceladas en los maoríes; cuadrados muy coloreados entre los japoneses; decoraciones de grandes manchas negras en Borneo; escarificaciones en relieve entre las poblaciones de piel oscura. Algunas culturas, tradicionalmente, los han llevado a cabo cortando la piel, untando la herida con ceniza, tinta (o algún otro material) o punzando la piel con huesos de animales. En la Polinesia se solía utilizar un pequeño martillo provisto de muchas puntas, que golpeando con un bastón perforaba la piel introduciendo así el pigmento. En Nueva Guinea, se afilaban los dientes del tiburón para “cincelar” la piel. En Japón y también en algunos países del norte de África, las puntas se fijaban en una vara de madera que se empujaba a mano sobre la piel. Para el caso de los egipcios, el tatuaje, según las evidencias arqueológicas con las que se cuenta hasta el momento, parece ser una práctica exclusivamente femenina, se lo relaciona con el lado erótico y sensual de la vida, aunque también se cree que tenía un carácter sagrado y religioso. Estaba caracterizado en esos tiempos por diseños gruesos y lineales de color negro. En la Polinesia, el tatuaje tiene una gran tradición, los diferentes pueblos de esta región lo utilizaron como ornamentación corporal con un fuerte sentido comunal, era una práctica que los individuos comenzaban a muy temprana edad y que se prolongaba hasta que no quedara región del cuerpo virgen de pigmentos o “desnuda”. Más allá de su sentido estético, el tatuaje confería jerarquía y propiciaba respeto a quien los llevaba en su piel. Justamente es este lugar, el que tiene la reputación del tatuaje más artístico en el mundo antiguo caracterizado por figuras geométricas. De hecho, recordemos que el término tatuaje, tiene origen polinesio. Los
maoríes utilizaron el tatuaje particularmente para la batalla, a modo de
impresionar y asustar a sus enemigos en el enfrentamiento (aunque también
eran usados por las mujeres); una cara tatuada lo hacía feroz en la
guerra y atractivo para las mujeres. Diseños siempre negros, basados en
una combinación de espirales, con una serie de líneas formando un modelo
simétrico que aplicaban en la cara (barbilla, mejillas y/o frente) y las
nalgas principalmente (En: http://www.tatuajelatino.com/museo/origenes.html). El estilo Moko Maorí de Nueva Zelanda, por ejemplo, era un tatuaje tribal que identificaba a cada individuo y su estatus dentro de un grupo. Hacía a la persona única e inconfundible. Cuanto más complicado era el diseño del tatuaje, mayor era el ascenso en su rango social. Se tatuaban de la cabeza a los pies, comenzaban a los 8 años y era un proceso lento y doloroso; los tatuajes se embellecían y renovaban durante toda la vida. Si el difunto no tenía tatuajes protectores el alma quedaría ciega y no podría hallar el camino a la inmortalidad, por eso, si alguien moría sin tatuajes los maoríes tatuaban el cadáver (Ganter, 2005). En
América del norte esta decoración corporal se aplicaba en los ritos de
paso, cuando los jóvenes llegaban a la pubertad, momento en que se les
dibujaban motivos en el cuerpo para proteger al alma que iba camino a la
muerte. En América Central y del Sur (por ejemplo los Incas) se tatuaban
los guerreros para conmemorar las victorias bélicas y honrar a los dioses
(En: http://www.telepolis.com/cgi-bin/web/DISTRITODOCVIEW?url=/1605/doc/Tatuajes/historiatatu1.htm). En cuanto a nuestro país, la primera evidencia que se tiene sobre la existencia de la práctica del tatuaje corresponde a tiempos protohistoricos. Según las fuentes de los cronistas, de entre los siglos XVI y XIX, que entraron en contacto con los charrúas, relatan que éstos, tenían tatuajes (D’Orbigny, 1959). Según Acevedo Díaz (En: Figueira, 1977: 302) “la mayor parte de los charrúas tenían el pecho y la espalda, y algunos de ellos hasta la cara misma, cubiertos de cicatrices muy unidas, hechas con puntas de flecha, y formando varias figuras y bordados”. Evidentemente, en Occidente y en Oriente, el tatuaje adquirió significados y objetivos diferentes de acuerdo al tiempo y espacio en que se practique. Alrededor del 3000 A.P. el tatuaje logró la entrada por medio de las rutas comerciales, a la India, China y Japón. El tatuaje japonés, a pesar de sus inicios gloriosos en el 500 D.C. como adorno del primer emperador, pasó más tarde, a estar reservado para aquellos que habían cometido crímenes serios. El estilo japonés clásico usa héroes legendarios y motivos religiosos, que pueden combinarse con decoraciones florales, lunas, paisajes y animales simbólicos como dragones y tigres, contra fondos de olas, nubes y rayos. Los diseños no son pequeños, ya que se trasladó la pintura tradicional a los cuerpos, dando por resultado dibujos grandes que cubrían en su totalidad espaldas, pechos y costillas; este tipo de tatuaje se encuentra desde finales del siglo XVIII. El tatuaje japonés posee fama mundial por su nivel artístico, se caracteriza por un diseño integral y la sofisticación de las técnicas de dibujo. Tradicionalmente se hacía a mano, por medio de una estaca de madera a la que, de acuerdo con la intensidad del color y el diseño, se le añadían hasta una docena de agujas. Mientras se estiraba la piel con una mano, se golpeteaba rítmicamente el área a tatuar con la otra. Con el método tradicional un traje entero costaría algunos millones y varios años. Con una visita semanal, se necesita un año para completar un tatuaje de cuerpo entero (llamado Irezumi), que hoy en día está decayendo (En: http://www.telepolis.com/cgi-bin/web/DISTRITODOCVIEW?url=/1605/doc/Tatuajes/historiatatu1.htm). En un principio, muchas poblaciones humanas, vincularon al tatuaje con el pensamiento mágico religioso. Con la llegada del cristianismo y la consolidación de la iglesia católica, esta práctica fue desterrada por considerarla sinónimo de idolatría y superstición. Los cristianos eran hostiles a los tatuajes, ya que creían que si Dios había creado el hombre a su imagen y semejanza, era pecaminoso que éste tratara de alterar su imagen; por eso el emperador Constantino, primer emperador de Roma, emitió un decreto en contra de la actividad del tatuaje. Esta posición ha sido adoptada por varias religiones hasta nuestros días (En: http://www.punksunidos.com.ar/bodyart/1a.html). Es así que, por ejemplo en Europa, la práctica del tatuaje desaparece hasta el siglo XVIII, período en el que el viejo continente se abre al descubrimiento y la exploración de tierras lejanas, enfrentándose a nuevas culturas y civilizaciones. El arte del tatuaje fue de este modo redescubierto por los exploradores. Banks, artista científico que navegó junto al Capitán Cook, describió en detalle en 1769 el proceso del tatuaje de la Polinesia. Los marineros de Cook iniciaron la tradición de los hombres de mar tatuados y desparramaron rápidamente esta afición entre los marineros, quienes aprendieron el arte de los tatuadores polinesios, lo practicaron a bordo y luego instalaron sus estudios de tatuajes en los puertos. También fueron los viajes de Cook los que descubrieron el arte Moko entre los maoríes, un elaborado y muy doloroso proceso que duraba meses y que daba por resultado diseños negros en espiral y a rayas. Describió en sus libros el proceso antiguo del tatuaje al entrar en contacto con indígenas de las Islas Marquesas y con los maoríes: “Manchan sus cuerpos pinchando la piel con los instrumentos pequeños hechos de hueso, que estampan o mezclan el humo de una tuerca aceitosa (...) En esta operación, que es llamada por los naturales ‘tattaw’, las hojas dejan una marca indeleble en la piel. Se realiza generalmente cuando tienen cerca de diez o doce años de edad y en diversas partes del cuerpo” (s.d. En: http://www.elcuerpo.es/articulo_item.php?numero=16). El tatuaje fue ampliamente practicado entre los marineros, trabajadores y convictos durante la primer parte del siglo XIX. Los miembros de las clases media y alta lo consideraban por debajo de su dignidad, por ello nunca fue popular entre los nobles (En: http://www.punksunidos.com.ar/bodyart/1a.html). Esto explica la natural asociación que ha prevalecido hasta nuestros días entre los tatuajes y los marineros (s.d. En: http://www.tattoo-odin.com/historia_tatuaje.asp). La relación entre tatuajes y delincuencia provino también de aquí, ya que los marineros eran personas que a menudo se embarcaban durante largos períodos de tiempo para evitar a la justicia, hecho que fue fomentando esta asociación. También en el mundo occidental el tatuaje se usó incluso como castigo, por ejemplo los Nazis en sus campos de exterminio tatuaban a los prisioneros con un doble propósito: identificación y humillación, ya que la ley judía prohíbe las marcas en el cuerpo. Los
tatuajes resurgieron con los hippies en los años 60 y 70, quienes los
adoptaron como símbolo de rebeldía y los elevaron a la categoría de
arte, abandonando los motivos marineros y realizándose grandes diseños
muy coloridos, acordes con la época. Esto hizo salir al tatuaje de los
puertos y empezó la popularización del mismo. Ya
en nuestros días, esos hippies son oficinistas, docentes y directivos, y
en su piel perdura la marca de su juventud, lo que ha contribuido a la
gran popularización del tatuaje, desligándolo totalmente de marineros y
delincuentes. Esta reconversión de la aceptación social del tatuaje, ha
llevado a que actualmente la gente cada vez sienta más interés en
decorar su cuerpo de esta manera (s.d. En: http://www.tattoo-odin.com/historia_tatuaje.asp).
El primer estudio de tatuajes, abrió sus puertas en el año 1870, en Nueva York. En EE.UU. el dibujo corporal tuvo un gran auge durante el conflicto de la Guerra Civil, los pioneros en la profesionalización de los estudios de tatuaje fueron norteamericanos como C.H. Fellows, Martin Hildebrandt o Samuel O'Reilly. Este último inventó en 1891, una máquina de tatuar, inspirada en uno de los inventos de Thomas Edison, la patentó y ofreció a la venta conjuntamente con tintas de colores, diseños y otros suministros. A principios del siglo XX ya había establecimientos de tatuaje en las principales ciudades americanas (s.d. En: http://www.telepolis.com/cgi_bin/web/DISTRITODOCVIEW?url=/1605/doc/Tatuajes/historiatatu2.htm). Hoy en día, dentro del sistema penitenciario, el tatuaje es una práctica sumamente difundida, contexto dentro del cual son conocidos como tatuajes “tumberos” (Sepúlveda, s.d.). En las cárceles se pone al descubierto un submundo de significados ocultos. Los presos fueron uno de los grupos que usan los tatuajes para diferenciarse del resto de la sociedad. Los motivos místicos, por ejemplo, son imágenes de santos y vírgenes, cruces, figuras de Cristo y del diablo. Para reafirmar su identidad, muchos presos eligen tatuarse su nombre entero o sus iniciales. Los presos imprimen sobre su pecho, el nombre de la mujer amada, como signo de amor eterno, también las calaveras abundan. Otra variante que se ve con frecuencia en los internos, son los tatuajes agresivos, representados con dibujos de aves de rapiña, espadas, animales feroces y puñales. Mediante estas figuras, los presos intentan poner en evidencia su rudeza, muchas veces con el fin de obtener un escalón superior dentro del rango otorgado por los internos (Sepúlveda, s.d.). En la cárcel la máquina que utilizan es totalmente casera. Consiste en un motorcito, por ejemplo de radio, del que se desprende un bolígrafo, un tenedor o un cuchillito sujetado con hilos o alambres. El motor hace que el elemento punzante se mueva como las agujas de la máquina de coser: entrando y saliendo de la piel. El pigmento que generalmente utilizan es la tinta china o la de los bolígrafos tipo Bic. Esta forma de escritura, permite observar la superficie de la piel como soporte iconográfico, mediante el cual, se descubre lo biográfico: se pueden reconstruir fragmentos de la vida del preso a través de sus tatuajes; conforman así una verdadera gramática de la piel (s.d. En: http://www.elcuerpo.es/articulo_item.php?numero=16). Lo cierto es que, entre rejas y penitenciarías, el tatuaje carga de significado el cuerpo de los presos. Y como su condena, éste es un estigma que les acompañará por el resto de sus vidas (s.d. En: http://www.elcuerpo.es/articulo_item.php?numero=16). Pero, ¿por qué el preso busca esa diferenciación de la sociedad cuando esos tatuajes los aíslan aún más o lo marcan sin dejar lugar a dudas lo que son? ¿Cuál es la diferencia que se quiere marcar? Preguntas de este tipo implican un trabajo antropológico en sí mismo, y esto no es lo que nos compete en esta instancia, pero sin duda, tal como lo plantea Sepúlveda (s.d.), nos animamos a considerar a las marcas como elementos constituyentes decisivos a la hora de determinar los procesos oficiales de la ley y del castigo. En
la actualidad, vivimos una auténtica moda del tatuaje, y gentes de
diferentes estratos sociales, culturales y económicos lucen variados diseños.
Sin embargo, decir que el tatuaje está plenamente aceptado en nuestra
sociedad, no es del todo acertado. El
movimiento conocido como “body art” ha llevado en las últimas décadas
del siglo pasado, a revolucionar el tatuaje y el mundo contextual en el
que se engloba en los tiempos modernos. A ese contexto pertenecen
distintas prácticas con las que se lo suele asociar, nos referimos al
piercing, el branding, la escarificación, los implantes y las
suspensiones. En el body art el artista utiliza el cuerpo humano como soporte material de su obra. Surge a finales de los años sesenta y se desarrolla en la década siguiente en Europa y Estados Unidos. La obra de estos artistas trata temas como la violencia, la autoagresión, la sexualidad, el exhibicionismo o la resistencia corporal a fenómenos físicos. Así el cuerpo, puede estar transformado por un disfraz, ser utilizado como instrumento o unidad de medida, agredido o puesto a prueba, hasta los límites del sufrimiento (En: http://www.masdearte.com/item_movimientos.cfm?noticiaid=47). Aplicándolo
al mundo del tatuaje, el body art ha sido sin duda un movimiento
vanguardista en el que jugó un papel decisivo, el muy conocido en el
ambiente: Fakir Mustafar, un ejecutivo de Silicon Valey que empezó a
experimentar en su pubertad con la modificación de su cuerpo y hoy en día
es considerado el líder espiritual del movimiento. Dentro de este
contexto contemporáneo, han surgido en numerosos países distintos
“personajes”, por llamarlos de alguna manera, como el famoso “hombre
lagarto” de EE.UU. que llevó al tatuaje (junto con otras tantas
celebridades de este “submundo”) a sus máximas expresiones
ya que apunta por ejemplo a tener el 100% de su cuerpo tatuado. Son pocos los lugares donde se sigue practicando el tatuaje tradicionalmente, como fue hace miles de años, por ejemplo: Borneo, Polinesia, Hawai y Japón. Borneo, es uno de los pocos lugares donde se practica actualmente la forma tradicional del tatuaje tribal (En: http://www.punksunidos.com.ar/bodyart/1a.html). La forma tradicional de realizar los tatuajes es en forma manual, hoy la mayoría de los artistas lo hacen por medio de una máquina (creada por primera vez en 1891, como ya dijimos), instrumento eléctrico de mano que tiene en un extremo una aguja esterilizada, conectada a tubos que contienen tinta. Sin embargo, en Japón el tatuaje manual (a través de una vara de madera con agujas en la punta que se empujan con la mano sobre la piel) se sigue practicando. Sin
embargo, superando toda diferencia, el tatuaje antiguo tiene mucho en común
con el tatuaje moderno, y podemos considerar que estamos en presencia de
una evolución continua de un arte con orígenes ancestrales, profundos e
independientes en la humanidad
(En: http://www.punksunidos.com.ar/bodyart/1a.html). 4.
HISTORIA DEL TATUAJE EN MONTEVIDEO En cuanto a la historia moderna del tatuaje en el Uruguay, parece que es un fenómeno bastante reciente, no existe bibliografía encontrada al respecto, pero lo que sí tenemos son las evidencias de los protagonistas implicados en los inicios del mismo. . . . . Según nos cuentan, aquí el tatuaje es algo muy nuevo que tiene sólo 20 años de antigüedad; se suele mencionar al “Cocoa” como el pionero o al menos uno de los primeros tatuadores de índole comercial (dado que si ya alguien, antes de él, estaba tatuando, por ejemplo en su casa, no lo sabemos). Él comenzó a tatuar debajo de una disquería pues al principio nadie abría una tienda o local exclusivamente para tatuar. Más tarde trabajó con algunos tatuadores que aún trabajan en nuestro país y según nos cuentan éstos, el “Cocoa” habría adquirido la técnica de tatuar, en una cárcel de Río de Janeiro en la que estuvo preso.…………. . También en las cárceles del Uruguay esta práctica ya existía, seguramente ya se practicaba a nivel informal; incluso es muy probable que ya hubiera gente tatuándose en sus casas con máquinas caseras; pero entonces el estigma era, sin duda, muy fuerte: tatuarse era cosa de presos, marginados, marineros, prostitutas y en los “mejores casos” viajeros. . . Unos pocos años después, el tatuaje empezó a proliferar en un pequeño grupo de jóvenes de manera independiente, los cuales serán los futuros tatuadores y que por ende tatúan hoy en Uruguay. En general, la historia de cómo los tatuadores actuales comenzaron a insertarse y/o interesarse en este tema, suele ser muy similar: primero máquina casera realizada por ellos mismos, al poco tiempo (generalmente al año) realizaron en su mayoría una primera inversión, porque se compraron sus máquinas profesionales. Así, nos cuenta Guzmán por ejemplo: Hace
11 años que tatúo, desde que tengo 16, primero en mi casa 2 años, después
con Gabriel en su local un poco
menos de un año, después un año más en casa y después abrí mi local
que tiene 7 años; al principio me encachilé tanto, que no sólo me había
fabricado una máquina casera, sino que antes del año me compré una
posta, una máquina bastante profesional, que en ese entonces me había
salido mucha guita, me acuerdo que eran como doscientos y pico de dólares,
que para mí era mucha guita, después con esa máquina, continué
tatuando a amigos y a arreglar las cagadas que me había mandado con la máquina
casera Al principio se tatuaron a ellos mismos, luego a los amigos más cercanos, después a conocidos, al poco tiempo a amigos de los amigos, y así sucesivamente, hasta que comenzaron a tatuar gente desconocida. Resulta muy gráfico al respecto, lo que nos comentaba Guzmán: Empecé
a tatuar no comercialmente, eso me llevó un año aproximadamente y al
principio tatuaba a amigos y no cobraba nada, pero después, vinieron los
amigos de mis amigos, y después los amigos de mis amigos de mis amigos,
hasta que un día, me empezaron a tocar timbre en mi casa preguntado: ¿acá
se hacen tatuajes gratis? Y yo le dije: eh… no mira salen como 2 gambas,
y ahí empecé a cobrarlos (risas) A
grandes rasgos, prácticamente la totalidad de los tatuadores
entrevistados, comparten una historia similar en cuanto al modo en que
comenzaron a tatuar, pero cómo se iniciaron e interesaron en el tema varía,
porque corresponde a historias de vida a nivel personal; así como también
varía, el modo en que aprendieron a hacerlos, aunque todos nos cuentan
que es algo que uno aprende solo: no existe un curso de cómo aprender a
tatuar, por ejemplo, Guzmán nos decía:
A
mí no me enseñó nadie a tatuar, Bruno fue el primero que me dio
información, me dio las primeras pautas como que las agujas iban
soldadas. El tema fue que los dos veraneábamos en Santa Teresa y él
estaba tatuando en una carpa re precariamente, con material no descartable
y obviamente sin esterilizar, pero el loco no sabía dibujar nada, tatuaba
calcando y un día en Santa Teresa, que yo estaba ahí mirando como él
tatuaba, le ayudé a dibujar un águila que un loco se quería hacer y
como quedó buena, quedamos en que yo le dibujaba los diseños para que él
tatúe y me tiraba unos pesos y así me involucré en este mundo. Ese
verano pasó y recién al otro año, en el próximo verano que nos
volvimos a encontrar, yo tenía 16 años e hicimos el mismo trato que
después se extendió para
todo el año, yo iba a la casa y le hacía los diseños, ahí empecé a
tatuar: primero me hice una máquina casera y ya a finales de ese mismo año
me compré una buena máquina y ta, al primero que pinché fue a él, pero
al primero que tatué realmente un tatuaje entero, fue a un amigo que
hasta hoy lo tiene Para los demás tatuadores las cosas no fueron muy diferentes: Julio: comencé de casualidad, empecé dibujando desde chico, hice artes plásticas,
cursos de dibujo y llegado a los 10, 12 años estaba pintando óleos y
cuadros, pero mi viejo me dijo: ‘mirá no te dediques más a pintar
cuadros que te vas a morir de hambre’, entonces dije ta! tiré todo lo
que tenía que ver con el arte y empecé a estudiar medicina, que era lo
que más me gustaba en ese entonces, hasta que aparecieron un par de
amigos con unas máquinas de tatuar, vi lo que era, vi como era y dije ¡wow!
esto me gusta y me empecé a involucrar. Después, a golpes como todo lo
que uno aprende solo y más en ese entonces, y bueno, después de ahí
empecé a buscar información, cosas; en Uruguay el mercado era muy chico
y bueno nada, de casualidad empecé en mi casa tranquilo, pero en ese
momento, era mucho más difícil que ahora, porque no había Internet ni
nada, pero aprendí solo, como casi todos los tatuadores que hay, salvo
los tatuadores del primer mundo; obvio que mi primer máquina fue casera,
me la hice yo Leonardo:
Yo arranqué a los 15 años que empecé a tatuarme como todo pibe de
barrio de Montevideo, con agujas a mano por el entorno en el que me
manejaba y eso me despertó el gustito por el tatuaje, empecé a
investigar mediante revistas, que era lo
único a lo que podías acceder con una limitación muy grande y empecé
así a ver cómo era todo; empecé a tatuar con máquina casera a amigos,
como casi todos los tatuadores de acá, siempre dibujé además y bueno
cuando descubrí lo que era el tatuaje empecé a investigar y a los 18 de
edad ya tuve mi primer equipito como para hacer las cosas bien y me hice
profesional unos pocos años después, a las 20 más o menos Pablo: Fui dibujando muchos años como hobbie, un día me hice amigo de un tatuador que me tatuó y de onda ahí me pasó unos piques y me preguntó por qué no tatuaba y empecé a tatuar en mi casa que me hice un estudio y traté de tenerlo lo más prolijo posible, por suerte no empecé con máquina casera porque en ese momento ya había suficiente mercado y pude entonces arrancar bien Nelson (uno de los tatuadores que trabaja en el local de mayor antigüedad en Uruguay -Graphica-) también nos cuenta cómo fueron sus inicios: Arrancamos
como todo el mundo con tres agujitas atadas haciendo pinchadas, después
usamos más la cabeza, para no tener que pinchar puntito por puntito y así
le pusimos motorcito e hicimos la primer máquina, la idea de hacer
tatuajes fue a través de las pocas revistas que había; trabajé un año
en mi casa y después empecé a trabajar acá en el local Esas, son más o menos las historias personales de cómo los tatuadores se involucraron con esta práctica, que al pasar los años fue cambiando y evolucionando hasta la actualidad, en donde nos encontramos con un fenómeno que se realiza en locales comerciales a nivel profesional. Hoy, según nos cuenta uno de los tatuadores entrevistados (Guzmán), los que más repercuten son Gabriel Callico y Eduardo Sasia: Callico
viajó mucho y tatuó en muchas convenciones, tiene premios y le fue muy
bien siempre en todos los países donde no cualquiera compite, ya que hay
muy buena competencia y Sasia que metió mucha revista internacional en
Brasil y Alemania, se mueve mucho en eso y manda fotos por todos lados y
publican sus laburos Mientras que en cuanto a los tatuados, el que llegó más al extremo al tatuaje en Uruguay, fue Eduardo Solari conocido como el “punki” y/o “dos caras”, quien tiene el cuerpo parcialmente completo de tatuajes, incluyendo la cara. Como decíamos anteriormente, la situación actual del tatuaje en nuestro país, ha cambiado y avanzado mucho en varios aspectos, que no son de menor importancia y que por lo tanto vale la pena destacar. . . . . En referencia a lo legal, como cualquier otro rubro, los negocios deben hacer aportes a la D.G.I (Dirección General Impositiva). y B.P.S. (Banco de Previsión Social), pero además los que trabajen en el local como tatuadores y/o perforadores deben tener aprobado un curso de capacitación en bioseguridad y la habilitación del M.S.P. (Ministerio de Salud Pública). . Sin embargo, tal como me decía Guzmán, el M.S.P. no hace generalmente las visitas sorpresivas que debería hacer para ver si los locales están trabajando en las condiciones establecidas. Para que el M.S.P. lo exija, debería brindar el curso de bioseguridad ellos mismos y éste, en la única oportunidad que se realizó, fue privado. Por lo tanto, quienes concurrieron pagaron por su cuenta. Si es algo obligatorio, es el propio Ministerio el que lo debería organizar de forma gratuita; es en parte por ello, que no se realizan los controles debidos. . . . . Esta falla, ha llevado a algunos tatuadores a comentar que lamentablemente muchos colegas, no están tatuando hoy en día en sus locales, bajo las condiciones en que deberían trabajar, dicho en sus propias palabras Danilo nos dice: falta
un poco de control fiscal en el tema sanitario, que para mí es lo
prioritario porque es la salud de la gente, ya no es como antes, creo que
hoy está todo muy descontrolado en cuanto a lo sanitario, hay locales que
no entendés cómo viven de eso y cómo no los cierran, mismo con el tema
del piercing, que también es una herida y mucha gente te saca una pieza
de la vitrina y te la ponen directamente sin esterilizar, en el tema del
tatuaje lo peor es que no se cambien los guantes, que toquen las tintas
con los guantes sucios, en el tema del piercing es peor Más allá de dicha carencia, se ha logrado la profesionalización de esta actividad: el tatuador debe trabajar con guantes, tapabocas y agujas descartables, debiéndose esterilizar los materiales no descartables, se debe contar con un lugar de trabajo muy higiénico, que brinde recomendaciones para la curación y que advierta sobre cualquier contraindicación. Justamente sobre estos aspectos se centró el curso de bioseguridad, cuyo contenido básico hace hincapié en conocimientos sobre distintos puntos: a) anatomía y fisiología básica de piel y mucosas; b) asepsia de piel y mucosas; c) prevención y protección del personal y del cliente; d) cuidados especiales luego de la aplicación de tatuajes y/o piercing; e) locales e instalaciones: condiciones higiénico-sanitarias; f) limpieza y desinfección de herramientas y materiales; g) residuos: tipos y eliminación; h) métodos de esterilización y desinfección; i) microbiología básica: infecciones, microorganismos patógenos oportunistas, de transmisión cutánea y sanguínea; j) enfermedades de transmisión sanguínea: hepatitis, VIH. El tema de la esterilización aparece como tema central del curso. Se puede definir como el proceso mediante el cual se alcanza la muerte de todas las formas de vida microbiana, incluyendo bacterias y sus esporas altamente resistentes, hongos y sus esporas y virus; entendiéndose por muerte la pérdida irreversible de la capacidad reproductiva del organismo. Existen distintos métodos para esterilizar, por un lado los físicos (por calor -húmedo con autoclave o seco con horno Pasteur o Poupinell-, filtración o radiación UV) y por otro lado los químicos (por medio del glutaraldehido al 2%). En cuanto a los cuidados del tatuaje recién realizado, en el curso se establece que se debe dejar vendado por lo menos una hora y no más de cinco, luego de sacar la venda no se debe colocar otra para dejar que la piel respire, se debe limpiar dos o tres veces al día con jabón neutro y agua fría y luego del secado aplicar producto o crema recomendada (por ejemplo vaselina). Así mismo, se debe durante el proceso de curación evitar piscinas, la exposición al sol, en caso de picazón no rascar, no tocar con manos sucias y evitar roces. Según lo que se indica en el material repartido en dicho curso, cada local debe contar con: sistema de agua potable; toallas descartables; área de trabajo separada del área de espera; iluminación suficiente; superficies lisas en adecuadas condiciones higiénicas, impermeables de color claro y fáciles de limpiar. Al mismo tiempo, deben cumplir con las siguientes reglas para descartar el material residual (correspondiente a las reglas universales de eliminación de residuos biológicos): bolsas negras para material no contaminado; bolsas amarillas para material contaminado o potencialmente contaminado no corto-punzante y cajas duras para material contaminado o potencialmente contaminado corto-punzante. Así mismo, en cuanto a la reglamentación sobre el tatuaje, hace aproximadamente dos años se aprobó una ley que prohíbe tatuar a menores de edad en zonas visibles como manos, cuello, cara y también genitales. Así como también se prohibió tatuar a menores de edad en las otras partes del cuerpo, sin autorización de un mayor, por lo que si estos se quieren realizar un tatuaje, deben ir acompañados por un adulto que firme el correspondiente permiso. Hemos visto que algunos consideran que entre las exigencias y lo que realmente se está cumpliendo existe una importante diferencia, en algunos casos por falta de control gubernamental. Esto no quiere decir que realizarse un tatuaje o un piercing sea ponerse en riesgo en cualquier local, sino que, simplemente hay que ser cauteloso a la hora de elegir la tienda en función de la higiene. Es simplemente averiguar, informarse un poco sobre a dónde es seguro ir, prestar atención a la limpieza del lugar, estar atentos y observar que quien nos vaya a tatuar abra las agujas ante nosotros, se cambie los guantes y que descarte el material que no se puede ni debe reutilizar. Parte de los logros que el mundo del tatuaje ha logrado en el Uruguay, se pueden observar a través de la creación de A.U.D.A.C. (Asociación uruguaya de artistas corporales) creada en el 2001. La Asociación fue partícipe de una de las leyes más rápidas en aprobarse, pues en menos de un año se diagramó, se aprobó y se decretó. La Asociación cuenta con una presidencia votada entre los socios, siendo Eduardo Sasia el Presidente, Guzman Tasende el Vicepresidente y el Secretario Leonardo Valverde. Hoy la Asociación “lucha por sobrevivir” dado que se necesitan al menos 18 socios, que en principio existieron, pero que hoy han dejado de pagar la cuota mensual y han dejado de ir a las reuniones. Con los socios que quedan la Asociación no puede seguir en pie, hoy por ello nos manifiestan que está en stand-by, es decir en suspenso. . . . Todos estos logros, avances y espacios que está ocupando el tatuaje hoy en el Uruguay, se corresponden con un crecimiento en la diversificación del público que acude a los locales de tatuajes, ya sea en cuanto a género, franja etaria, “estilos” y hasta clase social; parece ser que aquella marca que tanto estigmatizó a los presos marineros y prostitutas de los viejos tiempos, pasó a ser una práctica popular y no tan mal vista. . . & |