DESARROLLO DE FRONTERAS
¿Puede el turismo cooperar para la integración?
Visto desde una de las más palpitantes fronteras del MERCOSUR:
El Bajo Río Uruguay.
René Boretto Ovalle 

Una frontera. ¿Es un limite?

 

Procuramos establecer los antecedentes válidos para pensar que Sudamérica quiere unirse, quiere integrarse, salvando todos los elementos propios de sus historias particulares y de su geografía diferente.  Los caminos todos pueden ser válidos, si es que buscan terminar en el mismo fin.

 

Pero seamos conscientes, que no se integran los documentos, se integran los hombres que los firman; no se integran las máquinas, se integran los labradores; no se integran las tierras ni los ríos, se integran los hombres que los habitan.

 

Permítasenos, entonces, presentarles en este a un elemento esencial de la integración: el hombre.

No habrá integración factible si el hombre no la quiere, si no la desea, si no la anhela, si no la encuentra necesaria, si no está visceralmente convencido que ello le llevará a un futuro mejor.

 

Hay muchas promesas incumplidas, hay muchos acuerdos desatendidos, hay muchas circunstancias adoptadas por el sólo compromiso político que no han sido nada más que meros productos de mentes de pensamientos fútiles y que no han hecho sino despertar vanamente expectativas en la gente.

 

Por ello es que cuando se hable de INTEGRACION, debe de haber un sustrato de trabajo, de realizaciones, de ejecuciones, de hechos, de concreciones materiales que dinamicen la institucionalización de la integración como forma de vida de dos pueblos.

 

En el mismo sentido, tenemos que buscar el ambiente geográfico donde puedan darse estas condiciones de amalgama social. Y esos lugares son las fronteras.

 

Podremos esbozar muchas cosas contrarias a las experiencias con las fronteras. Ya lo hemos vivido desde nuestros principios como pueblos independientes y constitucionales. Es lugar de roce, es lugar de conflictos, es lugar de quiebre de leyes y reglamentaciones. Una frontera es mucho más en esa lista de cosas negativas... si es que buscásemos exclusivamente las cosas negativas.

 

Nos gustaría enfrentar el asunto de la frontera como lo que realmente es: el punto de contacto entre dos naciones. Es el sitio donde se miran las caras a través de una línea divisoria, las gentes que políticamente se dicen ser de una u otra de las naciones, pero que tienen - en la mayoría de los ejemplos - un trasfondo común en sus historias, en sus formas de vida, en la explotación de los recursos naturales, en los mismos problemas climáticos. Ambos tienen que abandonar sus hogares cuando el río crece; ambos pasan hambre cuando la pesca no es buena; ambos tienen frío en los inviernos crudos; ambos afrontan los peligros de los contrabandistas y malvivientes.

 

Una frontera es - por el sólo hecho de reconocer que es un punto de contacto - un posible sector de influencia social y cultural; es el aprovechamiento de un mismo río; es pensar juntos cómo se traspasa la línea política impuesta para aumentar el comercio y engrandecer la industria; es pensar cómo se pueden tender puentes de cuerda, de madera, de acero o de cemento.... puentes que permitan ahondar en el deseo entrañable del hombre de "ver que hay más allá".

 

No obstante todo, aquel concepto que se maneje sobre "integración" deberá tener en cuenta el diseño político de cada país, donde las fronteras son, más que delimitadores de soberanías, las cruentas líneas imaginarias que pretenden que a ambos lados las vidas de los habitantes serán, como por arte de magia, diferentes, de acuerdo al lado en que se desarrollen.

 

No es un concepto que debe dejarse de lado o desconocerse, porque las realidades políticas están demarcando esta composición geográfica, este rompecabezas con piezas que ajustan hasta formar un territorio aparentemente homogéneo, si lo mirásemos hoy desde un moderno satélite.

 

Frontera es un límite impuesto por un concepto que procede a separar políticamente dos territorios. Pero si así pensamos, nos alejamos del concepto real de integración.

 

Deseamos imaginarnos a la frontera como el contacto físico entre dos naciones. Un contacto físico que -como sucede en la vida real- nos permite una íntima y estrecha inter relación entre quienes estamos tocándonos. Un contacto físico que - como en el caso de los animales- lo buscamos como necesidad de calor y de afecto. Un contacto físico que inevitablemente produce en algunos puntos, un fenómeno de ósmosis económica y cultural.

 

La frontera entre dos naciones no debe ser un fortuito ejemplo de geografía. No debe ser un río, una cadena montañosa o una simple línea inventada en los mapas. La frontera debe entenderse como lo que realmente es: una intangible barrera que no impide ese gigantesco fenómeno de interacción social, cultural y económica entre los países que por ella se tocan.

 

Y he aquí el concepto esencial, desde nuestro punto de vista: las fronteras no separan, sino que unen.

Entendamos a la frontera como la primera instancia del contacto humano, generador de los procesos integracionistas, donde radica el pilar fuerte y el sostén de la integración.

Esta idea, manejada por Fernando Barreiro Cavestany, Presidente de la institución Proyecto Local, de Barcelona, España, le permitiría inteligentemente sugerir un nombre al concepto: el de "frontera-costura", como resultado de la búsqueda de "permeabilidad" de una línea fronteriza binacional, hasta ahora con fuertes características de "frontera-fractura".

 

Téngase presente - este es un ejemplo contemporáneo -  lo que ocurre en las fronteras cuando emisoras de radio o de televisión lanzan sus ondas. Qué gigantesco medio de aculturación se extiende por el aire, sin que nada lo pueda impedir... Cuántas veces esos sistemas de comunicación son - aunque sea del otro país vecino- lo único que escuchan las familias del otro lado y qué problemas están significando para los países la enorme e inevitable aculturación a que somete el país más representado o más fuerte con estos medios en la población del otro. Un ejemplo claro de esto, sucede en Uruguay con la frontera uruguayo-brasilera. Radios y televisoras de Brasil están presentes en mayor cantidad y muchas veces en mejor calidad de productos. Y aunque así no lo fuere, se da la realidad de que son los que están todo el día en los hogares uruguayos.

 

Se ha dado una situación de aculturación tan grande, que en esa frontera, como "idioma" alternativo y casi siempre en la conversación común,  ya no se habla ni portugués ni español, se habla "portuñol", una mezcla de ambos idiomas. Hemos comprobado esa misma situación en la frontera de Argentina con Paraguay, donde muchas palabras-ideas del idioma indígena "guaraní" se entremezclan en las conversaciones de los argentinos. 

 

Cada uno podrá poner sus ejemplos propios, porque esta circunstancia es vivida en cada punto de frontera donde las poblaciones de ambas naciones se encuentran y se produce el fenómeno de "ósmosis" del que anteriormente hablábamos.

 

Es cierto, muchas veces - aún hoy día se da- la frontera es motivo de diferencias de opiniones, de interpretaciones, de litigios y no en pocos casos, de guerras entre vecinos y siempre, es escenario de actividades delictuosas porque siempre las diferencias monetarias entre los países latinoamericanos evidencian un crecimiento, afianzamiento y ejercicio constante del contrabando. Con mayor razón, pues, reafirmamos nuestro concepto: la frontera es ese punto de contacto humano, pasible de todo lo que se origina en lo humano. De esta manera, el concepto de "frontera unificadora" debe nacer en la mente de las personas y muy especialmente de los gobernantes, aunque este concepto, precisamente, no nace en los gobernantes. No se origina en los decretos ni en las leyes. Es el fruto de la misma gente, que viviendo a un lado y otro del límite jurisdiccional no hacen otra cosa que VIVIR, sin preocuparse de si se vive en un país que se llama TAL o en otro que se llama CUAL.

 

Para dar énfasis en nuestra idea es que hemos elegido, entre todas las latinoamericanas que puedan existir, una frontera muy especial que ha demostrado qué pasos pueden darse para obedecer el designio que marcan los propios pueblos. Esta es la frontera que geográficamente marca el Río Uruguay entre la República Argentina y la República Oriental del Uruguay.

 

La frontera del Río Uruguay: historia común de dos hermanos del Plata.

 

No solamente para el ejemplo geográfico que hemos tomado sino para cualquiera en el resto de Latinoamérica, los contactos culturales son la evidencia del trato social a través de las fronteras.

 

El fomento del acrecentamiento de los vínculos culturales es importante: no dejar que la gente olvide sus raíces históricas, sus lazos familiares comunes, el que se haya compartido el crecimiento regional fronterizo en el devenir de los años. Cuando una corriente de agua - como en este caso el Río Uruguay - ha servido de vena abierta para sacar las producciones de sus tierras hacia el océano, cuando los avatares de las políticas han requerido a los hombres de un lado refugiarse o cobijarse momentáneamente en el otro, cuando las instituciones y las explotaciones comerciales crearon vínculos humanos, cuando el sinfín de islas hizo perder el concepto de nacionalidad por vivir en una tierra "compartida", cuando la historia misma se hizo sin tener en cuenta al río como una separación geográfica sino como un elemento de unión y fraternidad, es imposible que los habitantes de cualquiera de las dos márgenes se sientan pertenecientes a comunidades diferentes: son una sola, donde las leyes entregan documentos distintos.

 

Tenemos en esta frontera ejemplificadora, una serie de antecedentes históricos que han hecho permeable su función de separación política. Como en otros casos americanos, contamos aquí con un crecimiento social y económico de raíces comunes en medio del cual se ha impuesto en determinado momento y por las circunstancias políticas, un "corte", separación ésta de antecedentes casi sin roces que determinaran una función separadora y sí con muchos ejemplos de acciones unificadoras.

 

Este devenir histórico en las relaciones humanas inter ribereñas en este Río Uruguay inferior, fue generador de múltiples acciones que definieron a un hombre, a una sociedad tan similar que los entrerrianos (habitantes de la Provincia de Entre Ríos, de la margen argentina) son mucho más parecidos o afines a los uruguayos que con coterráneos de otras Provincias, inclusive que los de Buenos Aires, su propia capital nacional, con la cual limita. 

 

Es algo que puede decirse también a la inversa.

 

En esta realidad nacida con la misma historia del río, ni siquiera los aborígenes lo consideraron un obstáculo insalvable. Lo utilizaron para sus migraciones -hoy diríamos internacionales- con desplazamientos que dejaron sus huellas alternadamente de un lado y de otro. Si bien el hoy territorio uruguayo tiene poblamiento atisbado hacia el año 10.000 a.C., los indígenas que vivieron aquí en los momentos inmediatamente pre-hispánicos, llegaron hacia el 1.300 d.C. procedentes del delta del Río Paraná y alrededores -hoy Argentina- y trajeron consigo antecedentes culturales que radicaron en estas costas y perfilaron a las poblaciones que continuaron sus migraciones por la margen oriental del río.

 

Más adelante, cuando los intentos de catequización de los indios por los españoles procuraron integrar "misiones" dirigidas por religiosos, las poblaciones se surtían de maderas y otros elementos difíciles de hallar en su propia tierra, cuando no se trasladaron hacia la otra margen para avizorar mejor futuro y manutención, caso de Santo Domingo de Soriano.

 

En momentos en que los españoles descubren las posibilidades estas feraces tierras orientales, hacia 1611, se introdujo los primeros vacunos y caballares, aumentados pronto por las "vaquerías" y arreos gigantescos que los Jesuitas de Paraguay hacían con sus ganados para hacerlos pastar y reproducirse enormemente en estos campos encerrados entre los ríos Uruguay y de la Plata.

 

En las décadas iniciales del siglo XIX, el increíble desarrollo de esta riqueza ganadera, canalizó su utilización industrial mediante los "saladeros", establecimientos que faenaban a los animales casi exclusivamente por sus cueros y para sacar lonjas de carne que se salaba y se convertía en "charque", comida exportada para los esclavos centroamericanos. Este reconocimiento de la tierra con valor monetario, a causa de sus producciones intrínsecas, acercó a los europeos que se instalaron con sus "estancias" y los "saladeros" se profesionalizaron hasta convertir las antiguas faenas plenas de derroche en productivas explotaciones industriales. Los saladeros, en las costas del río, aprovecharon este "camino de agua" para vincular las riquezas del interior con el océano y con los destinos europeos de los productos obtenidos de la ganadería y la agricultura.

 

Pronto esta actividad intensa de la explotación, llevó al Río Uruguay a convertirse en un sostén del progreso binacional, siendo el primer y más efectivo medio de transporte el fluvial que lo aprovechaba. Desde mediados del siglo XIX, visionarios gobernantes, de ambos lados, gestaron leyes que fomentaron este comercio, generador inmediato de la radicación del hombre en la región, en ciudades costeras cuyos puertos eran su razón de ser.

En aquellos momentos, un integracionista nato fue don Isidoro de María, pensador, historiador, estadista, y político visionario uruguayo. Este señor, se desempeñó en determinado momento en una actividad de relaciones internacionales, siendo Cónsul General del Uruguay en la ciudad de Gualeguaychú (provincia argentina de Entre Ríos, limítrofe con la República Oriental del Uruguay).

 

Insistente promotor de la integración de los pueblos, justamente pensaba en primera instancia en el ser humano, cuando hablaba de integración de ambas márgenes del Río Uruguay. "Cuando más pueblos tengamos sobre el bello y dilatado Uruguay, más vasto campo se presentará a la industria y a las empresas mercantiles..."

 

Y justificaba que la unión de las fronteras deviene de la integración de las gentes. Previendo con visión de futuro la fundación de la ciudad de Fray Bentos, casi dos años antes de que ello se produjera, De María escribía: "La fundación de Concepción del Uruguay, trajo la de Paysandú; la del Salto produjo la de Concordia y la del Pueblo Federación en este Departamento de Entre Ríos, dio lugar a la del Paso Constitución en el Departamento de Salto. Siguiendo ese orden, la existencia de Gualeguaychú, en el litoral argentino, debe traer necesariamente la creación de un pueblo en Fray Bentos, que, estableciendo relaciones inmediatas, venga a aumentar el comercio en nuestro litoral, estrechar los vínculos de buena vecindad y dar valores fabulosos a las tierras de estos lugares"... (Notas periodísticas de febrero de 1857 en un diario de Gualeguaychú.).

Efectivamente, así sucedió. Digamos simplemente para el lector no regional que así fue, como lo predijo De María. La aparición de una ciudad traía consigo una enfrente y ello no era por casualidad sino era por causalidad. Expresémosnos mejor: la vida social y económica de una ciudad, fue la CAUSA de la fundación de la de enfrente.

Lo inexorable de que la integración regional está basada fundamentalmente en la integración de los hombres, se cumplió también en este caso. Fray Bentos, bajo el nombre de "Villa Independencia" nació a la vida institucional el 16 de abril de 1859, frente a Gualeguaychú.

Y tanto como en los ejemplos otorgados por el previsor estadista, las ciudades de ambas márgenes del Río Uruguay se lanzaron en conjunto al crecimiento unísono, perfilando un verdadero "corredor" del Río Uruguay que actualmente agrupa a casi un millón de habitantes.

 

El turismo consecuencia inevitable.

 

La frontera es sinónimo de movimiento de pasajeros y de carga. Por supuesto. Es el lugar de un país por donde se produce el contacto con otras naciones, ya sea en los límites geográficos propiamente dichos o en los puertos y aeropuertos, como lugar físico de llegada y salida de los sistemas de comunicaciones y transporte que permiten dicha confluencia. Es por ello que cuando una nación quiere dar a conocer que está apto o en condiciones de establecer mayores vínculos con el mundo, se dice "somos un país de fronteras abiertas", o "de cielos abiertos".

 

Por el contrario, esta "pared de la burbuja" es la que puede detener, enlentecer o discernir qué tipo de "contactos" quiere o permite el país con los demás. Y decimos "pared de una burbuja" porque no hay frontera posible -por más muro alto que se interponga- que impida al mundo "ver" qué sucede dentro de esos límites.

 

Cuando las autoridades de una nación deciden "ser de fronteras abiertas", se produce justamente en los lugares de contacto con los vecinos y por intermedio de otros sistemas de difusión y promoción, esta intencionalidad, para que los demás sean recíprocos o vengan al país para aprovechar tal o cual circunstancia.

 

Unas veces puede ser que las fronteras "se abran" a los mercados económicos flexibilizando o adecuando sus tasas de interés o sus aranceles; otras veces se realizan grandes ferias o exposiciones internacionales para que se conozcan perspectivas, posibilidades y facilidades de las ofertas de empresarios e industrias locales que desean abarcar mercados más amplios. Ejemplos como éstos, pueden ser elaborados por el propio lector.

 

Simplemente deseamos ofrecer algunas de las perspectivas que se utilizan como forma de buscar en un país su extensión fuera de fronteras o cuando la flexibilización de los límites virtuales son tales que pretenden abarcar mucho más dentro de ellos.

 

Pero hay una actividad de las últimas décadas que ha ido creciendo en forma impresionante y sus consecuencias económicas han hecho que las autoridades nacionales la impulsen y la desarrollen aún más: el turismo.

 

Las resultantes económicas en las balanzas de pagos de países que han apostado a abrir sus fronteras al turismo, profesionalizando y aprovechando sus corrientes de pasajeros,  han sido de mucho interés y con cifras nada despreciables.

 

En Uruguay, según extraemos del Diario de Montevideo "El Observador" (27 de diciembre de 1997), "el aumento a casi 2:300 turistas que visitaron el país en 1996, el ingreso bruto fue de U$S 599 millones, lo cual es la cuarta parte del total proporcionado por las exportaciones. Una década atrás, equivalía al 17,2% de las ventas al exterior. Este ingreso, representó un 2,3% del producto bruto interno del Uruguay. En otro ejemplo de la región del MERCOSUR, en Brasil, el turismo significa actualmente un 7,8% de su P.B.I. (U$S 44, millones) y el 9,1% del total de empleos (5,8 millones)."

 

Otro ejemplo, esta vez el de Francia, nos indica que está aumentándose la oferta turística hasta haber logrado la cantidad de 63 millones de visitantes en 1996 y 67 millones en 1997, colocándose como el primer país en Europa en cantidad de visitantes.

 

En este esquema de explotación del fenómeno turístico, cabe reconocer, junto con la Organización Mundial del Turismo (OMT) que se espera que se continúe dando el aumento franco de las corrientes turísticas: en 1949 viajaron 9 millones de personas, pasando a 200 millones en 1973. En 1990 viajaron 458 millones de personas y 600 millones en 1996. Según el informe de 1997 del Jefe de Estadísticas de la Organización Mundial del Turismo, no todos estaremos en condiciones de viajar, ni aún para la primera década del siglo en que entramos, no obstante lo cual se espera que para el año 2.010 un 7% del total de habitantes del planeta realicen algún viaje internacional. De esta manera, se estima, un total de 1.600 millones de turistas saldrán de sus países, gastando en ello unos dos mil millones de  dólares.1  

1- Esto supone triplicar la cifra de turistas de 1996 y quintuplicar el gasto turístico registrado en 1997. Estas informaciones han sido extraídas de "Viajes y Paseos" - Diario "El Observador" de Montevideo, Uruguay, del 7 de marzo de 1998.

El turismo en la región del bajo Río Uruguay.

 

Seguramente que las condiciones económicas, la aparición de nuevas franjas de consumidores, el mejoramiento de los medios de transporte, las aperturas políticas y las intenciones de integración física con tres obras binacionales sobre el Río Uruguay en la década de los ´70, fueron determinantes para una creciente apertura al mercado de playas uruguayas en el horizonte del esquema turístico de los argentinos.

La ciudad de Buenos Aires, con sus 13 millones de habitantes, ha ido sufriendo progresiva y alarmantemente rápido, las consecuencias de las grandes urbes: hacinamientos, contaminación ambiental, contaminación sonora en las ciudades, aumento del fenómeno del "stress", etc. lo que ha aumentado la "necesidad" de salir de la ciudad hacia los entornos naturales más cercanos.

Algunas obras de infraestructura, como los puentes sobre las islas del Delta del Río Paraná -desde antiguo anegadizas y difíciles de sortear más que por medios lentos como las balsas- y un túnel subfluvial (el llamado "Hernandarias") debajo del Río Paraná entre las importantes ciudades de Paraná y Santa Fe, ofrecieron posibilidades importantes para acceder a la mesopotamia argentina, la de los campos verdes de la Provincia de Entre Ríos. Como consecuentemente esta Provincia es la que limita hacia el este con la República Oriental del Uruguay, facilitándose los contactos por los puentes internacionales, la expansión turística desbordó hacia Uruguay, donde los números dicen de este aumento.

Tomemos solamente un año al azar: 1936. Ese año ingresaron al Uruguay 139.532 turistas. Diez años después las cifras estarán en el entorno de las 226.000 personas.

En el año 1976, cuando se han inaugurado dos de los tres puentes sobre el Río Uruguay, los turistas que llegan al país, serán alrededor de 492.000, la mayoría de ellos procedentes de Argentina. Y diez años después, la cantidad será de 1.272.000 y diez años más tarde serán 2.258.616 personas, con un 85% de dicho total procedentes de Argentina.

Para demostrar cómo incidieron en este crecimiento los puentes binacionales, digamos que solamente en los primeros cinco años de actividad del Puente Gral. José de San Martín que hemos tomado como referencia en párrafos anteriores, 2.750.000 personas utilizaron la obra para ingresar al Uruguay desde la otra margen, pasando el puente de ser el tercero al primer puesto en lugares de ingreso de turistas del país.

Hoy, la situación está de acuerdo a los mismos parámetros. Por Fray Bentos ingresa entre un 26 y un 32% del total de los más de dos millones de turistas con que cuenta Uruguay como movimiento anual de visitantes, llevando al país a límites de superioridad en Latinoamérica con casi dos turistas per cápita en el consenso anual.

La integración a través del turismo: una opción a no descartar

Reconocimos oportunamente que el movimiento de las corrientes turísticas es factor preponderante en la unión de pueblos y más que ello, una perspectiva económica que no debe dejarse de lado en el fortalecimiento de las economías locales basadas en producciones convencionales. Decimos producciones convencionales porque entendemos que existe un pensamiento, quizá pernicioso, en el sentido de apostar a hacer producir aparatos que muchas veces están vetustos o fuera de situación en la economía del actual mundo globalizado.

Tomemos por ejemplo este MER.CO.SUR. al que nos refiriéramos en algunos pasajes de esta nota. Las autoridades nacionales, a sabiendas de la problemática que pudiera significar -y significa en realidad - la potencialidad de las producciones de otros países vecinos en contra de las producciones locales, le piden a la gente, a las empresas, a los comerciantes y a los industriales que viren o encaminen sus pensamientos "a la reconversión", es decir a dejar de lado lo que ha venido haciéndose toda la vida, a cambiar a veces radicalmente los sistemas de vida, para encontrarse con soluciones más facilistas que encuentren el camino a través de la competencia.

Proponemos, sabedores de la potencialidad del turismo, que esta "industria" de servicios pueda ser un nuevo enfoque para enfocar nuevos horizontes ante el desafío de la integración.

La región que nos ocupa, tiene un "eje" central, un "hilo conductor" que es el Río Uruguay, a cuya vera se asientan ciudades de pequeño y mediano porte que albergan casi un millón de habitantes. Como hemos aceptado oportunamente al hablar de la historia de esta frontera y sus antecedentes, ciudades argentinas se enfrentan geográficamente a uruguayas, creando naturales "puentes" sociales, verdaderos "ejes transversales" imaginarios que pretenden indicarnos que hay un sustrato evidente en las posibilidades de integración.

El Río Uruguay, como elemento hegemónico, propone diversas actividades comunes de evidente poder atractor para el turismo, como los casos de la explotación de la fauna ictícola para la pesca deportiva y los grandes espacios de aguas tranquilas para los deportes náuticos. La diversidad de islas en la mayor parte del cauce, ofrece otra perspectiva para el aprovechamiento del entorno natural en el hoy llamado "turismo ecológico".

Los campos de ambas márgenes del río, fueron elegidos otrora para la creación de feraces estancias productoras de la riqueza agropecuaria de que son famosos en el mundo tanto Argentina como Uruguay. Numerosos de estos establecimientos, en una reconversión parcial, están apostando al denominado "turismo rural", donde se ofrecen variadas perspectivas al visitante para participar de la labor campesina en forma directa o como observador. Así, personas generalmente alejadas del entorno rural, pueden tener a su alcance como una interesante propuesta, ordeñar una vaca, arriar el ganado, participar de tareas culinarias, etc. o encontrarse formando parte de acciones muchas veces no vistas más que en los filmes televisivos como la "yerra" o marca de los animales, fogones criollos con "payadas", danzas y folkclorismos de indudable atractivo.

La región del Río Uruguay, formando parte del gigantesco acuífero que compromete regiones de Brasil, Argentina y Uruguay, tiene afloramientos artificiales de aguas de las profundidades que por ser aquellas calientes por la profundidad de que surgen (entre 1.000 y 2.000 metros), son denominadas "termales". Las características naturales de dichas aguas, con alto contenido de sales minerales, tienen comprobadas aplicaciones en la terapia de diversas afecciones y, además, proveen de un esparcimiento en las amplias piscinas que forman parte de las infraestructuras de los sitios habilitados.

A ambos lados del río, son espesos los montes de árboles autóctonos que forman especies de "galerías", muchos de ellos creciendo abundantemente también en las costas de ríos y arroyos menores que forman la cuenca del Río Uruguay. Ello también genera un atractivo singular, con sitios adecuados para la caza menor, la pesca y evidentemente para el sistema de campamento, habitualmente denominado "camping". Algunos de estos espacios, adecuados convenientemente, señalan otra forma de explotación de corrientes turísticas de aprovechamiento del período estival.

Las playas, muy particulares del Río Uruguay o de estos ríos adyacentes, han dado lugar a explotaciones muy profesionales cercanas a centros urbanos. La avidez por captar de forma más o menos definitiva a los usuarios, ha derivado en la instalación de centros poblados para vivienda estable o para fines de semana.

Beneficia la explotación de estos atractivos, a los que se agregan los eventos que producen las propias ciudades, la existencia de carreteras y caminería bien señalizada y de una extensión paralela al Río Uruguay. Las rutas 14 en Argentina y 21, 2 y 3 del lado uruguayo, aseguran una unificación de las ciudades y sus puntos de atracción, en lo que genéricamente se ha dado en denominar "el Corredor Turístico del Río Uruguay".

Hacia una imagen turística unificada.

Justamente, cuando reconocemos que existe naturalmente formado una especie de "corredor", pensamos cuán fácil se hace el traslado y la explotación organizada de corrientes turísticas.

No dudamos en anotar que cada centro urbano ha ido generando sus espacios propios, muchas veces separados y sin conexiones de explotación turística conjunta con otros de su mismo municipio. Han ido apareciendo en el esquema turístico regional, "nombres" de atractivos por separado que han tenido mayor o menor suerte en asentarse como atractores medianos y fuertes de los turistas regionales y extra regionales.

Para ser sinceros, en este panorama, lo que verificamos en la actualidad, es un divorcio entre los responsables de la explotación de los atractivos, que se mantienen con vigencia pero con propuestas y promociones específicas, sin establecerse un sistema de conexiones de los mismos por su cercanía, por su facilidad de conexión geográfica o por sus similares caracteres como atractores.

En el lado argentino, sobre la costa de la Provincia de Entre Ríos que da al Río Uruguay, se ha acentuado últimamente la organización de un "Corredor del Río Uruguay", que pretende la unificación de criterios para la explotación de la región en su conjunto, reconociendo en primera instancia que disponen de un cliente de la misma procedencia: la gran urbe de Buenos Aires.

De la misma manera, aunque en forma aún no establecida en los hechos, una "Coordinadora Turística del Río Uruguay" se ha intentado formalizar entre los departamentos de Artigas, Salto, Paysandú, Río Negro, Soriano y Colonia, que comparten entre todos este "litoral oeste" contra el Río Uruguay.

No deberá escapar a la perspicacia de los planificadores del turismo, que en los últimos años ha ido variando sensiblemente "la forma de hacer turismo" de la gente. Circunstancias económicas, de mejor aprovechamiento de los tiempos y los dineros destinados para las vacaciones, etc. han determinado un "acortamiento" de los períodos de éstas. Menos de una década atrás, grandes centros vacacionales surgieron al influjo de corrientes turísticas fuertes aunque minoritarias que se establecían durante períodos de 30 y 60 días en un solo lugar. Punta del Este, en Uruguay, es uno de estos casos típicos en el turismo nacional.

La variación a que hacemos mención, pone de manifiesto una restricción del tiempo de las vacaciones. Se sale menos tiempo y se procura visitar más lugares. O se aprovechan períodos vacacionales circunstanciales, como son los fines de semana comunes o los "fines de semana largos", resultantes de las decisiones de ambos gobiernos del Río de la Plata de "correr" determinados feriados que normalmente se dan entre semana para los viernes o los lunes. Con ello, se suman tres y hasta cuatro días en estos períodos, cuyo aprovechamiento por los turistas ha marcado un nuevo sistema en la utilización de los tiempos.

Los "escapes" de las grandes urbes hacia sus periferias, alentadas por la acumulación de problemas causantes del "stress" en el empleado o en la vida de los ejecutivos, es motivo cada día más frecuente de generación de corrientes turísticas. El economista Juan C. Píriz de la ciudad de Salto (Uruguay), en un estudio realizado, determina que 500.000 personas "se evaden" de Buenos Aires cada fin de semana. Píriz estima que "en la producción vacacional recreativa hay cinco millones de personas en Buenos Aires solamente, que acceden a medios de transporte particulares y están dispuestos a vacacionar fuera de la ciudad; los feriados largos salen dos y tres millones de personas y un fin de semana común, lo hacen 500 mil personas".

Para reafirmar aún más esta perspectiva creciente, se cree que esta cantidad irá en franco aumento y más concretamente hacia la región norte de Buenos Aires (Provincias de Santa Fe y Entre Rios y hacia el Uruguay), por la gran mejoría que están experimentando las autopistas de doble vía que se están finalizando para acceder a esas regiones, más un nuevo complejo sobre el Río Paraná que acercará a la sub región los consumidores de doa grandes urbes como son Rosario de Santa Fe y Santa Fe, propiamente dicha.

Hacia el reconocimiento de una realidad.

No es difícil imaginar pues, que existen las condiciones favorables para un crecimiento de las corrientes turísticas hacia la región que nos ocupa en un breve plazo.

Ello obliga a repensar el sistema de explotación turística que actualmente viene siendo aplicado en la extensa zona del Río Uruguay, que adolece, sin dudas de numerosos problemas, en especial de infraestructura adecuada en alojamientos y gastronomía como para ofrecer solución de servicios a estas masas turísticas ya en pleno auge.

Pero quizá el mayor problema que enfrenta la explotación turística regional es la incapacidad para trabajar en conjunto en la creación, difusión y explotación de una imagen turística común, con participación de todos los actores que son necesarios para ello.

No existe un concepto de "trabajo en conjunto" como para explotar entre todos lo que genera la corriente turística. Como autor, no como crítico, pensamos cuántas ciudades de porte pequeño o mediano podrían hacerse "una fiesta de turistas" con 47.000 personas si se les hiciera una oferta consensuada para que, una vez que abandonan su ciudad, en este caso Buenos Aires, lo hicieran por todo el fin de semana, visitando o aprovechando ofertas coordinadas, con circuitos turísticos que mezclen o complementen sus partes y con servicios de gastronomía y alojamiento también complementándose para dar un servicio decoroso. Pero no... gran parte -la mayoría- de estas personas hacen 500 kilómetros para ir a una sola ciudad a ver un solo espectáculo y regresan sin siquiera enterarse que, de quedarse, a sólo una hora más de camino, podrían haber disfrutado más y mejor la inversión de su viaje...

Este planteo, reitero, no es una crítica. Es la comprobación de una realidad como la que podrían hallarse en ciudades cuyos nombres pueden ponerlos los propios lectores. Porque en muchos sitios se deja de lado la perspectiva de un mejor aprovechamiento de la corriente turística por no hacer mayores y mejores ofertas. "El secreto del turismo es inventar cómo hacerle gastar a la gente su plata con gusto..." aprendí en un Seminario hace algunos años y creo que ello lleva a pensar con otra filosofía la parte económica que envuelve a este fenómeno.

Cuando alguien "sale" de vacaciones -por más cortas e insignificantes que ellas puedan ser- hace una inversión y no solamente de dinero. También pone su tiempo y el de su familia. Y hay veces que pierde aún más por los inconvenientes que siempre se sufre saliendo de casa (una panne del automóvil, por ejemplo). El planificador turístico, deberá pensar en esta circunstancia y, como si estuviera ofreciendo una propiedad, cuando más logre convencer al comprador que es lo que él necesita, más rápido y a mejor precio la colocará. En turismo, estamos ante circunstancias similares. Si por el mismo monto de dinero -ó muy poco más- y con la utilización del mismo tiempo puede conocer más y mejor de lo que tenía pensado en un principio, habría más ventas... y más cantidad de lugares visitados... y más beneficiados con el gasto turístico... y más turistas contentos.

¿Es imposible compatibilizar la integración con el turismo planificado?

 

Creemos que no... Simplemente hay que dejar volar la imaginación, abandonar falsos "localismos" y trabajar en consecuencia.

Los primeros pasos deben encaminarse hacia la creación de un consenso regional, con participación de los actores principales de la planificación y explotación del fenómeno turístico, insertando a quienes pertenecen al sector oficial (autoridades municipales, policía, policía caminera o de tránsito, prefecturas navales, etc.) y al sector privado (operadores como receptores turísticos, guías locales, hoteleros, gastronómicos, etc.). De inmediato, estimamos que sería esencial la búsqueda del "perfil" o la "marca" que identifica a la región en su conjunto. Y después, propender a dar a conocer la opción entre operadores de ciudades vecinas, captando a eventuales compradores de este producto.

Por supuesto que esta tarea revestirá en todo momento, la intencionalidad de integración de TODOS los elementos de la PLANTA TURISTICA REGIONAL, por lo que es necesario, en una instancia previa, realizar un completo sistema de información con todos y cada uno de aquellos. El uso de la informática, facilitará la tarea y permitirá con medios técnicos al alcance casi de cualquiera, disponer de la misma información para cuando sea necesaria integrarla a los datos locales o buscar un complemento para alguno de los requerimientos.

Los municipios (ciudades en el lado argentino) e Intendencias (Departamentos o Provincias del lado uruguayo) deberán realizar sus esquemas de actividades turísticas ya no pensando exclusivamente en la ciudad como unidad, sino a la zona circundante, para aprovechar, complementar y ofrecer mutuamente todos los espectáculos y eventos proyectados. Esta tarea, realizada en cada ciudad o zona, siempre que mantenga estas características, permitirá elaborar calendarios turísticos con programaciones coordinadas y complementadas. Será menester aprovechar la importancia de alguna de las actividades previstas, para que los municipios de los alrededores programen eventos menores que no sean competitivos, sino programados en tiempos que permitan a la gran masa turística que atraerá aquel evento importante, concurrir ellos antes o después de éste.

Hay un elemento básico en el turismo y que es la promoción y la venta del producto ofrecido. Seguramente la actividad consensuada y organizada en conjunto, tendrá mucho más valor que la suma de los programas individuales. Esta idea lleva de la mano a la elaboración de propagandas, afiches y promociones de índole regional, con lo que se es más expeditivo y se ahorran muchos gastos.

Las propuestas a los operadores de turismo en las ciudades que creamos conveniente utilizar para nuestra expansión, es decir para "sacar" clientes, tomarán con mayor gusto las propuestas de "circuitos" ya integrados con actividades en cada localidad que harán mayormente promocionables aquellas.

No debe perderse de vista la creación de los "circuitos temáticos" que involucran atractivos y lugares que llamen la atención en modalidades específicas. Suponemos, por los antecedentes que tiene la región, que el "circuito histórico de la Revolución Industrial", el "circuito de los vinos y los quesos", el "circuito rural", el "circuito termal", entre otros, tienen altas posibilidades de ser llamadores muy efectivos si se organizan visitando los atractivos de cada ciudad o zona en un recorrido guiado.

Tal como hemos mencionado oportunamente, la región del Litoral del Río Uruguay, considerando ambas márgenes, tiene una capacidad de creación de atractivos de diferente índole como para crear un perfil turístico que capte adherentes durante todo el año. Desde termas a estancias de turismo y desde playas con lugares de camping a sitios históricos, pueden ser utilizados en este sentido.

También hemos hecho notar en algunos párrafos, la importancia de la ubicación geográfica de este núcleo de municipios "de la costa del Río Uruguay". En un radio de 300 kilómetros, es decir el ideal para atraer visitantes por estadías cortas de dos y tres días, hay ciudades con más de 15.000.000 de habitantes potencialmente turistas en un alto porcentaje. Si las miradas de la promoción no se extienden hacia mercados "soñados" y se limitan en un principio a mercados "posibles", hay mucha gente y mucho trabajo por delante.

Dejamos para el final otra de las realidades del turismo receptivo: cubrir los servicios requeridos por el turista. Debe potenciarse un estudio detenido y concienzudo del contenido real de la planta y verificar que existan en ella todos los rangos y ramos de los servicios mínimos e imprescindibles.

La segunda etapa es lograr adecuar el funcionamiento y la disponibilidad de los servicios para el visitante, CUANDO ÉL LOS NECESITE y no con horarios " a la medida de cada ciudad" o de cada época, o de cada dueño de comercio...

La tercera etapa es la de perseguir la calidad en los servicios, para que éstos dejen convencido a nuestros usuarios y realmente reciban lo mismo o mejor que lo que se les propuso en las promociones.

Ya tenemos una realidad en la forma de comportamiento de los turistas en la constante evolución del fenómeno. La costumbre parecería ser estadías más cortas y conocer la mayor cantidad posible de atractivos.

Sigamos esa corriente y en lugar de que el turista elija al azar sus recorridos, planifiquemos las ofertas para que el visitante siga determinadas pautas, sugerencias y caminos pre concebidos. Eso dará oportunidad, por ejemplo, a los hoteleros manejarse con un "vaucher" por las estadías y a las Asociaciones de Restaurantes hacer otro tanto, asegurándose los turistas también para mañana y para pasado mañana.

El turismo, la prestación de servicios parece ser, sin ninguna duda, un futuro muy claro. También hay que aclararlo en las ideas y conceptos de quienes deben aprovechar esa corriente...

CURRÍCULO DEL AUTOR

René Boretto OVALLE es un investigador, historiador y estudioso de variados aspectos de la región binacional del Río URUGUAY.

Nacido en Fray Bentos (Uruguay) en 1947, se ha desempeñado en actividades de investigación arqueológica e histórica, siendo autor de la "Historiografía de la ciudad de Fray Bentos". En otros aspectos, ha dado a conocer sus estudios en eventos nacionales e internacionales.

En su faceta de investigador, ha profundizado últimamente en la materia preservación del patrimonio, habiendo participado de eventos mundiales en Canadá, Francia, Grecia y Alemania. En este sentido, Boretto es Corresponsal en Uruguay del TICCIH (International Commettee for the Conservation of the Industrial Heritage).

Debido a su actividad en el ámbito municipal, desempeñó en la Intendencia Municipal de Río Negro las direcciones de los Departamentos de Cultura y de Turismo, habiendo trabajando en la temática también como investigador. Ha desarrollado en este aspecto, importante actividad en pro de la integración transfronteriza, donde es autor de trabajos de estudios tendientes a la conformación del corredor turístico binacional del Río Uruguay.

Aprovechando su inserción en la temática de las comunicaciones, con el advenimiento de la internet, Boretto se ha convertido en un creador y diagramador de sitios web, muchos de ellos referidos al turismo regional, desde el punto de vista de la promoción y comercialización de los atractivos turísticos.

Rene Boretto

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