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El tema de la avaricia en la literatura
Hyalmar Blixen

El afán de obtener riquezas con el único fin de atesorarlas ha sido siempre condenado en el plano moral. Debe, desde luego, separarse claramente de la avaricia, la legítima apetencia de adquirir una posición holgada en el plano económico, pero tener en cuenta que el uso de los bienes implica una responsabilidad en el plano ético. Si el avaro es pobre, vivirá siempre suspirando por lo que no tiene, y si es rico recelará de ser despojado; de ahí el refrán: "el avariente rico no tiene pariente ni amigo", o "el avaro no se conduele de ajenas necesidades". Puede, por tanto, expresarse, que en todas las literaturas este execrable vicio ha sido fustigado, a veces pintándolo de manera satírica, y en otras en toda su desnuda fealdad.

LA AVARICIA EN EL TEATRO CHINO

Dentro de los miles de textos que los chinos han dedicado a los más diversos temas, utilizando el pincel, el papel o mismo las planchas xilográficas en las que grababan sus jeroglíficos, hay una pieza teatral titulada "Esclavo de las riquezas que atesora", en la cual se caricaturiza a un viejo que en el trance de morir, aconseja a su hijo que no gaste en el ataúd:

-"Hijo mío: conozco que se acerca mi última hora. Dime: ¿qué especie de ataúd me vas a poner?"

El hijo:

-"Si tengo la desgracia de perder a mi padre lo compraré el mejor ataúd de abeto que encuentre".

El avaro:

-"No hagas tal locura, la madera de abeto es demasiado cara. El que está muerto no distingue si la madera del ataúd es de abeto o es sauce. Detrás de la casa hay un dornajo (artesa que sirve para dar de comer a los cerdos o lavar cosas) es viejo y no puede ser más a propósito para el objeto".

El hijo:

-"¿Qué decís? Ese dornajo tiene más ancho que largo y no cabréis en él, siendo, como sois, demasiado alto de estatura".

El avaro:

-"Pues bien, si el dornajo es demasiado corto, ningún trabajo cuesta acortar también el cuerpo. Toma un hacha y divídeme en dos. Colocarás las dos mitades una sobre la otra y estaré allí divinamente. Quiero recomendarte otra cosa importantísima: no emplees aquella excelente hacha para ejecutar esa operación, sino ve y pide prestada la del vecino". (Excelente texto, tomado de la antología de César Cantú).

EL TEATRO GRECOLATINO

La avaricia no aparece explícitamente tratada en ninguna de las once comedias de Aristófanes que han llegado completas hasta nosotros, pero en "Pluto" trata el tema de la injusticia en el reparto de las riquezas; la razón de ello es que este dios se ha quedado ciego y entonces da los bienes, no al que los merece, sino a quien más se le acerca y adula. Curado, al pasar una noche en el templo de Asklepios (Esculapio) dios de la medicina, Pluto recobra la vista y de improviso quienes atesoraban por medios fraudulentos pierden sus ilícitas ganancias y éstas son dadas a los buenos ciudadanos. Pero la figura completa de un avaro no se ve allí.

El teatro latino, en cambio, nos proporciona un ejemplo valioso en la comedia "La aulularia", de Tito Marcio Plauto, cuya vida azarosa le debe haber dado una visión cáustica de la vida. El tema está dado por el hecho del encuentro de una marmita por cierto individuo, marmita llena de monedas de oro. Eso hace que ese hombre se vuelva avaro, se apasione por su tesoro y tema que cualquiera se lo arrebate. Plauto hace de este personaje una pintura notable y es una lástima que la comedia haya llegado trunca a nosotros. No obstante, Plauto se inspiró en la comedia "Dyskolos", de Menandro, ateniense, dicha obra influyó sobre "La Aulularia". En cuanto a Quinto Horacio, en la sátira II del libro hace que el campesino Ofelo advierta sobre los males de la avaricia. En otro pasaje expresa: "Si eres más rico que yo, tu vientre no absorberá por eso más aliento que el mío".

También Décimo Junio Juvenal, que en su sátira VIII había señalado que el linaje nada vale sin la nobleza espiritual, se refiere, en la IX, a la maldad que un avaro ejerce sobre Névolo.

LA RIQUEZA EN LOS EVANGELIOS

En Lucas, capítulo XVII se narra que viene un rico hasta Jesús y le pregunta: "Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?". Y Jesús le dijo: -"¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino Dios. Los mandamientos sabes: no matarás, no hurtarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre..." El rico contesta: -"Todas estas cosas he guardado desde mi juventud". A lo que replica Jesús: -"Aun te falta una cosa: vende todo lo que tienes y da a los pobres y tendrás tesoros en el cielo, y ven y sígueme". El rico se puso muy triste, porque, aunque virtuoso, no quería deshacerse de sus tesoros, ni aun al precio de su salvación, en la que creía. Y viendo esto, Jesús exclamó: -"¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!".

Estas ideas pasan a Dante. En el Canto I de "La Divina Comedia", el poeta se pierde en una selva oscura, que simboliza la vida pecaminosa y es acechado por tres fieras, una de las cuales es una loba; se ha sugerido, sin seguridad, que esta simbolizaría la avaricia. Sea esta o no la interpretación correcta, el caso es que los avaros están en el IV círculo del Infierno, entre los pecadores de incontinencia. Arrastran grandes piedras inútiles, como la riqueza a la que se aferraron, "pues todo el oro que hay bajo la Luna, y el que estas almas, junto han poseído no bastaría a redimir ni una".

Dejando atrás otros autores y saltando al silo XVII nos hallamos con la figura máxima, el prototipo de la avaricia: Harpagón, el protagonista de "El avaro", comedia de Molière.

Quizá no haya lector que no recuerde los pasajes clásicos de esta obra: siendo él un viejo y queriendo casarse con una jovencita, exige de ella, a la casamentera Frosina, que la chica le traiga dote. Frosina arguye que la dote de Mariana es su frugalidad: no come, no gusta de vestidos suntuosos ni joyas... Harpagón contesta: "Sí... pero ese no es dinero físico". Hay que recurrir al robo de la "cassette" en la cual Harpagón ha enterrado muchas monedas de oro en un lugar de su jardín, para que Harpagón estalle en una desesperación que el actor puede hacer trágica o cómica según lo desee. A condición de la devolución de la cajita con sus escudos, Harpagón consiente en todo lo demás.

El tema del avaro también ha sido tratado por Carlo Goldoni en dos obras: "L’avaro", "L’avaro fastuoso" y por Giovan Battista Faginoli en "L’avaro punito". En el "Brand" de Ibsen se pinta con colores trágicos la avaricia de la madre del protagonista, un Pastor luterano, que, de muchacho, recuerda una escena horrible: ha muerto su padre, ella buscaba en el colchón, desesperadamente, el dinero que éste tendría; al fin dio vuelta el cadáver y terminó por exclamar: ¿Así que eso era todo lo que tenía? Cuando a su vez la madre de Brand está por morir, espera que su hijo como sacerdote, la absuelva, pero este no puede hacer tal cosa si ella no entrega todo lo que tiene... Honorato de Balzac ha creado también, en el tonelero Grandet, una pintura magistral: en sus últimos instantes, al ver el crucifijo, sus ojos se reaniman, pero no por el símbolo que este encierra, sino por el brillo del oro del que está echo. Y recomienda a su hija al legarle la fortuna: -"Me darás cuenta de ella en el más allá". En cuanto a la novela "Bratja Karamazovi", Dostoievski, en el entrecruzamiento de problemas, muestra cómo el interés por el dinero del viejo avaro Karamázov hace nacer en uno de sus hijos, el deseo de que muera, aunque quien realiza el parricidio no es éste, sino Smerdjakov.

En fin, esto es para los actuales avaros de carne y hueso: ¿no será mejor ser generosos, para que quienes estén a su lado no piensen a veces, casi sin quererlo: "cuando Fulano muera?". Porque es triste adivinar, debajo de melosas sonrisas obsecuentes, la presencia de buitres.

Hyalmar Blixen
Diario "Lea" - Montevideo

21 de setiembre de 1989

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