Remansos en el río de la filosofía.
Hyalmar Blixen

De los comienzos hasta la Edad Media

Palabras iniciales

Antes de considerar ideas y pensadores, quiero decir que la filosofía, usando el mismo símil aplicado frecuentemente a la vida, es un camino a orillas de un río. Al avanzar junto a ellas, nos detenemos a observar paisajes: lagos, bosques, montañas.

En el transcurrir de la filosofía, desde el momento en que un hombre, ante un fenómeno de la naturaleza, en a más remota antigüedad, en vez de huir, como lo había hecho siempre, se puso a pensar: ¿Qué es eso? ¿Por qué vi encenderse y apagarse el cielo de noche y renacer de modo tremendo? ¿Quién rugió así desde la altura? Ese hombre dio un primer paso en el camino natural de la humanidad. El animal huye, o se esconde ante el rayo, o tiembla, pero el hombre, aun en su pavor imaginó algo, y a ese algo le dio un espíritu, y pobló lo que le ofrecían sus ojos de una floración animista y la desarrolló luego en un poético enriquecimiento de mitos y leyendas, porque fueron, en su modestia conceptual, hipótesis a desechar o confirmar de algún modo, a través de la aventura del pensamiento. Ese "junco pensante" como lo definió Pascal, comenzó a ser, poco a poco, un poco más que simple junco.

En esta primera parte de este río que llega hasta los umbrales del Renacimiento, me detendré delante de algunos pensadores y pasaré, quizá con pesar, más rápidamente ante otros. Cada caminante elige sus paisajes y ninguno quizá sea subjetivamente más atractivo que otro, pero el río de la filosofía se enriquece, se hace anchuroso y hay mucho que contemplar. ¿Desembocará en un mar o morirá en la ardidez de las arenas de un gran desierto? No sabemos qué pensará el hombre futuro.

Las mitologías crecieron hasta religiones; éstas se ahondaron en pensamientos filosóficos cada vez más profundos y de pronto una tercera hermana, la ciencia, vino a acompañarlas en su caminar.

He advertido que la inquietud filosófica no alcanza solamente a grandes maestros, pues a veces he oído palabras de los más humildes, casi iletrados, que al escucharlas, sin reflexionar su sentido, algunos se rieron. Yo me quedé callado y admiré lo que había dicho ese hombre, casi sin comprender él mismo las proyecciones de sus palabras.

Este libro abarca el pensamiento de hombres encerrados en sus vidas y en sus tiempos, en su medio histórico y geográfico, porque ningún hombre nace de la nada, ni una idea aparece si alguien lo la ha pensado. Y además ¿quién se atrevería, a veces, a asegurar si un pensamiento es pre- filosófico o filosófico?

Religión, filosofía y luego ciencia; tres caminantes que conversan siguiendo el curso de un río, en busca de un mar.

El Mundo Animista

Es difícil determinar cuándo el hombre creó, no un sistema de ideas rígido (y por ende, frágil, como acota Vaz Ferreira) sino un conjunto de ideas más o menos coordenado sobre el mundo, el hombre, la divinidad tutelar y sus obligaciones para con ella. Bastante antes se nota en varias sociedades restos de supervivencias animistas que son un intento de explicar el movimiento o la furia o bondad de las cosas que rodean a una tribu; a veces puede rastrearse esa concepción tan antigua y en otros casos ha sido ya olvidada. Es comprensible que el sol, la luna, el relámpago y el trueno, el terremoto, el volcán, el incendio de una selva, las fieras agresivas, todo eso haya despertado la idea de fuerzas superiores a las de algún modo hay que aplacar. Y con ello la conciencia primitiva de la pequeñez y desamparo del hombre. La divinización de animales aun se nota en algunas representaciones de deidades de antiguas culturas. En Egipto en tiempos faraónicos hay adoración de animales, como el buey Apis, la diosa Isis, que aun conserva los cuernos originarios de vaca, Anubis, el de cabeza de chacal, Toth, el escriba divino que tiene cabeza de ibis, A – mit, con su terrible forma de animal, el devorador de las almas reprobadas en el juicio de la balanza en la Sala de la Doble Maat, la Verdad y la Justicia, tras la confesión negativa. La misma mitología griega alude, a través de los epítetos que nos quedan en las epopeyas, rastros de alguna etapa animal, casa de Palas, la de ojos de lechuza, por citar alguno.

Los textos sánscritos, desde los Vedas, presentan ejemplos de endiosamiento de las fuerzas naturales a las que se les cantan himnos: Dayus, el Cielo, Indra, dios del Indraloka, que es uno de los Cielos; Surya, el Sol, Ushas, la Aurora; Ratri, la Noche; Vayú, el Viento; Panjanya, la Lluvia. En cuanto a los vientecillos, son la tropilla de los Maruts; Prihivi; la Tierra, Aranyani, la deidad de los bosques. Casi no hay cosa visible que no esté divinizada. La música celestial está dada por los ganharvas, aedas de los dioses, las apsaras, o bayaderas celestes.

Pero si se piensa que Asia o Europa presentan grandes y únicos ejemplos de animismo, dejemos aparecer a las grandes culturas americanas, donde tanta fuerza está divinizada, y vayamos al animismo de pueblos de escasa formación, los guaraníes, para citar un ejemplo cercano: El Sol es Cuarahug; el dios del Sol, Cuarahug – yara, Pintunguí, es la Tiniebla; amó es la esperanza, Mboraihú, el amor, Caarú, la tarde; Cabig – yara, el protector de la selva. El Cielo es el Ivaga; el país de la muerte es el Añareté; el Viento es Ibitpu; el rayo es Aratirí, Yíy, la Serpiente. Arco Iris, el planeta Mercurio es Pirapanema (voz tupí), la luna es Yací, divinidad que cura a los enfermos y los tristes, el bólido es yaguabebé, jaguar volador.

Si consultáramos la Teogonía de Hesíodo o el Sanchoniatón muchos otros ejemplos aparecían ante nosotros como divinizaciones de fenómenos descendientes de una etapa animista. A veces, animales son exhortados a luchar: Héctor habla a sus caballos Janto, Podargo, Etón y Pampo y les recuerda de Andrómaca ha cuidado de ellos y les ha dado trigo mezclado con vino y les pide un esfuerzo más en la batalla. A veces se habla con un arma o un utensilio de trabajo: en el "Kalévala", Illmarinen conversa con su martillo.

Los textos cosmogónicos y su correcta lectura

Un error que cambia el sentido de las cosmogonías radica en no darse cuenta que cuando en ellas se hace referencia a la tierra no se alude al planeta, sino a lo que los escribas llamaban tierra, es decir, al territorio que ocupaban y los de pueblos colindantes que conocían mal; eso era para ellos, el mundo. Cuando Yudhisthira conquista el mundo en el Mahabhárata, lo que logra poner bajo su mando es sólo la India con un centenar de principados. Cuando los "tairas" del Amazonas en un relato recogido por Brandao de Amorin dicen: "este sol nuestro" no tienen idea del planeta ni de su centro solar; creen que aparece allá por oriente y se esconde por occidente. Otras tribus lejanas tendrá su sol.

Estas confusiones se agravan cuando se comenta mal libros de religiones vigentes. Los diluvios sumerio, akkadio y bíblico existieron, pero no puede agregársele lo de "universal" porque no lo dice la Biblia; se le hace decir un disparate que no dijo. El diluvio fue un desbordamiento tremendo de la zona comprendida entre los ríos Eufrates y Tigris que ocurrió en la civilización de "El Obeid", antes de la llegada de los sumerios y cubrió una zona de treinta y cinco kilómetros de ambos ríos; en aquellos tiempos no había medios de salvataje y esa inundación estudiada por la arqueología, debe haber hecho estragos tremendos. ¿Cómo huir a pie de esa avalancha de las aguas? Las ciudades estaban a orillas de los dos ríos. Para los de El Obeid se cubrió la faz de la tierra. Ese pueblo no había inventado los signos cuneiformes; fueron creados por los súmeros que recogieron, llenándola de elementos fantásticos, la tradición oral que pasó a los textos semitas o akkadios. Es de suponer que cuando Abraham llevó a su gente desde Ur de los caldeos, llevó asimismo tradiciones que no hubiera podido hallar en el desierto. Importante no dar a Yahveh, dios tribal del pueblo hebreo, la categoría de dios universal; ellos mismos dicen "nuestro dios"; el dios de los enemigos de Báal, de los cananeos. El concepto que el ser humano no tiene hoy de una divinidad no tiene relación con aquel dios tribal del Génesis. Tampoco dice la Biblia que Adán y Eva sean los padres de todo el linaje humano. Yahveh con ellos ha fundado su pueblo elegido por él, para honrarlo a él. No dice que no haya otros seres humanos en la tierra. Los hay. Cuando Caín es echado de delante de Yahveh, tras su fratricidio, exclama: entonces, cualquiera que halle el desierto me matará. Y Yahveh le pone un signo de protección en la frente. ¿Por qué hacerle decir a la Biblia, en ese pasaje, lo que el texto no dice? Luego, de Adán y Eva nace un tercer hijo: Set. Los dos hermanos supervivientes se unen a otras mujeres cuyos nombres no figuran y surgen dos ramas dinásticas, o sea que había otras mujeres en otras tribus. El perjudicado fue el mismo texto bíblico. En todas las cosmogonías de muy diversos pueblos, la deidad tribal crea su pareja que procreará su tribu o pueblo.

Algunos pensadores del mundo helénico

La extensión del ámbito espacial de la filosofía helénica se amplió considerablemente con el tiempo. Originaria de Jonia y de otros lugares de Grecia y del sur de Italia, se extendió luego por el mundo humano y produjo gran floración de pensadores, lamentablemente conocido a medias y a veces casi sólo de nombre. Es que escribían sobre papiro y el material era muy frágil; de ahí que los libros del área de la arcilla, tras las excavaciones iniciadas hacia 1850 hasta la fecha, han rescatado las bibliotecas de los templos de esas ciudades bastante bien, porque el fuego producido en la toma de ellas no produjo daño a los ladrillos llenos de cuneiformes, que suman millares, tantos que no hay expertos en número suficiente para descifrarlos. Si hubiera estado escrita la Biblioteca de Alejandría sobre arcilla se habría salvado del incendio, pero los papiros ardieron irremisiblemente. Cierto que en climas muy secos como en Egipto se han conservado; y también en la zona del mar Muerto porque el papiro no había sufrido. Por lo tanto, la filosofía grecoromana se ha perdido en parte importantísima y fuera de Platón y Aristóteles que también no nos han llegado completos, hay que acudir a citas de otros que recogieron a su vez textos más antiguos. Y esto es una lástima, porque los presocráticos eran admirables. La escritura era conocida por los griegos desde tiempos muy antiguos, pues hay inscripciones de una escritura no todavía clásica, por lo menos cuatro alfabetos más o menos diferentes, de gran antigüedad, derivados de las inscripciones fenicias halladas en las islas del Egeo.

Otra filosofía, mezclada con ocultismo y ritos esotéricos, fue el orfismo. Orfeo fue un famoso cantor semilegendario; su poesía, su música amansaba a las fieras. En realidad, en la India, la música para amansar reptiles siempre estuvo en boga y luego por influencia india, entre los árabes. Pero Orfeo amansaba a todas las fieras y al morir su amada, Eurídice, bajó al Hades a rescatarla. Es una de las más bellas catábasis, pero Hades puso una condición; se llevaría a Eurídice, pero no podría mirarla mientras estuviera en esa región. Y estaba a punto de llevarse a su amada cuando perdido de amor por ella, durante un instante la miró. Ella volvió para siempre al fondo de Hades. Hay, pienso, una relación con otros mitos de las estaciones: en el descenso de Kur, de Innana (sumerio) en busca de Tammuz; su hermana, la diosa de la muerte, Ereshkigaal se reparte con Innana, el amor de Tammuz. Cuando tras la desaparición de la cultura sumeria surge la babilónica de origen akkadio, el mito es sustituido en parte; en vez de Innana, ahora la diosa de la fecundidad es Ishtar, la cual desciende en busca de su amado a reclamarlo a su hermana Anat; a cada morada el portero infernal le exige que entregue sus joyas y así va bajando; en la última morada, Ishtar tiene que entregar su túnica y queda desnuda delante de su hermana. Los annunakis, dioses de la muerte, la miran; sus ojos la hacen morir, y la cuelgan de un gancho. Pero entonces ha llegado el invierno, desaparece el deseo de procrear y por orden divina mediante el rescate que consiste en dejar a Atat, el amado disputado, Ishtar conforma subir, toma su vestimenta y sus joyas, y vuelve la primavera. El culto a Baal, cananeo, es distinto pero simboliza también las estaciones, y con otro argumento, los Misterios de Eleusis, el rapto de Porserpina, bien conocidos por todos como festividades relacionadas con las estaciones. El orfismo parece tener algún parecido dentro de diferencias con los misterios dinosíacos. Son diferentes mitos relacionados con los festejos de la primavera, dominados por las fuerzas de la naturaleza y especialmente el sexo, con procesiones fálicas y obligación de tener relaciones carnales, pues el no mantenerlas en esos días constituía una ofensa a la divinidad. Orfeo, desesperado por la muerte de Eruídece, desdeña a las ménades y éstas lo despedazan en un estado de furor exaltado por la embriaguez. Las ménades no sólo destrozan en múltiples pedazos el cuerpo de Orfeo, sino que lo devoran crudo, en un delirio que es una expansión de todas las fuerzas de su vitalidad. Y señala la íntima secreta y ancestral alianza del amor con el odio, que en el caso de Orfeo llega hasta loa omofagia. Es bastante grande el número de autores que aluden a la conmemoración de esos actos realizados en recuerdo de la omofagia practicada contra Orfeo. Multitud de mujeres, a la manera de las ménades se lanzaban sobre un toro y lo mordían, y con sus manos y uñas le despedazaban y comían su carne cruda y con ella mojaban árboles en forma de sacrificio y ofrenda a la naturaleza para que despertara la sangre de todas las cosas y todo reviviera. Orfeo, en vez de un toro, podía estar representado por cabritas. Pero los detalles entre místicos, en honor del sexo ultrajado por el desdén, se repitieron durante muchísimo tiempo.

En el fondo de esta barbarie se adivina una filosofía de las fuerzas de la naturaleza y si no parece así es que se piensa que la filosofía tiene que ser meditativa y estática, tal como es ahora mostrado por una sucesión de siglos de un poco más de moderación. El canibalismo femenino de los misterios órficos no debe confundirse con el canibalismo de tribus acuciadas por el hambre. Tiene en general otros motivos, en el caso de algunos pueblos de América prehispánica, aun los más cultos, el canibalismo era de un carácter heroico. Se comía a los grandes guerreros y el alma de éstos asistía a esos homenajes a su valor, porque no se practicaba con cualquiera. Cuando las costumbres cambian en Grecia, aún Aquiles, en el momento de matar a Héctor (canto XXII de "La Ilíada") le dice: "Si pudiera me comería tus carnes crudas". Y se ha interpretado como un acto de furor, y lo era, de odio, pero no podía hacerlo porque en la Atenas de los Pisistrátidas ese rito heroico estaba abolido, ya que el alma debía ser colocada en la pira, de acuerdo a los ritos indoeuropeos, para no sufrir castigos eternos. Una concepción tremenda de las fuerzas en batalla, de la vida, el sexo y la muerte.

Digno contraste con los ritos órficos se encuentra en los textos de Hesíodo, hombre religioso, dulce, paciente ante los exagerados males que sufrió por parte de su hermano. Se dedicó a trabajar el campo y a escribir "La Teogonía". Pero dice que las Musas se le aparecieron para invitarlo a poner sus dones poéticos al servicio de lo que consideraba verdad, no fantasía. Y Hesíodo comprendió que la verdad estaba en enseñar a los demás a cultivar la tierra, que de ella se sirven los hombres de bien, y así compuso su poema didáctico "Los trabajos y los días" en hexámetros dáctilos. Esta obra fue el primer poema de enseñanza de la consustanciación del hombre con la buena naturaleza, y habría que esperar a Virgilio para que realizara el milagro de superar ese amor al campo santificándolo con la labor de todos los días.

Los Vedas

Los Vedas son libros de cantares muy antiguos de los primitivos conquistadores indoeuropeos de la India. Tenían y tienen aún un sentido sagrado, pues fueron desde lejanas épocas textos revelados por Brahma.

Cuando los indoeuropeos penetraron la India, desde el norte, ya traían esos cantos a los que se agregaron otros. En esa época lejana no se cantaban en templos, pues no los tenían todavía, sino a plena naturaleza.

Se hacía una cerca, en medio de la cual se hallaba algún montículo, que servía a modo de altar y se buscaba que cada vértice se dirigiera a uno de los puntos cardinales. Un banco de césped amontonado; en él, se suponía, se sentaban los dioses para escuchar los cánticos y recibir las ofrendas del sacrificio, el cual no era sangriento, como el de otros pueblos, sino una ofrenda de manteca, típica de ese pueblo pastor que no quería matar los animales cuya leche bebía. También se ofrecía leche a los dioses.

Antes de afirmarse el brahmanismo, en vez de sacerdotes oficiaban el ritual, el padre de familia y la madre ayudaba; en cuanto a los hijos, eran los fieles y escuchaban los himnos védicos. Se trataba de un culto ingenuo, primitivo, pero grande y hermoso. Los sentimientos predominantes surgen del culto a las fuerzas de la naturaleza, que están divinizadas.

Se rogaba a los dioses por cosas materiales, como salud, preservación de los ganados, de las cosechas, etc. También se adivina en esos cantos el odio o desprecio al elemento indígena, de pigmentación negroide, contra el que luchaban los arios invasores.

Este culto primitivo del pueblo hindú era similar al de su hermano de raza, el iranio, que por esa misma época invadía el Irán, o Persia. Así los himnos de los Vedas guardan un cierto aire de parentesco con los poemas iranios de los libros "Vendidad" y "Vispered". Incluso la lengua sánscrita en la que están escritos los libros de la India, tiene aire de semejanza con el "zend", lengua irania, aunque poco a poco, con el correr de los siglos, se van diferenciando.

Los Vedas pertenecen a distintos autores y cada uno de ellos revela cierta predilección por un dios del panteón hindú. Así:

Wisvamitra, poeta de sentimientos guerreros, siente a Indra (dios del Cielo)

Wasishtja, su rival más señalado, siente a Agni (dios del Fuego)

Sunajsepa, siente a Varuna (dios del Espacio)

Hiranyastupa, siente a Surya (dios del Sol)

Kanwa y Gotana, siente a los Maruts (Vientos).

Hay un recopilador de los Vedas que la tradición, por no saber su nombre, le llama Vyasa (que precisamente significa "compilador" y del que solamente se conocen leyendas.

Clasificación de los Vedas

Aclaremos, previamente, que "Veda" significa, en sánscrito, una de las lenguas clásicas de la India, "ciencia", "conocimiento" o "sabiduría".

En el sentido amplio de la palabra, los Vedas son tres grandes grupos de escritos, a saber:

1 – MANTRAS (o Palabras sagradas)

2 – BRAHMANAS (o Comentarios del sacrificio ritual)

3 – SUTRAS (o Guías de ritual, derecho o ciencia)

Pero en occidente damos al nombre VEDA un sentido restringido, y lo aplicamos sólo a los Mantras. Vamos a adoptar ese criterio, por lo menos para este ensayo.

Los Mantras, pues, son cuatro colecciones (o Sanhita) de himnos, cantos, fórmulas de sacrificio y preceptos mágicos. Estos cuatro mantras son manuales de cuatro clases diferentes de sacerdotes que debían cooperar en el ritual sagrado. Sustituimos, pues, según el criterio occidental la palabra "Mantra" por "Veda" y tenemos:

1 – el Rig Veda. "Rig" viene de la raíz sánscrita "ritch", que significa "alabar". "Ritch" es el himno de alabanza y "rishi" es el poeta que compuso los "ritch".

Por la recitación del "ritch" (himno) el "hotar" (o invocador) llamaba a los dioses a participar en el sacrificio. Así, pues, el Rig Veda es una colección de himnos a las divinidades del panteón brahmánico.

Estos himnos son aproximadamente del siglo XIV antes de Cristo.

El Rig Veda tiene un total de 1028 himnos, los que en conjunto contienen 10600 estrofas. El Rig Veda está dividido en diez libros o Mandala, escritos todos en un sánscrito arcaico, o sea que no es el sánscrito clásico.

Respecto de la métrica, hay en esa obra quince tipos diferentes, con número fijo de sílabas, pero los dos tercios del Rig Veda adoptan uno de estos tres tipos dominantes: a) el de 3 x 8 sílabas, b) el de 4 x 11 y c) el de 4 x 12 sílabas.

Según otra colección de libros, llamada Puranas, el Veda es eterno, exhalado a cada Génesis del mundo por la boca de Brahma. Su divinidad es un artículo de fe, salvo para las religiones "jaina" y "budista", y desde luego para los lokayatas (o materialistas) que los hubo desde tiempos antiguos.

En uno de los himnos del Rig Veda hay un verso interesante; "cien años nos están destinados sobre la tierra"; podríamos compararlo con un versículo de la Biblia que dice "mas los días del hombre son ciento veinte años".

La religiosidad en el Rig Veda

Se alude y se canta a gran variedad de divinidades, pero hay tres que son más importantes, a saber:

AGNI (el fuego) adorado especialmente por los sacerdotes

INDRA (el cielo) adorado especialmente por los guerreros

SURYA (el sol) muy reverenciado por todos, pues calienta, fecunda, da color a las cosas, las hace visibles, es activo; en cambio, la noche estaba considerada a modo de un caos transitorio.

Pero por encima de estos dioses, que podrían ser manifestaciones de la naturaleza, en los Vedas se alude a un ser abstracto, que se llama de diversos modos: EKA (o UNO) ya que es la unidad de todas las cosas. También se le dice AJA (se pronuncia "aya" y significa "lo increado"). A veces se le dice AKSARA (lo imperecedero) y a ocasiones PARMA PADA (o habitantes de lo alto).

2 – El Atharva Veda, es el que en las colecciones sigue en orden al Rig Veda. Se trata de una recopilación de fórmulas y conjuros mágicos (o sea de "atharvan") que destruían la desgracia debida a errores eventualmente cometidos. Estos conjuros eran dichos por el brahmán o sacerdote.

Este segundo Veda es aproximadamente del siglo X antes de Jesucristo.

3 – El Iatchur Veda. Colección de fórmulas y plegarias dichas por el operador del sacrificio (oYAJUS, que se pronuncia "iayus") en el mismo momento en que se vertía el SOMA (o licor sacrificial).

4 – el Sama Veda. Está formado por cantos (o saman) con los que el Udgatar ( o chantre) acompañaba la preparación y ofrenda del sacrificio.

La literatura Vedanta

De los tres Vedas (ahora tomados en el sentido amplio que les dan en India, es decir, del que contiene los Mantras, Brahmanas y Sutras) derivan otros tres grupos de escritos, de contenido ritual y especulativo, que explicaban, complementaban o ampliaban los antes mencionados y que son:

1 – Brahmanas (Tratados teológicos que aclaran el uso correcto de los poemas y fórmulas. Hay muchos, según las escuelas diversas de base védica. Son el campo de batalla de los teólogos del Veda.

2 – Araniakas (significa, apropiado para la selva). Son textos para meditar en el tercer estadio de la vida: el primero es el de "alumno del Veda"; segundo es el de "padre de familia" y el tercero es el de "ermitaño" del bosque. Los tapas o ejercicios de austeridades suscitan a esta altura, el desarrollo de fuerzas místicas, pero son peligrosos para el no iniciado, pues pueden destruirlo si no está bien preparado para ello.

3 – Upanishad. Son tratados místicos destinado a legar conocimientos sobre la naturaleza del sacrificio, la divinidad, el mundo y el alma. La palabra "upanishad" significa en sánscrito "sentado cerca" (se comprende en el sentido de "el que está más cerca del maestro". Tienen la acepción de "doctrina secreta".

Texto del libro X del RIG VEDA (himno 129).

 

"Nada existía entonces; ni el Ser ni el No Ser.

No existía el espacio aéreo, ni encima de él, el firmamento.

¿Qué es lo que se movía poderosamente? ¿Bajo la guardia de quién?

¿Era en el agua, insondablemente profunda?

 

                            II

No existían, en ese tiempo, ni muerte ni no muerte.

No había signo que distinguiera la noche del día.

El Uno respiraba de su propio impulso, sin exhalar ningún soplo.

Y fuera de éste no existía nadie más.

 

                           III

En el origen, las tinieblas estaban escondidas en las tinieblas.

Este Universo no era sino una onda indistinta.

Entonces, por la potencia del Ardor, el Uno tomó nacimiento,

Vacío y recubierto de vacío.

 

                           IV

El Amor provocó el desarrollo original,

Amor que ha sido la primera semilla de la conciencia.

Inquiriendo en ellos mismos, los Poetas saben descubrir

Por su reflexión, el lazo entre el Ser y el No Ser.

 

                           V

Su cuerda estaba tendida transversalmente.

¿Qué es lo que estaba debajo? ¿Qué es lo que estaba encima?

Estaban los sembradores de semillas, estaban los poderes.

El impulso espontáneo estaba en lo bajo, el darse a sí estaba en lo alto.

 

                          VI

¿Quién sabe, en verdad, quién podría proclamar

de dónde nació, de dónde vino esta creación secundaria?

Los dioses nacieron después, por la creación secundaria de nuestro mundo.

Pero ¿quién sabe de dónde ésta misma ha salido?

 

                         VII

De dónde ha salido esta creación secundaria

Y si ella es o no objeto de una Voluntad

Sólo el Sumo Vidente de este mundo, en el más alto firmamento

Es quien lo sabe... si es que lo sabe.

Este himno, el número 129 del "Mandala" décimo del Rig Veda requiere algún comentario que acerque al lector a la profundidad del pensamiento inicial de los antiguos indoeuropeos que entraban poco a poco en la India.

Como en varias otras cosmogonías, el poeta parte de la existencia de una "nada" inicial. Sin embargo parecería, aunque el concepto no deja de ser vago, que para que exista el "No ser", antes tendría que existir el "Ser" y viceversa. De la nada se forman las cosas y vuelven a la Nada. En el segundo verso se afirma que no existía e Firmamento. En los pueblos antiguos, el Cielo y a veces varios cielos superpuestos, tenían consistencia, eran sólidas bóvedas pobladas de dioses. El tercer verso alude a la existencia de un soplo cósmico de origen desconocido, que en un deseo de explicar esa intuición del poeta con palabras más actuales, quizá se refiera a un movimiento ondulatorio o vibratorio desconocido por el autor, pero presentido.

En el verso cuarto el poeta filósofo se pregunta si ese movimiento estaba en el agua. Pero, ¿en qué agua? ¿En los mares de arriba? ¿En el mar tal como ahora lo conocemos? De cualquier manera, parecería que, como se sabe hoy el origen de la vida estaría en el agua. Pero en realidad, el autor del himno no afirma nada, sino más bien se deshace en profundas preguntas.

2do. Cuarteto

En el primer verso se afirma que no existía la muerte (Yama) porque no había hombres, ni la No – muerte, una forma de llamar a la inmortalidad, porque aun no existían los dioses. Los antiguos a veces se hacían esta pregunta: ¿era la noche o el día quien había precedido en el tiempo? Para el autor del himno filosófico que se comenta dicha cuestión no tiene sentido: simplemente no existían ni la noche ni el día. La razón debe resultar del nacimiento de Surya, el Sol, que separará luz de tinieblas. ¿Habría entonces una semi – oscuridad, una mezcla de ambas? Sólo sugiere preguntas que deja sin respuestas.

El EKA (el Uno) es decir, la Unidad Infinita (concepto que mucho después retoma Pitágoras) toma diversas formas y por ahora ha renacido en la de Brahma o mejor, Brajma, y respiraba sin que nadie lo hiciera respirar a él. Recuerda la teoría de los motores de Aristóteles. Cada cosa pone en movimiento o es motor de las que a ella están sometidas, pero hay un Primer Motor, que mueve todo sin ser movido. Los filósofos, al llegar a ciertas alturas científico – metafísicas, se abrazan y se abrasan en concepciones, no idénticas, pero sí, parecidas. Se hermanan en lo que el poeta filosófico armenio Eliseo Tcharentz llama "la angustia azul", es la enfermedad metafísica que hace sufrir al investigador, al cazador infructuoso de Verdades: "Nadie nos dio la angustia azul; es oscuro y grande el misterio; oscuro el infinito y viviente... ¡cuántas puertas cerradas y lejanas hay en ella!... "Y sin embargo la angustia azul no nos dio nada".

Y el Eka del himno védico no exhala cosa alguna de sí, ningún soplo y por lo tanto, no nace el Universo, porque para los indios de los Vedas, el mundo era una emanación del propio Uno. El Eka respira, pero por ahora, para sí, dentro de sí, sin desdoblarse todavía en cosa alguna.

3er. Cuarteto

La idea según la cual las tinieblas están escondidas en las tinieblas, como replegadas en sí mismas, deja de nuevo la duda de si son realmente tinieblas u otra sustancia cósmica más intuida que expresada científicamente; en realidad debe ser analizado en relación al verso segundo del cuarteto anterior.

Muy importante el verso tercero porque se refiere a la existencia de una onda indistinta, a una vibración cósmica, estado de actividad no perceptible por nadie si alguien hubiera existido entonces. Esa vibración cósmica es la primera manifestación del Eka. El verso tercero alude al despertar del Eka, quien toma nacimiento porque en el Universo, despertar es nacer y adormecerse la sustancia es morir. El Uno sale de la "pralaya". Despierta por la potencia del Ardor, concepto que si se transporta del plano filosófico al astronómico actual sería el de agujero negro y big – bang. Pero la traducción francesa de este texto ha omitido que el original en sánscrito dice, no "Ardor", sino "Tapas". Los Tapas eran ejercicios de austeridades tremendas que daban por resultado una inmensa fuerza mental que dominaba lo físico, por lo tanto hay que rechazar la idea de un parentesco con un "big bang"; en todo caso lo sería en el plano mental de la divinidad creadora, en su emanación universal.

El cuarto verso del tercer cuarteto presenta un problema derivado de la lectura del texto originario. La palabra "vacío" se escribe en sánscrito ABHU. Y la palabra "Potencial" se escribe ABHÚ, o sea de la misma manera, pero con acentuaciones algo diferentes; de ese modo, podría traducirse así:

"potente y recubierto de vacío" lo que es más lógico, porque esa sustancia divina o simplemente física pero divinizada no puede estar físicamente vacía ante el vacío exterior, sino llena de fuerza creadora.

Hay, sin embargo, argumentos aceptables a favor y en contra de ambas hipótesis.

4to. Cuarteto

El Deseo de crear (Amor) que en sánscrito es Kama y también Ananga se produce en la conciencia del Uno o Ekka. De aquél se producirá la semilla del desarrollo originario.

¿Quién sabe explicar esto? Sólo pueden hacerlo, según el autor, los poetas, cuando al inquirir en el fondo de su ser, pueden adivinar, intuir, (y de ahí que se los llamara "vates" ente los antiguos) por su captación de los lazos misteriosos que hay en el fondo de las cosas.

Hay, pues, una concepción intuicionista respecto del conocimiento; sólo la poesía puede llegar hasta lo Absoluto, allí, donde la mera reflexión del hombre racional no alcanza. De ahí que los poetas fuesen considerados divinos en la antigüedad. De ello también se comprende los versículos iniciales de "La Ilíada" y "La Odisea". Y aunque Platón despide y exilia a los poetas de su República, en el diálogo con Ión, reconoce su captación de los mensajes de la Divinidad, pues de lo que cantan nada sabe y su conocimiento no viene por la vía teorética o especulativa, sino por obra de las potencias de endiosamiento.

5to Cuarteto.

El verso inicial continúa el concepto anterior. Los poetas captan, en su pensamiento, la demarcación, por medio de una cuerda de medir (cuerda que aparece en otras cosmogonías) la separación de "lo de arriba" y "lo de abajo", es decir, de cielo y tierra. Vislumbran ahora a los "sembradores de semillas", es decir, de las fuerzas misteriosas que pueden crear la vida. Y el texto sugiere cierta interpretación sexual del mundo. Lo de arriba, que es el darse de sí, es lo masculino. Lo de abajo, o sea el impulso espontáneo, es lo femenino. La tierra concibe de las semillas, por eso es femenina. El Cielo, Sol, Lluvia, etc., engendran en la tierra, por eso son lo masculino.

6to. Cuarteto.

Pero más allá de la creación de la vida en nuestro planeta, por obra de las fuerzas masculinas y femeninas, antes de ello, existió la creación secundaria, el mundo fenomenal, al cual nuestros sentidos captan imperfectamente, es decir, como fenómenos. Esa creación fenomenal del Universo al cual hoy se le concibe cada vez más grande ¿de dónde proviene? Aquí el poeta se detiene, como desalentado, y ya no se anima a afirmar, como en versos anteriores e incluso se contradice en algo. O por lo menos, el pensador no puede saber cómo, de qué sustancia ha sido creado el Universo.

7mo. Cuarteto.

El problema último es saber si el Universo es el resultado de una casualidad. Lucrecio en "De la Naturaleza a las cosas" pensaba "que el mundo es el resultado feliz de la danza de los átomos". La otra hipótesis plantea, por el contrario si esta creación secundaria es algo querido, obra de una voluntad inteligente.

La respuesta a este problema está sólo en lo que diga el Sumo Vidente, en el Ekka. "Sólo él lo sabe... si es que lo sabe". Entonces el sabio se encuentra ante la duda que plantea la existencia, no ya de cómo y para qué está creado el mundo sino si el Creador es inteligente, consciente, o no lo es,. Y en caso afirmativo, ¿habrá querido crear al Universo? ¿O se escapó de su propio ser como una emanación impensada? ¿Cómo una prolongación no prevista por sí mismo, pero de sí? Parece que ante la tremenda grandeza de la problemática que el poeta ha levantado peldaño a peldaño, queda perplejo. Casi ha tocado lo Absoluto, pero no sabe qué es lo Absoluto.

Algunas aclaraciones que pueden tener algún sentido, pues es necesario abreviar:

La métrica el Rig Veda contiene en sus dos tercios una cantidad silábica fija, pero en particular, en buena parte de los himnos aparecen estrofas de tres por ocho sílabas, de cuatro por once y de cuatro por doce, esto da variedad y mayor eufonía.

Hay un verso a resaltar: "Cien años nos están destinados sobre la tierra". En la Biblia se lee: "Mas los días del hombre de hoy es muy diferente de la vida natural de un beduino del desierto o de un pater familiar que entonaba los himnos védicos junto a su familia, adornando la naturaleza y consustanciándose con ella.

Si en el texto sánscrito arcaico se nombra el principio creador con la palabra Ekka o Uno, no es la única designación. En otros versos se lo dice Aja (Aya) lo Increado, o Aksara (lo imperecedero) o Parma Pada (Habitante de lo alto).

Según los Puranas, el Veda es eterno, exhalado en cada Génesis por la boca de la Divinidad, que actualmente se llama Brahma. Se le considera artículo de fe, a excepción de los locayatas o materialistas, y las escuelas budistas y jainas.

El Manava Dharma Sastra o Shastra.

El significado de este título es el siguiente: Shastra es un tipo de libro. Dharma es la ley, el derecho, la justicia y aparece personificado como una deidad en las epopeyas, sea en el Mahabhárata, el Ramayana, etc. Manú es el autor y con la correspondiente declinación sánscrita, que difiere de la castellana y griega en la cantidad de los casos, sería Libro de las Leyes de Manú.

Manú era un antiguo legislador de la India, divinizado, pues la tradición lo hace descender de Brahma. Este dios se escindió en su parte masculina y su parte femenina para crear a Viradj, hijo pues de la dualidad Suprema. Por medio de un Tapas, Viradj engendró y dio también a luz a Manú, quien por eso recibe el epíteto de "salido del ser que existe por sí mismo". Hasta ahora han venido al mundo siete Manús sobre un total de catorce. El primero, padre del linaje humano, escribió este libro. Sobrevino un Diluvio tal vez el que se narra en el Mahabhárata y otro y este libro sagrado fue salvado por un pez divinal. Fue revelado por el propio Brahma y primitivamente constaba de cien mil shlokas, que son versos dobles, como los que se usan en la poesía épica sánscrita. Pero luego, para los humanos, se hizo un compendio de sólo 2685 shlocas, es decir, 5370 versos. El código primitivo quedó para lectura de los propios dioses. Todo este aspecto legendario le daba y da a los indios la idea de libro cuyas disposiciones no pueden ser objeto de discusión, salvo las escuelas que también cuestionaron a los Vedas.

Evidentemente el Manava Dharma Sastra es un libro muy importante y además muy bien escrito. Ciertamente no conformará en su texto ritual y jurídico el fondo de muchos de los preceptos, como tampoco conforma la legislación esclavista en Grecia y Roma en la que el esclavo no era una persona, sino una cosa. No puede juzgarse con un criterio actual una obra que comenzó a redactarse en el siglo II a J. C. Y concluyó de formarse en el siglo II después de Cristo.

Comienza con una exposición cosmogónica, algo así como un Libro del Génesis, luego reglamente el régimen de castas, alimentos y prohibiciones así como deberes de cada una de ellas. El libro séptimo trata de los deberes del rey, que pueden ser comparados con los de otro libro de la India, el "Kautillya – Arthásaska" pues ambos plantean los problemas de los libros 8 y 9, pues tratan de materia penal, civil e incluso procesal con la comprensión que debe tenerse respecto de criterios tan antiguos. La materia jurídica se divide en dieciocho pequeños capítulos, a saber: "deudas, depósitos, prendas, ventas sin derecho posesorio, contratos sociales, anulación de compraventas, litigios entre empleadores y asalariados, litigios por límites de propiedad, ofensas por vía de hecho, ofensas verbales, hurto, violencia, adulterio, deberes entre los cónyuges, sucesiones, juegos y apuestas. El libro 10 trata de las castas mixtas, el 11 de las ofrendas, sacrificios, clasificación de pecados. El 12, de las recompensas que merece el bien y los castigos para quien obra mal en las vidas futuras, pues se admite la transmigración de las almas hasta la liberación final. Aquí hay algunos enfoques filosóficos y también las partes jurídicas podrían ser estudiadas en vista de un pequeño aporte a la filosofía del derecho.

Lo que interesa para este estudio es la visión cosmogónica del redactor, es decir, el LIBRO DEL GÉNESIS.

A una pregunta hecha a Manú por "maha – rishis", o sea hombres de alto grado de santidad, el interpelado empezó a explicar cómo se formó este mundo actual:

"Este mundo estaba sumergido en las tinieblas, imperceptible, desprovisto de todo atributo, de todo distintivo, sin poder ser descubierto por el raciocinio, ni ser revelado; parecía sumido enteramente en el sueño".

"Cuando el término de la disolución hubo concluido, el Señor existente por sí mismo y que no está al alcance de los sentidos externos, haciendo perceptible este mundo con los cinco elementos y los otros principios, resplandecientes del más puro brillo, apareció entonces y disipó las tinieblas; es decir, desarrolló la naturaleza".

Este texto señala el despertar de Brahma, dormido en el período de descanso llamado "pralaya". Entonces, por la fuerza de su mente (en otras cosmogonías es la Palabra) decidió hacer emanar de su esencia las diversas criaturas. Creadas las aguas de este mundo (planeta) envió un germen de vida a las aguas, que se transformó en un huevo donde se alojó el espíritu vital, divino. Tras un año de Brahma, por obra de su mente, el dios separó ese huevo y la parte superior fue el cielo y la inferior, la tierra. En el medio colocó la atmósfera, las ocho regiones celestes y el depósito invariable de las aguas. En eso no difiere demasiado de otras cosmogonías, pero es de señalar que el tiempo de acción es muy superior al de ellas. Un solo día de Brahma equivale a 4320 millones de años humanos. A ese día de Brahma se le llama "kalpa". Treinta kalpas forman un mes de Brahma. Un año de Brahma equivale a 3.110.400.000.000 años humanos.

Otro aspecto interesante es la existencia de una teoría atómica. Hay átomos (llamados aquí "tanmatras" de los cinco elementos, que son éter, agua, fuego, aire y tierra).

El texto continúa de esta manera: "Y habiendo (Brahma) unido moléculas imperceptibles de estos seis principios dotados de una gran energía, a saber, los rudimentos sutiles de los cinco elementos y la conciencia o partículas de estos mismos fundamentos, transformados y tornados en los elementos y los sentidos, formó entonces todos los seres".

Brahma puso nombre a todos los seres y cosas, creó multitud de dioses esencialmente activos, creó los tiempos y sus divisiones, formó las cuatro castas.

Más adelante Manú expresa: "Después de haber creado así a este universo, y a mí, Aquel cuyo poder es incognoscible desapareció de nuevo, absorbido en el Alma Suprema, reemplazando el tiempo de la creación por el de la disolución, o sea, la "pralaya". En resumen, cuando Brahma se despierta crea un mundo; cuando, fatigado se duerme, ese mundo se disuelve. Un día Brahma contiene cuatro momentos, para el hombre, edades dada su longitud de tiempo; dichas edades se llaman "yugas" y sus nombres son Krita, Treta, Dwapara y Kali. El conjunto de esas cuatro edades es de 12000 años divinos o sea 4.320.000 años humanos. Cada mil edades divinas sucede una "pralaya" o noche de Brahma.

Respecto de los "yugas" expresa Manú:

"En el Krita – Yuga, la Justicia, bajo la forma de toro, se mantiene firme sobre sus cuatro pies. La Verdad reina y ningún hecho efectuado por los mortales procede de la iniquidad. Pero en las demás edades, por la adquisición ilícita de las riquezas y de la ciencia, la Justicia pierde sucesivamente un pie, y sustituidas por el robo, la falsedad y el fraude, las ventajas honestas disminuyen gradualmente una cuarta parte". "Ciertas virtudes son peculiares de la edad Krita, otras de la edad Treta, otras de la edad Dwapara y otras de la edad Kali. Son, por ese orden, la austeridad, la ciencia divina, el cumplimiento del sacrificio y en la última, sólo la generosidad".

Innecesario es decir que el mundo actual, desde hace siglos ha entrado en el período Kali, cuando el toro de la Justicia está sostenido sobre una pata y vacila. Cuando caiga, acontecerá una nueva disolución universal y sólo quedará, invisible, Brahma dormido.

El ciclo de Krishna.

Las fuentes principales para conocer algo a propósito de la vida, en su mayoría legendarias, y de sus doctrinas, responden principalmente a distintas fuentes: el "Vishnu Purana", el "Harivansha" y dos libros intercalados en la epopeya "Mahabhárata" que son "El incendio de la selva" y la "Bhagavad Gita" (o mejor "Guita"), es decir, "La canción del Señor".

Krishna nació en la ciudad de Mathura, hoy objeto de veneración por ese hecho. Vio la luz en un Kali – Yuga, o sea de descomposición del mundo, necesitado entonces de un Iluminador. El rey de ese lugar era Kansa, que pertenecía, o por lo menos era apoyado, por monarcas de las dinastías lunares. Para fortalecer su trono se alió con Kalayeni, rey de los ivanas (los de cara amarilla) sin duda de origen chino. La tradición legendaria hace de Kaleyeni un rey de las serpientes, las que se enroscaban en su cuerpo y cetro. El rey Kansa se casó con la hija de Kalaieni llamada Nysumbi, que dominaba, con sus artes mágicas al monarca de Mathura. Pero como no lograba tener hijos, realizaba sacrificios sangrientos sin resultado alguno.

El rey de Mathura tenía una hermana, muchacha pura, virgen, humilde, que pasaba su vida hilando. Los augures vaticinaron que ella, sin intervención del varón, daría a luz un hijo que sería heredero del reino y dueño de una concepción moral y filosófica que se expandería por el mundo. Aquí los textos nos ofrecen dos tradiciones: el padre sería el propio Vishnu o tal vez, según otra versión, Mahadeva, el Gran Dios.

En el fondo ambas personalidades divinas se confunden en una sola. Es de observar cierta similitud con aspectos de la vida de Jesús. Al conocer la profecía, Kansa mandó a matar a todos los niños de su reino pero el "purohita" o jefe sacrificador vio en sueños la crueldad para con ese niño, dio aviso a Devaki, la que logró huir y refugiarse entre los sacerdotes. Dekavi, entre ellos vivía en un estado de éxtasis, junto al Arbol de la Vida. Se le apareció Mahadeva y por su mera contemplación, concibió, virgen, al niño, al que dio luego a luz, es decir, a Krishna. Este vivió entre los pastores, era juguetón, alegre, gustaba de la danza y del canto, y atraía a las gopis (pastoras) que lo escuchaban embelesadas. Kakayeni le envió al más fuerte de sus reptiles, pero Krishna lo mató. Es un tema muy repetido, el combate del héroe y del dragón: Hércules, niño mata a dos serpientes que Hera le envía a su cuna; con sus manecitas apretó las cabezas de los dos reptiles. Los arios casi no conciben que el guerrero no mate a un dragón: en el Shah Namé, esa hazaña es realizada tanto por Isfandiar como por Rustem, hasta que el Destino los obligue a enfrentarse en un combate de tres días; en Grecia, Febo mata al Pitón, en la Edda de Shorri Sturlesson lo hace Sigund y en "Das Nibelung Not" hay una alusión de Hagen a Gunther en la que se le recuerda que Siegfrid ha matado a un dragón, sin olvidar la atribuida a San Jorge de Capadocia en la "Historia lonobarda" luego rebautizada con el título de "Leyenda Aurea".

Muchas acciones realiza Krishna, incluso entra como auriga de su tío Kansa. Nisumbí se enamoró de él en un episodio que se repite en la Biblia, con la mujer de Putifar, y en un cuento egipcio, el de "Anubis y Bata" (Los dos hermanos). Pero Krishna se detiene porque al mirar los ojos de la seductora, ve el Infierno. Tras el asesinato de Vashista por Kansa, es Krishna quien se convierte en jefe de la congregación de los anacoretas y renuncia a las hazañas bélicas como antes las del "Incendio de la selva" y su acción en calidad de auriga, en la guerra entre pandavas y kuravas por el reino de Hastinapura (Ciudad de los elefantes), en un alto de la cual transcurre el diálogo con Ardyuna conocido como la Bhagavad Guita.

Tiene el presentimiento de la necesidad de su muerte para ejemplificar su doctrina que ya ha sido bien difundida en la India. Dijo: "Es preciso que el hijo de Mahadeva muera atravesado por flechas para que el mundo crea en su palabra". Dio una orden mental a su voluntad de vivir y estaba en esa meditación cuando llegaron los guerreros de Kansa, lo ataron a un árbol y comenzaron a flecharlo. Al primer flechazo exclamó: "¡Vashisth! Los hijos del Sol han vencido". Tras la segunda saeta, dijo, recordando a su madre, ya muerta: "¡Madre mía radiante! Quienes me amen entren conmigo a la luz!". A la tercera: "Mahadeva Brahma".

Krishna y el Amor. Aunque amado por las gopis, a las que corresponde alegremente, a veces con cierta inconstancia, pues, a diferencia de Jesús, no mantiene la castidad, considera que por encima de los goces carnales debe existir, por alguna mujer, un amor purísimo, de tal modo que represente el ejercicio de la más alta espiritualidad; al el caso de Radhi, muchacha que nació ciega hasta que vio una vez a Krishna y se aclaró su vista. Conviene aclarar que los nombres femeninos de la India terminan en "i" y los masculinos en "a". En las traducciones castellanas se invierte, de modo que a menudo se dice Radha, cuando corresponde decir Radhi, como se dice Damayanti, Draupadi, cuyo padre era Draupada, etc. Radhi se convirtió en el símbolo del alma humana en su amor a los Infinito y la teología vaisnava que alcanzó su apogeo en Bangla Desh en el siglo XV, exigía que por sobre los amores carnales, el hombre debía, además, elevar su alma hacia un amor ideal, que no podía ser su esposa, porque tal caso habría lazos de carnalidad. Se pensaba que la práctica de ese amor llevada a la máxima elevación, ayudaba al alma a alcanzar su liberación e incluso su salvación. Señala Glasenap que ese amor "debe ser puro como el oro. Sólo aquel que ha sobrepasado todos sus bajos apetitos, que ha salido de las tinieblas de los instintos incontrolados puede esperar la salvación supraterrestre. aquel que ve en su amada una imagen de la divinidad eterna para quien ella es tan sagrada como las plegarias, etc.". A Krishna, Radhi se le representó en Rami, la Madre Universal.

Esta línea de pensamiento se ensanchó con Chandidasa, el poeta filósofo más notable quizá del siglo XV bengalí, autor del "Shri Krishna – Kirttana". Esas ideas pasaron, vía arábiga, a occidente, influyeron sobre la idealización de los trovadores, en las cortes de amor, en un Godofredo Rudel o un Bertrad de Born, pasaron a Dantesy antes a Petrarca y culminan en el Eterno Femenino, uno de los objetos que provocan la salvación del Fausto de Goethe, que no fue concesión al cristianismo como algunos críticos creyeron ver, sino producto de una corriente que nace en el Vishnu Purana.

Se analizará a continuación, dos textos fundamentales de la filosofía de Krishna, a saber: "El incendio de la selva" y "La Bhagaad Guita".

El incendio de la selva.

Este fragmento, que está ubicado en el canto primero del Mahabhárata, narra largamente al principio del mismo, las solicitudes que un rey Skvétaka ha hecho a los brahmanes, para que lo ayuden a realizar con ellos los sacrificios de manteca clarificada que los hombres piadosos hacían a las deidades. Shvétaka realizaba tantos, que los sacerdotes no lo podían acompañar y al fin, tras turnarse entre sí, se excusaron y se retiraron de su presencia aunque llenando al rey de alabanzas. Sólo le aconsejaron que fuese al monte Kailasa e impetrara la colaboración de Rudra, cuyo epíteto es el de "el Pacificador". Rudra le explica que los dioses no ayudan por sí mismos a los mortales a efectuar las ofrendas. Pero le dice que si Shvétaka puede hacer durante doce años sin auxilio de nadie esas ofrendas obtendrá de él (Rudra) lo que le solicite. Al fin de ese período Rudra, muy impresionado por la actitud piadosa del rey, le da por compañero a Duravasas, brahmán dotado de brillo espiritual. Este accedió a acompañar a Shvétaka y el larguísimo sacrificio, que duró años, fue concluido. Este rey piadoso subió luego al Cielo con la admiración de dioses y hombres. Es un simple exordio que prepara el tema central y que ha sido reducido a la mayor brevedad posible.

Pero Agni, dios del Fuego, es el Portador de las ofrendas a los dioses y al haber bebido durante doce años manteca clarificada se ha enfermado, se siente incapaz de curación, ha perdido su brillo y reconoce que se ha opacado. Recurre entonces a solicitar el auxilio de Brahma. Este le solicita que incendie la espantosa selva de Khandava, habitada por los rivales de las divinidades, que sirve de asilo a seres animados por la maldad y el espíritu de confusión. "Cuando hayas comido la grasa de esas criaturas salvajes en sus instintos, te curarás. Ve, pues, a consumirla con todo lo que vive". Agni, el fuego, intenta siete veces incendiar la selva de Khandava, pero los animales moradores de ella aportan agua e impiden que Agni cumpla su cometido. Indignado, impotente, volvió a Brahma, su ancestro. El Gran Dios le dijo: "Veo un medio para que hoy consumas la selva de Khandava; solicitar la ayuda de Krishna y Ardjuna (Vasudeva). Podrás entonces quemarla, aunque está protegida por treinta y tres dioses. Ellos dos impedirán la fuga de todos sus habitantes". Agni va hasta un lugar donde Krishna y Ardjuna reposan a la luz de Surya (el Sol) ha tomado la forma y vestimenta de un anacoreta y hace la súplica. (Agni, el fuego, es el señor que tiene por estandarte al Humo). Krishna solicitó a Varuna el arco, el carcaj y el carro que tiene en la bandera la imagen de un mono. Es de notable poesía la descripción del arco y luego de los caballos del carro, rápidos como el pensamiento. Ardjuna le hizo la pradakshina, el más ceremonial de los saludos, al arco y al carro. Recibió Krishna por su parte, de Rudra, un disco invencible, que también es objeto de descripción. La descripción de la batalla es tremenda y está a la altura de las del Ramayana, si lo las supera, pero es preciso abreviar. Indra, dios del Cielo, quiere defender la selva de Khandava y hace llover para impedir el fuego de Agni, pero Ardjuna, con su carcaj de flechas inagotables detiene millones de gotas de agua. Los seres incendiados parecían tomar formas de fuego. Al fin algunos animalitos suplicaron a Krishna que los perdonase, ya que los dioses que protegían la selva de Khandava huyeron uno a uno. Fueron perdonados algunos seres suplicantes, entre ellos cuatro pajarillos. Krishna juntó las manos en actitud reverencial, como si hiciera el ajali y absorbió el fuego.

Explicación de este texto en el plano filosófico.

Este combate tiene un doble simbolismo como hace notar Jean Herbert al comentarlo. Puede ser estudiado desde el punto de vista de la cosmogonía y casa uno de los seres, alrededor de veinte o más, omitidos en un afán de sintetizar son fuerzas cosmogónicas en pugna, presentes en la disolución del un kali – yuga, y terminación del mundo apariencial. La segunda interpretación es la de carácter psicológico. La selva representa el reino mental, regido por Indra, dios del Cielo. Pero las ideas de ese mundo mental analizadas, revelan discriminaciones, polarizaciones, oposiciones que traban una acción coherente, rivalidades que desunen, desorden de una dirección mental, todo ello simbolizado por esas fuerzas que combaten en el fondo del ser personificaciones de monstruos íntimos. En nuestra alma tenemos seres del bien, representados por los suras o devas, y del mal, ya sea los danavas o los asuras. Entonces Agni, cuyo simbolismo es, en este pasaje, el Poder consciente dotado de Voluntad, decide destruir esa selva de confusiones que hay en nuestro yo. Al principio no logra su intento porque nuestro albedrío se mueve entre fuerzas y opciones mentales demasiado autónomas. Estamos llenos de dioses internos y contradictorios y no aparece un criterio director y orientador. La selva es destruida y eso hace que nuestros demonios interiores huyan. Es decir, sobre el plan yoga, se pasa de la conciencia de "Maya", la Ilusión en que estamos sumidos, a una Voluntad firme y Divina, rectora de nuestro ser.

La Bhagavad Guita (La Canción del Señor).

Para situar el momento de este diálogo, débase señalar que el ejército de los Kuravas (o descendientes de Kuru) está enfrentado a los cinco Pandavas (hijos de Pandú) pues de la misma manera que el patronímico aqueo está dado por la posposición "ida": Néstor Nelida, Argamenón Atrida, Héctor Priámida, etc., en sánscrito se usaba la posposición "ava".

Los cinco Pandavas, Yudhisthira, Bima, Ardjuna, Nakula y Sahadeva se enfrentan a los primos, los cien Kuravas, por la posesión del reino de Hastinapura.

Pero en una detención de la batalla, que en total dura dieciocho días, Ardjuna siente desfallecimiento ante la muerte de tantos amigos y parientes que combaten en el campo opuesto y piensa que sería mejor abandonar la lucha y retirarse. Krishna ha tomado la figuración de un auriga o sea un guerrero. Es la tremenda batalla de Kurukshetra, donde han muerto héroes, hombres elefantes, caballos. Ardjuna piensa si vale la pena el ambicionar la participación en el gobierno de un reino a un precio tan elevado; quizá, opina, será mejor ser muerto que matar. Ese primer capítulo de los dieciocho que componen la Bhagavad Guita se conoce como "Desaliento de Ardjuna", da una idea de lo que es el ser humano, en esta vida, desde el nacimiento hasta la muerte. En esta batalla, la debilidad del hombre traducida en apegos a personas, cosas o situaciones, su servidumbre a hábitos y costumbres establecidas, lo llevan a inacabables trastornos. Por lo general el hombre es débil y sucumbe a las fuerzas groseras y esclavizadoras de su ser. Y así, las más altas obligaciones casi nunca son realizadas; el idealismo ético se deja de lado y día tras día naufragan los deberes que quedan inconclusos.

La batalla de Kurukshetra representa la lucha en nuestro "yo". Los pandavas, para el autor anónimo de este libro, constituyen la parte más elevada y noble del hombre, los kuravas, lo inferior, lo impuro que hay en él.

En el segundo capítulo, Krishna le explica la naturaleza del alma destructible y la diferencia entre el cuerpo físico y el espiritual que componen juntos, a un ser humano. Krishna trata de hacer reaccionar a Ardjuna por diversos medios, aun duros y le habla con firmeza: "Debes sentirte avergonzado. ¿De dónde viene esa cobardía dentro de ti? Tus enemigos te llamarán cobarde, te señalarán con el dedo. Dirán: "Huyó del campo de batalla. Ponte de pie y pelea" (en realidad no era cobardía sino compasión lo que sentía Ardjuna). Krishna comprende que la mente del héroe está agitada y ni puede razonar. Primero tiene que calmarlo, como puede leerse en este pasaje:

"Tú te lamentas por algo que los hombres sabios no se deben lamentar. Este es un fenómeno inevitable. Los sabios no se lamentan por lo inevitable. Todo lo que se crea debe desaparecer. Si tú crees que lo que muere es el cuerpo físico, pues el espíritu interno nunca muere ¿dónde está la razón de que llores? Como el que usa un saco o una capa, cuando se gastan se desechan. De la misma manera, el que habita un cuerpo, el que está vestido con esa envoltura física, sale de una y toma otra. A este espíritu, que es lo más profundo, lo esencial del Yo (Atman) las penas no pueden atravesarlo, arma alguna puede herirlo, ni fuego abrasarle, ni agua humedecerle, ni viento orearle. Es invulnerable, incombustible, impermeable, inoreable. Es perpetuo, difuso, incorruptible. Si así lo reconoces, no has de afligirte"... "Cada uno debe morir y cada uno vuelve a nacer. ¿Dónde está la causa para preocuparte? Estos seres vienen por un corto tiempo y desaparecen. Y al salir de esta manifestación, vuelven a la fuente originaria de la que procedían.

Al observar Krishna que Ardjuna se ha calmado, comienza su exposición de los principios fundamentales de la vida según el "yoga" y aun conceptos de otras escuelas. Debe tenderse al equilibrio, es decir al "Soga", renunciando a todos los apegos, sereno ante el éxito y el fracaso. La aflicción no depende de las obras sino de la apetencia del fruto que se espera de ellas, por lo tanto, no hay que renunciar a las acciones, no debe estarse inactivo, pero tampoco sufrir si éstas no dan el premio que el hombre creía merecer por ellas.

Algunos conceptos clarificadores:

Se rechaza en general, la doctrina de los Vedas. En el capítulo II versos 42 a 46 se expresa: "la misma utilidad que tiene una cisterna de agua en un lugar inundado de agua por todas partes, tanta utilidad tienen los Vedas para el brahmán que comprende la Verdad".

Luego explica su concepto de "yoga", es decir, de la Disciplina. Etimológicamente proviene de "yuj" (uncir), sujetar un buey a un yugo. Pero subyugación se aplica al dominio de sí mismo. Puede significar, según casos, unción del hombre con los sentidos, con sus aspiraciones a lo Absoluto. Los dos sentidos del "yoga" son: el poder de subyugar, sujetar, encantar; y asimismo, la acción y efecto de subyugarse a sí mismo.

En el Bhagavad Guita se plantea el problema de los modos de llegar al "yoga". Las variantes podrían ser, entre otras: la disciplina de la meditación sobre la divinidad, facilitada por la frecuentación de lugares solitarios, con búsqueda de la eliminación de pasiones: violencia, soberbia, posesión de cosas, ira. Es la opinión de Dhyana – Yoga. Otra vía de adoptar es la disciplina del conocimiento (samakhya) basada en métodos de razonamiento e incluso de acción. Abreviando, cabe la disciplina de la devoción (bhakti –yoga) de la acción (karma yoga), la de la renuncia (samnyasa – yoga), la del contralor sobre sí mismo (atmasan yama – yoga). En la Bhagavad Guita los métodos predilectos son una mezcla del "bhakti – yoga" y el "karma – yoga".

Ante esta invitación de Krishna a adoptar estos métodos responde Ardjuna: "Tu nacimiento, Krishna, es posterior, y el nacimiento del Visvavant es anterior. ¿Cómo, pues, tengo que entender que tú has proclamado esta doctrina?". La respuesta de Krishna es: "Yo he pasado muchos nacimientos y tú también, ¡Oh, Ardjuna! Pero yo los conozco todos y tú no los conoces".

No es lo mismo para este relato, la meditación de un hombre vital que la meditación ante la muerte evidentemente próxima, pues hay un tiempo para morir y no renacer y otro para morir, pero sujeto a un nuevo doloroso nacimiento. Y aquí se desarrolla la doctrina de las "hebras" (o cualidades de la naturaleza material). Así, si el alma va a la disolución cuando predomina la bondad, puede llegar hasta Brahma; si va a la disolución dominado por pasiones, renace entre los apegados a la acción y disuelto en el predominio de la oscuridad, se reencarna en matrices de los sumidos en la confusión.

El libro continúa desarrollando capítulos análogos y a la vez distintos, de gran riqueza espiritual, muy difíciles de ser comprendidos y aun sensibilizados en esta civilización occidental, prodigiosa en sus conquistas en los campos de la ciencia y la técnica, aunque se advierte una casi imperceptible aparición de muchos libros que indican la posibilidad por parte del hombre actual, de unir, en una síntesis difícil, pero no imposible, lo positivo de los mundos oriental y occidental, tarea tal vez del siglo XXI o más lejana aún.

Buddha.

Si se lee con atención la vida de Buddha, por Asvagosha, por ejemplo, se observará que el nacimiento de este ser de ética y filosofía profundas está rodeado, como es el caso de otros maestros, de una serie de elementos fantásticos, espléndidos desde el punto de vista poético o por lo menos literario, pero que serán omitidos en esta síntesis de hombres e ideas.

Hijo de un "radya" (o rajá) vive una vida de lujo y alegría durante su niñez, en un hermoso palacio, pues se le ha vaticinado a su padre, Sudyoddana (Arroz Puro) que el recién nacido Siddharta Gotama, podría ser un rey notable, pero si llegaba a considerar la existencia del dolor universal, renunciaría a todo y sería un maestro de excelsa doctrina. A pesar de los cuidados del padre para apartar al joven de todo pensamiento doloroso, la contemplación de la vejez, la enfermedad y muerte en un paseo que hizo fuera de su palacio, (cuando ya estaba casado con Yasodari y tenía de ella un hijo, Rahula), esa contemplación lo sumió en estupor y tristeza. Se sentó bajo la sombra de un árbol llamado gambú y allí comenzó su meditación sobre la existencia del sufrimiento en el hombre. Pensó que debía hallar una ley noble que explicara esto, renunció una noche a todo, incluso tras la contemplación silenciosa de su esposa e hijo dormidos, y se fue a la selva, a vivir como un ermitaño. Al despedirse de su auriga, le dijo, a modo de explicación: "¿Por qué te apesadumbras tanto a causa de mi separación? Tienes que dominar estos sentimientos de tristeza. Todas las criaturas quisieran persuadirme hoy que no deje a mis parientes y familiares. Mas dime: cuando yo muera ¿cómo me podrán retener? Mi madre querida (Maya) una vez que me hubo concebido, llevóme dentro de sí con trabajo y profundo cariño. Y nacido yo, murió ella y no pudo alimentarme. Muerta ella, vivo yo, habiendo tomado cada cual su camino ¿dónde podré hallarla ahora? Como los pájaros que en la espesura del bosque viven con su compañera, se congregan al atardecer entre las de algún frondoso árbol y al alba se van, cada cual por su lado, así son las separaciones de este mundo".

Realiza, pues, diversas experiencias; se convierte en un "bjiksuhu", un mendigo, es tentado por Mara, el Engaño, señor de los deseos ilusorios y resiste a esas fuerzas que lo acosan; en realidad, si se deja de lado la intrusión mitológica, es claro que ella tiene asidero real, pues representa su previa lucha interior. Cuando empieza sus prédicas, tras varias experiencias, recibe distintos nombres o títulos: Tathagata (el que ha venido, como sus predecesores – porque es el linaje de los Buddhas – que los hubo antes de él y los habrá después hasta veinticuatro, y que descienden voluntariamente del Nirvana para auxiliar a los seres descarriados); Bhagavad, que vale como señor, bendito o bienaventurado; Buddha (iluminado, despertado, esclarecido); Bodhistava (el que alcanzó la ciencia de la iluminación): son aquellos a los que no les falta ninguna vida más para entrar en el Nirvana; Sakya – muni; "sakya era una tribu escita a la que pertenecían los habitantes del estado de ese príncipe y muni vale como sacerdote, pensador o sabio.

Los escritos budistas están en conjunto, agrupados con el nombre de "Pitakas" (cestos de la Ley) escritos primitivamente sobre hojas de palmera convenientemente tratada, y el contenido se escribía con punzón y luego tinta. Su obra escrita es cuatros siglos posterior a los discursos, sermones y diálogos que le son atribuidos, pero éstos se transmitían por tradición oral. Fueron declarados auténticos por el Concilio budista del 241 antes de Cristo. En el año 80 se trocó la antigua lengua sánscrita por la pali, que no tiene demasiadas diferencias con la anterior, pero llegaba mejor al pueblo. Esos textos revisten tres formas fundamentales; diálogos consistentes en preguntas y respuestas hechas al Maestro, sermones, de éste el más famoso es el de Benares, pero notables aquellos que efectuó sobre la injuria, o respecto a los aniquilamientos, etc. También Buddha predicó en forma de parábolas, más extensas casi siempre que las de Jesús.

Buddha nunca creyó ser inspirado por dios alguno, sino un iluminado, que hablaba según su entender. Considera que el ser humano está atado desde que nace por su condición carnal y su ambición por cosas y su amor a seres. Si esto se pierde, sobreviene el dolor. Es decir, por el apego (upadana) el deseo (trisna) y en consecuencia por klesa (la pena). ¿Cómo lograr la liberación de todo eso?

Sostiene cinco reglas morales y otras secundarias, a saber: no matar, no robar, no mentir, no embriagarse, guardar la castidad, pero eso es sólo una base ética de su doctrina.

En cuanto al camino de salvación está separado de la religión: es ya una filosofía y una ética sino ateas, por lo menos independiente de los dioses: ningún rito, ninguna invocación a divinidades, si las hay, puede dar la salvación al hombre. Este se salva o se pierde según practique la virtud. Por una ley casi aritmética que es la del karma, si los actos buenos sobrepasan a los malos avanzará a una reencarnación mejor; de lo contrario, descenderá a una inferior. El hombre – dijo en una ocasión – puede elevarse poco a poco hasta Indra, dios del cielo, o alcanzar el destino de un gusano. No hay dioses que salven ni que castiguen. Esa salvación no depende de creer o no creer en dioses; incluso el ateo, si es virtuoso, se salva. Al cosmos no lo podemos conocer; no sabemos si el Universo es finito o infinito, ni si tuvo comienzo o existió siempre, si tendrá fin o no lo tendrá. Eludía una definición exacta de lo que entendía por Nirvana, pero intérpretes de sus doctrinas han tratado de interpretarlo de alguna manera: ¿Felicidad alcanzable en la tierra? ¿Liberación de las reencarnaciones? ¿Aniquilamiento de la conciencia individual en el alma colectiva? ¿Un cielo después de la muerte? ¿Varios de estos conceptos unidos entre sí? Pero aun así, aunque en la vida prime el dolor sobre el placer, que no siempre tiene que ser así, no tiene ningún sentido el suicidarse, pues se vuelve a reencarnar y sin duda en etapa más dolorosa.

Lo más interesante parece cederle la palabra al mismo Buddha sobre diversas cuestiones seleccionadas.

Hay un pequeño texto que tiene contenido cosmogónico: "Cuando en el círculo de formación del Universo aparecieron las primeras formas tangibles, del sol, la tierra y la luna, la Verdad se movía en el polvo cósmico y llenaba el mundo con una luz brillante. Sin embargo, aun no había un ojo para verla, ningún oído para oírla, ningún espíritu podía percibir su sentido y en los espacios inmensos de la existencia no había lugar alguno donde la verdad pudiese residir en toda su gloria.

"En el curso querido de la evolución, la facultad de sentir apareció, y nació la percepción por los sentidos. Esto fue un nuevo reino de luz espiritual, lleno de aspiraciones, con pasiones enérgicas de una fuerza imposible de abatir. Y el mundo se dividió en dos: y hubo placeres y penas, un yo y un no – yo, amigos y enemigos, odio y amor. La verdad vibró en ese mundo de sensaciones; pero en todas sus virtualidades infinitas no pudo hallar un sitio en donde residir en toda su gloria".

"La razón surgió luego, en el combate por la vida, y comenzó a guiar el instinto del yo"... "luego envolvió más y más a los seres vivos en las mallas de la lujuria, del odio, de la envidia, etc.". "No hay lugar para la verdad en el razonamiento, pues es una espada de dos filos y sirve tanto para el odio como para el amor". Sin embargo "La verdad es el fin y el objeto de toda existencia y los mundos nacen para que la verdad pueda llegar a residir en ellos. Los que no aspiren a la verdad faltan al objeto de la vida".

Buddha, como fue corriente en los orientales, habló frecuentemente en forma de parábolas, y preguntado por ese sistema de exposición, dijo;

"He enseñado la verdad, que es excelente en el comienzo, excelente en el medio y excelente en la conclusión; que es gloriosa en su espíritu y en su letra. Pero sencilla como es, el pueblo no puede comprenderla. Debo hablar su lengua y adaptar mis pensamientos a sus pensamientos. Los hombres se asemejan a los niños y gustan oír cuentos. Por eso les diré historias, a fin de explicarles la gloria del Dharma. Si no pueden comprender la verdad en sus argumentos abstractos, por los que la he conquistado irán al menos asirla si se les explica por medio de parábolas".

En otro orden de ideas, Buddha rechazaba el orden de castas impuesto por el "Manaba Dharma Sastra" y presente en las epopeyas; consideraba que todos los hombres eran susceptibles de ser tratados en distintas categorías según sus virtudes y obras; un paria que trabajara y fuese persona de bien era más brahmán que un brahmán perverso, avaro e hipócrita; de ahí el contenido de esta parábola:

"Sharadvaja, un rico brahmán, celebraba su sacrificio de acción de gracias por la cosecha, cuando el Bienaventurado, con su cuenco de limosna en la mano, fue a mendigar su alimento. Algunos del pueblo le manifestaron respeto, pero el brahmán estaba colérico y le dijo:

"¡Oh, sramana! (asceta que vive bajo la regla de un voto). Más te valdría trabajar que mendigar. Yo he labrado y sembrado, y cuando he labrado y sembrado, como. Si tú haces lo mismo, también tendrás qué comer".

Entonces, el Tathagata, dirigiéndose a él, le dijo:

"¡Oh, brahmán! Yo también labro y siembro, y después de labrar y sembrar como".

"Pero, ¿pretendes ser tú un labrador? Entonces ¿dónde están tus bueyes? ¿Dónde tienes la semilla y el arado?"

Y el bienaventurado dijo: "La fe es el grano que yo siembro, las buenas obras son la lluvia que las fertiliza. La sabiduría y la modestia son el arado. Mi espíritu es la rienda que guía. Mi mancera es la Ley. El celo, el aguijón de que me sirvo. El esfuerzo es mi buey de tiro. Y esta labor se hace para destruir las hierbas de la ilusión. La cosecha que se produce es la vida inmortal del Nirvana y así se terminan todos los dolores".

El brahmán trajo un plato de oro y en él virtió el arroz y la leche y lo ofreció al Bienaventurado, diciéndole:

"Que el Maestro de la humanidad se digne aceptar este poco de leche y arroz, porque el venerable Gotama labra un fruto que da la inmortalidad.

Para Buddha, cualquier hombre colérico, perteneciera a la casta que fuese era digno de ser considerado paria, así como todo el que practicara el bien debía ser brahmán. Son las obras, no el nacimiento quien debe categorizar a los hombres. Y lo decía uno que era hijo del rey.

Consideraba también que la vida es trabajo, preocupación por todo lo que nos rodea y en cambio desdeñar la ostentación de riquezas que pueden ser inútiles. Y tenía razón, según el hecho siguiente:

"Un rico brahmán, bastante viejo, sin pensar en lo perecedero de las cosas terrestres, y contando con una vida dilatada, estaba construyéndose una gran casa. El Buddha envió a Ananda (su primo y principal discípulo) a preguntar a aquel rico, por qué construía una casa con tantas habitaciones y a predicarle las cuatro excelentes verdades (la del dolor, la del deseo, causa del dolor, la forma de hacer desaparecer el dolor, y el sendero que conduce a la cesación de la causa del dolor), así como el óctuple sendero de la salvación. El brahmán le enseñó su casa y lo que iba a poner en cada una de sus habitaciones, pero no escuchó la explicación de las enseñanzas del Buddha".

"Ananda reflexionó: Es costumbre de los locos decir: Tengo hijos y soy rico. Quien habla así no está en sus cabales. ¿Cómo puede pretender poseer hijos, riquezas y esclavos? Muchísimas son las preocupaciones de los mundanos, pero no saben nada de las vicisitudes que les reserva lo por venir".

Apenas había salido Ananda, cuando el viejo, herido de un súbito ataque apoplético, murió. Y el Buddha dijo: "Un loco, aunque viva en compañía de sabios, nada comprende de la verdadera doctrina. Es como la cuchara, que no gusta el sabor de la sopa".

Análogo sentido tiene la parábola del ciego de nacimiento; cree que no hay sol ni luna ni estrellas, basado en que nos las ha visto: Jallaluddim rumu, el grande contra la escuela sufi de los persas, recogió esta reflexión del Buddha en su Masnavi".

El Bhagavad no creía como se ha expresado, en la cantidad de oraciones de los brahmanes; las suponía inútiles si no estaban respaldadas por una vida pura. Y además, sin haber visto a Brahma ni saber nada de él, construían una doctrina. A ellos les dedicó estas parábolas: la de la escalera puesta en una entrecruzada de caminos, y la de la orilla del río. En el primer caso, preguntó a dos brahmanes si éstos o alguno de los Maestro de esta doctrina o lo los autores de los Vedas habían visto a Brahma faz a faz, y recibió la respuesta negativa. Entonces dijo: "Esto es como si en medio de la plaza donde se cruzasen cuatro caminos un hombre construyera una escalera para llegar a una casa. El pueblo le preguntaría: ¿Dónde está, buen amigo, para subir a la cual habéis construido esta escalera? ¿Está al su, al este o al oeste? ¿Es baja, es alta o es regular? Y a estas preguntas respondiera: "No lo sé". El pueblo le contestaría: "Entonces habéis hecho una escalera para salir a un sitio que no conocéis, ni habéis visto?"... Así "los brahmanes deberían decir: "Nosotros os mostramos el camino hacia esa unión con eso que no conocemos, porque no lo hemos visto. Y si tal es, en sustancia la tradición brahmánica ¿no es también vana su tarea?

La parábola del río planeta el tema de las oraciones hechas por pecadores. "Suponed ahora – dijo Buddha – que un hombre llega aquí al borde de un río que quiere atravesar. ¿Creéis que suplicará a la otra orilla que se acerque, y que se acercará por sus oraciones?" – "Ciertamente no, Gotama". – "Eso es, sin embargo, lo que hacen los brahmanes. Descuidan practicar las cualidades que son propias de un brahmán, y dicen: Te invocamos. No es posible que por la sola virtud de sus invocaciones, rezos y loores esos brahmanes vayan, después de muertos a unirse a Brahma. Decidme, además: los brahmanes ¿están exentos de vicios?" – "No señor – le contestaron". Y dijo Buddha: "¿Cómo pueden unirse con lo que es tan diferente a su naturaleza".

El Bhagavad despreciaba a los tiranos y una vez tuvo la ocasión de dar una lección al respecto, con la parábola del perro hambriento. "Hubo una vez un rey que oprimía a su pueblo y era odiado de sus súbditos. Pidió a Buddha que le contara una historia que a la vez de entretenida fuese instructiva. Buddha le narró la parábola del perro hambriento.

"Había una vez un tirano de gran crueldad. El dios Indra, bajo la forma de un cazador, descendió a la tierra con el demonio Matali; éste afectaba la figura de un perrazo terrible. En el palacio, el perro se puso a ladrar tan lastimeramente, que el real edificio, a su voz, se conmovía hasta sus cimientos. El tirano preguntó al cazador la causa de los aullidos del animal; la respuesta fue: tiene hambre. Asustado, el rey ordenó que se le diera de comer. Toda la comida preparada para el festín real desapareció en las quijadas del perro, que aullaba siempre de manera terrible. Se buscó más comida hasta que los graneros reales quedaron vacíos. Desesperado, el tirano, entonces preguntó: ¿No hay nada que pueda satisfacer el apetito de esta horrible bestia?. Nada, respondió el cazador, como no sea la carne de todos sus enemigos. ¿Y quiénes son? Preguntó el tirano. "El perro ladrará mientras haya hambrientos en el reino; sus enemigos son esos que ejercen la injusticia y oprimen a los pobres". El opresor del pueblo, acordándose de sus malas acciones, sintió remordimientos y por primera vez comenzó a hacer actos de justicia. El Tathagata afina los oídos espirituales de los poderosos. Si oyes ladrar al perro puedes aprender todavía a calmar al monstruo".

Hay cuatro cánones budistas fundamentales: el pali, el de Tibet, el de Nepal y el de China. Cada uno de ellos contiene muchas obras reputadas sagradas por los fieles. Así, a vía de ejemplo, el canon pali o Tripitaka está compuesto por una serie de textos diversificados en tres grandes grupos: Vinaya (o Disciplina) Sutta (o Doctrina) cuyo contenido está expuesto esencialmente en diálogos, y Abhhidhamma (donde está la metafísica). Uno de los más famosos textos del budismo es el Dhamapada (o Sendero de la Ley) compuesto por sentencias de contenido moral, aunque no todas aceptables para la manera occidental y vigente. Consta de 425 versos y es uno de los 15 Nikayas menores, que constituyen el segundo grupo o sea el de los "suttas".

Buddha aconsejaba un vida sencilla, pero prohibía, a sus discípulos el hacer milagros con uso de la magia. Uno de sus discípulos, Kasyapa, ponía un cuenco de madera sobre un asta elevada, y juntando las manos, lo hacía descender; tal vez fuera alguna forma de ilusionismo. Cuando Buddha lo supo, se dirigió hasta donde estaba la multitud reverente, rompió el cuenco de madera e hizo al alumno una amonestación. En otro momento declaró: "Un discípulo no debe vanagloriarse de ninguna perfección humana. El que con mala intención o por avaricia se gloría de poseer una perfección sobrehumana, ya sean visiones celestes, ya milagros, no es mi discípulo".

Una vez le preguntaron: "¿A quién puede llamársele hombre fuerte?". Y él contestó: "El hombre pacífico es fuerte, porque ha vencido al yo y toda la vivacidad del yo. Está tranquilo, resiste inmaculado". Y cuando le preguntaron a quién podía llamársele sabio, agregó: "Al que ha conseguido la visión interna de su propia naturaleza; al que guarda su espíritu al abrigo de toda mancha del egoísmo y lleva una vida de verdad". Y en el Dhammapada añade: "Así como la abeja recoge el néctar y se aleja sin estropear la flor, ni en su color ni en su perfume, así habita el sabio en su ciudad". Ese mismo egoísmo, base de nuestra vida, lleva, según Buddha, a no ver las faltas propias, pero a tener los ojos abiertos para ver las ajenas. Uno distingue perfectamente la falta de otro, pero no puede ver la suya; el hombre avienta las faltas del otro como menuda paja, pero disimula las suyas, como el tramposo que juega a los dados".

En uno de los Suttas se narra que un malvado quiso probar si efectivamente Buddha devolvía bien por mal, como lo predicaba; así fue a verlo y lo insultó. El Maestro de la "no violencia" quedó silencioso, mientras el malvado se desataba en insensateces, lleno de compasión por su locura". Luego le interrogó: "Si uno rehusa a aceptar el presente que otro le hace ¿a quién corresponde el don? Y el necio respondió: "Al que lo ha ofrecido". "Hijo mío – respondió Buddha – me has injuriado pero he rehusado aceptar tus injurias y te pido que te las guardes para ti. ¿No te resultarán una fuente de mal? Así como el eco pertenece al sonido y la sombra al cuerpo, del mismo modo el mal consumirá al autor del mal". El insultador permanecía callado y Buddha añadió: "Al malvado que menosprecia a un hombre virtuoso aseméjase al que levanta la cabeza y escupe al cielo; su saliva no mancha las alturas, sino que cae y mancha a su propia persona".

Equivocadamente se pensó que la doctrina budista tendía a la no – acción, que dejaría indefenso al bueno. No es así, cuando un general Simha le explicó que como militar debía defender a su reino y matar al agresor: "¿Afirmáis que toda lucha debe prohibirse, incluso la guerra emprendida por una causa justa?". Buddha respondió, según el Mahavagga: "El que merece castigo, debe ser castigado; y cierto es que predico no hacer daño a ningún ser existente". Estos principios no son contradictorios, porque quien es castigado por los crímenes que a cometido, padece el mal, no por consecuencia de la maldad de juez, sino de sus malas acciones. "La lucha debe existir, porque toda la vida es una lucha en algún modo. Pero el combatiente debe guardarse de pelear en interés de su "yo" contra la verdad y la justicia. Quien lucha por un interés egoísta, para ser más grande, más poderoso, más rico o más célebre, no tendrá recompensa, porque el combate por la verdad y la justicia la alcanzará, porque aun su derrota llegará a ser una victoria"... "Quien va a la guerra ¡oh Simha! aun siendo por causa justa, debe esperar ser muerto, porque éste es el destino de los guerreros y si el destino le es fatal, no hay razón para quejarse de él. Pero el que quede victorioso debe recordar la inestabilidad de las cosas terrestres, pues la rueda del destino puede girar y sumergirle en el polvo. Sin embargo, si el victorioso se modera y acercándose a su enemigo vencido le dice: "Ven ahora; hagamos la paz y seamos hermanos" alcanzará una victoria que no será un triunfo pasajero porque sus frutos durarán eternamente".

Cuando, moribundo, sus discípulos se acongojaban, los consoló: "Puede, Ananda, que alguno de vosotros piense que no tendréis más Maestro. Es verdad que no volveré a tomar cuerpo, porque todo dolor ha sido destruido por mí, pero si Siddharta muere, el Buddha queda. Trabajad con ardor por vuestra liberación". Esta fue su última palabra. Cayó en una meditación profunda y habiendo perdido la conciencia, murió suavemente.

Lao Tzse.

Es preciso confesar que libros tan importantes como los de Lao Tzsé y Kung – fu Tzsé (Confucio) no pueden estar al principio de la tradición intelectual de un pueblo, sino que responden a una larga serie de escuelas de pensamiento, que desde tiempos imposibles hoy de precisar, aun entrando en esa selva intrincada, tupida, que son los cinco volúmenes de "Les memoires históriques" de Sse Ma Ts´ien, traducidas y anotadas por Eduard Chavannes, editadas por disposición de la UNESCO en 1967, quien lee esa obra se encuentra más desorientado respecto de este tema que asido a conceptos firmes, dando por sentado que se trata de un monumento de erudición digno de la minuciosa y paciente labor del más grande historiador de la antigua China. Las bases del taoísmo, la doctrina de Lao Tzsé y Meng Tzsé, etc., se hallan en vagas escuelas previas: la de los Brujos, la de los Analistas, que se fusionan en el Yi – Ching. La escuela de los Números, lejanísima línea que llega hasta Pitágoras, se subdivide luego en la de los Adivinos y la de los Astrónomos. Del Yi Ching salen las doctrinas especulativas del Tao Tö. De la escuela de los Brujos se deriva la de las Artes Mágicas, que se subdivide en la Doctrina Médica y en la de la Higiene Sexual. De la escuela de los Astrónomos nace la de los Calendarios, muy interesante si se compara con los calendarios náhuatl y maya, pues parten de criterios comunes. Del Tao Tö deriva la escuela del yin y el yang, de la cual una de sus aplicaciones es el "I Ching", con sus complejas series de exagramas que sirven, no para adivinar, sino para agudizar la mente frente a momentos en que ésta requiere una sutilización de la importancia de actitudes a tomar en momentos de incertidumbre. Y aquí es conveniente no continuar, sino dejar señalado que las fuentes del antiguo pensamiento chino son prácticamente inasequibles para un occidental, salvo que fuera un sinólogo, que dedicara casi entera su vida a entender esa intrincada maraña de escuelas que se entrecruzan.

Otra dificultad estriba en la propia problemática de los caracteres chinos. A través de un cursillo que tuvo el bien dar el profesor Da – tsé Chi, en 1961, respecto del alfabeto fonético de signos, que se transcriben, cedidos a su bastante exiguo alumnado, dada la dificultad del tema, nos hace entrar en el misterio de esa maraña de signos en los que vale no sólo el signo en sí, sino la entonación de la misma, que según sea una u otra cambia el sentido, a veces de manera bastante grande.

El alfabeto del citado profesor, dado a sus alumnos, es el siguiente:

(falta en el original)

Estos son, sin embargo los signos fonéticos, pero hay varios miles de signos, lo que provoca interpretaciones que deben ser cuidadosamente meditadas.

Entrando más en el tema ¿existió en realidad Lao Tzsé? Y en tal caso, ¿cuál era su nombre? El problema de los nombres chinos se complica para un occidental desprevenido, porque al nombre se le agrega a veces el del título, el apodo familiar y el nombre póstumo. Incluso en Japón, algunos pintores: un Harunobu o un Hokusai y muchos de la escuela del Ukiyoye cambiaban su nombre a medida que modificaban su técnica artística; algunos llegaron a tener seis o siete apelativos distintos. Si se trata de creadores célebres es más fácil determinar ese problema, pero si no lo son tanto, corren el riesgo de que el profano suponga que se trata de creadores distintos.

Pero nos quedaremos con el de Lao Tzsé, porque alguien escribió el famoso Tao teh Ching. El nombre de este filósofo era Erl; su título, Poyang; su apodo familiar, Li – ar (orejas de ciruelo) o Li – ta (orejas largas), y su nombre póstumo "tan".

Lin Yutang opina que Lao Tzsé nació en el 604 antes de Cristo. Desde luego hubo un predecesor de Lao Tzsé, que fue Yang Shu, aunque su obra se conoce de modo fragmentario. Era un filósofo que podríamos llamar ultraindividualista, aunque la palabra no es exacta. Según su escuela, que tenía raíces quizá anteriores, ayudar a alguien en una situación extrema en la que lo había puesto el Destino, o mejor, la Naturaleza, resultaba interferir con ésta y por lo tanto ocupar el lugar de la posible víctima. Se cita el caso de alguien que se ahogaba y el salvarlo estaba al alcance de la mano de un posible salvador; bastaba, solamente, con extender el brazo; había que dejar que se ahogara para no interferir en la naturaleza que penaría a quien tuviera ese acto generoso para con la amenazada víctima. Yang Shu consideraba que había que vivir en sí mismo y no en función de la sociedad. En el Tao teh Ching hay alguna muy moderada relación con este concepto que se advierte en la doctrina del "wu – wuei" (el no obrar). Sería incorrecto decir que se trata de un indiferenciamiento moral, porque por más indiferencia que haya respecto del hombre, no la hay ante la naturaleza.

Y más o menos ubicado Lao Tzsé en su medio cultural, exprésase de él, que desde jovencito vagaba por campiñas y selvas, meditativo y huraño, y deseoso que nadie interfiriera en su vida; de ahí que lo que le haya sucedido casi nadie lo puede narrar, por desconocerlo. No aceptó ningún honor ni distinción alguna, pues para él carecían de valor alguno. Tampoco quiso tener discípulos, pues la verdad debe buscarse por medio de experiencias personales y no ajenas.

Cierto que fue un tiempo archivado del estado de Shu, cerca de Lo – yang, capital de un imperio feudal, donde estaban guardados venerables documentos de arcones. Kung fu tzsé lo fue a ver, pues estaba interesado en estudiar el ritual de los Show y rescatar todo el antiguo pensamiento de China. Halló a Lao Tzsé (que tendría unos 88 años cuando Kung fu Tzsé no pasaría de los 36 aproximadamente) sentado negligentemente sobre uno de esos arcones donde se guardaban esos manuscritos, pues no creía que la verdad estuviera en los escritos históricos, lo que, por lo menos, es singular en un bibliotecario. Lao Tzsé no se movió de donde estaba y preguntó a Kung fu Tzsé cuáles eran los principios fundamentales de su doctrina. Expuestos con seguridad por el joven filósofo, recibió de Lao Tzsé una abrupta respuesta. El historiador cuenta que "habiendo ido Kung fu Tzsé para oír la opinión de Lao Tzsé acerca de los ritos, éste respondió: "Los hombres de los que tú hablas han muerto; sus huesos se han convertido en polvo y hoy quedan solamente sus palabras. Cuando el sabio encuentra tiempos favorables se adelanta; en caso contrario anda errabundo por aquí y por allá. Según mi parecer, óptimo mercader es el que, cargado de riquezas, parece pobre; sumo sabio quien por perfecta virtud parece tonto. Deja estar tus vanos espíritus, tus muchos deseos, tus formas exteriores, tus licenciosos propósitos. Son todas, cosas que no te podrán servir. Eso es solamente lo que te puedo decir".

Quizá la entrevista sea más larga y Kung fu Tzsé no se habrá ido como un niño asustado a quien el maestro echa del aula. El texto precedente ha sido, sin duda arreglado por un alumno de la filosofía taoísta, para dejar en ridículo a los conficianos. Pero de tosas maneras, Kung fu Tzsé, cuando volvió a donde estaban sus discípulos estuvo tres días silencioso en actitud de pesar los pensamientos de Lao Tzsé. Luego declaró: "Los pájaros vuelan, los peces nadan, los cuadrúpedos corren. Al que corre, se le caza con la red, al que nada, con la línea, al que vuela, con el arco. En cuanto al dragón, que se eleva hacia el Cielo, llevado por el viento y las nubes, ignoro cómo se lo puede capturar. He visto a Lao Tzsé; se parece a un dragón". ¿Por qué? Tal vez por lo alto; pero difuso de su pensamiento".

Lao Tzsé vivió unos años a cargo de la Biblioteca de los Show, pero un día, sin despedirse de nadie, sintió quizá la nostalgia de la naturaleza, considerando la extrema decadencia de la dinastía de los Show provocada por las ambiciones de los príncipes. Se encaminó, montado en un "yak", animal bastante salvaje... ¿hacia dónde? ¿Tibet, India o a algún camino de China? El caso es que, como lo narra Herrymon Maurer, llegó al paso fronterizo de Han – Ku. El oficial a cuyo mando estaba ese sitio, trató muy bien a Lao Tzsé y se interesó en saber su doctrina. No debe olvidarse que en China, para ser funcionario había que salvar los exámenes imperiales; aprobaba uno de cada diez aspirantes, tras haber pasado antes los de su lugar natal y luego los de su provincia, debía pasar los de la capital, fuese Lo –yang, Nan – kin o luego