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Pasión y muerte de las revistas literarias
Hyalmar Blixen

Llego a mi apartamento y veo sobre mi mesa de trabajo el número 18 de "Foro Literario" correspondiente a 1989. Ante ello sentí la complacencia de siempre. Su lectura me iba a proporcionar la ocasión de leer artículos interesantes por su erudición, calidad y el aprovechamiento que se puede obtener de aquella. Pero quien abra dicha revista hallará en la primera página, la Editorial que se titula "A modo de despedida" y leerá "Creemos que en estos diez años hemos hecho esfuerzos por dar a conocer trabajos de escritores conocidos y nuevos, y que hemos contribuido en una pequeña medida al desarrollo de las letras en nuestro mundo hispanohablante. El cierre de actividades se produce en un momento que llamaríamos de confusionismo en todos los órdenes y en todo el mundo. El planeta está cuajado de disputas y cambios interminables, prueba de un enorme desconformismo general. Si en cada época hubo un criterio rector de la vida, nunca como esta el dinero adquirió la categoría de "dios"... La literatura se viene desarrollando en ese clima. Las relaciones públicas, las editoriales, la vistosidad o la visualidad preceden a las ideas. Incluso la teoría literaria pone el énfasis en lo formal (recuérdese a los formalistas rusos que dieron el puntapié inicial) y se extiende en complejísimas disquisiciones científicas, dejando a un lado lo que puede haber de importante y humano, o sea, alejándose del fondo y las motivaciones de los textos".

Ahora bien, leídas estas líneas, provenientes de la pluma del Director de "Foro Literario", el destacado escritor y profesor Julio Ricci, es preciso adherirse al desánimo que habrá sufrido al comprobar que tras un excelente esfuerzo como el que ha efectuado, se encuentre en la situación de cerrar esa valiosa revista. Quizá lo efímero de la duración de estas publicaciones culturales en nuestro país sea ley común, ¿no habrá sentido la misma interna melancolía Julio Herrera y Reissig al clausurar "La Revista", de la que, como tesoro, tengo casi todos sus ejemplares en mi biblioteca? ¿Y qué decir de "La Revista de Salto", que dirigió Horacio Quiroga? También desapareció "La Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales" dirigida por los hermanos Martínez Vigil, Pérez Petit, y nada menos que José Enrique Rodó. Pero, ¿y la "Revista Nacional", que comenzó bajo la dirección de Raúl Montero Bustamante, al cual sucedieron en esta tarea otros importantes valores? A cualquier precio debería volver a editarse, porque reunía un material de inapreciable jerarquía. En cuanto a "El espíritu nuevo" que dirigió Emilio Frugoni ¿cuánto duró? ¿Un año, un poco más? ¿Y Apolo, de Pérez y Curis? También cayeron otras, no estrictamente literarias, como "Rojo y Blanco" y especialmente "Mundo Uruguayo", que muchos lectores recordarán. ¿Alfar? Era notable por su calidad, la valía de los colaboradores, su presentación, sus ilustraciones, todo. ¿Y "La Licome"? Nadie recogió esa antorcha caída. ¿Y "Número"? ¿Y "Asir"? ¿Y "Siete poetas hispanoamericanos"? Y en otro orden de publicaciones, el "Suplemento Dominical de El Día".

¿Y aquella revista del I.B.O. a la que realzó muchas veces la pluma de Alicia Goyena? ¿Y las revistas de las Facultades, que salen esporádicamente en general, a pesar de sus aportes fundamentales en los distintos órdenes del conocimiento? Esperemos que "La Urpila", que significa la persistencia heroica de un esfuerzo denodado, pueda sostenerse, para bien de los que aman la poesía. Que me perdonen los redactores de las que he olvidado, porque si recordara todas, convertiría esta nota en un catálogo de justas lamentaciones.

"FORO LITERARIO" NO DEBE MORIR

Pero volviendo a "Foro Literario", pienso que no se debe dejar que muera. Aquí no se trata de un problema de censura, como le ocurrió a Larra con "El Pobrecito Hablador", para citar el ejemplo ilustre de una publicación que apenas salía, los lectores le arrebataban de las manos. Sin duda en este caso, la cuestión económica ("Poderoso Caballero es Don Dinero") ha motivado parte de esta lamentable resolución. En tal caso, hay que subvencionar estos esfuerzos, será necesario votar partidas de gastos, en su oportunidad, para sostener el trabajo de estos obreros intelectuales solitarios y quijotescos. Los intelectuales no deben dejar solos, sin prestar una ayuda fraternal, a quienes se afanan en estas tareas. Cierto que debemos apuntar aquí la atomización de nuestros artistas, no de todos, por supuesto, que expresan: "si interviene Fulano no intervengo yo". Y todo es fraccionarse y perder fuerza en pequeños grupos, que, desunidos, no logran que prime el interés común. En ese número debemos incluir tanto a autores como a lectores. Pero ¿y los problemas del papel? ¿Y los costos de las imprentas? El fondo mismo de estos asuntos no lo conozco, pero sí, y es claro, que el escritor uruguayo se estrella contra un muro. Y luego las librerías... Los libros y revistas uruguayos, salvo pocos casos, ¿no se leen porque no están en las librerías? Tal es, en general, lo que oigo decir a los autores. ¿No están en las librerías porque no se leen? Es la respuesta de los libreros. Pero ¿cómo se puede leer el libro que está prácticamente escondido, es decir, enterrado en vida?

El autor, o el redactor ha debido, salvo rarísimas excepciones, costearse su publicación. Pero, concentrándonos en las revistas literarias ¿será que el público no tiene dinero para adquirirlas? Tal vez sea que quienes lo tienen, y son muchos, lo gasten en otras cosas: automóviles, paseos, o bien lo invierten, y quizá quienes quieran leer no tengan capacidad adquisitiva. Pero, sea esto verdad o no, la labor de las revistas de cultura (y por supuesto de ciencia) requeriría que fuera considerada un tema de interés nacional, ante el cual toda persona medianamente ilustrada debería mostrar sensibilidad,

Deberían ser evaluadas las causas de la desaparición de revistas de cultura, tales como las precisadas y aun otras, porque ello trae implícita una acusación de indiferencia a una colectividad, que a toda ella alcanza. Si es fatiga de un director debería ser ayudado con desinterés por un equipo de colaboradores. Si se funde por falta de difusión en el público, la televisión, la prensa y la radio ¿no podrían desinteresadamente, en sus espacios culturales, dedicarles unos instantes a los libros uruguayos y a los problemas generales de la publicación? ¿No es esto también una prioridad? Quizá esa ayuda podría atraer a suscriptores que apuntalaran las publicaciones de revistas como las desaparecidas. Queda una esperanza: el Instituto Nacional del Libro, al cual habría que apuntalársele económicamente para que pueda realizar la labor fundamental a la que está destinado. Porque hasta ahora, cantidad de libros de autores fallecidos están agotados y la de los actuales se halla, por lo general inédita. Cierto que diez años después del fallecimiento de un artista, de un hombre de ciencia o de cultura, que ha dado tanto al país, puede ponerse su nombre a una pequeña calle de la ciudad. Es una justa, pero bastante tímida reparación, por parte de los actualmente vivientes, para compensar la indiferencia que en su momento tuvieron respecto de los ahora muertos.

 Hyalmar Blixen
Diario "Lea" - Montevideo

15 de agosto de 1989

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