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Los poemas mesopotámicos del Diluvio y su influencia sobre la Biblia
Hyalmar Blixen

 

El arca de Noé sobre el monte Ararat, en un cuadro de Simon de Myle.

Para la filosofía de las religiones, para la literatura comparada, para el arte, para la historia de las civilizaciones arcaicas, el viejo relato del Diluvio ha visto renovado su interés a la luz de los adelantos y descubrimientos más o menos recientes realizados por los arqueólogos, particularmente en el campo de la asiriología. Hasta el siglo XIX el único material que sobre el tema conoció el hombre del hemisferio occidental estuvo constituido por los dos textos que, entrelazados entre sí, forman el episodio bíblico de Noé, aparte de algunos manuscritos griegos y latinos, como el de Eusebio, que no nos llega de primera mano ( y que resume, a su vez, el del sacerdote babilónico Beroso) así como el relato griego de Abydemos, el latino de Ovidio y algún otro. Los versículos hebraicos, especialmente, fueron entonces rodeados de

una aureola de originalidad y se supuso que ese cuento de la Biblia -fantástico, pero hermoso aún en su grandeza terrorífica- verdadera joya literaria en su género, era, no sólo el más antiguo y autorizado relato, sino una prueba documental de la destrucción de la humanidad primitiva, excepción hecha de Noé y su familia.

A la luz de la ciencia del siglo XX se sabe que una catástrofe tal no ha existido, por lo menos desde la aparición del hombre sobre el planeta; no obstante, grandes cataclismos más o menos parciales -considerables inundaciones, maremotos, etc.- han dado lugar al nacimiento de poemas en los que se canta el salvataje de algún héroe o asceta a quien la divinidad preserva de las aguas asesinas, indicándole la manera de construir una barca.

Así es como los persas en el Vendidad narran la salvación de Yima, hijo de Vivaghao, el primer rey iranio; los hindúes en el Mahabhárata y en el Satapatha Brahmana, la de Waivaswata, uno de los Manús, al cual en el Ramayana vemos convertido en Yama, rey de los muertos (o pitris); los chinos, según Conteneau, poseían también tradiciones similares, sin olvidar los diluvios americanos: el maya del Popol Vuh y el nahua del Cantar de los Soles (segunda parte del Códice Chimalpopoca).

Todos estos Diluvios están, sin embargo, más o menos alejados del relato bíblico; los antecedentes de éste deben ser buscados en los textos cuneiformes de Mesopotamia. Por otra parte, las excavaciones practicadas en Ur revelaron que, tras distintos estratos culturales, diferenciados por su cerámica y otros elementos, aparece un estrato estéril formado por aluvión fluvial. Se creyó llegar entonces al terreno virgen; sin embargo, como unos tres metros más abajo, volvieron a aparecer nuevas capas reveladoras de existencia de cultura anterior (la del tipo de El Obeid). Esto indica que una inundación desproporcionada destruyó aquella zona de cultura. Si las aguas alcanzaron una altura de siete metros, es evidente que en un país llano, como lo es Mesopotamia, la inundación puede haber sido de unos quinientos kilómetros de largo por unos ciento cincuenta de ancho; a mayor detalle es recomendable, en español, el trabajo de Meghin: "El diluvio bíblico a la luz de la ciencia".

Por otra parte, en la ciudad de Kish, que fue excavada por Langdon y Watelin aparecieron depósitos de arcilla fluvial intercalados entre estratos reveladores de cultura; la sincronización, como señala Conteneau, podría hacerse entre el Diluvio de Ur y el primero de Kish; también en las excavaciones realizadas en Shuruppak se observa un depósito de inundación contemporáneo del de Kish. ¿Son estas tragedias las que provocaron los problemas mesopotámicos del Diluvio? ¿Fueron, como lo piensa J. de Morgan, el recuerdo, en el hombre protohistórico, de la catástrofe producida en Eurasia a fines del pleistoceno medio (8000 a. J.C.)? ¿No es ésta una fecha demasiado lejana? ¿No resultaría más admisible tal vez la hipótesis de Peake que coloca el motivo que originó la poesía del Diluvio -embellecida, en su tensión dramática, con leyendas abundantes en elemento maravilloso y con alusiones éticas- en la fase glacial menor del 4500? ¿Sería mejor inclinarse ante la posición de Le Danois la que permite emparentar los poemas súmero-accadios, que con las tradiciones polinesias y por ende, de la América pre-hispánica?

Orillemos esas cuestiones eruditas y vayamos al tema nuestro: la existencia a antiguos cantares referentes a destrucciones de la humanidad y su posible utilización por el redactor o redactores del Pentateuco.

El descubrimiento, hecho en el Museo de la Universidad de Filadelfia, de un fragmento de tablilla de barro cosido -proveniente de las excavaciones de Nippur- y publicado en 1914 por Arno Poebel es, como lo señala acertadamente Kramer en su síntesis de divulgación "La historia empieza en Sumer" el testimonio de que el Diluvio es un tema originario de la literatura sumeria, o sea de la más antigua que se conoce en Mesopotamia. De este documento, único que en tal idioma se conoce, sólo se ha conservado el tercio inferior de una tablilla que contiene tres columnas en el anverso y tres en el reverso. Pero, aunque mutilado, sirve -repito- para demostrar que el tema del Diluvio es de filiación sumeria. El sacado de las aguas se llama allí Ziusudra ( o Ziuzudu) nombre que en aquella lengua significa: "día prolongado de vida"; dicho héroe, advertido por el dios Ea, construye su embarcacilón y tras salvarse, es llevado por la divinidad a habitar en una región mítica, aunque tal vez localizable geográficamente llamada Dilmun, especie de Edén sumerio. Este poema del Diluvio -como señala Kramer- no es un cantar independiente, sino que forma parte de un texto cosmogónico.

Destruída la cultura sumeria, sus poemas no mueren, o si mueren renacen en hermosos avatares, en los cuneiformes grabados sobre tablillas de barro cosido, ya posteriores en el tiempo, pero todavía de antiguedad venerable, pues son contremporáneos de la primera dinastía de Babilonia. La más completa sin embargo, de las versiones sobre el Diluvio, es un poema redactado en idioma accadio, interpolado en el cantar de Guilgamesh, del cual llena casi toda la tablilla XI (cantar al cual dedicamos el artículo del seis de enero de este Suplemento). En dicho poema, el héroe que ha hallado gracia en el divinidad se llama Ut-Napishtim, que significa "día de vida", o sea que es la traducción, aunque abreviada en accadio, del Ziusudra sumerio..

Aparte de estos textos hay cantidad de fragmentos de otras tablillas de arcilla cocida, que permiten conocer agregados o variantes. Señalaremos, particularmente, aunque de modo muy somero, la versión interpolada en el cantar de Guilgamesh.

El verdadero nombre de este poema épico es "Sha nakba imura" o sea: "aquel que vio el fondo de las cosas..." porque en Mesopotamia los textos cuneiformes eran titulados según sus palabras iniciales; del mismo modo, el que a veces impropiamente, designamos como "poema de la creación" era llamado "Enuma elish..." porque su verso inicial es:

"Enuma elish la nabu shamamu..."

que significa: "Cuando en la altura el cielo no tenía aún nombre..."

Recordemos el artículo anterior: Guilgamesh, en busca del secreto de la vida, tras la trágica experiencia de la muerte de su amigo Enkidu, ha llegado, navegando en la barca de Ur-Shanabi, a la lejana isla del Apsu -el Océano- donde vive Ut-Napishtim convertido en inmortal, tras ser salvado del Diluvio por el dios Ea.

Guilgamesh contempla a su venerable antepasado y no lo halla diferente a él mismo. -"Eres igual a mí", le dice; "así, ¿cómo has podido presentarte ante la asamblea de los dioses para pedir la inmortalidad?"

Ut-Napishtim le cuenta entonces el relato de la destrucción del mundo por las aguas que, aunque inspirado en el tema sumerio, presenta variantes que lo hermanan más con el texto bíblico. El narrador relata que habitaba en Shuruppak ; las listas reales lo señalan ya como el último rey de esta ciudad, ya como hijo de Ubar-Futu, su postrer monarca. La asamblea de los grandes dioses: Anu, Enlil, Ninurta, Enuggi y Ea resolvieron o consintieron -el texto es algo confuso- provocar el Diluvio. Pero así como en la Biblia, Jehová decide salvar a Noé, es Ea en los versos del Sha Nakba Imura ( o Cantar de Guilgamesh) quien colocándose junto al muro de la casa de Ut- Napishtim, le comunica en sueños el secreto y le incita a salvarse :

-"Hombre de Shuruppak, hijo de Ubar-Futu:

cambia de habitación, construye un navío;

abandona las riquezas y busca la vida;

deja lo que posees y salva la vida."

Le ordena, así, que prepare un barco bien proporcionado -cuyas medidas le da- y que lo cubra de techo; barco que deberá llamarse "Guardián de la vida".

Luego agrega:

-"En el tiempo que yo te fijaré

entrarás en la barca y cerrarás la puerta;

(coloca) en el interior tu grano, tus riquezas,

tu familia, tus parientes, artesanos,

tu ganado mayor, bestias salvajes

y abundancia de herbaje"

Pero Ut-Napishtim jamás había hecho una barca; entonces ruega a Ea que le dibuje el plano de ella sobre la arena, cosa que el dios hace. La construcción recuerda la del arca bíblica:

-"Al quinto día dibujaba los contornos de la embarcación;

sus lados tenían una altura de ciento veinte codos;

en consecuencia, ciento veinte codos

eran las dimensiones de su puente

La forma de la proa la dibujé y formé;

la enclavijé seis veces.

dividí su altura en siete compartimentos,

partí su interior en nueve; amontoné su calafateo;

seis medidas de brea hice verter sobre el casco;

tres medidas de asfalto hice verter en su interior..."

Ut-Napishtim explica a los hombres de Shuruppak, la antigua ciudad, que el dios Enlil -verdadero causante del Diluvio- se ha hecho su enemigo y que va a huir al Apsu, a una isla lejana, para habitar con Ea, su dios. Llega el día fijado para la destrucción, los hombres contemplan el cielo, sobrecogidos de terror; en medio de una semitiniebla empieza a llover "kukku" por la mañana y por la tarde, "kibtu". Una nube negra se agranda en el fondo del cielo y el dios Adad la engrandece todavía más. Entonces el dios Ninurta hace abrir el depósito de las aguas del cielo; los pueblos de Mesopotamia, como todos los antiguos, creían que el cielo era un mar de arriba; recordemos el versículo bíblico: "a las aguas de arriba llamó cielo, y a las aguas de abajo llamó mares". La sensación de tiniebla se expresa por estos versos:

-"El hermano no vio más al hermano;

las gentes no se reconocieron más..."

Esas deidades primitivas del panteón sumerio y babilonio llegan también a sobrecogerse ante el Diluvio. Las aguas, siempre crecientes, amenazan a los dioses y éstos:

-"cobran miedo al Diluvio;

huyen, suben al cielo de Anu;

los dioses, acurrucados como perros se esconden."

Más patética es tal vez la desesperación de la diosa Ishtar; ella es deidad del amor y de la fecundidad; sin embargo, en un rapto de locura, también parece que aprobó la destrucción de las especies sobre la tierra, y ahora se arrepiente:

-"La diosa Ishtar se pone a clamar como una mujer parturienta;

la soberana de los dioses de bella voz, arroja gritos:

_Que se cambie en lodo el día

en que yo proferí aciagas palabras en la Asamblea de los dioses;

¿por qué he pronunciado esas aciagas

palabras en la Asamblea de los dioses?

¿por qué he decretado el asalto para la pérdida de mi gente?

¿Es que yo, verdaderamente he dado a luz a mi gente,

para que, como los hijos de los peces, llenen los mares?"

En tanto, durante siete días y siete noches el viento y la tromba se abaten sobre el país, pero a la mañana del séptimo día el Diluvio cesa. Dentro de la barca, la primera sensación es la ausencia de ruido; dice Ut-Napishtim:

"El ruido había muerto;

la totalidad de los humanos se había convertido en fango"

La segunda sensación es la de luminosidad: Ut-Napishtim abre la ventana y la luz cae sobre su mejilla; tras esto, asoma el sentimiento, lo emocional:

"Desfallecí y quedé sentado llorando"

Luego, una sensación visual, desoladora: No se veía más que un mar barroso y el lodazal por encima de los techos de las casas, sepultadas. Más lejos, sobre las aguas, Ut-Napishtim divisa la montaña Armenia de Nizir -también Noé desembarcó en las de Armenia-. Durante seis días estuvo la barca en la montaña de Nizir y al séptimo Ut-Napishtim comenzó a actuar.

En ambos relatos se arrojan tres aves -procedimiento que como señala M. David en "Le Récit du Déluge et l'epopée de Gilgamesh" era usual en la navegación antigua para hallar la costa por la orientación del vuelo de los pájaros -Noé lanza un cuervo y dos palomas; Ut-Napishtim arroja un cuervo, una paloma y una golondrina-. Ambos héroes, al descender a tierra hacen sacrificios y queman inciensos. Ut-Napishtim es llevado a una isla, en la desembocadura de los ríos y convertido en inmortal, al comer la planta de la vida.

En esta síntesis apretada no se puede expresar sino un concepto muy somero sobre este tema, pero quizá quede la convicción de que cuando Abraham residió en Ur o en cualquier otro momento, es posible que los grandes poemas de Caldea: el de la caída del hombre, el de la Torre de Babel, el que hoy nos ocupa y aún otros fueran conocidos por los hebreos e inspiraran algunos de los hermosos cantares y relatos cosmogónicos de la primitiva literatura de Israel.

Hyalmar Blixen
Suplemento Huecograbado "El Día"
6 de Febrero de 1963

 

 

 

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