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Los extraterrestres en un cuento de Voltaire
Hyalmar Blixen

 

En el siglo XVII, ya Pascal filosofaba en sus célebres "Pensamientos" (fragmentos de un libro más grande que quedó inconcluso) que el hombre, ese ser tan débil, tan pasible de ser aplastado, era un junco que cualquier viento podía doblar, pero un "junco pensante". ¿Y por qué? Porque el Universo es una máquina tremenda, pero ciega; puede matar al hombre, pero sin darse cuenta de ello. En cambio el ser humano, con toda su fragilidad sabe que muere, por cuanto tiene inteligencia, conciencia y ello constituye su victoria y superioridad sobre la tremenda aglomeración de la materia bruta. La grandeza del hombre radica, pues, en el pensamiento. Y en tren de razonar concibe que el espacio, por ser infinito, debe ser considerado una esfera, cuyo centro está en cualquier lugar donde se coloque el espectador, aquí o en nuestra antípoda, pues en uno y otro caso partirán radios iguales, ya que todos son infinitos, en dirección a la circunferencia de esa esfera espacial.

Ante tal concepción, un hombre de hoy no puede menos de preguntarse: si llamamos Universo a un sistema de millones de galaxias, por más enorme que ésta sea, será tal vez finito, y habrá pues, otros sistemas de galaxias, otros Universos finitos en el espacio infinito. Dado este planteo, y existiendo en cada galaxia millones de soles susceptibles de poseer sistemas planetarios, como el nuestro ¿es posible creer que sólo el planeta Tierra está habitado? Pero dejemos fantasear a los escritores: Cyrano de Bergerac (1619 – 1655), ese poeta y espadachín cuya enorme nariz le daba motivo para batirse con cualquiera que la mirara con demasiada atención, personaje inolvidable a través de la pieza teatral de Edmondo Rostand, escribió una obra, en realidad son dos, aunque aparecen refundas en una sola aventura: "Historie comique des Etats e des Empires de la Luna et du Soleil". Finge Cyrano inventar un ingenioso artefacto y en él llega a la Luna, dialoga con sus habitantes, se burla de los humanos, de su orgullo de creerse únicos habitantes de los espacios, de suponer que el Universo, poblado de planetas que giran alrededor de soles, esté sólo habitado por los terrícolas, conversa con Sócrates, con el que allí se encuentra, todo ello en un ambiente donde campean un humor y fantasía encantadora; en el fondo de todo esto, expresado en broma, hay serias reflexiones que proceden de lecturas que Bergerac hizo de Copérnico y de Newton, como asimismo de sus estudios efectuados con su maestro y amigo, Gassendi.

La pluralidad de los mundos", según Fontenelle

Bernard Le Bouvier de Fontenelle (1657 – 1757) comenzó componiendo algunas obras ligeras y si se hizo conocido fue a través de su intervención en la célebre "querella de los antiguos y los modernos". Escribió su "Histoire des Oracles" (1687) donde criticó mitos y supersticiones, y su "Dialogues des morts". Pero lo que interesa de momento es su libro "Entretiens sur la pluralité des mondes" (1686) donde, en conversaciones amenas y poéticas, sostuvo la existencia de otros mundos. Desarrolló ideas a propósito de física y astronomía en cuatro paseos nocturnos en compañía de la que era su amable huésped y allí esbozó, bajo el cielo maravillosamente estrellado, la teoría del poblamiento factible de los planetas. Supuso, asimismo, que las estrellas fijas serían soles que tendrían también planetas, muchos de ellos como el nuestro. En 1697 fue nombrado Secretario de la Academia de Ciencias de París.

El cuento "Micromegas de Voltaire

Este pensador y narrador francés supuso que dado que el Cosmos estaría poblado de civilizaciones, habría que suponer que muchas, más antiguas en su desarrollo que la nuestra, nos superarían en cultura, ciencia, tamaño físico de sus poblaciones y en otras habitarían seres menos evolucionados que nosotros. Esta idea la desarrolló en un cuento, "Micromegas", el que ahora tiene tal vez más actualidad que los demás, incluso que su famoso "Cande". "Micromegas" ("Pequeño – Grande") vive en un planeta que gira alrededor del sol Sirio. El nombre del protagonista es muy adecuado, pues si su tamaño es inmenso en comparación al de un terrícola y su vida se cuenta por miles de años, y posee mil sentidos en comparación de los escasos cinco que tenemos, aun así barrunta que en el infinito hay seres muy superiores a él. Exiliado de su plantea por ochocientos años, debido a cuestiones religiosas, se le ocurre viajar por el Universo a fin de instruirse, conduciendo unos de esos "carruajes del aire", que así llama a lo que nosotros designamos como platos voladores. Utiliza las leyes de la gravitación y las fuerzas atractivas y repulsivas de los cuerpos celestes y de ese modo viaja como un pajarillo de rama en rama. Este astronauta llega, en su vagabundeo astral, hasta Saturno, y se hace amigo del Secretario de la Academia de Ciencias de ese planeta, en jocosa alusión a Fontenelle. Desde luego que ni en tamaño, ni en número de sentidos ni en longitud de vida pueden compararse. El saturniano vive solamente setecientas revoluciones sores de su planeta, equivalente a quince mil años terrícolas. Le parece tiempo tan corto "que es como morirse enseguida de nacer"; "por lo que no se atreve a formar proyecto alguno". Micormegas le explica que en su planeta se vive setecientas veces más longevos que los Sirio y que aun así estaban descontentos. Al fin ambos deciden viajar en compañía y llegan a la Tierra. Pero sus habitantes eran tan pequeños que no los veían; al fin, caminando por el Mar del Norte como por un charco, levantó, Micromegas, en una uña, una embarcación de sabios encargados de hacer mediciones. Los pasajeros, asustados, se estrujaban unos contra otros. Su lenguaje era tan rudimentario, para la inteligencia de Micromegas, que a poco de escucharlo aprendió el francés. Y les dijo: "Invisibles insectos que la diestra del Creador se plugo producir en el abismo de lo infinitamente pequeño... Yo a nadie desprecio y os brindo mi protección". Cuando les preguntó si tenían alma, uno de los terrícolas contestó con altanería: -"¿Creéis que porque tenéis dos mil varas de pies a cabeza sois alguien?" Les maravilla que el insecto haya podido medirlos y Micromegas está estupefacto ante la sabiduría del Creador, que ha sabido poner un destello de inteligencia en polvo. Los extraterrestres empiezan a interrogar a los hombres sobre física, astronomía, y todos contestan sin titubear de manera muy exacta. Pero, cuando de las ciencias, el examen pasa a la metafísica, cada terrícola tiene su sistema a los hombres para que ha sido el Universo y uno de ellos replica que todo el mundo, soles, planetas, ha sido creado para que el hombre contemple la grandeza de Dios. Ante ese egocentrismo cósmico, esa petulancia infinita, los dos extraterrestres ríen con tal estrépito, que ponen, por un momento en peligro, la vida de los humanos. Y en realidad, que en el siglo XVIII eso pudiera ser pensado, pase; pero que hoy la gente piense que el Cosmos está vacío de vida inteligente y aun superior a la nuestra, no deja de ser cosa curiosa. Y más aún que se admita que los terrícolas saldrán a estudiar y a adentrarse en el espacio exterior, pero que en su vanidad nieguen que desde el espacio exterior haya civilizaciones que tengan la curiosidad de explorarnos.

 

Hyalmar Blixen
Diario "Lea" - Montevideo

30 de setiembre de 1989

 

 

 

 

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