Sea socio fundador de la Asociación de Amigos de Letras-Uruguay

 

Las idolatrías en los antiguos pueblos mexicanos
Hyalmar Blixen

Curiosas son las idolatrías recogidas por H. Ruiz de Alarcón. Algunos textos son tomados a unos o a otros indígenas antiguos; tal el caso de uno que en el pueblo de Iguala expresaba palabras que tenían un sentido distinto, en parte, pues simbolizaban las técnicas mágicas más que lo que se aplicaba en sentido común. Se le capturó en la época colonial y sostenía que a causa de sus distintas expresiones se había salvado muchas veces de la amenaza de sus enemigos ante sus sorprendidos indígenas adversarios les expresaba:

“Yo, el dios Quetzalcóatl, la culebra con cresta, yo, el dios Matl, soy el señor de la guerra y me burlo de todo, pues ni temo, ni a nadie debo. Lo que digo ahora ha de ser; me burlaré de mis hermanas (esta expresión falsamente femenina está dicha para señalar la incapacidad de guerrear de sus enemigos). Los que son de mi misma naturaleza, venid conmigo, para defendernos de nuestras hermanas; hémonos de burlar de ellas, que vienen con fragilidad de carne y sangre”.

Luego expresa cómo viene preparado para defenderse y cobrarse con la sangre de sus enemigos. “No es posible que sea herido un hombre como yo, pues soy sacerdote, y el dios Quetzalcóatl está en mi”.

Tras otras expresiones concluye: “¡Ea, pedernal! ¡Oh piedra que te has de ensangrentar!

Otros conjuros hay recogidos por Ruiz de Alarcón; tal, por ejemplo, el usado para provocar el sueño, y realizado quizá con ciertas artes de hipnotismo; el dormido en tal operación quedaba por ella de tal manera, que se podía hacer de él cualquier cosa sin que se despertara. Veamos algo del siguiente texto:

“Yo, aquel cuyo nombre es tinieblas... Yo sacerdote y cuya hermana es la diosa Xochiquetzal a la que mucho guardaban los sacerdotes, príncipes y pueblo, invoqué a la fuerza del sueño, y todos quedaron dormidos profundamente; y así van a saber ahora si duerme ya mi hermana, y la llevaré para que no me codicien sus hermanos cuando me bajaré hasta los nueve profundos lugares del centro de la tierra. Para mí todo es burla; haré quedar insensibles a todos, de los cuales me burlo, pues soy el burlador de todos, los que quedaron como borrachos y perdidos en las tinieblas del sueño. Estos no se despertarán sino cuando exprese las palabras siguientes:

            “para traer a estos del centro de la tierra y de las cuatro partes...”

Ea aquí; que ya los vuelvo y les quito el encanto del sueño; yo, que los tengo como envueltos en borrachera nocturna”.

Hay descripción de otros conjuros, como ser el encanto a la estera donde se duerme. La expresión más clara que hace Ruiz de Alarcón es:  “Estera mía, semejante al tigre, a quien sirven de cuatro bocas tus cuatro esquinas: conjúrote en mi favor, que tu también tienes necesidad de todos: defiéndeme si viniera algún malvado a hacerme mal y cierto que me hiera su arma porque ¿qué aprovechamiento puede sacar algún malvado? Cierto que si hiere el golpe ¿qué aprovechamiento puede sacar de un hombre desdichado cuya vida no es de importancia, pues vivo en el suelo, en perpetua miseria?” Y se agrega luego una oración.

Otros conjuros son dedicados al leñador que debe cortar madera, otros para defensa de los que tienen que llevar cargas y deseen evitar la desgracia que no se puede prevenir. Citemos algunos fragmentos:

“No me ofenda algún género de dolores: sean el dolor verde y el pardo oscuro. Empleaos y envestid con las manos y pies de los que habitan con los dioses y tú, Señor Verde, golpeado, Verde aporreado, acude a mi favor, que yo soy importante encantador y hechicero de Quetzalcóatl, pues, no soy cualquiera”.

“Oh Sol, oh día, ayúdame para que yo me anticipe a ti y ande el camino que tú seguirás después, de modo que antes que se ponga el sol, haya yo andado y pasado los llanos y barrancas y quebradas que he de hallar antes, y que no me dañen las desigualdades de esas tierras a transitar, porque yo he de ir por encima del mismo cielo, tal he de caminar”.

Ejemplo de otro conjuro manifestado por los que fabrican cal y hacen los hornos:

“A ti digo, chichimeco bermejo; aquí está el sacerdote encargado de quemar y consumir este árbol; al consumirlo se podrá dar vida a mi hermana, la mujer blanca” (es decir, la cal). Luego habla al agua y le dice: “Ven aquí genio, cuya dicha consiste en las aguas: tiéndete en mi encantado horno de cal; allí te has de convertir en humo y niebla pues con esto se engendrará y nacerá mi hermana, la mujer blanca” (es decir, la cal).

El texto al respecto es largo, interesante, pero no nos detengamos en él y sigamos ofreciendo otros ejemplos de las actividades, en cierto modo divinizadas, de los hombres del pueblo náhuatl. Por ejemplo, otro se refiere a los cazadores de aves y dice:

“Yo, el hijo sin padre, el nombrado Quetzalcóatl, he venido a buscar a mis tíos, los nobles del cielo, que se han deslizado, con mi llamado, hasta el suelo que piso”.

Se ha traído la red, pero se le llama “la casa y vestido de mi madre”. “Aquí pondré enhiesto, un palo, clavándolo en la garganta, barriga y costados de mi madre, las de la saya  con piedras preciosas (es decir la tierra llena de flores) y esperaré a mis tíos, los genios, etc.” El que así habla, ya ha preparado, pues, trampas para cazar pájaros, pero todo esto se halla expresado de un modo tal, que está revertido de la ayuda de las divinidades.   Si quisiéramos continuar con diferentes textos podríamos citar cómo se usaba la hechicería en la búsqueda de colmenas, redactada en un texto bastante largo. También hay otro referido a los conjuros que se realizaban cuando se desea cazar venados en cierto número, y es de varias páginas. Y tras esto hay otras supersticiones, por ejemplo, las de los flechadores, y varían según el distinto género de animales a cazar, pues cada conjuro se hace según sean aves o diversos animales. Otro conjuro está referido a que los diferentes animales no coman ni hagan daño a las sementeras; uno es especial para los tejones; otro para las hormigas; otro es usado por los pescadores, pero con anzuelo, los conjuran previamente en sus casas, para que logren capturar peces y hay al respecto distintos textos, de acuerdo a las diferentes especies. También hay conjuros usados para defender las cercas y los corrales, en el peligro de las distintas asechanzas.

¿Y respecto de las plantaciones? También hay gran riqueza de conjuros para defender cada planta importante, por ejemplo, uno para el maguey, otro diferente para el maíz ya sembrado, otro para las calabazas.

Pero la riqueza de textos para defensa de otras actividades acrecienta muchísimo los conjuros, por ejemplo, los hay para aplacar los enojos, otros para atraer el afecto, especialmente de personas del otro sexo, otro para curar males, y también para impedir la existencia de amores ilícitos.

Y si seguimos buscando podemos citar  otros tipos de diferentes sortilegios, como ser “el de las manos”, que tiene por ellas infinidad de variantes; caso: ¿dónde está mi mujer? ¿Dónde se ha ido o se han llevado a  mi hija. Y otros para agregar.

También hay algunos que tienen que ser dichos por diferentes personas, caso de los que deben expresar los médicos o bien los adivinos, y además, no es lo mismo emplearlos para un hombre, una mujer o un niño.

El lector creerá que aquí se terminan los diferentes conjuros. No; siguen en cantidades notables, pero por esta vez aquí nos detenemos.

¿Y por qué? Para citar, por lo pronto con la mayor brevedad posible la existencia de una literatura indígena que nos presentará en una ocasión posterior, un gran número de textos prácticamente desconocidos entre nosotros.  ¿Cuáles?

Por ejemplo, el de los “Anales de los Zahil” que son indígenas “cakchikel” obra traducida también con el título de “Memorial de Tecpan Atitlan”. Aclaremos que tal es el lago de Guatemala donde este pueblo vivía. Este material está al presente dividido en cuatro documentos que contienen variadas expresiones sobre dicho pueblo que fue conquistado más adelante por  Alvarado. Citemos algunas palabras del comienzo:

“Aquí escribiré las palabras de nuestros padres, de nuestros antepasados: el primero llamado Gagavitz (Volcán); el otro llamado Zactecauh (Ventisquero). He aquí el comienzo de palabras que allí se dijeron: “De allende del mar vinimos, del sitio llamado “Lugar de la Abundancia”, en donde fuimos procreados”... “Cuatro hombres vinimos del “Lugar de la Abundancia” al “Sol Levante”. Uno, también en “Lugar de la Desaparición”; otro al “Sol Poniente” y nosotros vinimos del “Sol Poniente”. Otro hay allá en lugar donde está la divinidad; cuatro Lugares de la Abundancia, pues, se cuenta, oh hijos míos”.

Otro libro del cual deberíamos un día señalar es el del relato de Quetzalcóatl que es rico y amplio (del mundo mexicano); otro texto importante y que un día daremos a conocer es el del “Largo viaje de los aztecas” con muchas aventuras que allí se narran  y que están dirigidos por diferentes guerreros bajo la égida de Huitzilopochtli con muy diversas aventuras hasta encontrar estas dos islas donde se instalaron:  Tenochtitlán y Tlatelolco.

Esperan un artículo los textos que reunidos forman la relación de las aventuras del fundador del imperio de los incas, “Manko Capac y sus tres hermanos Ayar Auca, Ayar Cachi y Ayar Uchu, que es muy rico en acontecimientos los que he logrado reconstruir a través de distintos textos. También he versificado el relato de Coniraya Viracocha. Otro tema importante que espera su divulgación está formado por los diferentes mitos del diluvio que tantos pueblos, no sólo americanos, sino planetarios lo poseen.

Otros textos esperan ser tratados aquí, por ejemplo las literaturas indígenas del reino de Tzim –Tzum –Tzam (que sus rivales con los que guerrearon durante mucho tiempo sin vencerse unos a otros, curiosamente, los aztecas, los llamaban “los de Michoacán, palabra que en náhuatl significa “hermano”).

El reino de Tzim –Tzum –Tzam se constituyó alrededor del gran lago de Pátzcuaro en cuyo centro había islas donde vivían diversas tribus. El protagonista de esas historias,  salvadas por orden del primer virrey de México, Don Antonio de Mendoza que quiso que antiguos indígenas las narraran, fue un jefe de nombre Taríacuri, que logró vencer a muchos encumbrados príncipes de lugares cercanos y que tras el esfuerzo de sus dos sobrinos Hirípara y Tangáxoan logran darle forma de imperio rival del azteca. Muchísimos temas indígenas esperan su lugar en este Suplemento.

 

Hyalmar Blixen
Suplemento Huecograbado "El Día"

 

 

 

 

Ir a página inicio

 

Ir a índice de Ensayo

 

Ir a índice de Blixen, Hyalmar

 

Ir a índice de autores