Las aventuras de Rustem
Por Hyalmar Blixen

Había una vez en Persia un niño que se llamaba Rustem y que era hijo de un gran señor, poseedor de fortalezas, palacios, rentas y al cual obedecían muchos guerreros y vasallos. Cuando nació CARTA PROLOGO AL PEQUEÑO LECTOR

Rustem, todos cuantos lo vieron no dejaron de advertir que era más fuerte y grande que los demás niños de su edad, que tenía mayor apetito y que gritaba más reciamente que ninguno. Y como su abuelo Sam y su padre, Zel, habían sido héroes renombrados, nadie puso en duda que el pequeño sería, andando el tiempo, un guerrero famoso.

Desde que estuvo en edad de aprender, comenzó Rustem a recibir una esmerada educación, pues un maestro venerable, versado en toda clase de escrituras, se encargó de enseñarle la historia del país, las leyes que debe respetar todo hombre de bien, las virtudes, y el amor a sus padres y a su pueblo. Pero al pequeño, aunque no dejaba de estudiar cuanto se le ordenaba, le agradaba, más que cosa alguna, aprender a usar las armas conocidas en aquella época, que eran el arco y las flechas, las largas y afiladas lanzas de hierro, como también el escudo, que servía para proteger el cuerpo de los golpes de los enemigos.

Así, cuando tenía todavía corta edad, un día en que vino a visitarlo su abuelo Sam, con cantidad de regalos y de juguetes maravillosos, y llenas las manos de los famosos dulces de Persia, Rustem movió la cabeza con aire de desencanto y le contestó:

-Querido abuelo: te agradezco que hayas venido a verme y que me quieras regalar tantos presentes y cosas bellas. Pero, cuando crezca, no voy a dedicarme a los festines, ni al sueño, ni al reposo. ¿Sabes qué es lo que más me gustaría?

El abuelo le adivinó la intención y le dijo:

-Sin duda una linda espada y una maza con clavos de hierro...

Los ojos del niño brillaron como dos estrellas y exclamó entusiasmado:

-¡Eso! ¡Eso mismo, abuelo! Lo que más me gustaría tener sería un caballo que le corriera carreras al viento, con arneses color fuego...Y una cota de mallas...¡Ah! Y también un casco de hierro... Si pudiera ser encantado, mejor.

Entonces el abuelo, que, como todos ellos consentía mucho a su nieto, le mandó fabricar armas ofensivas de un tamaño apropiado al cuerpo pequeño de Rustem. Y así el niño pasaba ejercitándose en el manejo de la espada, la lanza y las flechas todo el tiempo que le dejaban libres sus estudios, porque pensaba que un día, cuando fuese grande, saldría a recorrer el mundo en busca de aventuras maravillosas, para proteger a todos los que sufrieran injusticias y maldades por parte de los fuertes y poderosos, y para ayudar a las mujeres, a los ancianos, a los niños y a su patria, si era amenazada por algún pueblo enemigo.

Hyalmar Blixen

Las aventuras de Rustem
Leyenda Persa
Adaptación libre de un episodio del "Libro de los Reyes" de Ferdausí.

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