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La oratoria en el México precortesiano. 
Un hablar pulido, de nobles y elevados conceptos
Hyalmar Blixen

La oratoria ha sido siempre, tanto en los pueblos antiguos como en los modernos, motivo de interés, entusiasmo y convicción.

De lo que en general se sabe poco es de la elocuencia de los pueblos de cultura náhuatl (toltecas, acolhuas, aztecas, etc.). Ella se aprendía en escuelas de enseñanza superior llamadas “Calmécac” existentes en todas las ciudades del México Central. Los españoles se admiraron mucho al escucharles su hablar pulido, su dicción era perfecta y los conceptos elevados y nobles.

LOS “HUEHETLATOLLI”

Los “huehyetiatolli” (Palabras de los Ancianos) aunque podría admitirse la traducción de “Palabras Antiguas” estaban muy difundidos, pero fue Andrés de Olmos, un notable conocedor del idioma náhuatl, quien primero recogió una colección de ellos. Estaban escritos en libros de papel mexicano (amoxtli) largas tiras de distinta longitud, plegadas en forma de biombo como se observa en libros mayas y aun en algunos de la antigua China. La escritura pictográfica, con figuras de dioses que parecían demonios, hizo creer a los conquistadores que eran libros demoníacos y la mayoría terminaron en la hoguera. Pero no es menos cierto también que sacerdotes cristianos humanistas, que los hubo, rescataron un tesoro de textos y datos que a no ser pro ellos se habrían perdido. La intención que lo movía a tal hecho era la de conocer a fondo el pensamiento de los indígenas para poder discutir con ellos los problemas religiosos y persuadirlos de la superioridad de la fe católica. Los aborígenes aceptaban frecuentemente esa confrontación.

Unos leían los pictogramas de los libros escritos en náhuatl a otros indígenas que habían aprendido nuestro alfabeto y transcribían el relato, palabra por palabra, modificando solamente el tipo de escritura. Como entre jeroglífico y jeroglífico el lector tenía que rellenar las frases fiado en la memoria o en la interpretación, la escritura alfabética fijaba de manera muy superior al texto, fuese poemas, narraciones históricas, teatro, pero lo que nos interesa de momento son los “huehuetlatolli”, quienes consultaban los signos del Tonalamatl (Libro de los días).

Sahagún cita algunos de esos discursos. Pero son conmovedores, por su ternura, lo que un padre dirigía a su hijo cuando lo llevaba a estudiar en el Calmécac, o de una madre a su hija, discursos donde se aprecia la concepción que de distintos valores morales tenían los hombres de cultura náhuatl.

A su vez son interesantes los dichos en ocasión de matrimonios, quizá no inferiores a los del “Avestá” iranio, atribuidos a Zaratushtra, que son de extraordinaria elevación espiritual quizá, lamentablemente, no traducidos al español. Valiosos los discursos que un médico (titlici) dirigía al enfermo, dedicados a consolar al paciente, reveladores de la necesidad de ser sensible ante ellos; hay asimismo, discursos mortuorios. Se recoge, pues, en estos “huehuetistolli” las distintas etapas del ciclo vital.

Los había también para diferentes oficios y profesiones, para los mercaderes, por ejemplo, cuyo dios era Yacatecuhtli. A modo de ejemplo, citemos palabras de una madre a su hija jovencita: en la traducción de Silva Galeana sobre la recopilación de Olmos: “No busques el mal, no estés escudriñando a las personas por su riqueza cuando Nuestro Señor a alguien se la da. No hagas sufrir a alguien, no le hagas así, no de alguien te burles, porque luego así tú te afligirás; y cuídate de no jugar con la maldad...” “Y no te hagas amiga de los mentirosos, de los ladrones, de las malas mujeres, de los entrometidos, de los perezosos, para que no te riñan; sólo dedícate dentro de casa a lo que vas a hacer”. A veces tienen los discursos una intención política, ya sean desafíos, ya solicitudes de alianzas y en este caso no son propiamente huehuetiatolli. Como ejemplo el que Motecuhzoma Ilhuicamina (El señor valeroso flechador celestial) rey de los aztecas dirige a su primo Naetzahualcóyoti para solicitarle ayuda en su lucha de liberación contra Maxtla, tirano del cual eran hasta ese momento vasallos los aztecas: “Mi rey y vuestro tío (Itzcóaltl, que significa “Serpiente de Obsidiana) me envía a ti a manifestarte la complacencia que tiene de tus victorias”. (Netzahualcóyotl “coyote de la Abstinencia” se había levantado también contra la tiranía de Maxtla, rey de Azcapotzalco y de ahí la necesidad le la alianza acolhua- azteca). El discurso, que es largo, no puede ser sino mencionado. “¿Será decoroso dejar (a los aztecas) perecer a manos de sus enemigos? La sangre que derramen sus príncipes y nobles tuya es, del mismo origen que la que corre por tus venas” (Netzahualcóyotl, el rey poeta y filósofo, la figura más notable del México precortesiano, era hijo de madre azteca). Se hizo la alianza y fue destruido el reino de Azcapotzalco (junto a los hormigueros), y de ahí surgió la Triple Alianza: aztecas, acolhuas y tecpanecas de Tlacopán, que duró hasta la llegada de los españoles.

Ese material era recogido por los sacerdotes, que si bien lo estudiaban para rebatir lo que afectara a la religión cristiana, quedaban admirados de la altura de ideas y nobleza de sentimientos de esos textos. Aparte de la recopilación de Andrés Olmos, es muy importante la de Fray Bernardinos de Sahagún, franciscano humanista, que vino a México en 1529.

Los manuscritos recopilados por el primero de ellos fueron editados en 1600, por lo que dichos “huehuetlatolli” resultaron la obra prehispánica que primero mereció los honores de la imprenta y eso debido a Fray Baptista Viseo. La única prohibición que se impuso a dichas transcripciones consistió en sustituir el nombre de las deidades alusivas en ellas: Quetzalcoátl (Serpiente de Quetzal), Tezcatlipoca (Espejo Humeante), Hultzliopochtli (Colibrí Hechicero), etc. por el de Dios. El resto del texto está intacto. Desde luego, ello resulta un poco molesto para el investigador que desee saber con certeza cuál sería la deidad citada en el discurso, aunque a veces es posible presumirlo.

Las exigencias de forma, de buen lenguaje (o sea “qualli tiatolli”) de los valores retóricos, metáforas y cuidado en la estructuración sintáctica, no puede apreciarse tan bien en español como en la lengua original, pero hay una valiosa traducción debida a Librado Silva Galeana. Desde luego lo que puede interesar al público es su temática. Hay discursos para cada acto de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte. Ya la partera prevenía a recién nacido, de lo que debería precaverse en la vida (no por horóscopos, que eso concernía a los tonalppouhqui (sacerdotes).

De Sahagún se puede tomar el ejemplo de una oración –discurso. Transcribiremos unas líneas de las quejas de un hombre del pueblo que se halla sometido a un rey cruel. Tal vez la oración discurso sea a Tezcatlipoca: “Oh, señor nuestro, humanísimo, que haces sombra a los que a ti se te allegan como el árbol de gran altura y anchura...” “Nuestro príncipe tiene un corazón duro y cruel y usa de la dignidad que le has dado como el borracho del pulque y como el loco, de los beleños...”. “La prosperidad hace que a todos menosprecie. Parece que su corazón está armado de espinas agudas y también su cara...”. Le solicita la deposición de ese tirano”. El texto del que han sido extraídas estas frases es de varias páginas. Todos los huehuetlatolli tienen en común esas virtudes señaladas: ternura conmovedora y altísimo sentido de la virtud y el honor.

Hyalmar Blixen
Diario "Lea" - Montevideo

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