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La enamorada del muro
Hyalmar Blixen

Una niña, que se llamaba Graciela estaba llorosa, porque vivía en una casa pobre, situada en un terreno vacío; ni una planta había en él y la pared estaba tan descascarada que, se veían los ladrillos.

Como el día siguiente era su cumpleaños invitó a tres compañeritos de clase para que vinieran a jugar y alegrarle el día. Pero Robertito, que era bueno pero un poco atolondrado, le dijo:

-No me gusta ir a tu casa; es vieja y está muy fea. Las paredes...¿no han podido encolarlas tus padres?

Graciela no le dijo nada porque era buena y no quería pelear, pero lloró amargamente.

El Mago del Collar de Sueños se dio cuenta de la tristeza de la linda muchachita y se acercó a consolarla.

-No te preocupes, Graciela. Aquí tengo en mi collar un sueño que quiero que lo veas esta noche; soñarás un jardín como el que mereces. Tienes en tu alma belleza y con la belleza se puede transformar todo. Toma este sueño y suéñalo.

-Bueno, señor Mago. Pero los sueños son mentira, según dicen. Me gustaría un sueño que fuese verdad.

-Eso es fácil. Hablaré con el Príncipe de Color Verde y él se encargará de hacer verdadero lo que sueñes.

El Príncipe de Color Verde adivinó lo que querían el Mago y Graciela y así, cuando la niña estaba dormida, trajo unos gajos de "enamorada del muro" y habló a esas plantas:

-Voy a plantarlas a ustedes junto a estas tapias vetustas y también alrededor de la casa, que está tan vieja. Esta noche tendrán que crecer apresuradamente y cubrir todo de verdor.

-El trabajo nos gusta, Príncipe de Color Verde, pero ¿tanto esfuerzo en una sola noche? A nosotros nos gusta trabajar y crecer día a día para dar alegre belleza a lo mustio, pero lo hacemos poco a poco, porque esa tarea es fatigante.

-Cierto, pero hay que mostrarle a Robertito que estuvo mal, y también que se equivocó al tratar maliciosamente a Graciela.

-Bien, Príncipe de Color Verde, subiremos con todo afán. Pero sin tu ayuda no llegaremos mañana hasta la cima de la casa ni tampoco cubriremos con nuestras hojas de totalidad de los muros.

-Ayudaré a todas con mi magia. Pero ustedes son hermosas plantitas. Por algo las llaman todos "Enamoradas del muro". Eso es el verdadero y justo nombre no el de "trepadoras" que es a veces mal interpretado. Los hombres que aman la actividad, ya sean sabios, músicos, poetas, comprenden que no se llega a la cima de sus descubrimientos científicos, ni de sus labores artísticas, sin un esfuerzo ascendente y noble, sin el deseo de trepar, subir, con afán del alpinista, a la cima la belleza y el bien. Y así, un día subirán tan alto que alcanzarían a visitar de cerca a los hermosísimos luceros que nos encantan.

Los gajos de "Enamoradas del Muro" comenzaron a aferrarse a las humildes paredes y con la ayuda del "Príncipe de Color Verde", al fin llegaron cerca de la cumbre.

-¡Rápido, más rápdo! -decía el Príncipe.

Este, de pronto vio que la niña soñaba con flores y pensó:

-Pediré ayuda a mis hermanos, al Príncipe del Color Naranja, al de Color Rojo, al de Color Amarillo, a todos... Que vengan, que me ayuden, para que el sueño de esta niña sea verdad.

Al rato habían crecido alrededor de la casa y desde la entrada plantas llenas de flores maravillosas, y el jardín estaba perfumado a causa de los aromas más delicados que ellas exclamaban.

El Príncipe de Color Verde se aomó de nuevo al sueño de la niña; ésta ahora pensaba que en el día de su cumpleaños el cielo estaría de un azul de fiesta.

-Ah, caramba -pensó-. Hay que pedirle a las nubes que se vayan lejos de aquí. Pueden hacer caer su lluvia en lugares más útiles, donde los labradores las precisan.

Las nubes lo escucharon, sonrieron y ayudadas por un viento suave se fueron a llover a un lugar donde había sequía.

A la mañana siguiente, la niña se encontró en medio de un jardín esplendoroso, como no lo había en todo el barrio.

-¿Sigo soñando? -pensó Graciela.

Llegaron a visitarla dos de sus amiguitos y compañeros de escuela y quedaron maravillados de la belleza del jardín. La enamorada del muro, que abrasaba a la pobre casa y a las mustias paredes del predio, las había convertido en algo tan esplendoroso que hubiese asombrado a un palacio, sonreía a la asamblea de las flores.

Los dos chicos, deslumbrados, fueron a buscar a Robertito.

-Ven -le dijeron-. El jardín de Graciela es el más hermoso de cuantos hemos visto. ¿Vamos a jugar allí?

Robertito les contestó:

-El Mago del Collar de Sueños me lo mostró cuando dormía. Es mucho más bello que el mío. Hoy no iré a jugar allí porque comprendo que me porté mal con Graciela. -¡Qué lástima que mi jardín no esté cubierto de enamoradas de muro! Me da vergüenza lo que hice con ella.

Los dos chicos vieron caer unas lágrimas, tristes, por las mejillas de Robertito.

Hyalmar Blixen

 

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