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El Inca Garcilaso de la Vega y sus comentarios reales
Hyalmar Blixen

Inca Garcilaso de la Vega

El tema de la confrontación de la cultura española y la indígena, prehispánica, como muy bien lo señala nuestro apreciado compañero de tareas de este diario, el profesor Juan Carlos Legido, será, sin duda, polémico y dominante, dado que se acerca la fecha del V Centenario del Descubrimiento de América por España, y en consecuencia por Europa. A excepción del realizado por los escandinavos, que ya según la saga de Erik el Rojo, pero quizá antes aún, pisaron en sus viajes la tierra que llamaron Vinland (País del Vino) y viajaron hasta un lugar donde, asombrados, comprobaron que habiendo llegado el invierno, no nevaba, el descubrimiento decisivo fue el español, en 1492, cuya consecuencia fue la conquista, la cristianización y lo más importante hoy, la unificación lingüística de buena parte del continente, con sus indudables ventajas. En ese marco de festividades, la Comisión Uruguaya del V Centenario ha creado el "Centro de Documentación e Información de la Literatura Hispanoamericana", para prosecución del descubrimiento en ese plano, de lo que nuestro continente produce y que cuenta en la actualidad con aproximadamente unos tres mil autores (la cantidad de libros es, obviamente mayor). Desde luego, eso no implica que sean descuidadas ni las lenguas ni las literaturas indígenas y en ese Centro hay un Fichero especial que las contempla. Uno de los cronistas de Indias que mejor escribió en castellano fue el Inca Garcilaso de la Vega, que nació en 1539, en la imperial Cuzco, palabra que en quechua significa "mojón" u "ombligo", pues esa ciudad era considerada el centro del mundo, por los incas.

Antecedentes familiares

El padre del Inca Garcilaso era un capitán hispano, Sebastián Garcilaso de la Vega y Vargas, nieto de Jorge Manrique, sobrino lejano del Marqués de Santillana, el de las famosas "Serranillas", pariente también del poeta Garcilaso, el autor de las "Eglogas" y de los sonetos "fechos al itálico modo". Se alistó en la expedición proyectada por Pedro Alvarado, quien después vendió sus derechos a la conquista del imperio de los incas a Francisco Pizarro por la cantidad de 100.000 castellanos.

Realizada la conquista, la política del jefe vencedor fue, entre otras cosas, la de aconsejar a sus capitanes que se casaran con princesas (ñustas) de la familia de Huáscar. Este fue el rey legítimo, pero vencido por su medio hermano Atahualpa, rey de Quitu, en la batalla de Quipaipán, donde murió el inca, aquel asesinó a casi toda la familia de Huáscar y se apoderó del imperio, por lo que Pizarro buscó, para sostenerse, el apoyo del partido vencido y de la familia masacrada. El casamiento podía ser por las leyes españolas o por la de los incas, que, como se comprende, en ninguna cuenta eran tenidas por los vencedores.

La madre del Inca Garcilaso fue la "ñusta" Chimpu Ocllo, bautizada con el nombre de Isabel Ocllo. Era hija de Hualpa Túpac, sobrina del antiguo rey Huayna Kápak, prima, pues, de Huáscar y Atahualpa y nieta de Túpac Yupanki, el más interesante de los reyes incas. Descendía pues, el gran cronista, según parece, por línea paterna, del Cid Campeador, y por línea materna, de Manko Kápac, el fundador de la dinastía de los incas.

Pero el padre del Inca Garcilaso de la Vega se manejó con poco escrúpulo en la turbulencia política del Perú de esa época, pues pasaba de uno a otro partido. También fue desleal a su esposa inca; cuando el hijo de ambos, el famoso cronista, tenía catorce años, el padre la repudió y la hizo casar con Juan del Pedroche. El se casó, por la ley española, con Luisa Martel de la cual tuvo dos hijas. Fallecido luego el padre, y muertas Luisa Martel y sus hijas a causa de una peste, el Inca Garcilaso se consideró con derechos para reclamar la herencia de su padre y también el uso de sus apellidos, y a tal fin partió para España a fin de entablar las acciones correspondientes, pero sin resultado positivo alguno. Buscó el apoyo de Bartolomé de las Casas, pero este era mal mirado en la Corte de Felipe II. Durante un tiempo siguió la carrera militar, fue destinado al ejército que estaba en Navarra a las órdenes de un tío suyo, Marqués de Priego, y cuando se produjo la rebelión de Granada luchó contra los moriscos y mozárabes a las órdenes de Don Juan de Austria. Entre tanto se dedicaba a la lectura; especialmente gustaba de las novelas de "caballerías" (es decir de hazañas, de caballeros andantes) y tradujo del italiano al español los tres "Diálogos de Amor" de Abardanel de Nápoles, más conocido como León Hebreo, obra que, según se dice, Felipe II leyó, interesado, en una sola noche.

Luego redactó la "Genealogía de Garci – Pérez de Vargas" es decir, la del propio Inca Garcilaso. En cuanto a "La Florida", libro excelente, donde narra la expedición del Adelantado Hernando de Soto, quien buscaba la isla Bimini, donde, según una leyenda, estaba la Fuente de la Juventud, se editó en Lisboa en 1605. Pero su obra cumbre es la titulada "Comentarios Reales", que trata del "Origen de los Incas, reyes que fueron del Perú, etc." En este voluminoso libro exalta a la raza materna. A este siguió la interesante y documentada obra "Historia general del Perú" donde narra el descubrimiento y conquista, las guerras civiles entre Pizarros y Almagros y otros sucesos particulares, la que fue editada en Lisboa en 1617 o sea al año de la muerte del autor, que coincidió con la de Cervantes y la de Shakespeare (aunque hay una variante entre los dos, pues los calendarios eran distintos).

Los comentarios reales

Trata de la historia, rey por rey de la dinastía incásica, la religión, leyes, forma de gobierno, conquistas desde el Cuzco inicial hasta la formación del gran imperio que fue el Tawantinsuyu, nombre oficial del mismo, y que significa "las cuatro regiones" en las que estaba dividido ese Estado, a saber: Antisuyu, Condesuyu, Chinchaysuyu y Collasuyu. Es evidente que el fin que persigue el gran mestizo es el de reivindicar a los indígenas del Perú, respecto de los injustos reproches de que eran objeto por otros cronistas. Es obra de madurez, escrita en estilo brillante y conciso, puesto que el Inca Garcilaso recibió una educación humanística. Desde España sentía la nostalgia de la patria lejana, de los templos que aun conservaban su estilo precolombino, aunque habían sido despojados de todo lo que fuera oro y plata. Era un escritor elegante, de buen gusto, narrador fluido y pintor de ricas descripciones, con loable sentido de la delicadeza, del colorido local, de la captación de psicologías, tanto de indígenas como de españoles. Desde el punto de vista literario, su dominio de las proporciones, de la claridad, de la plasticidad, basada tanto en un agudo sentido de la vista como de la memoria para recordar hechos juveniles nos hacen reconocer en él a un clásico. Se ha discutido su veracidad en algunos aspectos. La tuvo, por lo menos, no en menor grado que otros cronistas. De cualquier manera habría que comparar los textos del Inca Garcilaso con los de Salcamayhua, Betanzos, Morúa, Wamán Poma, la Relación anónima de Cuzco, Montesinos, etc. para acercarnos, poco a poco, a una visión de las culturas, no sólo de los incas, sino las anteriores: Chavín, Chimú, Ica, Nazca, Tallanes, Pachacámac, Tiahuanacu, etc. porque ese fenómeno socio cultural fue el más importante de Sudamérica durante el período precolombino.

 

Hyalmar Blixen
Diario "Lea" - Montevideo

15 de enero de 1990

 

Nota del editor de Letras Uruguay: Los textos elaborados por prestigiosos escritores, ensayista, en este caso, permiten adosarle otros materiales para mayor conocimiento de la figura tratada. En esta oportunidad son videos que se encuentran en la web en los canales mencionados en cada uno.

 

Mario Vargas Llosa. Inca Garcilaso de la Vega: 400 años de los comentarios reales de los Incas

 

 

Vida y Obra del Inca Garcilaso de la Vega

 

 

 

 

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