Evocando las Batuecas 
Larra, una víctima del patriotismo y el amor
Hyalmar Blixen

Mariano José de Larra nació en Madrid el 24 de marzo de 1809. Era el momento en que se procedía a la entrada de las tropas francesas en España, con el plan, según se creía, de apoderarse de Portugal, dividirlo en tres reinos, y darle uno de ellos a Manuel Godoy, que había hilado buena parte de esta intriga.

Luego sobrevino la forzada abdicación de Bayona, la guerra hispano –francesa, la ocupación de Madrid, el entronizamiento de José Bonaparte y la lucha por la independencia de España, que fue larga y de tremenda crueldad, como lo muestran los notables grabados de Goya titulados: "Los desastres de la guerra". José Bonaparte hizo todo lo que pudo por ganar la confianza de los españoles, pero estos no querían a un rey impuesto, sino a Fernando VII, al cual consideraban, equivocadamente, muy liberal.

Entre los intelectuales surgió un grupo que fue llamado despectivamente "de los afrancesados", entre los que se encontraba el padre de Larra, que era médico del ejército francés; cuando Napoleón pactó con Fernando VII su restitución al trono español, el médico debió retirarse con el ejército invasor, y en él iba el niño que sería después grande en las letras hispánicas: Mariano José de Larra. Curiosamente, en ese ejército en derrota iba otro joven, un muchacho hijo de un general de Napoleón: era Víctor Hugo. Larra olvidó, como heredero inocente del destierro de su padre, el idioma español, que debió reaprender cuando en 1817 Fernando VII declaró la amnistía de los afrancesados. Incluso diríase que esto no lo hizo por generosidad: en cierto momento necesitó que un ejército francés viniera en su auxilio para poder mantenerse en el trono, pues ya se había generado gran descontento contra él, a causa de su política absolutista, que defraudó antiguas esperanzas. En Francia gobernaba de nuevo un Borbón: Luis XVIII y Napoleón estaba en Santa Elena.

Larra comenzó por estudiar medicina, luego la abandonó por el derecho: eso indica cierta vacilación en su intento de hallar un derrotero. El padre le consiguió un empleo, pero éste no satisfizo al futuro escritor. Su carácter era alegre, amable, cordial; gustaba de las tertulias literarias y del juego de ajedrez, tan importante como ejercicio de concentración mental. Había aprendido, fuera del francés y el español, tres lenguas más: griego, latín e inglés. Aunque estudioso, gustaba de las calaveradas, e integraba con otros jóvenes, grupos de diversión como los denominados "La partida del trueno" y "La Poderosa Orden de los Caballeros de la Cuchara", todo lo cual influyó en su artículo titulado "El calavera". Y de pronto su carácter cambió a causa del llamado "acontecimiento misterioso". Quizá fue Carmen de Burgos en su estudio sobre Larra la que aclaró el punto:

Larra comenzó por estudiar medicina, luego la abandonó por el derecho: eso indica cierta vacilación en su intento de hallar un derrotero. El padre le consiguió un empleo, pero éste no satisfizo al futuro escritor. Su carácter era alegre, amable, cordial; gustaba de las tertulias literarias y del juego de ajedrez, tan importante como ejercicio de concentración mental. Había aprendido, fuera del francés y el español, tres lenguas más: griego, latín e inglés. Aunque estudioso, gustaba de las calaveradas, e integraba con otros jóvenes, grupos de diversión como los denominados "La partida del trueno" y "La Poderosa Orden de los Caballeros de la Cuchara", todo lo cual influyó en su artículo titulado "El calavera". Y de pronto su carácter cambió a causa del llamado "acontecimiento misterioso". Quizá fue Carmen de Burgos en su estudio sobre Larra la que aclaró el punto: Larra era muy pasional y se había enamorado profundamente de una mujer bellísima llamada Elvira, pero demasiado coqueta. Un día averiguó que su amada era amante de su padre. Fue la única vez, se dice, que Larra lloró amargamente. Tras su desconsuelo ¿en qué podía creer desde ahora, de modo firme, este jovencito?. Más adelante se casó con Josefa Martínez Wetoret, pero no fue feliz, pues hubo incomprensión por ambos lados y se terminó en ruptura y separación. De dicha unión nacieron tres hijos: Mariano, Baldomera y Adela; dos quedaron con la madre, y Adela con Larra. Aunque la decepción no sea la misma, algo de ese clima de incomprensiones se asoma en su artículo en forma de cuento "El casarse pronto y mal".

Se dedicó al cultivo de las letras: en la poesía compuso letrillas, odas, epigramas y sonetos. Hay una sátira en verso "Contra los vicios de la Corte", poema largo, del que transcribimos algunos tercetos endecasilábicos:

"¿Quién es aquella cara que enamora / con el gesto miriado, rubio el pelo / ceñido el talle y dengues de señora? / ¿Es hombre o es mujer? / etc."

Y más adelante:

"Mal haya para siempre el torpe suelo / donde el pícaro sólo hace fortuna; donde vive el honrado en desconsuelo / donde es culpa el saber; donde importuna / la ciencia, y donde el genio perseguido / ahogados mueren en su propia cuna..."

Firma esta sátira con el seudónimo "El Bachiller Juan Pérez de Munguía". Larra fue también dramaturgo, aunque en general hacía refundiciones o adaptaciones de piezas extranjeras, pero son bastante buenas: "El arte de conspirar" y "Don Juan de Austria". La única original de Larra fue "Macías", el primer drama en verso y con ritmos variados que se escribió en España en el período romántico. Trata un tema que desarrolló en su novela histórica "El docel de Don Enrique el Doliente", donde traza un cuadro de la España medioeval, basado en una leyenda gallega. Cejador señala que aunque empieza en una forma demasiado calmosa, gana pronto en viveza, color, sentimiento, naturalidad del diálogo que alcanza lo patético.

LOS ARTICULOS DE COSTUMBRES

Sin duda alguna, los artículos de "El Pobrecito Hablador" son una maravilla de ingenio y gracia. La censura impedía hablar de frente, lo que es en cierto modo un desafío para agudizar el ingenio de los escritores. Larra fingía elogiar los abusos y disparates con tal sentido del ridículo, que sus chanzas resultaban demoledoras. Sitúa el tema en un país imaginario: Las Batuecas, naturalmente que alude a España. Dos amigos se cartean y esta forma debe haberle inspirado la lectura de las "Cartas Persas" de Montesquieu. El Pobrecito Hablador plantea a su amigo un problema: "en este país ¿no se lee porque no se escribe o no se escribe porque no se lee?" Pero luego piensa que al fin y al cabo ¿será necesario saber escribir? parodiando la indiferencia cultural de un batueco, y exclama: "¡Maldito Gutenberg! ¿Qué genio maléfico te inspiró tu diabólica invención? ¿Qué los antiguos eran más ignorantes? ¿Cuántos murieron de esa enfermedad?" Pregunta a un editor y este le dice que la cuestión está en que no hay libros buenos para publicar. Luego se encuentra con un autor y éste replica que no escribe porque no hay dos libreros hombres de bien. No le pagan al autor. Ve a un señorito y le dice que ese le manda pedir prestado al autor, que de sus ventas vive, un ejemplar y que no contento con eso lo presta a todos sus amigos, como antes de la invención de la imprenta. El pobrecito hablador se encuentra con un batueco, al cual exhorta a estudiar alguna rama del conocimiento: ¿gramática? –"¡Monadas! ¿Qué más da escribir vino con "b" que con "v"?" ¿Dejará por eso de ser vino? ¿Y latín? No he de ser cura ni decir misa. Entonces, griego ¿para qué, si nadie me lo ha de entender? ¿Y matemáticas? Ya sé sumar y restar, que es todo lo que necesito para ajustar mis cuentas". La zoología le enseñará a conocer los animales y sus... "¡Ay! ¡Si viera cuántos animales conozco ya!" Y así, sucesivamente declina el aprendizaje de todas las ciencias.

En otra carta, el Pobrecito Hablador dice a su amigo que si antes expresó que en las Batuecas no se escribía ni se leía, es necesario agregar que tampoco se habla. Se refiere al espionaje político ordenado por Fernando VII. Le muestran en una reunión, a un espía, y le explican que vive de lo que otros hablan. Ante ese modo de vivir, exclama: "¡Y después dicen que somos industriosos en las Batuecas!". Pero ese lenguaje resultaba igualmente peligroso y Larra decidió matar al Pobrecito Hablador... ¿de qué enfermedad? De un frenillo en la lengua. Esa manera de aludir a la censura debe haber hecho reír aun a sus adversarios. Sería de recomendar la lectura de "El castellano viejo", sátira contra la mala educación: "Vuelva usted mañana" y "Todo el año es carnaval" que no necesitan explicación. Y mismo "El hombre globo" burla al Ministro Mendizábal, del cual se esperaba tanto... Pero los últimos artículos son de un pesimismo mortal.

Desencantado de todo, nos lo encontramos en "El día de difuntos" y en "La Nochebuena de 1836". El punto decisivo de su caída fue la ruptura con su amante, Dolores Armijo. -¿Entonces es adiós? Preguntó él –Adiós". Larra tomó su pistola y fallida su última esperanza, se suicidó. Recién entonces –dice Azorín- algún periódico de esa época captó "que el joven que tanto nos hacía reír hablaba en serio".

 

 Hyalmar Blixen
Diario "Lea" - Montevideo

10 de agosto de 1989

 

Texto entregado, en acto público, en el Ateneo de Montevideo, por la Sra. esposa de Hyalmar Blixen, junto a otros muchos textos publicados en medios uruguayos, todos subidos por mi a Letras Uruguay.

 

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Mariano José de Larra o la desesperación creadora

Martes Literarios-Homenaje a Mariano José de Larra-UIMP Santander 2009

 

 

 

 

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