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¿Es posible la Federación Latinoamericana?
Hyalmar Blixen

Continuamente escuchamos la palabra "integración", y en general ella es pronunciada de una manera reveladora de algo futuro y brumoso, que requiere un pesado trajinar. En lo económico, es comprensible, hay una competencia de mercados, pero en el plano intelectual ¿no resultaría un primer paso más fácil? ¿No deberían los escritores tomar la iniciativa? ¿No es fundamental el vehículo del libro?. La idea de esa responsabilidad me ha perseguido siempre, y por eso haré una glosa de la conferencia que pronuncié el 24 de mayo de 1943, apenas adolescente, en el Paraninfo de la Universidad, publicada por el entonces Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social.

Se estaba en medio de la guerra mundial que desencadenó Hitler, el cual llevaba todavía la iniciativa bélica. El tema de mi disertación era "Los Estados Unidos de Latinoamérica". No me resigno a dejarla olvidada, porque cada vez el problema se hace más vigente. Mi angustia se concretaba en esta cuestión: ¿seguiríamos los iberoamericanos tan desintegrados? ¿Y qué deberían hacer los escritores ante ese dilema? La literatura tomaba un marcado tinte social muy saludable, pues había llegado a nuestros lectores la obra de José Eustacio Rivera, Rómulo Gallegos, Ciro Alegría, Jorge Icaza, Mariano Azuela y otros, verdaderas radiografías de los problemas de nuestro continente. El leer a esos autores nos hacía conocer grandes problemas y era una manera de acercarnos y constituía "ese torrente de savia joven, que viene de las selvas semivírgenes y que expresa la queja del mestizo esclavizado en los cauchales, en los cafetales o en las plantaciones de azúcar".

Por un lado lo español; por otro, el intento, muy tímido, y hasta suspicaz, de conocer el fondo de las culturas indígenas, pues pedir que se llegara al fondo de sus literaturas era tarea casi imposible en aquel instante. Sin embargo, esa tarea de integrarnos, de conocernos, se despertaba, en las formas musicales o de la plástica y en algunos libros.

FRAGMENTOS DE UNA CONFERENCIA

Transcribiré fragmentos, en un afán de reafirmación de mi aludida inquietud manifestada en aquella conferencia precitada: "¿Por qué al lado de los Estados Unidos del Norte nacieron los Estados Desunidos del Sur? ¿Por qué se unieron en federación las colonias de cultura sajona y no se unieron las de cultura latina? Entre los pueblos que forman indoamérica los vínculos han sido casi siempre estrechísimos: nada los separa, todo los une, salvo las distancias. Pero las distancias de hoy (1943) no son las de ayer (las de 1815, cuando Bolívar escribía la "Carta de Jamaica", ni las de 1826, época del Congreso de Panamá); el mundo se achica progresivamente y América, para bien nuestro, también".

"Tienen nuestros pueblos una misma historia (a grandes líneas, claro está) pues todos estaban poblados por indígenas; todos fueron conquistados y colonizados por españoles y portugueses; todos se hicieron independientes, (casi) en la misma época (habría que exceptuar el caso de Cuba, por la cual tanto bregara hasta la inmolación el luminoso Martí)..."

"Todos tienen el problema de la falta de población; todos tienen los mismos peligros, todos hablan el mismo idioma, con la excepción del portugués (y las subyacentes, aunque valiosas expresiones indígenas locales) y plasman el arte dentro de moldes más o menos análogos"... "Pueblos carentes de industrialización avanzada, pero grandes productores de materias primas, absorbidas, más o menos, por los mismos estados consumidores"... "Hasta los mismos vicios sociales nos son comunes: ausencia a menudo demasiado acentuada de cultura cívica, clima propicio para los golpes de Estado y las asonadas; la misma inercia o abulia frente al esfuerzo disciplinado y tesonero"... "De ahí que fracasó, entre otras razones, de momento, el intento de Bolívar, su ideal de Unión, Liga y Confederación, y el localismo se acentuó aunque hubo hombres de gran visión global: Juan Bautista Alberdi y el colombiano José María Torres Calcedo, quien en su libro "Unión latinoamericana" propuso la creación de una nacionalidad común, para todos los latinoamericanos, que serían considerados ciudadanos de una misma patria. En cuanto a Haya de la Torre, en su combate por ese gran ideal unionista aconsejaba proceder, inicialmente a nuestro mutuo conocimiento, buscando fomentar el intercambio cultural".

"Nuestro continente sur tiene grandes riquezas (poco exploradas, agregaría ahora) tiene todos los climas, del Ecuador al Polo, lo que equivale a todo tipo de producciones, y por lo tanto esas riquezas están llamando al hombre, para que en un régimen de verdadera justicia social logre el bien propio y el de sus semejantes..." A ese acercamiento en el plano socio económico, corresponde, paralelamente, un movimiento de purificación cívica: "Mantengamos y purifiquemos más aun en estos pueblos, el sistema democrático representativo, no sólo por las virtudes que en sí mismo encierra, sino también porque son los pueblos quienes deben decidir si quieren vincularse, y toda obra echa en contra de la opinión de las multitudes es deleznable y condenada a desaparecer". En este plano de ideas e intenciones ¿cuál es el papel del escritor iberoamericano? "Realizar también una intensa política de cooperación intelectual. Si el pensamiento no debe tener nunca fronteras, menos debe tenerlas entre nosotros".

¿UNA SOLA LITERATURA?

En literatura leamos, lo que nos sea posible, sin exclusivismos ni hegemonías de países y editoriales poderosos, todo lo bello y bueno que en cualquier rincón de nuestra América se escriba; tarea, ciertamente, que ningún hombre podrá lograr en su totalidad, pero que debe intentar en considerable parte. "Y que se conozca la historia de América, no sólo a partir de las conquistas luso-hispánicas, sino desde su pasado indígena, desde las antiguas civilizaciones de Tlahuanaco, de Cuzco, de Chichén Itzá y de Uxmal, hasta los últimos acontecimientos". Cierto que el intelectual se encasilla demasiado en pequeños grupos –muy respetables en sí mismos- ya políticos, ya de escuelas artísticas, pero hay algunos puntos donde no debería caber la divergencia: la unidad de Iberoamérica, la libertad individual equilibrada por los principios de solidaridad y justicia sociales. Las diferencias lógicas por debajo de esos grandes principios comunes no deben provocar la atomización de grupos que antepongan lo secundario a lo principal.

"Iberoamérica (decía entonces y aun lo sostengo) unida y fuerte, velará por realizar la síntesis de esas dos tesis irreductiblemente antagónicas para la mentalidad de hoy (1943): individualismo y socialismo".

Y creo que ahora las barreras rígidas han perdido mucho terreno y se disolverán más aún en una unidad superior. "Nuestra fórmula, debe ser, no una patria única, sino patrias dentro de patrias. Si el Uruguay es nuestra patria, no debemos tampoco olvidar que forma parte de una patria más amplia: Nuestra América". En medio de las atrocidades de la guerra mundial, Churchill expresaba en ese momento, "al referirse a los problemas de la pos guerra, la posibilidad de construir liga de las naciones, de carácter continental. ¿Es posible que se construyan los Estados Unidos de Europa (y ahora están en vías de intentarlo) antes que los Estados Unidos de Latinoamérica?"... "Hay que suponer que en la América Hispánica quede algo del espíritu de Don Quijote para seguir ese ideal que señalaron Bolívar, Martí, Artigas y Rodó".

He aquí la breve glosa, incompleta desde luego, de lo que un adolescente pensaba durante el desastre de la guerra y de cuyas ideas no ha renunciado. El camino ahora está más claro por múltiples motivos, y todos los intelectuales deberían hacer un esfuerzo, aunándose en la medida de lo posible, para bregar por algo que no sería justo que quedara solamente en un sueño.

 Hyalmar Blixen
Diario "Lea" - Montevideo

23 de julio de 1989

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