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En ruta del Div Blanco
Por Hyalmar Blixen

Después de estas hazañas, Rustem, montado en Raksh, que partió rápido como el viento, se encaminó a la terrible región llamada de las siete montañas, que estaba rodeada por un ejército de Divs. El héroe se dirigió a Aulad, que le acompañaba, para preguntarle:

-¿Cómo pasar entre estos monstruos, para llegar al Div Blanco?

- Cuando el sol se ponga caliente, - respondió Aulad -, los Divs se irán a dormir, porque gustan especialmente del vagabundeo nocturno y la luz les hace mal. Entonces matarás a los pocos que queden de guardia y entrarás en la caverna del Div Blanco. Si el Señor de las Victorias te ayuda podrás vencerlo; si no, no, porque su fuerza es colosal.

Rustem se sentó, tras atar nuevamente a Aulad a un fuerte árbol, como medida de precaución, y esperó el amanecer. Y cuando vio que los Divs se retiraban a dormir, semejantes nubes que se disipan con la aurora, se preparó para el duro combate. Volvió a subir a Raksh, sacó una invicta espada y partió rápidamente para enfrentar a los Divs que quedaron de centinelas ante la caverna. Hirió, dio tajos a derecha e izquierda y todo fue fragor de armas. Mas al cabo, los Divs fueron mortalmente heridos y Rustem entró en la caverna del monstruo.

Esta era enorme, pues se dice que nadie conocía su fondo y estaba medio iluminada por grandes hogueras que brillaban en la oscuridad. El héroe se adentraba cada vez más y escuchaba de cuando en cuando como un resoplido potente que resonaba siniestro entre las pétreas paredes del lugar. Al fin llegó a otra gruta muy profunda y allí estaba dormido el Div Blanco. Era tan grande que ocupaba toda esa nueva gruta y parecía, por su corpulencia, el rey de los elefantes, tenía una melena igual a la de los leones, sus garras parecían ganchos de acero y sus dientes estaban tan afilados como los de los tiburones blancos del océano Indico.

Rustem comprendió que jamás había enfrentado hasta entonces a un enemigo tan terrible y quedó un rato contemplándolo con asombro. Al fin, como no quería herirlo a traición, porque eso era indigno de un noble guerrero, lanzó un grito de tigre y el Div abrió sus ojos inyectados en sangre; después comenzó a salir de la cueva para combatir en la que estaba Rustem, que era más espaciosa. El héroe lo vio ponerse de pie y lo admiró con toda su monstruosa corpulencia. Fue la única vez, en todas sus aventuras, que Rustem sintió un estremecimiento de miedo, porque aquel ser era verdaderamente un horror de las tinieblas, que se alimentaba de dragones, panteras y elefantes salvajes. El Div se le echó encima y Rustem tuvo la fortuna de darle un golpe con su afilada espada, que cercenó uno de los pies del monstruo y la partida se hizo entonces más pareja; sin ese golpe afortunado, quizá Rustem hubiese acabado allí sus días. Luego se trenzaron en furiosa lucha, arrancándose pedazos de piel, mientras la sangre ensuciaba el suelo sobre el que se combatía haciéndolo resbaladizo. El Div pensaba:

-Es difícil escapar con vida de este dragón.

Pero también Rustem decíase por lo bajo:

-Si escapo de éste, me parece que nadie me podrá derribar nunca.

Y así lucharon casi todo el día y Rustem temía que llegara el anochecer, pues se despertaría el ejército de Divs. Al fin, el héroe persa logró echar el lazo al Div e inmovilizar sus brazos y luego arrojarlo a tierra con tal golpe que la vida se escapó del cuerpo del monstruo. Rápidamente, el héroe le abrió el pecho y le sacó el corazón lleno de sangre, ya que era la sangre del Div lo único que podía curar la ceguera mágica de Kei-Kaus y los suyos. Enseguida salió de la caverna y montó en Raksh, justo cuando el ejército de los Divs comenzaba a dar muestras de despertarse, puesto que anochecía. Mientras huían velozmente hacia donde estaba Kei-Kaus, Aulad decía:

-¡Oh león de las huellas afortunadas! No olvides que me prometiste hacerme rey del Mazenderán. No creo que un héroe como tú pueda faltar a la promesa hecha a quién le ha servido lealmente.

-Es verdad que me has informado bien, - le decía Rustem mientras cabalgaba -. Pero para hacerte rey, hay que matar primeramente al que ahora tiene la corona del Mazenderán, de manera que debemos correr todavía un nuevo riesgo.

Hyalmar Blixen

Las aventuras de Rustem
Leyenda Persa
Adaptación libre de un episodio del "Libro de los Reyes" de Ferdausí.

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