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Egipto tiene literatura desde el tiempo de los faraones
Hyalmar Blixen

 

El otorgamiento del Premio Nobel de literatura al novelista egipcio Naghib Mahfud pone en acción mi memoria para recordar la multitud de obras que desde lo más antiguo del Egipto faraónico hasta el día de hoy han arrojado luz de profunda belleza sobre los lectores de todos los tiempos y lugares. La literatura árabe tiene tantos culeros que es imposible contarlos, y que tal vez nunca serán traducidos a lenguas occidentales. ¿Qué hay más allá de las estrellas que conocemos? Otras estrellas. ¿Qué hay tras los autores árabes de quienes tenemos noticia? Otros autores árabes, pues se ha afirmado que son tantos como los de todo el occidente junto.

Ya en el Egipto faraónico existió una literatura floreciente, escrita con jeroglíficos, en papiros y también en óstrakas y antes todavía, en piedra, dentro de pirámides, mastabas y sobre obras de arte. Descifrados dichos jeroglíficos por Champollion, podemos apreciar hoy, no sólo la existencia de papiros matemáticos, médicos, y de otras ciencias, sino una poesía de las más antiguas del mundo manifestada más bien como una prosa rítmica rica en paralelismos, posiciones, frases cadenciosas y cortes de hemistiquios, que versaba sobre los más diversos temas: himnos a dioses (algunos especialmente hermosos están en el “Libro de los Muertos o Per-em-ru”), a faraones, como el “Canto a Ramsés II” de Pentatur, o el canto a Tutmosis III. Otros están dedicados al tema amoroso en la diversidad de los matices del sentimiento y algunas veces se expresa en ellos la angustia de un mundo opresor como en el “Diálogo del cansado de la vida con su alma” o el célebre texto titulado “Canto del Arpista” una de las primeras expresiones del hedonismo.

RIQUEZA Y FANTASIA

Aparte de la lírica, la narrativa en los tiempos faraónicos nos ha dejado obras de mucho valor, tales “Las quejas del campesino” llenas de máximas de rica filosofía social, “Los dos hermanos” (Anubis y Bata) encantadora narración de fantasía sorprendente por lo rica, además de ser poseedora de una trama ágil, manifestada en situaciones imprevistas y sorprendentes. La “Historia de Sinuhé”, en cambio, revela otros aspectos, como ser la nostalgia de la patria lejana y la necesidad de lograr la inmortalidad del alma tras el cumplimiento de los ritos funerarios. Los cuentos cuyo final se desconoce “El rey Keops y los magos”, “El príncipe de las tres muertes”, “El viaje de Wen-Amón” y el cuento no menos notable por su sentido mágico que narra las aventuras de Setón Ha-en Waset y luego las de su hijo Si-Osiris en las que se enfrenta, en un duelo de magia con un etíope, revelan el dominio de la imaginación de los antiguos egipcios. A veces la narración toma un tinte sombrío a propósito de problemas sociales y especialmente de la revolución que asoló a Menfis durante el reinado de Pepi II, tal como se narra en las “Lamentaciones de Ipu-Wer”.

Otros textos de escribas han dejado enseñanzas morales; las de Amen-em-opet, Ani, Athoy, Ptah-opet y muchos más.

Después de la conquista de Alejandro Magno se impuso en Egipto la civilización helenística y ambos idiomas coexistieron: copto y koyné, sin mezclarse mayormente. Surgió la literatura alejandrina, menos original que la faraónica, pero de excelentes gramáticos y escoliastas. Luego de la romana, se produce la conquista árabe.

LA ETAPA ARABE

La poesía árabe, en su etapa pre coránica se había desarrollado en los cantos de las caravanas, en las kásidas y en los concursos de las ferias de Ocaz. Las poesías premiadas eran colgadas en el templo de la Caaba, en la Meca; eran las moallakat, de las cuales se conservan siete, aunque algunos autores elevan un poco más el número. Pero aparece Mohamed y sus pensamientos, de ardiente misticismo, fruto de meditaciones profundas, es recogido por sus discípulos en el Corán, libro que unifica las ideas religiosas de los beduinos del desierto de Arabia, hasta entonces predominantemente idólatras. Es también obra de fijación idiomática, que habría que leer con otro criterio en Occidente, por su sentido de tolerancia; los fundadores de religiones no son generalmente fanáticos: el fanatismo viene después, cuando se hace mal uso de las doctrinas de los Maestros. Mohamed siente respeto y admiración por Jesús con algunas precisiones que diferencian al cristianismo del islamismo, pero no son tantas como podría creerse. Alude también el Corán a Adán y Eva, a Abraham, Ismael, Jacob, patriarcas, éstos últimos venerados por los semitas, sean árabes o hebreos. Los musulmanes se expandieron que abarcó desde España, norte de África y luego el Asia hasta la India y tras la conquista otomana, que provocó las cruzadas, se alcanzó a cercar Viena. Luego, poco a poco, sobrevino su decadencia política y de las ruinas del Imperio otomano resurgieron las naciones árabes.

Cuando este pueblo, tras la muerte del Profeta, se lanzó a las mencionadas conquistas, se puso en contacto con culturas superiores que logró unificar una síntesis magnífica, y así surgió una literatura muy rica en su poesía y famosa por su colección de cuentos “Las mil noches y una noche”, que sin ser la única serie de cuentos árabes, resalta, sin embargo, por la variedad temática, fantasía desbordante, y retrato fiel del alma mística, pero también erótica de ese pueblo, que como pocos ha tenido el sentido de lo maravilloso. En cuanto a los poemas intercalados, son de sorprendente y profunda belleza. Habría que citar también otras selecciones, como “Mille et un contes, recits et légendes árabes” efectuada por René Basset, publicada en París en 1924 en tres volúmenes. Dentro del sufismo árabe y persa cabe leer “Las hazañas del incomparable Mulá (Maestro) Nasrudin” y la serie “Cuentos de los derviches” traducidas al español por Idries Shah. Se trata de pequeños relatos, casi anécdotas, a menudo regocijantes, pero de pensamiento hondo. También son muy apreciables, dentro de la temática árabe moderna, las traducciones de la uruguaya Laila Neffa, especialmente del libanés Khalil Gibrán y de otros autores, en los dos volúmenes de “Voces de Oriente”. Recordemos también que la literatura y lengua árabes influyeron desde la Edad Media en España con la consiguiente cantidad de vocablos que se incorporaron a nuestro idioma, así como el aporte que la filosofía europea dieron Avicena y Averroes, cuyas doctrinas eran estudiadas en las universidades musulmanas de la península ibérica y a las que  asistían alumnos de diversas regiones de Europa, para aprender ciencias de toda clase. Introdujeron el papel, que sustituyó al pergamino, y también el verso rimado, que desconocían griegos y latinos y dieron alas de fantástica belleza a la arquitectura.

Esta espontánea sucesión de recuerdos me es sugerida por el triunfo de Naghib Mahfuz, narrador egipcio que a los setenta y siete años ha sido galardonado con el Premio Nobel, autor de narraciones históricas y también sociales. Pueblo de tantas tradiciones, mucho merecía que alguno de sus hijos fuera distinguido así, porque este premio, si bien es individual, honra a un país entero y a toda una civilización.

 

Hyalmar Blixen
Diario "Lea" - Montevideo

29 de octubre de 1988

 

 

 

 

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