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Miguel de Cervantes Saavedra
 

Cuando la ficción es más real que la realidad
Hyalmar Blixen

Cervantes creyó en muchas cosas y por eso se desilusionó mucho. Se decidió primero por la carrera de las armas. Con gran sentido idealista, pero también de la realidad de su época, sirvió a España en su lucha contra los turcos que entonces resultaban una fuerza difícil de contener. Vencedor o vencido en las acciones militares, asistió a la batalla de Lepanto, donde a las órdenes de Don Juan de Austria, el hijo bastardo de Carlos V, fue herido de dos arcabuzazos, uno en el brazo izquierdo, que lo dejó manco, y otro en el pecho, del que curó después de varios meses de agudo sufrimiento según quiso la inconstante Fortuna, a la que en el "Coloquio de los perros..." moteja, por boca de Berganza: "Eso que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace ni sabe a quien derriba ni a quien ensalza". Realizó, en fin, Cervantes, hechos reveladores del heroísmo, pero ¿de qué le valió su arrojo? Capturada su nave en la que retornaba a España, por los piratas berberiscos, no se lograba juntar el dinero suficiente para su rescate y fue un hecho casual el que lo hizo retornar a su patria: enviada una cantidad de quinientos escudos para pagar la liberación de un insignificante personaje, aunque de alcurnia, como dichos berberiscos solicitaban por éste una suma mayor, dieron, a cambio de ella, a Cervantes.

Así salió, podría decirse que casi casualmente, de su primer cautiverio, y volvió a combatir hasta que colgó la espada para internarse en la no menos intrincada aventura de la pluma.

La lección de los fracasos. 

Pero los libros de Cervantes no eran, por aquel entonces mayormente apreciados; "La Galatea" pasó, si no inadvertida, al menos no le dio el renombre que buscaba, ni tampoco sus poesías líricas, ni pudo representar casi ninguna de sus piezas teatrales. Desalentado, procuró venir a América; se cuenta que durante tres días intentó infructuosamente ponerse en contacto con el Inca Garcilaso de la Vega para averiguar las posibilidades de distintos géneros que podría ofrecerle el nuevo mundo.

En la corte se le negó empleo en Indias. Obtuvo un modesto cargo de recaudador de impuestos, pero por un cúmulo de circunstancias iniciadas con la quiebra de un banquero de Lima, fue injustamente encarcelado por unos años.

Había agotado el cáliz de los fracasos; fracasado como militar, pues de poco le valió su sangre derramada, pero no le sacó de su condición oscura; fracasado como escritor, pues las palmas eran para otros, que si también algunos podían valer, lo relegaban a un segundo plano; fracasado en su integridad física, porque había quedado lisiado en parte, y mismo fracasado en su honor, ya que, aunque sin culpa, estaba enterrado en una oscura selva.

Fue allí entonces, al comparar sus ilusiones de antes, sus ambiciones legítimas, y sus ensueños y fantasías, por un lado con la realidad estranguladora y el terrible rostro con el que se le aparecían los acontecimientos y en fin el desengaño del mundo, que en ese hombre, hundido en la cima más honda, surgió el drama sarcástico de Quijote, la novela de las novelas, la más notable de todos los tiempos, pero nacida de la mayor miseria.

Los modestos orígenes de Don Quijote

Cervantes y Don Quijote son una identidad desdoblada; tras cada fracaso del escritor o del hidalgo manchego, ambos se levantan, sacan fuerzas de flaqueza y esperan que el día próximo les muestre un cielo más benigno.

En cuanto a la obra máxima, es cierto que Cervantes quiso al principio burlarse de las novelas de caballerías, que, por otra parte, tanto le habían gustado (y la prueba es que las conocía muy bien) pero poco a poco, la locura, o si se quiere mejor, la monomanía del héroe, se depura ya que si al principio comienza por ser un "engaño a los ojos", un espejismo interno según el cual, ante una posada ve un castillo y ante unos molinos de viento ve gigantes, ocurre que en forma progresiva esa locura se hace más cuerda porque se produce la entrada de Cervantes en el alma de su propio personaje; su demonio (en el sentido griego de la palabra) habita o quizá inhabita el espíritu de Don Quijote y le impregna su filosofía de la vida, su alteza de sentimientos, su pundonor sin tacha, y entonces, a nosotros la risa inicial se nos hiela, porque percibimos que lo que creíamos tontería y sandez era un altísimo ensueño.

Y sin embargo, en su grandeza, Don Quijote no puede desprenderse del ridículo, pues cuando cambia la esencia de su locura y la convierte por exceso de individualismo, en una voluntad de querer que el mundo sea como él quiere que sea y en su auto engaño reconoce que pinta a su amada con los colores que le da su propia imaginación e incluso comprende, en sus momentos más lúcidos, que no hay caballeros andantes, pero persiste en querer resucitar ese antiguo y heroico mundo desaparecido ¿ha mejorado o ha empeorado su locura? Por otra parte, quiere hacer un mundo mejor, y su tragedia (o comedia) consiste en que no tiene fuerzas para lograr su empeño. Es un activo revolucionario, pero el más noble e idealista de cuantos han existido en el mundo de la literatura (y de pronto de la vida) pues nunca ataca de atrás ni alevosamente.

Via crucis del bien

A ese ser tozudo en su querer que el mundo sea según sus ideales, la parte de Cervantes que ha quedado afuera de su Don Quijote, lo hace objeto de sarcasmo, de sátira e irrisión. ¿Y por qué? Porque a veces Cervantes se torna enemigo de Don Quijote, lo que significa enemigo amargo de sí mismo.

Este caballero absurdo, que resulta, sin embargo, el campeón de la justicia sobre la tierra, es entonces escarnecido por la ralea que lo circunda apedreado, apaleado, burlado una y otra vez.

Expresa los pensamientos más bellos, da consejos que ya quisiera decirlos el más cuerdo de los hombres; entonces, olvidemos, cómo lo fue haciendo Cervantes el motivo inicial de la novela, que es el menos importante, dejemos de lado la crítica a las novelas de caballerías y pensemos en lo hondo del Quijote, en la Vía Crucis que recorre el Bien para triunfar del Mal sobre la tierra; vía crucis, porque todo el que quiere reformar esa masa humana, donde con harta frecuencia anidan los vicios, la pereza, la socarronería, la ambición de poder o de oro corre un riesgo en su divina locura; la de ser sumido en la ingratitud de los desagradecidos, en la cobardía de quienes debieron tenerlo, en el olvido de los indiferentes o mismo en el crimen, y en el asesinato, llámense Keiahn, Sócrates, Jesús, Juana de Arco, Giordano Bruno, Gandhi o Luther -King.

Desde luego, la obra de los seres ilustres perdura, a costa de su vida. E igualmente la de "Don Quijote-Cervantes" está viva, aunque al hidalgo manchego le haya costado la muerte producida por la tristeza.

Debemos, pues, honrar al príncipe de la lengua española, porque al fin y al cabo, ella es la que nos une a todos los hispanoamericanos y acrecienta nuestra hermandad natural; es un punto de confluencia de Hispanoamérica, en el arte, en el sufrimiento y en la rebeldía ante las calamidades. Rubén Darío en su admonición a Teodoro Roosevelt dice:

                                                        "Tened cuidado; vive la América española

                                                         hay cien cachorros sueltos del león español".

Si Don Quijote hubiera andado por este continente ¿y quién asegura que no anda? pensaría que esos dos versos los habría expresado él.

 

Hyalmar Blixen
Diario "Lea" - Montevideo

18 de setiembre de 1988

 

Nota del editor de Letras Uruguay: Los textos elaborados por prestigiosos escritores, intelectual uruguayo, en este caso, permiten adosarle otros materiales para mayor conocimiento de la figura tratada. En esta oportunidad es un video y una imagen, disponibles, de tiempo atrás, en la web. Twitter del editor de Letras Uruguay: @echinope

 

Clásicos a la carta (3): Miguel de Cervantes, por José Manuel Lucía Megías

Emitido en directo el 21 oct. 2014

Miguel de Cervantes sigue siendo uno de los grandes misterios de la literatura española. Su obra más conocida, la más influyente en la cultura occidental de los últimos siglos, Don Quijote de la Mancha, ha sido estudiada y analizada desde todos los ángulos posibles. Pero, ¿sucede así con el resto de su obra, con la Galatea, las Novelas ejemplares, los Entremeses, las Comedias, el Viaje del Parnaso o su Persiles y Sigismunda? ¿Por qué tardó tanto en publicarlas, en darlas a luz? ¿Qué sabemos realmente del autor, del hombre que se esconde detrás del nombre de Miguel de Cervantes Saavedra?

A partir de los ricos materiales conservados en la Biblioteca Nacional de España, el centro bibliográfico cervantino más importante del mundo, su conferencia plantea una visita crítica a la biografía cervantina, a la imagen que hemos ido creando de Cervantes a lo largo de los siglos, una imagen que más tiene que ver con la particular visión de cada época que con los datos documentales que hemos conservado.

José Manuel Lucía Megías es doctor en Filología por la Universidad de Alcalá y catedrático de Filología Románica de la UCM, así como Vicedecano de Biblioteca, Cultura y Relaciones Institucionales de la Facultad de Filología y Presidente de la Asociación de Cervantistas.

Es el Director del proyecto Banco de imágenes del Quijote: 1605-1915, forma parte del equipo de redacción de la Gran Enciclopedia Cervantina, y ha trabajado sobre la iconografía quijotesca. Es director de la plataforma literaria Escritores complutenses 2.0 y de la Semana Complutense de las Letras.

 

 

 

 

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