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El conejo llamado "Orejas Largas"
Hyalmar Blixen

Un día, Perucho, que ya había pedido al Mago del Collar de Sueños, algunos de los que prestaba a los niños y de los cuales se podía sacar una enseñanza, como estaba digustado porque había perdido su examen, que le permitiría pasar del tercer año escolar, al cuarto, fue a visitar al Mago.

-¿Qué te pasa, Perucho, que vienes tan tristes? -le preguntó bondadosamente aquel.

-Señor Mago -le respondió el chico- yo no se lo que me pasó. ¿Por qué la maestra no me dio el pase a cuarto año y tengo que repetir el tercero?

-¿Y quién crees que tiene la culpa; tú o la maestra?

-¡La maestra, claro! Si yo decidiera, pasaba a cuarto....Como decide ella, me quedé en tercero. ¡Si dejó pasar a todos menos a mí! ¡Es una injusticia!

-Pero las maestras son bondadosas; créemelo, quieren mucho a los niños. Lo que debe haber ocurrido es que tu no estudiaste nada.

-Nada, no, casi nada....Pero casi nada, ya es algo -dijo el chico. Algunas cosas sabía. Pero, por lo menos, como estoy muy disgustado ¿no me daría un sueño para pasar esta noche un poco mejor? Y que lo recuerde mañana.

El Mago revolvió en su Collar, y tras buscar más que otras veces, tomó uno que le pareció que sería útil a Perucho.

-Toma el sueño de un conejito, que...bueno, suéñalo.

-¿De un conejito? ¡Ah, no! Tenía uno de verdad y un día se me escapó y ya no supe nada de él.

-De pronto estaría cansado de muchas diabluras que le harías.

-Pocas, me parece. No eran tantas como para escaparse.

-Bueno. Pero éste, el del cuento, no se te escapará. Sólo lo presto de cuando en cuando. Es el sueño de un conejito llamado "Orejas Largas". Lo sueñas y mañana me lo devuelves, porque aunque sólo lo entrego en casos muy raros...al fin y al cabo, lo que se presta se devuelve. Tómalo.

Lo sacó de su collar y se lo dió a Perucho. Y éste aunque no muy seguro de que le gustaría, lo tomó y lo soñó esa noche.

"Había una vez un conejito que no quería saber nada de nada. Los demás le habían puesto de nombre "Orejas Largas". Como nada le importaba, comía cualquier cosa sin saber si le haría mal o bien. La madre le decía:

-Aprende la botánica para conejos, que no es la misma que para los que caminan parados sobre dos de las patas. Aprende porque hay plantas que a los conejos no les cae bien, sino mal.

Pero el conejito era bastante testarudo, tanto que se descuidó de todo lo que otros cuidaban saber y que todos sus primos sabían desde que nacían. Así cayó en un estanque y a causa de no saber nadar, estuvo a punto de ahogarse. Lo salvó el inteligente pecesito rojo que llamó en su socorro al sapo llamado Don Oscuro, que era el mejor de los médicos de sapos. Este le reprochó luego que por no fijarse en nada ni aprender cosa alguna estuvo a punto de perder la vida. Entre toda la familia de Don Oscuro y otros más que vinieron, lo salvaron.

Y le recomendó que se pusiera a estudiar todo lo que pudiera porque todo lo que aprendiera en la vida le sería alguna vez importante. Y agregó:

-Por eso tienes las orejas tan largas y aun he oido decir que de ese modo te llaman.

El conejito decidió explicar su opinión a propósito de por qué eres conocido por todos con ese nombre:

-Orejas Largas me llaman porque escucho el canto de los pájaros, el ruido del viento, el...y ya no supo que decir.

-Pero Orejas Largas es un nombre que da verguenza tener. Acá tienes un libro mágico, que me prestó, para sapos, el señor Mago del Collar de Sueños. Lo guardamos en aquella cueva de rocas para que no se moje. No hay letras, pero todo lo que pasa en la Naturaleza se refleja en sus páginas. Verás cómo te gusta y cuanto te instruirá.

Y Orejas Largas se puso a mirar lo que decía el libro. Vio cómo crecían las plantas desde una semilla; cómo, de un huevo recién puesto, nacían un pollito o un patito. Cómo crecía una naranja, cómo se producía la lluvia y la luna escondía al sol en lo que se llamaba eclipse.

Y tanto leyó Orejas Largas que se pasó todo el año leyendo en el libro que para preservación de la vida de los pequeños animalitos había preparado el bisabuelo del Mago del Collar de Sueños, que también lo había recogido de otros magos antepasados suyos.

Su mamá, Doña Coneja, le traía la comida; él la devoraba pero sin sacar los ojos del libro. Y ocurría que las orejas se le achicaban cada vez más hasta que aprendió todo lo que puede caber en la cabeza de un conejo. Pero seguía leyendo y tanto...

¿Qué ocurrió? Pues algo extrañísimo. Todos vieron que sus orejas se encogían, su hocico se aminoraba, hasta que tomó la forma de un niñito.

-¿Qué me ha pasado? -se preguntaba.

El Gran Mago le respondió:

-Te has cambiado de fisonomía. Has aprendido tanto que se avergonzarían los demás conejos. Ahora eres un niñito y seguirás estudiando.

Y así fue. El niñito que ya no quería decir que antes había sido llamado "Orejas Largas" era un chico estudioso, que salvaba todos lo años con las mejores calificaciones.

-Antes ¿no era un conejo?

-No, resppondió el Mago. Tampoco sabías que no distinguías la diferencia mental entre un conejito y un niñito.

Cuando Perucho devolvió al día siguiente el cuento soñado, dijo al Mago:

-Me parece que la Maestra tenía razón. Hasta ahora fui, como antes lo era, Orejas Largas. Lástima que no tenga el libro mágico del conejito. ¡Sería así tan fácil conocer todas las cosas! Me parece, Señor Mago, que la maestra tenía razón.

-Perucho -le contestó el Mago del Collar de Sueños-. Los libros tienen, si son buenos, un poco de la magia que les da el que los escribe. Lee y verás que cada libro es un poco el reflejo de la naturaleza y en tu voluntad está el aprender lo que ahora no sabes.

Se dice que Peruche tomó el sueño en serio y fue desde entonces un chico estudioso, que aprendió todo lo necesario hasta llegar a ser un doctor, no se sabe bien si abogado o médico, pero, eso sí, un verdadero doctor.

Hyalmar Blixen

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